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viernes, 1 de mayo de 2020

EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS, EL TRABAJO DE CUIDADO NO HACE CUARENTENA

La propagación del COVID-19 y la declaración de la situación de pandemia global, ha llevado a los gobiernos del mundo a tomar medidas de distinto tipo, nivel de exigencia y temporalidad, para atender la emergencia sanitaria. Estas acciones incluyen recomendaciones de aislamiento social preventivo, que en algunos países se impone con carácter obligatorio y estricto en su cumplimiento. Para lograrlo, además de la cancelación de eventos masivos (deportivos, culturales, sociales), se ha decidido la suspensión de clases en los distintos niveles educativos, y con mayor o menor intensidad según los casos nacionales, la interrupción total o parcial de buena parte de las actividades económicas.




En el caso de Argentina, la medida de aislamiento social, preventivo y obligatorio, que rige desde el 20 de marzo de 2020, ha implicado que un gran número de actividades económicas se vean suspendidas y otras (las consideradas esenciales) reducidas a un mínimo funcionamiento. Sin embargo, en este escenario de temor por la progresión de los contagios y de preocupación por la caída de la producción, las actividades de cuidado se han visto intensificadas. Pues, ni las tareas que se realizan en la esfera pública ni las que se efectúan al interior de los hogares dejan de funcionar. Por el contrario, todas ellas son las encargadas, en primera línea, de enfrentar al COVID-19 y de amortiguar los efectos económicos y sociales de la crisis que conlleva.

En la esfera pública, entre los servicios declarados esenciales en la emergencia, por el decreto que establece el aislamiento social obligatorio, se incluyen: la salud humana; la asistencia a personas con discapacidad, personas mayores, niños, niñas y adolescentes; los servicios sociales brindados en comedores escolares, comunitarios y merenderos; los servicios de lavandería; entre otros. Todas estas actividades cuentan con la particularidad de estar altamente feminizadas en su composición y de ser de las que se desarrollan en peores condiciones y con más bajas remuneraciones.

Por su parte, al interior de los hogares, en este contexto se observa una sobrecarga de tareas domésticas y reproductivas: mantener el aseo y limpieza de la casa (que en crisis sanitaria implica extremar la higienización); cuidar y entretener a los niños y niñas pequeñas, cuidar de los adultos mayores, puesto que incluso los que no presentaban dependencia en otras situaciones ahora son la población más vulnerable frente al virus; garantizar la continuación de los procesos educativos de los niños, niñas y adolescentes haciendo las veces de co-docente ya que se ha resuelto que continúen el proceso de enseñanza- aprendizaje de manera virtual.

A esto se le suma la tensión en los casos en que el trabajo remunerado puede continuarse a través del teletrabajo. En este sentido, se observa una presión sobre les trabajadores asalariados para sostener la producción y la productividad a “como dé lugar”, sin consideraciones sobre las responsabilidades de cuidado incrementadas y las dificultades aún mayores para compatibilizar ambas dimensiones del trabajo.

Adicionalmente, el Covid-19 expone con contundencia las desigualdades y las profundiza. Por un lado, la propia condición de aislamiento social se vuelve más difícil en contextos habitacionales precarios, en barrios populares donde la propia noción de distancia es difícil de mantener, y dónde “quedarse en casa” puede ser más riesgoso que no hacerlo. Por otro lado, las posibilidades de resolver las necesidades de cuidado en contextos materiales precarios son aún más difíciles y demandan todavía más trabajo no remunerado. Sumado a que muchas cosas que los hogares de ingresos medios o altos pueden resolver virtualmente (compras, trámites, etc.), en el caso de los hogares más vulnerables conlleva más tiempo, y muchas veces incurrir en largas colas poniendo en riesgo su salud y la de los demás miembros de sus hogares.

Más aún, en aquellos sectores vulnerables de la población, cuyos ingresos monetarios dependen en gran medida de actividades productivas efectuadas día a día, la presión sobre el trabajo no remunerado es mayor en tanto éste es el responsable de cubrir la merma de ingresos en el periodo de aislamiento y el aumento del desfasaje con los niveles de bienestar. Y esto sucede aún en casos donde los gobiernos han respondido con medidas de transferencias monetarias de emergencia (como el caso del Ingreso Familiar de Emergencia en Argentina), que sin dudas son muy relevantes, pero resultan insuficientes.

Esta situación es propia de la emergencia, pero también es esperable que se prolongue por las propias consecuencias económicas no sólo de la pandemia, sino de las medidas tomadas para enfrentarla. Los organismos internacionales han realizado estimaciones sobre los efectos en la producción a escala global, regional y nacional. En el caso de los ingresos globales, el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) ha estimado una caída que gira en torno a un billón de dólares en comparación a lo estimado para 2020 y que podría llegar a los dos billones ante un peor escenario. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha previsto que la región se verá impactada por diversas vías: turismo, exportaciones, suministros, el precio de los productos y el nivel de la inversión, teniendo efectos graves sobre el PBI, el empleo y la pobreza.

A nivel de los países, se entiende que las implicancias en la economía dependerán de la capacidad de los Estados para mitigar el daño en el bienestar de sus habitantes. Estas irán de la mano del paquete de medidas que los gobiernos lleven adelante y de los efectos en las distintas ramas de actividad y sectores de la población.

Como señalamos anteriormente, y como se viene diciendo desde los aportes de la Economía Feminista, el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado cumplirá un rol central en el sostenimiento de la vida y el funcionamiento de la economía en esta coyuntura. Y esto, a pesar de que la mayoría de los países siguen invisibilizando este aporte central en su contabilidad nacional. Tomando el caso argentino, es destacable que en la definición de las actividades “esenciales” (aquellas enumeradas en el decreto 297/2020) se hayan incluido muchas cuyo valor económico engrosa la estimación del PBI, a la par de otras (las de cuidado de personas) cuya contribución en términos monetarios es sistemáticamente negada.

Con todo, se evidencia que la situación desatada por el COVID-19 ha puesto sobre el tapete el valor y la importancia tanto social como económica de aquello que decididamente no mirábamos: la importancia del cuidado, de manera multifacética, para la sostenibilidad de la vida en sociedad. A partir de esta situación, esperamos que tanto desde el Estado y desde la ciudadanía comencemos a reconocer y a jerarquizar a aquellos sectores de actividad que generan bienestar y calidad de vida. Asimismo, ahora que estamos en casa –los que no somos esenciales en este momento–, es importante no sólo reivindicar la labor cotidiana que las mujeres llevan a cabo día a día, sino también comenzar a democratizar las cargas del trabajo reproductivo entre varones y mujeres por igual.

