miércoles, 3 de septiembre de 2014

TRASTORNOS A MEDIDA DE LAS IDEOLOGÍAS. EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL





Uno de los debates más interesantes en la psicología clínica y la psiquiatría actual es el referido a la consideración de los trastornos mentales como “formaciones naturales” o como “construcciones prácticas”, o lo que viene a ser lo mismo: ¿los trastornos mentales están ahí y los estamos descubriendo o son invenciones de los clínicos para denominar a problemas que se le presentan y poder tratarlos como si fueran enfermedades aunque no lo sean?
Como denuncian Marino Pérez y Héctor González en su libro “La invención de los trastornos mentales, ¿escuchando al síntoma o al paciente?”, el modelo psicofarmacológico de la enfermedad mental, principal defensor de que los trastornos mentales existen y son descubiertos, se asienta en tres pilares pseudocientíficos:

  1. Diagnósticos sobre un listado superficial de síntomas
  2. Supuestos desequilibrios bioquímicos
  3. Pretendido determinismo genético




Sobre este modelo se han ido creando decenas de "etiquetas! en salud mental a imagen y semejanza de las enfermedades “físicas” de la medicina, proponiendo tratamientos supuestamente específicos para su tratamiento. Modelo que también ha sido asumido por las asociaciones de pacientes, que lejos del antiguo temor por la estigmatización, buscan una legitimación a sus problemas en un sistema de salud que sólo acepta como válido el sufrimiento etiquetado y categorizado, aunque esas etiquetas no tengan ninguna base científica y sólo sirvan para acceder a ciertos beneficios sanitarios y legales, lo que resulta realmente preocupante.
Me gustaría reflexionar acerca de dos de estos supuestos trastornos que cada vez escuchamos más y que, a pesar de estar basados en planteamientos pseudocientíficos y no tener evidencias empíricas de su existencia, son considerados como enfermedades con fundamentación biológica que deben ser tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones legales: el Síndrome de Alienación Parental y el Síndrome Post Aborto (SAP y SPA, por sus siglas). Para que el artículo no se haga muy largo, me centraré en esta ocasión en el SAP. He elegido estos dos porque ambos son en mi opinión el paradigma de supuestos trastornos inventados para justificar una ideología que además persisten gracias a su defensa por parte de grupos ultraconservadores.




EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL

El Síndrome de Alienación Parental es un supuesto conjunto de síntomas propuesto por el psiquiatra infantil Richard Gardner. Antes de trabajar como capitán y psicólogo militar, especializado en la “desprogramación” de soldados estadounidenses prisioneros de guerra, Gardner se dedicaba a ejercer de perito judicial para hombres acusados de abuso y maltrato infantil. En ese contexto, desarrolla el SAP para defender la inocencia de sus pagadores y culpar a las denunciantes de falsedad en las declaraciones y denuncias.

LOS “SÍNTOMAS”

Desgracidamente, en los entornos legales se tiene poco conocimiento del método científico y de psicopatología, lo que llevó a Gardner a convencer a muchos jueces de la existencia de un síndrome inventado por él mismo del que nunca presentó pruebas empíricas y que sólo fue publicado en una editorial de su propiedad, llamada Creative Therapeutics.
Solamente su falta de evidencias empíricas sobre los síntomas y la etiología ya es suficiente para deslegitimar el famoso SAP. Sin embargo, vamos a analizar el supuesto trastorno.
Como bien define la Asociación Española de Neuropsiquiatría, el SAP se refiere a la “programación” o “lavado de cerebro” hecho por un progenitor sobre el niño, con el fin de “denigrar” y “vilipendiar” al otro progenitor (añadiéndose elaboraciones “construidas” por el propio menor) y así justificar la resistencia del niño/a a mantener una relación con dicho progenitor, al cual se define como alienado. Sus supuestos síntomas, decididos por el propio Gardner, son los siguientes:

