viernes, 10 de agosto de 2012

EL TRABAJO DOMÉSTICO SIGUE SIENDO TAREA EXCLUSIVA DE LA MUJER


Un estudio prueba que aun entre las parejas jóvenes, los hombres tienen más tiempo libre. En Rosario cambió poco. Los varones hacen punta en el empleo remunerado.


A pesar de la píldora, el voto y el acceso a algunos cargos ejecutivos, el trabajo doméstico no rentado sigue siendo responsabilidad de la mujer, como en época de las abuelas. Así lo reveló una investigación realizada por profesionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) durante dos años en mil hogares de todos los distritos de la ciudad. El género femenino ocupa más tiempo en limpiar, cocinar, lavar la ropa y cuidar a los chicos y mayores de la casa que los varones. O sea, sigue acumulando muchas horas de trabajo y poca remuneración. Los hombres gozan más que ellas, y a pata ancha, de momentos para estar con amigos, leer el diario o hacer un deporte.

Aún peor. El informe de la Facultad de Ciencias Económicas señala que las mujeres suman trabajo doméstico apenas se unen a una pareja; no sólo cuando tienen a sus hijos. Y desmitifica ideas como que estas desigualdades se revierten cuando los convivientes son más jóvenes o alcanzan mayores niveles de instrucción. Bastará concurrir hoy, a las 18, al Centro de Estudios Igualdad Argentina (Santiago 1550) para comprobar que hacia adentro del hogar las cosas han cambiado poco y nada.

El trabajo titulado "Los usos del tiempo en la ciudad de Rosario. Análisis económico y social", fue realizado en terreno por encuestadores del Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec) sobre 2.100 personas mayores de 15 años. Y será debatido por un grupo interdisciplinar de académicos y especialistas en problemáticas de género (ver aparte).

El tiempo semanal en esta investigación se distribuye en trabajo para el mercado (actividad de asalariados, cuentapropistas o patrones), trabajo doméstico en el propio hogar y no rentado, cuidado no pago de niños y adultos, voluntariado y ayudas a parientes amigos y vecinos, asistencia a distintos niveles de instrucción, tiempo libre (fiestas, encuentros con amigos presenciales o por internet, eventos culturales y deportivos), utilización de los medios de comunicación (también uso de internet, pero recreativo) y cuidado personal (dormir, alimentarse, actividades religiosas o espirituales).

"Me ayuda". "Eso les pasará a otras, en mi casa mi marido me ayuda". La frase tiene actualidad e intenta mostrar un avance social donde no lo hay. Y cuando la escucha uno de los tres investigadores que dirigieron el trabajo, se ríe. El licenciado en economía Guillermo Peinado dice que "es terrible" que no se apele al complemento, sino a la ayuda. Pero, además, aclara que lo importante del estudio es salir de la discusión personal.

"Los números no dejan mentir. Indican que aun con la existencia de casos excepcionales, el promedio de la sociedad se para en ese plano de desigualdad. Mientras muchos varones ayudan o se complementan con sus mujeres, muchos más no hacen nada o muy poco. Es increíble ver que el varón que vive solo invierte 2,12 horas diarias en trabajo doméstico y, apenas se une a una mujer, ese tiempo se reduce a 1,38 hora. Aparte, está el mito de que el varón dedica menos al trabajo doméstico porque invierte más tiempo en la labor remunerada. Nada que ver: comprobamos que, incluso cuando ellos están desocupados, sus parejas trabajan más en la casa y esto no se revierte si el hogar es, por ejemplo, de universitarios. La investigación demuestra que aun con más educación se reproducen estereotipos", indicó Peinado.

El análisis, en el que participaron además el decano de Ciencias Económicas, Javier Ganem, y Patricia Giustiniani, da cuenta de que las mujeres trabajan en total más tiempo que los varones (ver infografía) ya que en la investigación se consideró tanto la labor productiva (de mercado) como la reproductiva (doméstica, de cuidados y voluntaria).

"La encuesta muestra las ventajas de abandonar la concepción propia de la economía clásica y en especial la neoclásica sobre que sólo aquello que pasa por el mercado existe y, por lo tanto, es susceptible de relevancia para la economía. Y es un aporte para el diseño de políticas públicas que promuevan la equidad de género y propicien el debate social acerca de una más igualitaria distribución de roles".

Como hace más de dos siglos

"La que peor la pasa es la mujer pobre y madre. Porque si se tiene poder adquisitivo se puede delegar la tarea doméstica o el cuidado en otros, pero si no, hay que ir a trabajar con los chicos a cuestas". Esta es una de las lecturas sobre el trabajo, de la coordinadora del área de Género del Centro de Estudios Igualdad Argentina, Silvia Augsburger.

Para ella "no se modificó nada" con los años. "La división sexual del trabajo que destina a las mujeres a la tarea doméstica y a los varones al trabajo remunerado permanece estable como en la época de los griegos o de la Revolución Francesa, hace más de dos siglos, y que tan bien describe la obra El Emilio de Rousseau. Esta distribución desigual impide a las mujeres acceder a los espacios de decisión o más valorados en las empresas, en el ámbito académico, de la Justicia o político. Por eso, el Estado debe tener una presencia importante en este escenario sobre todo ante el de la mujer madre y pobre, que apela al trabajo doméstico, en negro y el peor remunerado, porque así puede dejar unas horitas a los chicos al menos con una vecina".

FUENTE: LA CAPITAL DE ROSARIO

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