Fuente: CLACSO - Por Corina Rodríguez Enríquez[1], Virginia Alonso[2] y Gabriela Marzonetto[3]

[1]Conicet – Ciepp. Beca de investigación CLACSO “Los nudos críticos de las desigualdades de género en América Latina y el Caribe”.
[2] Conicet – UNCuyo. Beca de investigación CLACSO “Los nudos críticos de las desigualdades de género en América Latina y el Caribe”.
[3] Conicet – Ciepp – UNCuyo. Beca de investigación CLACSO “Los nudos críticos de las desigualdades de género en América Latina y el Caribe”.

lunes, 20 de abril de 2020

RÍO GALLEGOS: SOBREVIVIÓ A UN FEMICIDIO Y NADIE SE DIO CUENTA

En 2015, la prendió fuego. En 2017, la violó a punta de cuchillo. Lo denunció por violencia física, por no cumplir las perimetrales y por la cuota alimentaria. Nunca se movió un papel. Ahora que lo contó en Facebook, tiene miedo que la mate. ¿Por qué no está preso Daniel Mansilla?







“A un tipo casi le arrancó la cabeza” me dice Pato, el fotógrafo, mientras vamos a la casa de María.

“Pasé con el móvil y vi que le estaba pegando a una mina. Me bajé, le dije que la suelte y se me hizo el pesado. Le di tantas piñas…está lleno de cagones”. Su anécdota dura casi todo el viaje. Llegamos. Afuera de la casa, rodeada de calles breves con nombres de pioneros- todos varones-, hay un perro grande en la vereda. La veo que viene a abrirnos la puerta y pienso en hacerle algún comentario sobre el animal, algo tonto como que parecía malo y no ladraba. De pronto, del otro lado del portón, uno chiquitito color té con leche del tamaño de dos manos haciendo montoncito, chilla como una fiera.

Entramos. La casa no tiene más muebles que los indispensables. Sobre la mesa, un fuentón de tortas fritas recién hechas y detrás, la pared que divide la cocina está pintada con un paisaje silvestre con cascada y dos patos dándose un pico. Hay dos mujeres además de María. Una es su mamá y la otra una hermana. Me siento y las sillas no alcanzan. María trae una banqueta de plástico negra para ella y empieza a toser. Tose y se larga a llorar tapándose la cara con la mano.

Está bien que llores le digo, y no sé si hacerle un mimo en la rodilla. Mejor no, pienso.

Me la imaginé más grande, pero tiene apenas 22. El pelo rojo furia, los ojos delineados y un arito de argolla en la nariz.

 María lo denunció más de cuatro veces. Daniel nunca fue preso. 

Conoció a Daniel a los 17. Es su vecino, vive a tres casas de la suya. La proximidad es tan real que podrían visitarse saltando paredones. Juntos tienen tres hijos: la mayor de cinco, el del medio de cuatro y el más chiquito, de dos años. Tres meses después de que nació su primera hija, María estaba embarazada del segundo. Recién ahí se fueron a vivir juntos a una casa del barrio El Carmen, donde empezaron los golpes.

 ¿Te acordás de la primera vez que te pegó? 

_Siempre fue por celos. Y eso que yo estaba todo el día encerrada. Empezó con agarradas de pelos, cachetazos. Su costumbre todos los días era pegar cabezazos_, dice, y me señala bultos en la nariz.

_Me lavaba con un poco de agua y listo. Y si era muy grave, no dejaba que me vea nadie hasta que se me pasaba lo violeta, cuenta y vuelve a toser, mientras no puedo evitar mirar a su mamá, que tiene los codos apoyados en la mesa y administra el mate. Es una mujer áspera, de brazos robustos, curtida.

El 14 de diciembre de 2015, Daniel Ruiz inventó otra escena de celos. Esta vez por un posteo de su hermana, donde aparecía un ex. Nunca hay un motivo real. No hay nada que las mujeres podamos hacer para recibir un golpe. Las excusas son siempre un alimento de la imaginación de los violentos para manipular a sus víctimas.



 La ex pareja de María, Daniel Lucas Mansilla. tiene 21 años y es el padre de sus tres hijos.
La ex pareja de María, Daniel Lucas Mansilla. tiene 21 años y es el padre de sus tres hijos.
A Romina Barría, Jorge Huenumil, - primo de Daniel- la mató después de escribirle cartas de amor.

Ese día, Daniel le pegó mientras dormían los nenes. Le dio tan fuerte, que se tuvo que ir a esconder al baño para que no la escuchen llorar. Era chiquito, y entre el inodoro y la pileta había un lavarropas que no funcionaba, formando un pasillo angosto, donde se sentó en bombacha y un remerón abrazada a sus rodillas.

_ No lo vi venir. De repente lo tenía encima y en cinco segundos me tiro alcohol y me hizo ‘click’ con un encendedor. Me prendió fuego.

María hace el gesto que hizo el tipo y se me caen las lágrimas. Busco al fotógrafo con la mirada y veo que está cada vez más lejos de nosotras, como si alguna fuerza lo arrastrara hacia la puerta.

Tiene recuerdos borrosos del intento de femicidio. Sabe que, inmediatamente después, la agarró de los pelos y la metió debajo de la ducha fría para apagarla. Sabe que de alguna manera llegó hasta la puerta y gritó. Que entonces, él la volvió a zamarrear mientras le decía que lo perdone, que él la amaba pero que no dijera nada. Después de eso, ella está en el piso sin poder respirar, porque la ropa se le había pegado a la carne y la combustión entró a sus pulmones. En otro flash de consciencia, hay mucha gente adentro de su casa y todos la miran.

Entiendo la tos.

De repente lo tenía encima y en cinco segundos me tiro alcohol y me hizo ‘click’ con un encendedor

El registro policial de ese día dice que hubo un llamado a la Comisaría denunciando que habían secuestrado a una chica. Parece que alguna vecina alcanzó a ver cuando salió a los gritos, y alguien la retuvo y la llevo de nuevo para adentro de la casa.

_Me desperté en el hospital. Estaba mi mamá, la Policía y él, que ya había hablado con todos diciendo que fue un accidente. Incluso la Policía me preguntaba todo a mí en frente de él. Nunca lo sacaron.

Lo cuenta y mi estómago se enreda ¿En serio nadie puso en duda el relato del varón?, ¿en serio la Secretaría de las Mujeres no le mandó a nadie que la ayudara a contar lo que pasó?, ¿esto pasó de verdad en pleno 2017 con todo el NiUnaMenos en la calle?

Dos años antes que eso, en Las Heras, German Romero asesinó a Gissele Páez enfrente de sus hijos chiquitos. Una vecina escuchó los gritos. La Policía fue hasta la casa. El femicida salió, dijo que estaba todo en orden. La Policía no pidió ver a Gissele. Le creyeron a él y 20 minutos más tarde, ella entró muerta al hospital.

La mamá de María sacude las moscas que están porfiadas con las tortafritas. Las tapa con una servilleta y cuenta que, cuando fue a la casa, el agua de la ducha fría seguía corriendo y lo había inundado todo. En el baño, la ropa chamuscada de su hija seguía en un rincón.

 Las autoridades aparecieron recién después de que hizo un escrache en redes. 


