lunes, 12 de mayo de 2014

SI HUBIERAN ESCUCHADO A KARINA NO ESTARÍAMOS CON LOS OCHO CAJONES

Lo dijo Julia, la mamá de Gastón Olivera, durante el entierro de su hijo, de Karina Flamenco y de los seis hijos de la mujer. La familia se quejó de que 600 policías no encuentren al ex marido de la mujer, Cristian Méndez, principal sospechosos del homicidio múltiple.




Diez motos encabezaron el cortejo fúnebre que trasladó los ocho féretros de los miembros de la familia asesinada ayer en Merlo. Las bocinas que tocaban rompieron el silencio del cementerio municipal Santa Mónica, de esta ciudad al oeste del conurbano bonaerense, donde fueron enterrados. Cristian el "Moma” Méndez, único sospechoso del hecho continúa prófugo.
Méndez fue pareja de una de las víctimas, quien lo había sido denunciado en numerosas oportunidades por agresiones y amenazas. También era padre del menor de los nenes fallecidos. Fuentes de la investigación confirmaron a Infojus Noticias que sobre el hombre, que es buscado por más de 600 policías de la bonaerense, pesa una orden de captura nacional e internacional y se dio alerta a Migraciones. La causa judicial está caratulada como “Homicidio agravado por violencia de género y utilizar medio idóneo para causar peligro común”. 
La calificación está englobada dentro del artículo 80 del Código Penal y prevé la condena a cadena  perpetua. “Ayer se hicieron varios allanamientos para dar con él pero todos dieron negativo”, explicó la misma fuente. En el caso interviene el fiscal, Sergio Dileo de la UFI N° 6 de Morón y el Juzgado de Garantías N° 4 de ese departamento, a cargo de Alfredo Meade.

Los coches fúnebres y el entierro de los ataúdes siguió el orden de las edades que tenían las víctimas: María Karina Flamenco, de 38, su pareja, Gastón Olivera, de 31, Yael, de 13, Briana, de 11, Shakira de 10, Alejo –discapacitado- de 7, Naila de 5 y el menor, Ian de 4. El nene es hijo de María Karina y Méndez. Los ocho estaban la noche del miércoles en la pequeña casa familiar de 7 metros de ancho por 4 de profundidad. “Ella la construyó chiquita y sin ventanas, salvo por un mínimo ventiluz, por el miedo que le tenía a él”, contó a Infojus Noticias Norma, una amiga de Rita, la mamá de María Karina. La mujer es chaqueña, como toda la familia Flamenco, y todavía no sale del horror. Por ese ventiluz entro la primera llamarada la madrugada de ayer e inició el incendio.
“Karina se cansó de denunciarlo, de ir golpeada, porque él donde la veía la arrastraba, la agarraba de los pelos. Su mamá, toda su familia, estaba al tanto de lo que ella vivía y la acompañaban a denunciarlo a la comisaria, pero fue lo mismo que la nada”, explicó la mujer.

El cementerio Santa Mónica es el más nuevo de los dos que hay en Merlo. Es chico, arbolado y está repleto de tumbas con ritos paganos, flores de plástico, fotos, juguetes y platos de comida. En el costado izquierdo a metros de un paredón, enterraron a los ocho. Fue en un espacio amplio en el que pusieron a cuatro de un lado y a los otros cuatro, del otro. Karina, Gastón, Alejo y Yael a la izquierda, Briana, Ian, Shakira y Naila, ala derecha. Las cruces de unos se apoyaban contra la de los otros.
Cada vez que se bajaba un féretro a la tierra, los familiares, amigos y vecinos, que ascendían a más de doscientos, aplaudían. Una vez que estuvieron todos ahí, formados en dos filas, y antes de que empiecen a arrojar la tierra, Julia la mamá de Gastón pidió la palabra. “Señor juez, señor fiscal, si hubiesen escuchado a Karina hoy no estaríamos acá, con los ocho cajones de mi familia”, dijo la mujer. “Queremos justicia, eso queremos”, agregó llorando pero entera. Cuando una amiga quiso agarrarla, ella le dijo: “estoy, estoy” y se mantuvo en pie. Habían pasado treinta minutos de las dos y media de la tarde cuando comenzó el entierro y la mujer respiraba entrecortado. Después habló su marido y tras un pequeño responso empezaron a tirar tierra sobre los ocho cajones de madera oscura, idénticos excepto por el largo de cada uno.
“Que lo encuentren, quiero que lo encuentren”, dijo a esta agencia, Rita la mamá de María Karina. “No puede ser que nadie lo encuentre, mi hija y su familia muertos,  mi otra hija esté con custodia y él por ahí”, dijo la mujer que hace dos años enterró a una tercera hija y hace ocho meses sufrió un ACV. “Fue por el disgusto de ver lo que Karina vivía con este hombre”, dijo Norma.
“No puede ser que tantas horas después no lo hayan encontrado, es un hombre en situación de calle y 600 policías de la bonaerense no lo encuentran. Es increíble”, dijo Emanuel, el padrastro de Gastón. El hombre planea hacer una presentación ante la justicia, “tenemos las siete denuncias que simularon tomarle a Karina, pero que no las firmaban ni sellaban. Eso pasaba en la comisaría del barrio, ella iba golpeada y no le llevaban el apunte. Hacían que se la tomaban y nunca hicieron nada con eso. No la asentaban, ni le ponían horario de entrada, nada. Una sola le tomaron –la del 7 de marzo, por una agresión en vía pública- y nada más. Por esa denuncia le dieron una orden de restricción que nunca vigilaron que la cumpliera o no”.

Emanuel crio a Gastón como hijo propio y a los chicos, como sus nietos. “A nosotros Karina siempre nos contó lo que pasaba. Méndez se hacía el vivo con ella y le pegaba y la amenazaba, pero cuando Gastón se aparecía arrugaba. Le pegaba a ella, no a un hombre”, agregó. Karina y Gastón habían estado en pareja y después de varios años e hijos en común, se separaron. Ella después formó pareja con Méndez y tuvo a Ian. En enero de este año, separada desde noviembre de Méndez, le contó a Gastón el infierno que vivía y él volvió a vivir con ellos. Volvieon a formar pareja y compartían el trabajo como vendedores ambulantes. Él iba todos los días y vendía a bordo del tren Sarmiento, comida y artículos de limpieza. Ella también lo hacía cuando el tiempo le daba. Entre los seis hijos que tenía y el cuidado que demandaba Alejo, porque no podía caminar por su discapacidad, no le quedaba mucho tiempo libre.
Ya en 2011 Karina  tenía problemas con Méndez. “Sobre el final de ese año ella nos contó lo que le pasaba, la violencia que vivía”, dijo Cinthia, la maestra de sala amarilla de Shakira, durante aquel año en el jardín 904. “Era una nena buena, dulce, inocente, súper tímida. Era muy unida con sus hermanitos y su mamá estaba siempre presente, la acompañaba un montón”, recordó en voz baja. Junto a otras maestras, Cinthia estuvo en el entierro con los ojos llenos de lágrimas y un ramo de flores que dejó delicadamente sobre la tumba de la nena.

Fuente: Infojus Noticias







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