lunes, 9 de marzo de 2015

SI ANTES EL ABUSO SE ESCONDÍA DEBAJO DE LA ALFOMBRA, AHORA SE ESCONDE MOSTRANDO DEMASIADO


El especialista reconoce que los medios y las redes ayudan a visibilizar el fenómeno del maltrato y abuso infantil, pero advierte que la “sobreestimulación” de ese horror deriva en el efecto contrario y provoca descreimiento en la gente. También afirma que crece el nivel de denuncias de varones abusados.





Jorge Volnovich es médico psicoanalista infanto-juvenil. Sus años de trayectoria y experiencias de los últimos tiempos le permiten afirmar que está subiendo el nivel de denuncias de chicos abusados. A diferencia de 15 años atrás, cuando por cada niño que denunciaba ser abusado sexualmente había cuatro niñas, hoy hay cuatro varones por cada cinco chicas. Volnovich analiza la mayor visibilidad del fenómeno desde al menos dos aristas. En primer lugar, dice, en el nuevo capitalismo se “consume” por igual a chicas y chicos. En segundo lugar, la mayor cantidad de denuncias estaría vislumbrando un cambio en el paradigma de género: “El pibe ya no se la banca”. En esta entrevista se explaya sobre una temática de la que todavía se habla poco y que cuesta hacer visible aunque marque los días de muchos chicos y chicas que viven a la vuelta de la esquina, y que padecen adentro de sus casas.

–Usted dice que es una temática invisibilizada, ¿por qué?

–Maltrato y abuso sexual siempre han estado invisibilizados en una sociedad patriarcal y sexista que tiene a la familia como el paradigma de protección del niño. Justamente lo que uno puede percibir es que los maltratos y el abuso sexual se procesan dentro de la familia. Quiere decir que la familia no es el lugar más protector para el niño, sino el lugar más inseguro que puede tener un niño víctima de maltrato o abuso. Entonces, el maltrato y el abuso estaban totalmente naturalizados. Treinta años atrás el castigo físico disciplinario de un niño se veía como normal, se les pegaba a los chicos. O ni siquiera se consideraba el abuso emocional y psicológico como algo importante, y el abuso sexual estaba relegado a las clases pobres, hacinadas, etc. Fue avanzando mucho este proceso en todos los niveles: de conciencia social, institucional, de prácticas políticas inclusive. Se comenzó a percibir que el castigo físico debía ser abolido, jamás naturalizado. Por eso aumentó el nivel de denuncias. Se generaron categorías a las que antes no se les daba bolilla, como por ejemplo el maltrato emocional; los chicos testigos de violencia profundamente traumatizados de ver a los papás que se matan y que siempre eran considerados como un correlato, una consecuencia, hasta que se empezó a ver que eran víctimas primarias de la situación de maltrato, y el abuso sexual que se fue cada vez visibilizando más. En algunos casos para mejor por el mayor nivel de denuncias, aunque también para peor, porque si a los chicos abusados les iba mal con el patriarcado sexista, ahora les va peor con el mercado. Antes los abusaban en la familia, ahora además de abusarlos en la familia terminan integrando una red de trata, una red de prostitución o una red social pornográfica.

–O sea, están más visibles las redes, aunque no sean nuevas.

Exactamente. O sea, no son nuevas y son nuevas. No es nuevo todo el dominio que el patriarcado sexista establecía sobre el cuerpo de los chicos. Lo nuevo son todas las tecnologías que ahora permiten que la crueldad sea más extensa. Por ejemplo, el bullying, que es viejísimo, se ha hecho más visible: en los colegios todo el mundo ve que hay chicos y chicas que están siendo acosados permanentemente, algunos por nerds y otras porque son muy lindas. El problema es que ahora el bullying ha pasado a ser un elemento fundamental en la red social, se hace ciberbullying. Entonces a los pibes que antes los acosaban, ahora les va peor.

–Hay un doble espacio de acoso.

–Claro. Y muchas veces se hace visible, en ese sentido los medios ayudan mucho. Pero al mismo tiempo se hace visible e invisible, lo que quiere decir que a veces hay una sobreestimulación del horror del maltrato, aparecen en las redes, en las televisiones, y eso lleva a que la gente termine no creyendo o invisibilizando, lo mismo que si lo metieses debajo de la alfombra. Entonces, si antes se escondían las cosas debajo de la alfombra, ahora se esconden mostrando demasiado. Se provoca el mismo efecto de no credibilidad o de olvido al día siguiente.