María pasó nueve días internada en el Hospital Regional, y tres meses en la Terapia Intensiva de la Clínica del Buen Pastor, en La Matanza. Pudo haberse muerto. Tenía quemaduras de tercer grado y pasó por catorce injertos, todos con piel de las piernas. Su cuerpo joven está lleno de cicatrices que quiere ocultar debajo de remeras y un pulóver de lana.

_ Me la arruinó. Ella no se pone nada que le muestre el cuerpo. Recién ahora, de vez en cuando, se anima a una musculosa, pero acá, adentro de la casa, relata su mamá en voz baja, en un instante en que María deja el comedor, como si no quisiera que la escuche. La conversación se corta porque ella vuelve, esta vez con el más chiquito a upa, que llora desconsolado. Alguien le ofrece una mamadera de mate cocido, pero no hay caso. Sigue y sigue chillando hasta que le dan un celular con Pocoyó bailando reggaetón. El chiquito se calma y la sonrisa hace que los mofletes le achinen los ojos marrones.

_ ¿A quién le contaste que te había quemado?, retomo.

_A nadie.

El terror que le tenía a su agresor era tan inmenso, que no sólo no dijo lo que pasó, sino fue él quien viajó como acompañante para cuidarla en la derivación. Hubo apenas una vez en la que pareció que iban a salvarla.

“Te voy a lavar el pelo y te voy a poner un poco de perfumito para que estés más linda”, le dijo un enfermero, y María entró en un ataque de nervios, porque sabía que los perfumes tienen alcohol: “A esta chica la quemaron, no fue un accidente”, les dijo el hombre a los médicos. Pero quedó ahí. Igual que en Gallegos, nadie avisó a las autoridades.

La relación siguió porque Daniel la amenazaba con matarla y matar a sus hijos. Hasta que, en vísperas de la Navidad de 2017, hizo la primera denuncia por violencia doméstica.

_ Llegó borracho, me tiró a la cama y me pegó. Mis hermanas escucharon los gritos y se le tiraron encima. Cuando zafé, mi hijo me estaba mirando parado en un charco de pis. Ese día dije basta.

De nuevo, le sacaron fotos de los golpes en la cabeza, del ojo en compota y le tomaron testimonio.

“¿Desea agregar algo más, señora?”, le preguntaron después de ocho horas de una declaración, que terminó con una perimetral que su ex no respetó nunca. Por eso, María tuvo que hacer otras cuatro denuncias. Pero jamás, en todos estos años en los que la causa estuvo en el Juzgado de Rosana Suarez, Daniel Mansilla pasó un día preso. Nunca.

No sólo la Justicia Penal le falló, sino también la de Familia, porque desde hace tres años que espera que salga la demanda por alimentos. María está en situación de pobreza, vive de la asistencia social. Destruida por los golpes, por tener que criar a los hijos sola, por no tener dónde vivir ni qué darles de comer, porque los funcionarios judiciales no hicieron su trabajo, María no tuvo más remedio en 2018 que pedirle ayuda a su ex.

_ Se apareció con una pizza y bebida, pero yo empecé a tomar rápido para que él no se emborrache y no se ponga estúpido. ¡Mirá lo que pensaba!, dice.

Como buen manipulador, le insistió para que volvieran, porque desde que no estaban juntos todo le salía mal.

_Le dije que no y agarró un cuchillo, me llevó al baño y me obligó a tener relaciones sexuales.

_Te violó.

_Sí, y mis nenes golpeaban la puerta llorando. El abrió y les gritó: ¡Váyanse a dormir! Ahí pensé en dejarme, así termina y se va. Pero no se fue. Cuando salí del baño, alcance a decirle a una vecina por la ventana que me llame a la Policía.

Dice Luciana Peker en su libro ‘La Revolución de las Mujeres’, que si un hombre te pega después de que lo denunciaste, es porque te quiere matar.

De nuevo, María probó que el sistema no la iba a ayudar. La Policía le dijo que se buscara un lugar, porque más de ocho horas no lo iban a tener. ¿Acaso no pudo la jueza haber unido todos los hechos en una misma causa y detenerlo? Le dieron una paliza, la amenazaron con apuñalarla, la violaron, tiene miedo de morirse o que le maten a los hijos, no puede denunciar ¿En serio no pasa nada?

ahora tengo miedo que me mate porque sé de lo que es capaz


Para esa fecha, Micaela García ya había sido asesinada por Sebastián Wagner. La Ley Micaela era un hecho, el movimiento de mujeres estaba en las calles. 2018 tuvo 281 femicidios ¿En serio? Tuvo que hacer un escrache en redes sociales para que alguien le diera una mano. Abrir las tripas en frente de todos y todas para que vieran que era serio. Y claro, como sucede generalmente en estos acasos, la exposición no sólo deja en pelotas al agresor, sino también al sistema. Y a eso sí que le tienen miedo.

El jueves, siete años después de la primera paliza, la Secretaría de las Mujeres de la provincia se comunicó con ella y le gestionaron una consigna policial, ordenada por el juez de Familia Antonio Andrade. El auto está afuera de la casa y adentro del coche hay una mujer. Pero María no sale ni a comprar pan, vive de cuarentena eterna porque el tipo sigue libre.

_ ¿Cómo fue que te animaste a hacerlo público?

_Porque hace dos días le pedí comida a la mamá de él, y me amenazó.


La madre de Daniel es Elsa Ruiz, una pastora. Me pregunto qué tipo de mensajes dará ¿Sabrá la gente que su hijo es un femicida en potencia y que ella lo apaña?

_ ¿Él se comunicó con vos después de que contaras lo que te hizo?

_ Me hizo un escrache en Face, diciendo que era mentira y que no tiene plata porque yo cobré el bono de $10 mil y no él.

_ ¿Te hizo mejor contarlo?

_ (Silencio) No. Porque yo pensé que lo iban a meter preso y ahora tengo miedo que me mate porque sé de lo que es capaz. Siempre me dijo que él no va a ir preso, que antes me mata a mí y a los nenes y después se mata él. Por eso no lo denuncié.

Nos despedimos con un abrazo mientras la madre cuenta más cosas. Salimos de la casa y María nos acompaña. Nos decimos chau, pero vuelve hasta la vereda.

_ ¿Quiere sacar foto de cómo quedé?_, pregunta, y yo le tengo la bufanda de lana, pesada, calurosa, mientras el sol de las cinco baña todo de un brillo intenso, casi cruel.


Fuente: La opinión Austral - Por Sara Delgado

miércoles, 15 de abril de 2020

FEMICIDIO DE CAMILA TAROCCO. " LA MATÉ PORQUE ERA MÍA

Título original: "La maté a Camila": la confesión de la ex pareja de la joven asesinada en Moreno





El cuerpo de la joven de 26 años aparecieron a dos cuadras de la casa de su ex marido y padre de sus dos hijos, detenido hace una semana por falso testimonio.
"La maté a Camila". Ariel González, ex pareja de la joven de 26 años hallada muerta en un descampado, le habría dicho esto a su familia el mismo desapareció la chica.

