miércoles, 4 de abril de 2012

Faltan recursos y estudios sobre la violencia en las relaciones lesbianas


Desconocemos la incidencia de la violencia en las relaciones lesbianas y sin embargo sabemos de su existencia. Quizás incluso conocemos a alguien que, cuando ha buscado ayuda para afrontar el problema, se ha dado de bruces contra la ignorancia y la falta de recursos, cuando no contra distintas manifestaciones de lesbofobia social. A día de hoy, las lesbianas que viven violencia en sus relaciones se encuentran en situaciones de especial vulnerabilidad. Primero, porque han sido clasificadas como mujeres y sin embargo, en tanto que lesbianas, están desobedeciendo algunos mandatos de género, razón por la que son objeto de una violencia de castigo y control patriarcal específica: la lesbofobia. Segundo, porque las problemáticas de violencia en relaciones lésbicas no han sido apenas estudiadas y, aún menos, hemos habilitado recursos para afrontarlas.

Entonces, cuando una lesbiana busca ayuda más allá de su entorno cercano (amigxs y familiares) suele acercarse a los servicios creados para la violencia de género en relaciones sexoafectivas. La ayuda que pueda recibir dependerá de la sensibilidad de quienes gestionan el servicio. En la mayoría de los casos se las rechaza por considerar que la violencia en relaciones lesbianas no entra dentro del ámbito de aplicación de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Este rechazo no revestiría de mayor trascendencia si existiesen otros servicios a los que acudir. Pero no los hay.

Es urgente que habilitemos recursos para afrontar y prevenir estas problemáticas. Mientras lo hacemos, habría que plantearse la posibilidad de acceso a los recursos existentes para la violencia de género. Ahora bien, ¿es violencia de género la violencia en relaciones lesbianas? Si por violencia de género entendemos violencia como expresión y/o recurso de un sistema de dominación patriarcal, habría que responder que no. Es cierto que existen relaciones sexoafectivas en las que una lesbiana recurre a la violencia como recurso para dominar a su pareja lesbiana y hacerse con la relación, pero no es ni expresión ni recurso del sistema de dominación masculina. Al contrario, implica que se está transgrediendo el mandato patriarcal de heterosexualidad. Y no sólo eso, la victimaria está también transgrediendo los mandatos femeninos de cuidado, no violencia, docilidad, carencia de anhelo de poder.

Lo anterior no significa que estas violencias no guarden relación alguna con el sistema patriarcal o, incluso, que en algunos casos, en algún sentido, en la medida en que esa violencia esté motivada por la lesbofobia interiorizada, no tengan por objeto preservarlo. Y es que aquellas personas que transgreden el mandato de heterosexualidad han sido igualmente socializadas y viven en esta sociedad machista. Es imposible sustraerse a toda influencia. En Aldarte, asociación pionera en el proyecto de suavizar nuestras relaciones, señalan como posibles factores propiciatorios de violencia en relaciones no heterosexuales algunos factores que tienen causa en un sistema de dominación patriarcal: “El impulso masculino de dominio, el sexismo, el amor romántico, el papel de la Iglesia y sus mensajes de matrimonio‐sacramento, la estructura familiar entendida como núcleo de privacidad escasamente permeable que amortigua o genera todo tipo de tensiones, el concepto del amor romántico por el que todo se sacrifica, las escasas habilidades y la falta de educación sentimental que ayuden a resolver los conflictos, la homofobia y la lesbofobia, el alcoholismo y las toxicomanías”.

No obstante, el patriarcado no constituye toda la explicación. Son también otros los factores y contextos que inciden y guardan relación con estas violencias. Es por ello que cuando tratamos de explicar todas las problemáticas de violencia en relaciones lesbianas desde el modelo feminista oficial, conforme al cual no existe más variable que la variable de género, son muchos los aspectos, matices y singularidades que nos dejamos fuera. Necesitamos desarrollar otros modelos feministas que puedan explicar la diversidad de experiencias de violencia en las relaciones interpersonales. Es desde ahí que estaremos en mejores condiciones para prevenir y afrontar la violencia en nuestras relaciones. Entretanto nos vamos capacitando, no podemos dejar desamparadas a las personas que viven estas problemáticas. Es por ello que habría que plantearse, como remedio temporal e insuficiente, la posibilidad de acceder a los recursos habilitados para la violencia de género en relaciones sexoafectivas.

Fuente: Píkara Magazine - Por Eunate Cearra

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