–Trabaja con casos complejos.

–Todos, que abarcan las peores y las mejores familias. El maltrato no hace diferencia de clase. Tiene que ver con una ideología patriarcal sexista que impera en una familia y el niño es objeto de esa ideología.

–¿En qué se observa esta ideología?

Se puede ver fundamentalmente en la idea de que antes que nada hay que preservar la familia. Y nosotros decimos que cuando el niño está maltratado, abusado, esa familia no debe ser preservada. Se debe generar otro contexto de familiaridad. Pero esa familia es perversa, es nociva y no hay nada que justifique sostener ese tipo de familia. No debemos tener ningún tipo de escrúpulo tanto desde lo social como desde lo psicológico en considerar que esa familia es nociva y que un niño no puede permanecer en ese ambiente. A menos que uno quiera reproducir en la siguiente generación ese ambiente.

–¿Cómo se resuelve, se saca al maltratador?

–Es lo que debería suceder. Lo que pasa es que a veces hay ciertas protecciones que en vez de excluir al maltratador excluyen al niño o a la niña, lo cual es terrible. Generalmente institucionalizan al chico y, salvo transitoriamente, el niño no debería estar nunca institucionalizado. Eso es peor todavía. Pero de cualquier manera, si es una institución transitoria, si los mecanismos de adopción se van a agilizar como indica la nueva ley, es preferible ese tipo de camino a permanecer una niña todos los días sabiendo que le va a entrar en su pieza alguien de su propia familia para tocarla, abusarla, etc. Porque hay que entrar en lo que significa en la cabeza de un niño, una niña o un chico que sabe que si se abre una puerta deja paso al agresor que le va a pegar o al abusador. O que le va a estar diciendo todo el tiempo que es una basura, que no sirve para nada.

–En una charla usted decía que aumentó la cantidad de varones que denuncian, ¿cómo es eso?

Sí. Nosotros todos los años vamos tomando registro y viendo tendencias. Son tendencias que he confrontado con otras instituciones y efectivamente es así. Si en el año 2000, por ejemplo, las denuncias eran de un chico y cuatro chicas, hoy esa proporción ha cambiado y por cinco chicas hay cuatro chicos. Evidentemente, está subiendo el nivel de denuncias de chicos abusados. Lo que quiere decir que la sociedad está tomando conciencia de que también los chicos sufren abusos, maltratos, que no se la bancan. Que el paradigma sexista está en cuestión. Tal vez no es bueno saber que en ese sentido hay más igualdad. Pero se reconoce que tal vez una maestra, médica o un vecino se da cuenta de que el daño que le producen a un niño es el mismo que se le puede producir a una niña, que no es “machito”, etc., etc., y lo denuncia.

–¿Cree que antes existían los mismos casos pero no se denunciaban?

–Sí, porque se suponía que “es un varón y el varón se la banca”. Voy a dar un ejemplo paradigmático. El nivel de denuncias de varones aumentó en todos los rubros. En maltrato emocional, en el 2000 aparecían tres chicas objeto de abuso emocional y un chico. Hoy es totalmente al revés, aparecen más varones que chicas. Y lo más sorprendente de todo es que en una categoría que se llama “testigos de violencia” hay el doble de chicos que de chicas testigos de la violencia de los papás.

–¿De qué edad hablamos?

Todas las edades, hasta los 17 años.

–¿Cómo explican esto?

–Quiere decir varias cosas. Que está cambiando el paradigma social de género en nuestra sociedad, donde se comienza a percibir que los pibes también son sensibles al dolor, a la crueldad. Al mismo tiempo, que los funcionarios, médicos, psicólogos, están percibiendo esa cuestión. Hay mayor sensibilización, han estudiado más, y de alguna manera tienen una visión de género diferente a como se tenía hace 10 o 20 años.

–Eso en un punto sería positivo.