En ese momento, los familiares de González no actuaron, pero en las las últimas horas, fueron ellos los que se quebraron e informaron a la fiscal del caso, Luisa Pontecorvo, lo que el hombre había hecho.

Casi en simultáneo, un llamado al 911 orientó los rastrillajes anoche hasta la parte de atrás del predio que tiene el Sindicato del Seguro en Moreno. Allí, en un lugar donde la tierra estaba removida entre unos pastizales, encontraron semienterrado el cuerpo de Camila Aldana Tarocco. Estaba envuelto en una bolsa negra o un mantel de nylon oscuro.

Los tatuajes que tenía el cuerpo facilitaron una primera identificación del cuerpo de la joven a la que buscaban desde el sábado 4 de abril pasado. De esta manera, la angustia por la incertidumbre sobre su paradero se convirtió esta mañana en un dolor irreversible.

Camila, que era madre de dos hijos de 5 y 7 años, había sido vista por última vez el sábado 4 de abril pasado cuando salió de su casa para tomar un colectivo hacia una sucursal bancaria en el centro de Moreno, donde debía retirar plata de un cajero automático al que nunca llegó.

Claudia Sánchez, la madre de la joven, había hecho la denuncia por la desaparición de su hija ante la Comisaría 1° de Moreno e indicó que las últimas personas que habían estado con ella fueron una vecina, su actual pareja y el ex marido.

La fiscal dispuso el arresto de González, quien declaró en esa oportunidad que habían pasado la noche juntos y que cerca de las 6 la había acompañado hasta una parada de colectivo.

Camila tenía que ir a un cajero automático a cobrar los 10.000 mil pesos del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que el Gobierno Nacional otorga a los trabajadores del sector informal mientras está vigente la cuarentena por el coronavirus.

Sin embargo, la Justicia confirmó que no hubo movimientos en la cuenta. Ella nunca llegó al cajero automático, y las cámaras de seguridad ubicadas en el trayecto que deberían haber hecho según el relato de González tampoco registraron su paso.

En las próximas horas está previsto que la fiscal Luisa Pontecorvo vuelva a indagar a González, ya en calidad de imputado por “Homicidio agravado por ser perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”. Femicidio, un delito cuya única pena posible es prisión perpetua.

fuente: Minuto Uno 

viernes, 20 de marzo de 2020

CUARENTENA Y CORONAVIRUS: EL CUIDADO DE LAS CUIDADORAS

Título original: Cuidar a las que cuidan. Feminismos en época del coronavirus

La cuarentena y las licencias ayudan a limitar que se propague el virus, pero abren la pregunta sobre quién recaen las tareas de cuidado y organización de la vida doméstica, sobre todo, bajo estas circunstancias.
Coronavirus: hasta de escribirla estamos cansadas. La palabra que vino a comerse toda nuestra cotidianeidad, a priori, podría dejarnos también algunas enseñanzas. Cuando todo aquello que creemos incuestionable, impostergable, indefectible; demuestra serlo bajo amenaza, entonces, pensamos, podemos reescribir algunas de nuestras certezas o aún más sencillo: observarlas críticamente.

Pero hace falta ir un poco más atrás. Hace menos de una semana, al aire en FM La Tribu Justina Lee, integrante de Economía Feminista, remarcaba que “en Argentina, el 76% de los trabajos domésticos no remunerados son realizados por mujeres. El 88,9% de las mujeres las realizan y dedican a este tipo de labores un promedio de 6,4 horas semanales”. Es decir: los trabajos que tienen que ver con cuidados y con reproducir la vida recaen sobre los hombros de las mujeres en términos de tiempo y de ingresos.

“Estas tareas implican el cuidado personal, el cuidado directo a otras personas, la provisión de precondiciones para realizar el cuidado (como por ejemplo la compra de alimentos) y la gestión del cuidado (cocinar los alimentos para satisfacer la necesidad básica de alimentación de todo el grupo familiar). Partimos de la base de que la sostenibilidad de la vida humana tiene dos dimensiones: una física, que refiere a la satisfacción de necesidades fisiológicas, y una simbólica, que refiere al componente afectivo y emocional de las personas”, describe el documento “Hacia una redistribución igualitaria de las tareas del cuidado” publicado por INADI. En la crisis económica y social que provoca el coronavirus, estas tareas se ven resaltadas y surge la evidencia de que, tal como son descriptas, se asocian mayoritariamente con las mujeres pobres: hay un doble sesgo, que es de género pero también de clase.




La directora nacional de Políticas de Cuidado del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Lucía Cirmi Obón, asegura que desde la semana pasada se está trabajando con un foco específico: el de atender a las poblaciones que se ven afectadas por las transformaciones que trae el coronavirus en la dimensión de cuidados y doméstica. “La población que se dedica a cuidar tiene menos ingresos socialmente, si no acompañamos la cosa se podría poner mucho peor”, grafica. “Tenemos como objetivo redistribuir los cuidados, reconocerlos como una necesidad y un derecho. Nosotras tenemos una agenda profunda a mediano plazo, por eso coordinamos una mesa interministerial y estamos creando un mapa federal. Pero obviamente la circunstancia pone sobre la mesa mucho más evidentemente la importancia de la organización del cuidado”.

Fue por eso que la flamante dirección (perteneciente al ministerio que encabeza Elizabeth Gómez Alcorta) asumió como tarea el articular con distintos organismos elevando propuestas para que ninguna de las poblaciones que ejerce los cuidados quedara desprotegida. “Las licencias y el trabajo remoto para el sector público y privado fueron dadas a todas las identidades, lo cual es importante: muchas veces se dieron ¨permisos¨ solamente a mujeres. Insistimos en la corresponsabilidad en los cuidados”, destaca. “Además está el refuerzo a la AUH y otros montos económicos, que son una gran ayuda a las personas cuentapropistas”.

A lo largo de estos días también se puso en debate qué decisiones debían tomar quienes son empleadores de trabajadoras de casas particulares. En ese sentido, Cirmi destacó que “es muy importante reforzar que dentro de las medidas anunciadas las licencias, excepciones; le competen también a las trabajadoras de casa particulares, que son una parte muy importante de las trabajadoras mujeres del país, uno de los sectores más informales y más feminizados, con los salarios promedios más bajos. Se vio que muchas personas en cuarentena tenían a las trabajadoras de casa particulares dentro de su casa, como si no las consideraran personas sujetas al riesgo”. En ese sentido, la dirección trabajó junto al Ministerio de Trabajo para dejar en claro que las mujeres trabajadoras de casas particulares tienen los mismos derechos que todos los trabajadores a quedarse en su casa si son población de riesgo o si hay una situación de riesgo en su lugar de trabajo.

