martes, 8 de septiembre de 2015

EL ABUSO SEGÚN LAS CLASES SOCIALES

título original: Por una sentencia que defienda el consentimiento

Los acusados son alumnos de los colegios más caros de Lomas de Zamora. Concurrieron a una fiesta en una casa en la que también participaban las dos víctimas, de 15 y 16 años. Los chicos las manosearon y abusaron de ellas. Pidieron cinco años de condena.



Hoy se conocerá el veredicto de un juicio muy especial en los tribunales de Lomas de Zamora: los acusados son dos adolescentes de clase alta, jugadores de rugby, uno de ellos hijo de un médico, director de un hospital del Gobierno de la Ciudad. Se les imputa haber abusado sexualmente de dos chicas, que tenían 15 y 16 años al momento de los hechos, durante una fiesta de cumpleaños en una casa, a la que no estaban invitados –y presionaron para ingresar junto con otros amigos–, y en la que no había ningún adulto presente. Víctimas y victimarios eran alumnos de los colegios bilingües más caros de la zona. En su alegato el fiscal pidió 6 años de prisión para ambos.

El delito que se les imputa es abuso sexual doblemente agravado, (por haber sido cometido por dos o más personas y por haber resultado gravemente ultrajante para las víctimas), reiterado por tratarse de dos hechos. Uno de ellos tenía 17 años y el otro 18, en ese momento. Uno iba al colegio Balmoral. El otro habría sido expulsado de esa escuela y terminó sus estudios en 2013 en el Lomas High School. Los dos eran alumnos de sexto año cuando fueron denunciados.

El juicio, a cargo del Tribunal Unico de Responsabilidad Penal Juvenil del Departamento Judicial de Lomas de Zamora, se desarrolló entre el 21 y el 31 de agosto, a puertas cerradas. Solo pudieron ingresar familiares de víctimas y victimarios y sus abogados, por tratarse de menores de edad. Fueron cinco audiencias. Los acusados se negaron a declarar. Las dos chicas, en cambio, dieron pormenorizados detalles de los ataques sufridos aquella madrugada del 14 de octubre de 2013. También prestaron testimonios casi una veintena de amigos y amigas de unos y otros, que estuvieron presentes en aquella fiesta.

Para hoy está citada la audiencia donde se dará a conocer el fallo. El tribunal, ubicado en Talcahuano 278, primer piso, de la localidad de Banfield, está conformado por las juezas Isabel Acion –presidenta– y Miriam Beatriz Buzzo y Marta Pascual. En su alegato, el fiscal Jorge Venzano pidió seis años de prisión para cada uno de los adolescentes acusados. El abogado de una de las chicas, Ciro Annicchiarico, reclamó cuatro años y medio para uno y cinco años para el otro. Y además, pidió que siguiera la investigación judicial para individualizar al resto de los atacantes, “ya que quedó claramente probado que los aquí imputados no fueron los únicos que participaron del escarnio que ellas sufrieron”, señaló frente al Tribunal. Si fueran adultos, podría caberle una pena de 8 a 20 años de prisión. La defensa pidió la absolución: no negó que las dos adolescentes hayan sido abusadas en el cumpleaños, pero sostuvo que no se sabía quiénes las habían manoseado. Sin embargo, durante el juicio oral, el fiscal le pidió a una de las víctimas que estaba declarando si podía reconocer a sus atacantes y la chica se dio vuelta, los buscó entre el público y los señaló dando su nombre y apellido. Este diario resguardará los datos personales de las y los involucrados por tratarse de menores de edad.

Las chicas declararon que las metieron por la fuerza en una habitación de la casa –donde se hacía la celebración, en la zona más residencial de Banfield– y varios jóvenes las manosearon en los pechos y genitales, sin dejarlas salir del lugar a pesar de sus esfuerzos por escapar, mientras escuchaban risas. A una de las víctimas la encapucharon. A la otra la atacaron con la luz apagada. Las adolescentes sólo pudieron identificar a dos de los agresores. Una le vio el rostro a uno de ellos. Pero fueron fundamentales para avanzar con la acusación, los testimonios de otros invitados, que declararon como testigos en la instrucción de la causa –entre ellos el hijo del diputado y ex intendente lomense, Martín Insaurralde– y datos de publicaciones que hicieron en Facebook los propios involucrados en los días posteriores a la fiesta.

Prestaron sus testimonios durante el juicio también los peritos psicólogos que examinaron tanto a las víctimas como a los jóvenes responsables, quienes ratificaron sus conclusiones acerca de la confiabilidad de los relatos de las chicas como sobre la completa normalidad psíquica de los imputados. Declararon además las madres de las dos adolescentes, que relataron cómo se enteraron de lo que les pasó a sus hijas y las consecuencias psicológicas que aún hasta hoy sufren: ambas continúan en terapia.