–Sería positivo dentro de lo negativo. Lo negativo es que en estos sistemas tan tecnologizados de redes sociales, etc., deja de ser importante si es nene o nena. El sistema de prostitución los capta, tanto sea varón o mujer. Entonces aparecen más denuncias de abuso sexual en varones porque los nenes también pueden servir a las redes de prostitución organizada. Como pasó el año pasado en el mundial de fútbol, en Belo Horizonte, que conozco muy bien, donde las redes de prostitución y trata de la localidad estaban llenas de chicos y chicas para los que iban a ver fútbol, tomar cerveza y consumir sexo. Las políticas del Estado para prevenir el turismo sexual son extraordinariamente débiles frente a estas redes. Es más, a unas cuadras de acá (San Telmo), un kiosquero hacía delivery con los cuerpos de unas chicas que habían sido abusadas en su familia.

–¿Quiénes son los agresores?

No existe un perfil del agresor ni del abusador. Aquellos que lo dicen, mienten. En realidad, se trata de todos aquellos que consideran al niño un objeto. Y que en tanto es un objeto puede ser disciplinado o puede ser hasta un objeto de placer. En ese sentido, existen aquellos que no pueden reprimir sus tendencias incestuosas o sus tendencias filicidas, entonces las ponen en acto. Lo cual no quiere decir que sean exactamente psicóticos, paranoicos..., vamos a sacar la psicopatología, sino que tiene que ver con un tipo de situación que atraviesa en cuanto a la sexualidad o en cuanto a los impulsos agresivos esa persona, que los pone en acto. Y no los pone en acto una vez. Los abusos sexuales generalmente son crónicos y agravados. Todos absolutamente naturalizados.

–¿Por él mismo?

Sí. “Si le rompí la cara y lo mandé al hospital es porque fue un accidente pero en realidad yo no quería que meta los dedos en el enchufe”; “si abusé de la nena, es porque ella tenía que aprender la sexualidad”; “si vimos pornografía juntos es porque yo soy muy amigo de mi hijo ¿y no está bien que uno sea amigo del hijo de uno?”, “si vemos un partido juntos, por qué no podemos ver una película pornográfica juntos”. Estos argumentos uno los escucha mucho. Estos agresores no son trogloditas, como uno se los imagina. Son impostores. Entonces, uno tiene la sensación de que hacen las cosas por bien, no por mal; intentan demostrar que lo hacen por bien. Pero en realidad es un nivel de impostura que hace difícil de detectar, sobre todo en clases más acomodadas, que tienen más recursos intelectuales para defender la impostura.

–¿Son hombres la mayoría?

En el campo del abuso sexual sí. Porque para las mujeres, en general, en tanto el patriarcado siempre les dio a ellas las tareas de cuidar a los hijos, de bañarlos, etc., no es desconocido que cuando están bañando a un chico, cuando le están dando la teta, que se le para el pitito (al chico); les es absolutamente natural porque forma parte de la crianza, del amor, del cuidado. Entonces, puede reprimir mucho mejor todas esas cuestiones incestuosas. Los hombres, que con el patriarcado están lejos de los chicos y las chicas porque son el padre, tienen menos reprimidas esas tendencias. Ahora, en el campo de lo que es la violencia y el maltrato emocional, a veces no son primero los hombres, a veces son las mujeres. ¿Por qué? Porque el patriarcado no es de los hombres. El patriarcado también hace su agosto en las propias mujeres. Entonces, no es raro encontrar “señoras, mamás, buenas”, que agarran un cinto, un rebenque y se los pegan con todo, y después hay una denuncia contra esa mamá, porque ella está defendiendo esos valores patriarcales y los defiende a rebencazos o a cachetazos. Además, en Argentina el castigo físico no está todavía abolido.

–Recién en el nuevo Código Civil se elimina, a partir de agosto de este año.

–Claro. O sea que es increíble que en un país como el nuestro, tan intelectualizado, el actual Código diga algo así como que no puede ser sometido un chico a maltratos físicos severos. ¿Qué quiere decir severo? Ahí se puede dar cuenta uno hasta qué punto una cosa son las leyes y otra son las prácticas. A veces las leyes van adelante y a veces van muy atrás de las prácticas que va desarrollando la gente día a día.

–¡Qué panorama!