Ante la coyuntura compleja, acelerada y movilizante, Cirmi y la Dirección se paran firmes sobre la convicción de que ésta es una instancia para discutir derechos. “Desde los feminismos siempre marcamos que lo emotivo en el cuidado fue aquello que lo ordenó como responsabilidad femenina. Hay algo emotivo pero también hay una dimensión económica y de la organización familiar. Desde la Dirección estamos promoviendo que es importante que nos propongamos una división del trabajo equitativa dentro del hogar, y pensar formatos comunitarios para aquellas personas que están aisladas. Las poblaciones más vulnerables, las trabajadoras de casas particulares ya están protegidas por la norma”.

El cuidado, como explica, es una instancia de profundización de desigualdades de género y clase. El cuidado debe revalorizarse y no se puede desproteger a quienes lo realizan. En ese sentido, Cirmi destaca tres desafíos: pensar cómo el Estado puede proteger a quienes cuidan, pensar cuál es la oferta que tiene que ampliar el Estado para pensar al cuidado como un derecho y, la última: ¿cómo involucrar a los varones? Durante la crisis de coronavirus, sí, pero también todo el año: para redistribuir el cuidado, explica la economista, necesitamos el compromiso de toda la sociedad.

Fuente: El grito del sur. - Por Lucía Cholakín Herrera.


martes, 2 de julio de 2019

ENFERMA LA DISTRIBUCIÓN DESIGUALDAD DEL TRABAJO DOMÉSTICO

Título original; Ser ama de casa enferma.

Cómo impacta en la salud psíquica de las mujeres la dedicación de manera exclusiva a las tareas domésticas.
Un estudio de la UCA y la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires mostró que las mujeres que solo se dedican a las tareas del hogar tienen mayor propensión a la infelicidad, a experimentar síntomas de depresión y ansiedad y a tener un déficit de proyectos personales.



Limpiar la casa, planchar, cocinar y cuidar a los hijes no solo es un trabajo no pago, invisible y no reconocido. También tiene consecuencias en la salud psíquica. Y produce desdicha.
 Un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA y la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires encontró que las mujeres del conurbano que lo realizan en forma exclusiva, es decir sin trabajar fuera del hogar, tienen mayor propensión a la infelicidad, a experimentar síntomas de depresión y ansiedad y a tener un déficit de proyectos personales; no pueden pensarse más allá del día a día.“Es un problema muy fuerte desde el punto de vista sanitario. No les tendrían que estar recomendando ansiolíticos; les tendrían que dar trabajo (pago)”, sintetizó Agustín Salvia, coordinador del informe y director de investigación del Programa Observatorio de la Deuda Social Argentina, al presentar los principales hallazgos del estudio “Empleo y trabajo no remunerado: Una mirada en profundidad sobe la distribución del trabajo no remunerado del Conurbano Bonaerense 2017-2018”, que entre otros ejes, refleja la “múltiples desigualdades” que enfrentan en particular las mujeres de los sectores más vulnerables: ellas tienen tasas de actividad y empleo menores que los varones, tasas más altas de desocupación, y mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados. Pero si se suma el trabajo remunerado y el no remunerado, destacó Salvia, “las mujeres trabajan más que los varones. Y en el conurbano es mayor ese porcentaje que la media nacional”.Son “mujeres atrapadas en el espacio doméstico”, subraya Salvia.


El informe se basa en los resultados de una encuesta sobre una muestra de 1332 casos cada año. Como enfoque novedoso,revela la incidencia en el bienestar subjetivo de la población femenina, de la distribución desigual de las tareas del hogar. “Es un tipo de trabajo que no se ve y no se valora por el producto sino solo cuando está en ausencia, por lo tanto hace que esa trabajadora sienta que con ese trabajo no genera ningún tipo de valor ni de reconocimiento. La falta de valorización y de reconocimiento social y propio genera mucha infelicidad”, sintetizó Débora Tajer, doctora en Psicología, sanitarista, a cargo de la Cátedra de “Introducción a los Estudios de Género” de la Facultad de Psicología, consultada por PáginaI12.

El peso de la limpieza

El estudio revela que las mujeres del conurbano de 18 años y más tienen mayor carga de tareas domésticas intensivas y de cuidado que el conjunto de mujeres a nivel del total del país. Ellas hacen tres veces más trabajo no remunerado que sus pares varones. Y en ese grupo, las que más carga tienen son las de 35 a 59 años. Pero en la franja que más se amplía la brecha de género es entre las que tienen más de 60 años: en este grupo ellas participan 3,5 veces más que ellos en las tareas domésticas y de cuidado. Todas aquellas que trabajan en el mercado laboral, también lo hacen en el hogar: tienen doble jornada. En cambio, menos del doble de los varones ocupados, realiza tareas de limpieza en la casa y se dedica a cuidar a los chiques.

Otro dato que revela el estudio es que los jóvenes no se están involucrando más en las tareas domésticas y de cuidados: “Los varones más jóvenes realizan menos tareas no remuneradas”, indicó Salvia. “Esperábamos encontrar un cambio generacional. No lo encontramos. Seguramente porque los más jóvenes tiene a sus mamás que se hacen cargo de esas tareas”, arriesgó Salvia.

La investigación encontró que:

Las mujeres del conurbano bonaerense que se dedican exclusivamente a las tareas domésticas y de cuidado en el hogar expresan indicadores de malestar subjetivo, que llegan a triplicar a los que muestran aquellas que solo se ocupan en el mercado remunerado.
También tienen casi tres veces más déficit en la capacidad de tener proyectos personales que quienes tiene un empleo.
Y 4,7 veces más sentimiento de infelicidad que quienes sólo se ocupan en el mercado de trabajo.

Salvia apuntó a la falta de “reconocimiento económico y social” de las tareas domésticas y de cuidados como uno de los factores que probablemente incidan en el malestar subjetivo de las amas de casa. “Pareciera que es un estado psicológico pero en realidad es una condición social y tiene que ver con la distribución desigual de tareas domésticas. Descubrimos el papel curativo que tiene el trabajo remunerado”, señaló Salvia. Y destacó la importancia fundamental que ese trabajo invisible tiene en la reproducción económica y social. Medir su impacto “es un giro en la mirada de las estadísticas”, indicó. “Las tareas domésticas cumplen una función, son trabajo, tienen valor, producen un valor, aunque no se las remunere. Lo hace mayoritariamente las mujeres y eso queda oculto en las estadísticas sociales. Es un subsidio a la reproducción social, cuando las acusan de planeras”, observó. Es lo que vienen señalando hace décadas economistas feministas: con amor o sin amor, es trabajo. “No solo no es remunerado, sino que genera una mayor propensión a la infelicidad, a la depresión, a la ansiedad”, describió. Y agregó un dato más que surge del estudio: “El hecho de que se haga doble jornada no agrava la situación” porque el trabajo fuera del hogar funciona como “una vía de escape”, frente a tener que dedicarse exclusivamente a limpiar, cocinar y encargarse del cuidado de los hijos e hijas, y a veces otras personas de la familia, enfermas o dependientes por alguna discapacidad.

El estudio fue realizado en base a los datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), fue coordinado por Salvia y sus autoras son las investigadoras María Rosa Cicciari, Cecilia Tinoboras y Camila Weinmann.

