martes, 1 de noviembre de 2011

LA SOBREVIVIENTE - RELATO


Alberto Yapura le había prometido a su esposa: “Te voy a matar. Total, yo algún día voy a salir de la cárcel pero vos del cementerio no te vas a ir nunca”.

La amenaza fue hecha delante de una de sus hijas de 12 años, quien ya tenía naturalizada la violencia del hombre hacia su mamá; incluso, la sufría en carne propia, igual que sus hermanitos. Unas semanas después Yapura hizo realidad aquel temerario enunciado: en las primeras horas del 28 de agosto de 2004, asesinó a su esposa y también a sus dos hijos menores. La mayor de los tres chicos de la pareja salvó su vida. El purga una condena a prisión perpetua.

Vanina es la única sobreviviente del emblemático caso Yapura-Alderete, que marca un antes y un después en el abordaje judicial sobre la violencia de género en Salta, además de un cambio sustancial en la mirada social de este fenómeno cada vez más conocido con el nombre de femicidio.



Fuerte y serena. Vanina tiene 18 años y es estudiante de primer año de abogacía. Su largo cabello alcanza a cubrir las cicatrices más visibles que le dejó aquel ataque en el cuello y en el rostro. Serena, pausada, recordó cada minuto de lo ocurrido aquella noche en la casita del barrio Martín Miguel de Gemes, al norte de la capital salteña. Lo relató como si se lo hubieran contado, como si ella no hubiese sido protagonista. “Es que es algo con lo que voy a tener que vivir toda mi vida”, reconoció con gesto de resignación en el comienzo de una charla con El Tribuno, al que recibió en el domicilio de los abuelos Alderete (Pueyrredón al 2600), adonde vive desde hace siete años.



Aquella madrugada. Roxana y los tres chicos estudiaban folclore. A los cuatro les gustaba bailar. Aquella noche, Vanina, quien ensayaba en otro horario, la fue a buscar para acompañar en el regreso a su mamá y a sus hermanitos, quienes habían ido a una práctica. Eran alrededor de las 22.30 cuando llegaron a la casa. Cenaron, los tres niños se acostaron y Roxana se quedó cosiendo. El padre no estaba.

En la madrugada, fuertes ruidos y gritos despertaron a Vanina. Fue al dormitorio del matrimonio y vio a su mamá tirada en el piso mientras su padre la golpeaba. En el momento apareció en la escena Rocío, su hermanita de 9 años. “Ahora que están las tres van a ver”, les dijo el hombre, tras lo cual corrió a poner llave a la puerta de enfrente y luego fue a la cocina, desde donde apareció con un cuchillo. Le amagaba a Roxana, quien seguía tirada en el piso, golpeada y ensangrentada. Vanina se adelantó en un intento por proteger a su mamá e intentó golpearlo, pero la frenó con una puñalada en el estómago y sucesivos cortes en la cara, el cuello y los brazos. Se desplomó y desde el piso vio el ataque final a su mamá y a su hermanita Rocío. Después, alcanzó a darse cuenta de que tampoco Nahuel, de 6 años, se había salvado pese a que dormía.

Con sus últimas fuerzas, Vanina pudo abrir la puerta para salir a la calle y pedir ayuda. Mientras, alcanzó a escuchar a su papá que, por el celular, le decía a alguien: “Maté a mis hijos”.

El vecino de al lado estuvo de inmediato para auxiliar a Vanina, quien a la pregunta sobre lo que había pasado, gritó: “Mi papá nos quiso matar a todos”. Enseguida llegaron más hombres y mujeres. Llamaron a la policía y en un patrullero la trasladaron hasta la salita del barrio, desde donde momentos después la llevaron al Hospital de Niños en una ambulancia. Estaba grave, con pronóstico reservado; su mamá y sus hermanitos quedaron muertos en la casa.

Mala relación. Vanina calificó como “muy densa” la relación familiar. Dijo que a Alberto no le gustaba nada de lo que hacían ellos y que por todo se molestaba. Los dos pequeños le llamaban “el ogro”. Incluso, pensaba que su esposa lo engañaba, “lo que no era verdad”, aseguró la joven. Aunque ella se daba cuenta de que la relación de sus padres no era buena, no sabía que su mamá recibía frecuentes golpizas y amenazas. Ella se lo confió a principios de 2004. Vanina trataba de acompañarla siempre, de que nunca anduviera sola.

Recordó cuando Yapura les tiró el auto encima, una noche que volvían de ensayar folclore. Por suerte, pudieron esquivarlo, si no los atropellaba a los cuatro mientras iban de una calzada a otra.

Tampoco olvida la noche que se despertó y estaba su papá sentado a su lado “listo para asfixiarme”, con una almohada entre las manos. “¿Qué pasa?”, le preguntó, a lo que contentó: “Nada, nada, dormí hijita”.

También a Roxana había intentado asfixiarla alguna vez.

Las familias. Los Alderete son una familia numerosa. Viven en una casa sencilla y cálida, en la zona de Pueyrredón al 2600. Roxana tenía siete hermanos; una de las mujeres había muerto enferma una semana después de que Yapura la mató a ella.

En esa vivienda siempre hay por lo menos uno de los seis tíos de Vanina. En ese entorno de afecto y contención hizo su duelo y pudo seguir viviendo. Claro que la ayuda profesional de una psicóloga del Hospital de Niños también fue determinante para su recuperación saludable. Por encima de todo, la fe, que permitió que “no cayéramos” .

En cambio, Vanina no tiene relación con la familia de su padre. Un hermano de Alberto, Hugo Yapura, es policía y trabajaba en la ciudad de Salta en agosto de 2004. Ella recuerda cuando su papá solía decir que estaba tranquilo porque si algún día tenía problemas, “Hugo me banca, es policía”. Al parecer, Hugo es comisario en San Antonio de los Cobres. Dijo que tenían algún esporádico trato con Hugo y su esposa “porque eran padrinos de mis hermanitos”.

El nombre del padre. Vanina no le dice papá a Yapura; lo llama por su nombre de pila: Alberto. A la pregunta sobre si sentía odio o rencor, fue terminante: “Ni odio, no lo vale; no se merece nada”, y el deseo de que “nunca salga de la cárcel”.

FUENTE. EL TRIBUNO DE SALTA

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