  1. Impedimento por parte de uno de los progenitores a que el otro progenitor vea a sus hijos o pueda convivir con ellos.
  2. Desvalorizar e insultar al otro progenitor en presencia del hijo.
  3. Implicar al propio entorno familiar y a los amigos en los ataques al excónyuge.
  4. Subestimar o ridiculizar los sentimientos de los niños hacia el otro progenitor.
  5. Incentivar o premiar la conducta despectiva y de rechazo hacia el otro progenitor.
  6. Influir en los niños con mentiras sobre el otro progenitor llegando a asustarlos.
  7. En los niños puede detectarse cuando éstos no pueden dar razones o dan explicaciones absurdas e incoherentes para justificar el rechazo; y también si utilizan frases o palabras impropias de su edad, como diálogos similares o idénticos al del progenitor «alienador», llegando incluso a inventar y mencionar situaciones de abuso o maltrato que jamás han sucedido.




Para la invención de su síndrome, Gardner realiza una analogía con el Síndrome de Down: la aparición de un conjunto de síntomas en el Down es indicativa de una anormalidad genética de igual manera que la aparición de los síntomas del SAP (inventados por él mismo, no lo olvidemos) es indicativa de que es un síndrome puro. He aquí un “razonamiento por analogía”, falacia dirigida a justificar la existencia “natural” del SAP. Como hay unos síntomas que aparecen siempre juntos, ya tenemos un síndrome “puro”, como ocurre con una enfermedad cromosómica. Por cierto: no aportó ninguna prueba de que esos esos supuestos síntomas aparecieran juntos.
Todas sus argumentaciones van dirigidas a explicar que el rechazo de un/a niño/a a su padre es siempre un síndrome provocado por una madre manipuladora, por lo que los testimonios de los niños a los que les ocurre esto no pueden ser tomados como válidos, ni siquiera cuando el niño denuncia un maltrato o abuso por parte de su padre. Tampoco los de los terapeutas que argumentan en contra del SAP, ya que pasan a formar parte de una “folie à trois” (locura a tres). Por supuesto, los argumentos de la madre tampoco son válidos. Solamente son válidos los del padre y los del “profesional” que apoye la existencia del síndrome, lo que lo convierte al SAP en infalsable: no hay manera de demostrar que no hay síndrome.

LA ETIOLOGÍA DEL SÍNDROME (LAS CAUSAS)

La supuesta causa del SAP es la programación que provoca la alienación del niño o niña de su padre, algo que se manifiesta a cualquier edad del niño. Esa supuesta simplicidad es sencilla de entender para alguien que no sepa nada de psicopatología, pero obvia todo lo que sabemos sobre la capacidad de representación, el desarrollo del lenguaje, el papel del juego, el desarrollo de la capacidad de pensamiento, la comprensión de la realidad y la fantasía, la construcción de teorías sobre la realidad, las relaciones con los otros, el desarrollo moral, o el progresivo conocimiento del mundo social. El propio término “programación” recuerda peligrosamente a su paso por el ejército estadounidense y a la tristemente famosa PNL®, modelo de comunicación interpersonal sin ninguna base científica que ha sido denunciado recientemente por el Aula Cultural de Divulgación Científica de la ULL.




LA TERAPIA DE LA AMENAZA

Como buen vendehumo, Gardner no perdió el tiempo: inmediatamente después de inventar su síndrome creó un supuesto método de terapia para tratarlo, que tampoco fundamentó en ningún estudio y que se convierte en el objetivo último del fatídico diagnóstico. A diferencia de cualquier otra terapia de las que conocemos, basada en trabajar en colaboración con el paciente para ayudarle a superar su sufrimiento, el abordaje del SAP se fundamenta en la llamada “terapia de la amenaza”. En pocas palabras, su supuesta terapia consiste en la amenaza constante por parte de un terapeuta hacia la madre de un cambio permanente de la custodia y la restricción de contactos con el niño por parte de un juez. Por cierto, esta intervención la realiza el propio psicólogo que ejecuta el peritaje y sin secreto profesional, ambos comportamientos considerados violaciones a la ética profesional. Pero eso no pareció importar demasiado a Gardner.
Para su correcta aplicación, según Gardner, es necesaria una justicia dispuesta a enfrentarse a la instintiva tendencia de las madres “a luchar literalmente hasta la muerte para salvaguardar a sus descendientes”, lo que puede incluir reclusiones hospitalarias o en prisión para la madre y/o el hijo/a. Según el propio Gardner, los terapeutas SAP deben sentirse cómodos amenazando a los alienadores como a los niños de que habrá consecuencias si violan el programa de visitas ordenador por el juzgado”. Espero que nunca tengan que toparse con nadie así, y menos con un psicólogo.