Más pobres más vulnerables

Para el coordinador del informe y director de investigación del Programa Observatorio de la Deuda Social Argentina, los indicadores de malestar subjetivo de las amas de casa reflejan un cuadro “muy fuerte desde el punto de vista sanitario. No les tendrían que estar recomendando ansiolíticos sino trabajo (pago)”. La problemática se agudiza entre la población de sectores más vulnerables del conurbano. “Las más pobres enfrentan el problema de que no consiguen trabajo y si consiguen alguno, no tienen opción que quedarse en su casa (para hacer las tareas domésticas y de cuidados porque no pueden pagarle a otra persona, como si sucede en sectores más acomodados). Están explotadas por el mercado y por la necesidad. No tienen servicios públicos (que asuman el trabajo no remunerado que ellas hacen) ni su compañero las comparten”, describió Salvia. Y enfatizó que la situación “se agrava cuando hay crisis como ahora”. “Todo esto es un vacío que se viene acumulando (hace años) junto con el agravamiento de la pobreza (en la actualidad). La gente tiene menos plata para pagar un recurso”. Y en ese sentido, consideró imperioso que se implementen políticas públicas de cuidados, como se viene reclamando desde el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans, con más fuerza desde el Primer Paro Internacional de Mujeres, en 2017: “Podrían capacitarse jóvenes, varones y mujeres, que están desempleados a través de los propios programas de empleo gubernamental, y que se les pague por hacerse cargo de las tareas de cuidados en los barrios más vulnerables”, concluyó.

Los resultados del estudio fueron presentados por Salvia, Tinoboras, y el defensor del Pueblo de la provincia, Guido Lorenzino.

Valoración

PáginaI12 consultó sobre el malestar del ama de casa a Débora Tajer, doctora en Psicología, psicoanalista, sanitaria, y profesora a cargo la cátedra de “Introducción a los Estudios de Género”, de la Facultad de Psicología de la UBA. Tajer recordó que esta línea de investigación se empezó a trabajar entre la década del ’70 y ‘80, en estudios sobre salud mental con perspectiva de género. “Los primeros estudios que se hicieron en salud mental y mujeres, fueron en relación al llamado “nido vacío”. Una psiquiatra norteamericana planteó que las mujeres que tenían como único proyecto en su vida criar hijos, cuando ellos se iban, se deprimían, porque era como jubilarse, no tenía qué hacer. Hasta ese momento se decía que era la depresión por la menopausia, porque coincidía con esa etapa vital de las mujeres. Pero ya se empezó a trabajar el encierro, en el privado sentimentalizado por decirlo de alguna manera, la falta de conexión con otras mujeres, el trabajo repetitivo, que genera ansiedad, depresión y falta de valoración”, señaló Tajer.

–¿Por qué las tareas de cuidado y domésticas cuando se desarrollan en forma exclusiva provocan propensión a experimentar esos cuadros? –le preguntó este diario.

–La falta de valoración de las propias mujeres tiene que ver con que si bien en nuestra sociedad se incentiva para que las mujeres hagan las tareas domésticas, de cuidados, al mismo tiempo no se las valora: es decir, te incentivan a hacer un trabajo pero nadie te va a valorar por eso. Y además, es un tipo de trabajo que solo se ve cuando no está: si una casa está ordenada, limpia y hay comida, todo el mundo lo toma como que es la naturaleza, como si la comida creciese en la heladera y todo se autolimpiase. Solo se nota que alguien se ocupa de esa tarea cuando no hay comida o la casa está sucia. Entonces es un tipo de trabajo que no se ve y no se valora por el producto sino solo cuando está en ausencia, por lo tanto hace que esa trabajadora sienta que con ese trabajo no genera ningún tipo de valor ni de reconocimiento. La falta de valorización y de reconocimiento social y propio genera mucha infelicidad. Eso se revierte cuando tienen alguna tarea social o trabajo extra doméstico, aunque les paguen poco. Es increíble eso. Les da autonomía. Las hace arreglar. Alguien las mira, les dice algo, arman amistades y ese es un diferencial muy importante de felicidad e infelicidad.

Fuente: Página12 - Por Mariana Carbajal

martes, 19 de marzo de 2019

LAS OTRAS. ABORTO CLANDESTINO Y MATERNIDAD INFANTIL

En Catamarca una joven falleció por un aborto clandestino, en Chaco una adolescente de 14 años parió un bebé resultado de una violación. ¿Quiénes son las Otras que aún en este siglo siguen viviendo en la precariedad absoluta?

I

Dicen los titulares en los diarios:



“Otra víctima de la clandestinidad”
“Otra nena violada”
“Otra persona obligada a parir”
“Otra muerte anunciada”



Otra vez la misma nota que se parece tanto a otra nota, que se parece tanto a aquella otra piba que también 
se murió.



En la clandestinidad la puesta en escena de la tragedia es un loop.

8M intervención del grupo “Impacto teatral”Fotos: Irina Lavallena

II

Esta semana se cumplieron siete años del fallo FAL, a partir del cual la Corte Suprema de Justicia exhortó al Estado Nacional, a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires a implementar y hacer que se cumplan protocolos hospitalarios para quitar los obstáculos que limitan o impiden que las personas accedan a su derecho a la interrupción legal del embarazo.

Sin embargo, la realidad no es tal: al día de hoy, 4 provincias argentinas no tienen protocolos ni adhieren al del Estado Nacional. Día a día el sistema de salud argentino, nos llena de noticias y de nombres de mujeres y niñas que deben elegir entre ser obligadas a parir o morir en el intento.

En Chaco una adolescente de 14 años dio a luz un bebé resultado de una violación. Ambos debieron someterse a un tratamiento de Mal de Chagas. A los 11 años ella había sido entregada a un hombre de 59 a cambio de una moto. Luego de tener al bebé, pidió no quedar a cargo de su padre alcohólico.

En Catamarca, una joven de 30 años falleció por una infección generalizada que se inició a partir de un intento de aborto clandestino. Vivía en un pequeño pueblo de 300 habitantes, tenía dos hijes. Sus amigas sabían que intentó abortar, pero no lo sabía su familia.

En Tucumán, una niña de 11 años violada y embarazada solicitó la interrupción legal de su embarazo. El Estado dilató la intervención para finalmente decidir realizarle una cesárea a la semana 23 de gestación. A los pocos días, la bebé muere.

Aparece entonces -entre la rabia- la pregunta por esas personas cuyas vidas están expuestas a la máxima vulnerabilidad posible. Sus cuerpos son forzados a atravesar cualquier límite y optar por meterse una rama de perejil en sus vientres, aunque las lleve a la muerte con tal de haber decidido en su vida por lo menos algo.

Nos preguntamos por esas “Otras” que aún en este siglo siguen viviendo en la precariedad absoluta y sufren a diario la imposibilidad de pensar siquiera en exigir su legítimo derecho a la vida.