En su momento el episodio tuvo amplia repercusión mediática porque familiares y amigos de las víctimas realizaron una marcha frente al colegio al que concurría uno de los imputados, el Balmoral, ubicado en la zona residencial de Banfield. La noche del 13 de octubre de 2013, un alumno de ese colegio, de tercer año, festejaba su cumpleaños de 15 en su casa, ubicada sobre la calle Alvear, a pocas cuadras del Balmoral. Entre sus invitadas, estaban las dos chicas, amigas de otro colegio de Lomas. Según declararon en la causa varios de los invitados, los dos acusados, de diecisiete y dieciocho años –en ese entonces–, llegaron a la fiesta sin haber sido invitados, en banda, junto a otros adolescentes de la misma edad, la mayoría alumnos de sexto año del Balmoral, que se identifican como parte de un equipo de fútbol conocido como La Gloriosa, que participaba por ese momento en un torneo de unas canchas privadas, cercanas al campo de deportes del colegio, que serían propiedad del padre de uno de ellos. También declararon en la instrucción –algunos con identidad reservada– que eran conocidos los de La Gloriosa por tener conductas agresivas y que por esa razón los dejaron entrar a la casa por temor a ser golpeados en el colegio como represalia.

La causa se abrió a partir de la denuncia que hizo la madre de una de las víctimas, el 16 de octubre de 2013, primero en la comisaría 2ª de Banfield y a los pocos días en la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio Nº 3 del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de Lomas de Zamora, a cargo de la fiscal María Cristina Luzuriaga, sobre quien recayó la investigación del caso. Las chicas prestaron declaración testimonial. Contaron de los manoseos que sufrieron por encima y por debajo de su ropa interior, que escuchaban risas burlonas y que en el grupo de varones había incluso otra chica que también se reía de la situación. Las víctimas declararon en cámara Gesell y relataron en detalle los hechos a partir de un extenso cuestionario que les fue haciendo una perito psicóloga del Ministerio Público Fiscal. En virtud de las pruebas recolectadas, en noviembre de 2013 la fiscal Luzuriaga solicitó al juez de Garantías del Fuero Joven Nº 2 de Lomas de Zamora, Mariano René Alessandrini, la detención de los dos adolescentes acusados de “abuso sexual agravado por haber sido cometido por dos o más personas y por resultar gravemente ultrajante para las víctimas, reiterado (dos hechos)”. Pero el magistrado denegó el pedido, por considerar que no existía peligro de fuga ni de entorpecimiento de la investigación.

Los dos adolescentes imputados llegaron al juicio con una restricción de acercarse a las víctimas, dictada por la Justicia, después de que se cruzaron con uno de ellos una noche de febrero de 2014, cuando iban a tomar un micro en Lomas con amigas para ir a bailar a una disco en la ciudad de Buenos Aires. El chico estaba por tomar otro micro para trasladarse al mismo boliche. Una de las adolescentes denunció que el joven la miró de forma intimidante y le gritó “violada”, “cagona”. La escena la descompuso, llamó a su madre, que recién la había dejado y se encontraba cerca, y se retiró del lugar. Al denunciar el hecho, contó además que tenía problemas para dormir, que la situación le daba mucho miedo porque el grupo de chicos que la atacó en la fiesta frecuenta los mismos lugares de diversión que ella, que esos pibes “no tienen freno”, que ella tenía temor de volver a encontrárselos y que le sigan diciendo cosas, y que un día la vean sola y vuelva a pasarle lo mismo que en el cumpleaños.

Un mes después tuvo otro episodio que la volvió a atemorizar. Denunció que recibió en su celular una llamada y cuando preguntó quién hablaba, una voz de un desconocido le dijo “los del Balmoral” y escuchó a varias personas riéndose detrás de esa conversación y otra voz que le gritó “violada, ¿ya no te acordás de nosotros?”.

Tal vez, el veredicto de hoy quiebre la impunidad, que en otras oportunidades, según testigos, habían quedado hechos similares protagonizados por los mismos imputados y otros jóvenes del mismo grupo de amigos que se “divertían” hostigando y abusando a chicas en bailes y fiestas.

“El poder no da derecho al abuso”

“Si cabe encontrar una particularidad a este caso es que se trató de hechos en los que están involucrados, tanto por parte de las víctimas como de los imputados y sus amigos, jóvenes de clase media acomodada de la zona, que no son justamente los sujetos procesales que habitualmente estamos acostumbrados a ver en estos procesos, tanto de menores como de adultos”, advirtió a Página/12 el abogado de la querella, en representación de una de las denunciantes, Ciro Annicchiarico. El letrado consideró que “este caso va a dar lugar a una seria y profunda reflexión acerca de la educación y los valores que los adultos, tanto a nivel familiar como desde el sistema educativo, estamos brindando a nuestros chicos”.

“Como dije en mi alegato, hay cosas que no se deben hacer y punto. Disponer de dinero o de una cierta cuota de poder social, no da derecho a abusar de alguien que es más débil. Lo que pasó no es una broma, es un delito, y nuestro jóvenes muchas veces no terminan de comprender y de internalizar eso, no ven adecuadamente la línea que separa una broma, un juego, que muchas veces es agresivo y mortificante respecto de otros más débiles, de un delito. Y eso, sin ninguna duda es responsabilidad nuestra, de los mayores, que no fijamos pautas claras desde el seno familiar, que no se fijan y se imponen pautas claras desde la escuela, pública o privada, que no se comunican valores y prohibiciones claramente desde los medios masivos de comunicación, en los que hoy día vemos que se normalizan y aceptan como “gracias” conductas violentas, reñidas con la ética más elemental, fomentándose groserías, irrespeto por los derechos ajenos. Lo vemos todos los días en la televisión, lo escuchamos en muchas emisoras de radio, hacer y decir barbaridades por parte de adultos que, obviamente, después funcionan en los chicos como legitimación de ese tipo de acciones y conductas”, agregó Annicchiarico.

Fuente: Página 12 -   Por Mariana Carbajal

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