–Termino con el panorama desolador, que ya no es solamente el maltrato y el abuso de los adultos contra los niños, sino de los niños contra los niños. Ese es un problema grave de la actualidad. En función de todo el desarrollo de la tecnología, vemos que los chicos comienzan a ser muy pero muy crueles con otros niños. Lo cual pone en jaque toda la teoría de la Convención (de los Derechos del Niño), donde todos los niños son niños y deben ser protegidos. Entonces: un niño de 11 años que tenga una conducta abusiva respecto de una niña de 8 años de su propia familia. Un chico de 9 años que le dio un palazo a otro y le hundió el cráneo. Esto siempre fue algo naturalizado: “son juegos de chicos...”.

–O “los chicos son crueles”.

–Hasta el psicoanálisis lo dice. Entonces, ese tipo de situaciones hace que uno tenga que tener una conducta diferente en cuanto a lo educativo.

–¿Y qué pasa con las agrupaciones que denuncian en general a las madres por obstrucción de vínculos, o por el supuesto “síndrome de alienación parental”?

–Efectivamente, existen falsas denuncias contra un papa y una mamá, lo que motiva el impedimento de contacto. No llegan al 5 por ciento del total de las denuncias. Pero por qué se atrincheran en esa posición. Porque, primero, es una posición desculpabilizante, o sea que ellos no son culpables de haber producido cualquier cosa que hayan producido, cualquier maltrato. Después porque intentan generar en la sociedad una victimización de aquellos que defienden la familia. Ellos están defendiendo a la familia, exacto, a la peor familia. Eso es lo que ellos defienden y lo hacen de maneras basadas en la impostura. Se apoyan en síndromes como el de alienación parental que es una aberración científica en todo el mundo. Le dan estatuto como si fuese algo realmente importante. Y se apoyan sobre todo en algo que para mí es fundamental, el oscurantismo. Porque nadie sabe si esos padres que están ahí tienen procesos en la Justicia por violencia, por acoso, por abuso. Yo digo: muy bien, están peleando por eso, que blanqueen sus cuestiones personales en la Justicia y después podemos discutir cualquier cosa. Muchos de ellos tienen situaciones gravísimas en la Justicia, no lo dicen y quedan ahí legitimados en algún tipo de asociación de ese tipo. Después dan vueltas al Obelisco para presionar a los jueces y conseguir dictámenes favorables, y lo consiguen. Asustan a todo el mundo. Mucha gente se ha asustado. Muchos médicos forenses se han asustado y en el momento en que tienen que poner el diagnóstico de abuso sexual prefieren poner “ni”, ni confirmo ni ratifico, que para la Justicia es “no”. Y no se quieren comprometer porque tienen miedo a las represalias. Es todo un tema.

–¿Hay algo bueno en todo este panorama?

Lo bueno de todo esto es que cuando las cosas se hacen visibles uno sabe cómo intentar resolver, generar dispositivos para eso. Y eso es algo que ha pasado en estos años. Se fueron generando cada vez más dispositivos para que las personas puedan comunicar, denunciar, y se fueron flexibilizando esos canales de comunicación venciendo un muro de silencio a veces terrible, porque a veces una maestra quería decir “a este chico le está pasando algo” y venía alguien y le decía “no digas nada porque se va a armar un quilombo terrible”. Entonces, mejor callarse: ese muro de silencio ante maltratos y abusos. Pero en general se ha avanzado en estos últimos años. También porque se genera mayor sensibilidad inclusive a nivel de lo que se llaman las “micropolíticas”. O sea, yo lo he visto, caminando por Argentina, que en los lugares donde voy generalmente hay gente preocupada por desarrollar micropolíticas. Porque a nivel de macropolíticas, por ejemplo, ayudó a mucho a esta situación de maltrato la Asignación Universal por Hijo. El hecho de que los niños tengan una Asignación Universal por Hijo le ha cambiado la cabeza a muchos pibes traumatizados, que además estaban excluidos del sistema. Pero a nivel de las micropolíticas era necesario escucharlos, entenderlos, darles bolilla y no había quién lo hiciese. Entonces, ahora hay más dispositivos en todo el país para poder escuchar a los chicos. Después se puede discutir si se hace bien o mal, pero se están generando esos movimientos y eso está bien.

Fuente. Página 12 - Por Sonia Santoro.-

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