¿Quiénes son las Otras? ¿Dónde están? ¿Qué lugar ocupan en nuestros medios, en nuestras notas, en nuestras organizaciones, en nuestras movilizaciones? ¿En qué se parecen las Otras a las pibas que posan con glitter verde en la cara para las fotos que llenan nuestras redes sociales? ¿En qué se parecen las Otras a nosotras?

III



Simone De Beauvoir plantea en El segundo sexo que las mujeres somos lo Otro en la Historia; que toda la historia de la humanidad está escrita y protagonizada por varones. Y las mujeres quedamos por fuera, en los márgenes, en las sombras de los relatos, de las grandes hazañas, de la guerra, el arte y la ciencia. Las cosas cambiaron mucho desde 1949. Ahora hay mujeres y (en menor medida) identidades disidentes en la ciencia, en las artes, en las fuerzas coercitivas del Estado. Sus historias comienzan a tomar protagonismo e incluso los discursos sobre equidad de género son un ítem obligado en la agenda política actual. Sin embargo, sigue quedando lugar para sombras. Siguen invisibilizándose relatos. Ahora, las Otras son las pobres.

IV



El intelectual italiano Giorgio Agamben habla del homo sacer: la figura del derecho por la cual, aunque sea ilegal quitarle la vida a las personas, hay veces que cuando esto sucede, no hay pena para quien comete el acto.

Es decir, vidas cuyos asesinatos son legítimos. Por su parte, Judith Butler refiere a la distribución desigual del derecho a duelo, da cuenta de  “aquellxs cuyas vidas no se ‘consideran’ susceptibles de ser lloradas, y por ende de ser valiosas, están hechxs para soportar la carga del hambre, del infraempleo, de la desenmancipacion jurídica y de la exposición diferencial a la violencia y la muerte”.



Bajo este paradigma: ¿Qué hace que una vida sea valiosa? ¿Qué hace que una vida no sea una cosa? Quizás la imposibilidad de vender ese cuerpo a cambio de una moto, la imposibilidad de violar ese cuerpo, la imposibilidad de forzar a ese cuerpo a gestar y parir… Esas atribuciones podrían servirnos como primer esbozo para pensar qué hace la diferencia entre lo humano y lo inhumano.

Las pibas pobres, trans, negras, niñas y originarias, quedan -sin dudas y con dolor- del otro lado de la frontera. Del lado de la violencia sistemática. Del lado de la compra y venta de cuerpos. Del lado de la hipocresía política y la vulneración estatal. Del lado de lo invisible. Son las Otras y se acumulan, se apilan sus iniciales en los titulares de los diarios. 
Las pibas pobres, negras, trans, travas y originarias quedan del lado del genocidio silencioso.

Fuente: El grito del Sur - Por Roma Barrientos.

jueves, 7 de marzo de 2019

DINAMARCA FRENTE A LA VIOLACIÓN Y LA IMPUNIDAD ENDÉMICA

Título original: Amnistía denuncia la " impunidad endémica" frente a la violación en Dinamarca.

Dinamarca es visto como un país ejemplar en lo que a igualdad de género se refiere pero esta imagen oculta otra realidad, la de uno de los índices de violación más altos de Europa y la de una “impunidad endémica” de quienes cometen las violaciones, ha denunciado Amnistía Internacional.

En un nuevo informe, ‘”¡Queremos respeto y justicia!”. Superar los obstáculos de las supervivientes de violación a la justicia en Dinamarca’, la ONG denuncia que mujeres y niñas se encuentran desprotegidas debido a las “leyes desfasadas” vigentes en el país. Asimismo, pone de manifiesto que muchas de ellas no denuncian las agresiones sufridas por temor a que no las crean o a sufrir estigma social o por falta de confianza en el sistema de justicia.

El informe es el resultado de entrevistas con 18 mujeres y niñas de más de 15 años que han sufrido violación, así como con ONG, especialistas y autoridades pertinentes. Según ha podido constatar Amnistía, en Dinamarca se denuncian muchas menos violaciones de las que realmente se comenten y la probabilidad de condena de los culpables es “muy pequeña”.

En 2017, se produjeron entre 5.100 violaciones, según los datos del Ministerio de Justicia, y 24.000, según un estudio reciente, sin embargo solo 890 mujeres denunciaron violación ante la Policía. De estas denuncias, aunque 535 dieron lugar a procesamiento solo 94 terminaron con una sentencia y sólo 94 se resolvieron con sentencia condenatoria.

A pesar de la imagen de Dinamarca como país con igualdad de género, la realidad es muy distinta para las mujeres, debido al grado terriblemente alto de impunidad de la violencia sexual y a anticuadas leyes sobre la violación que no cumplen las normas internacionales”, ha lamentado el secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo.

NO SE TIENE EN CUENTA SI HUBO CONSENTIMIENTO

Aunque Dinamarca ratificó el Convenio de Estambul en 2014, el cual sostiene que la violación y todos los demás actos de naturaleza sexual no consentidos deben ser calificados como delitos, la legislación danesa no se basa aún en la falta de consentimiento para definir la violación sino que lo hace en base a si hubo violencia física, amenazas o coacción y en si se puede determinar que la víctima no pudo resistirse.

“Lo cierto es que el sexo sin consentimiento es violación”, ha defendido Naidoo. “No reconocerlo así en la ley deja a las mujeres expuestas a sufrir violencia sexual y fomenta una peligrosa cultura de culpabilización de la víctima e impunidad, que se ve reforzada por mitos y estereotipos muy extendidos en la sociedad danesa, desde el terreno de juego hasta el vestuario, y desde la comisaría de Policía hasta al banquillo de los testigos”, ha subrayado.

Según Amnistía, la existencia de prejuicios profundamente arraigados en el sistema de justicia es una de las razones del bajo índice de condenas en el país, unido a la desconfianza en el sistema junto con el miedo a no ser creídas o a ser culpadas de quienes han sufrido una violación y que las lleva a no denunciar.

La investigación ha permitido a la ONG constatar que muchas mujeres se encuentran con actitudes de desprecio, culpabilización de la víctima y prejuicios durante el proceso para denunciar lo que les ha ocurrido. Kristine, una periodista de 39 años, ha asegurado a Amnistía que el proceso de denuncia supuso “soportar más miedo, vergüenza y humillación”. “Si hubiera tenido 20 años, no habría seguido tras el primer intento”, ha añadido.

Amnistía considera que el hecho de centrarse en la resistencia y la violencia en vez de en el consentimiento de la víctima ha afectado no sólo a la denuncia de las violaciones, sino también a la sensibilización en general sobre la violencia sexual, aspectos, ambos, que “son clave para prevenir las violaciones y abordar la impunidad”.

HACEN FALTA MEDIDAS MÁS AUDACES

En este sentido, la ONG ha celebrado que el Gobierno danés haya puesto en marcha un grupo de expertos para que recomienden iniciativas que puedan ayudar a las víctimas de violación a recibir apoyo adecuado y tratamiento profesional cuando accedan al sistema, si bien ha sostenido que el Ejecutivo “tiene que tomar medidas mucho más audaces y modificar la legislación para que esté basada en el consentimiento”.