EL OBJETIVO DEL SAP

La creación de este síndrome por parte de Gardner no tenía el fin de conocer un fenómeno previamente investigado, ya que prácticamente no se apoyó en ninguna referencia que no fuera él mismo ni realizó ningún estudio empírico publicable. El SAP no es un “síndrome psicopatológico” diagnosticable. Más bien podríamos decir que se trata de un “síndrome legal”. Sólo se realiza en el ámbito de un litigio judicial, medicalizando la lucha por la custodia y la patria potestad en un proceso de divorcio.
Como ha sido denunciado reiteradamente, el SAP se mantiene en un contexto en que resulta funcional a los maltratadores para quitar valor al rechazo que sienten los hijos hacia el agresor. En lugar de estudiar las causas del rechazo del niño hacia su padre, se da por supuesto que existe una “programación” por parte de la madre. Si la madre niega la existencia de dicha programación, su negación es un síntoma de la existencia de SAP. No hay escapatoria. Aunque hoy se propone que no se utilice el famoso diagnóstico en casos de violencia de género, sigue siendo un arma para crear confusión y poner el foco de la sospecha sobre la parte a la que le ha sido asignada la patria potestad, fomentando la idea de que las madres provocan de forma habitual denuncias falsas de abuso sexual, algo que está completamente descartado hoy en día a partir de numerosos estudios (ver por ejemplo el publicado por el Grupo de Expertos y Expertas en Violencia de Género del CGPJ)

CONSECUENCIAS REALES DEL SAP

Aunque el SAP no tenía que haber entrado nunca al sistema judicial, hoy en día está cada vez más asentado. Podemos encontrar publicaciones de Psicología Jurídica dedicadas casi en exclusiva al famoso síndrome – que incluyen entre sus referencias bibliográficas las obras de Gardner, cuyas afirmaciones jamás demostró – o una Asociación Nacional de Afectados del Síndrome de Alienación Parental (ANASAP), que organiza congresos y busca que el síndrome sea reconocido como una VERDADERA Y REAL ENFERMEDAD MENTAL (así, en mayúsculas), con el fin de que uno de sus argumentos en un proceso judicial, y a veces el único, sea legítimo a los ojos de un juez.

EN CONCLUSIÓN

El SAP es una de las muestras más grotescas de cómo el uso del sistema categorial de trastornos mentales debe ser analizado concienzudamente. Aunque no existen evidencias de su existencia ni explicaciones plausibles de su etiología, la etiqueta ha sobrepasado fronteras y está resultando útil a diversos colectivos: psicólogos y psiquiatras especialistas en SAP que dan cursos, conferencias, realizan periciales y ejecutan sus “terapias de amenaza”, supuestos afectados que buscan que el estado apoye sus argumentos con el fin de obtener beneficios jurídicos y económicos, y un elenco de sexistas y misóginos obsesionados en mantener sus prejuicios ideológicos con argumentaciones legítimas, aunque estas sean completamente pseudocientíficas y estén basadas en un simple conjunto de supuestos síntomas cuyos “determinantes genéticos” se sostienen en una imagen del desarrollo del niño y de la psicología de las mujeres propia del siglo XIX. De este último grupo que hablaremos un poco más en el siguiente artículo sobre el Síndrome Post Abortivo.



FUENTE:  Eparquio Delgado.-

EPARQUIODELGADO.COM

AGRADECIMIENTO ESPECIAL AL DR. ENRIQUE STOLA. 



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