Además, ha subrayado que aunque reformar las leyes actuales sobre la violación “sería un paso esencial para cambiar las actitudes y conseguir justicia”, hace falta “hacer aún mucho más para generar un cambio social e institucional”.

Esto pasa, según Amnistía, por adoptar medidas legales que garanticen que “los mitos sobre la violación y los estereotipos de género son cuestionados en todos los niveles de la sociedad y que los profesionales que trabajan con supervivientes de violación reciben formación adecuada y continua”. También hacen falta programas de sensibilización y educación sexual en general a edad temprana.

“Reformando sus anticuadas leyes y poniendo fin a la perniciosa cultura de culpabilización de la víctima y aplicación de estereotipos negativos existente actualmente en los procedimientos judiciales, Dinamarca tiene la oportunidad de sumarse a la oleada de cambio que está recorriendo Europa”, ha incidido Naidoo.

“Esta oleada, encabezada por mujeres valientes, ha llevado a ocho países de Europa a adoptar definiciones de la violación basadas en el consentimiento”, ha añadido el secretario general de Amnistía. Según la ONG, estos países son Suecia, Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo, Alemania, Chipre, Islandia y Bélgica.

“Esta oleada de cambio de Dinamarca y otras partes de Europa puede ayudar a garantizar que las mujeres están mejor protegidas y supondrá que las generaciones futuras de mujeres y niñas no tengan nunca que preguntarse si la violación es culpa suya ni que dudar de que los violadores sean castigados”, ha remachado Naidoo.

fuente: Tribuna Feminista

SEMANA DE LA MUJER: PREJUICIOS EN EL MUNDO DE LOS AUTOS




A más de cien años de que una mujer obtuviera en la Argentina por primera vez una licencia de conducir –fue en 1912, en la ciudad de Buenos Aires, según cuenta la historia–, todavía la presencia femenina al volante sigue siendo minoritaria. Se estima que apenas 2 de cada 10 conductores son mujeres, aunque un 30 por ciento de las licencias las sacan ellas. ¿Es el auto y su mundo –el automovilismo, incluido– el último reducto machista a conquistar? Los prejuicios sobre la relación de las mujeres con los autos son moneda corriente. Se escuchan en las calles, los padecen las con-ductoras y se sostienen en mitos sexistas más que en evidencias científicas.

Si se pone en Google la frase “mujeres manejando” lo primero que aparece son videos de youtube con títulos como: “Mujer al volante peligro constante”, “Mujeres torpes y peligrosas conduciendo”, “Las peores mujeres manejando” o “Choques y estupideces de mujeres manejando”. Los videos condensan una sucesión de situaciones que pretenden ser graciosas, y que van desde malas maniobras para estacionar y choques burdos hasta atropellar barreras bajas en un parking o irse de una estación de servicio con la manguera todavía colocada. Llama la atención que no siempre se puede ver quien conduce. Se asume que es una mujer.

Pero si en cambio se hace una búsqueda en Internet con la frase “hombres manejando” lo que surge en primer lugar son imágenes de varones conduciendo un vehículo. Nada más. Fotografías y no videos. Situaciones bien alejadas del ridículo. Parecen modelos posando.

El experimento casero y fácil, refleja uno de los estereotipos de género fuertemente arraigados en la cultura argentina –y el mundo occidental, me atrevería a decir–, y es aquel que afirma que la población femenina es más torpe y está menos capacitada para estar al frente de un volante, especie de okupas en un mundo históricamente masculino. ¿Cuánto hay de mito y de realidad?

CONQUISTA

El auto condensa el deseo masculino. Es símbolo de status y un imperativo para los más jóvenes. Es la proyección de su propio ser. Para las mujeres es distinto. Ellas más que seducir, buscan comodidad, seguridad, que el vehículo sea confiable, que no las deje: quieren un objeto funcional, que les permita, por ejemplo, ahorrar tiempo, y a la vez, les de libertad y autonomía. Aunque también el auto puede terminar siendo una sobrecarga: madres al volante convertidas en remise-ras de sus hijos e hijas, en la rutina diaria.

En otras geografías el acceso al auto puede significar para las mujeres igualdad de derechos. Como en Arabia Saudita, donde recién en junio de 2018 las autoridades gubernamentales levantaron la prohibición que les impedía conducir automóviles. Algunas de las mujeres que pelearon por esa conquista fueron encarceladas arbitrariamente y sufrieron campañas de desprestigio. El ejemplo saudí es extremo, pero deja a la luz –con claridad– la idea de que el auto ha sido dominio masculino y una “concesión” a las mujeres. Basta husmear en el automovilismo para ratificarlo: sigue siendo reducto de machos –incluso mucho más que el futbol–, y el principal rol y casi único que se le otorga a las mujeres es el de adornos sexuales, las tradicionales “grid girls”, o acompañantes de quien sigue alguna categoría o participa como parte de un equipo, salvo pocas excepciones. Hasta la palabra pilota suena mal, aunque su uso está aceptado. Nos parece rara porque como hay pocas, se emplea poco. No solo es cuestión de autos, la discriminación es más profunda en la conducción de otros vehículos. En Salta, por ejemplo, una mujer, Mirta Sisneros, viene luchando hace una década en la Justicia y llegó hasta la Corte Suprema, para que la contraten como colectivera: las empresas de transporte local la excluyen por ser mujer.

¿NO NOS VEN?

Hay múltiples ejemplos de lo poco amigable que es la industria de los autos con las mujeres. Para empezar, la mayoría de los vendedores en las concesionarias son varones. Y las mujeres les descon-fían. Porque les hablan en difícil. Parece que quieren enredarlas con la información; los costos: nunca son claros. Por eso muchas eligen ir acompañadas de un varón, –pareja, amante, amigo, padre o hermano–, y en esos casos, el vendedor le va a dirigir a ellos la palabra. Ellas desaparecen de la escena. Su opinión, parece, no resulta relevante. Una encuesta de 2018 del portal de origen inglés de compra-venta de automóviles Auto Trader1 encontró que el 94 por ciento de las mujeres –que participaron del cuestionario– no confían en los vendedores de coches, y el 37 por ciento cree que deberían existir más mujeres en la industria.

Casi un tercio de las personas que compran autos en el país son mujeres: 31 por ciento (contra 69 por ciento, de varones). Y si se analizan los datos en relación a los autos más económicos (Gol, Onix, Clio, Ka) la distribución es más equilibrada: 45/552. Pero todavía la industria nos registra poco y mal. Como quedó en evidencia con el “Manual del buen uso” que una popular marca de autos empezó a repartir en 2015, sin tomar nota del cambio de época con el surgimiento del movimiento Ni Una Menos. Se trataba de un compendio sexista y, literalmente, machirulo. Se entregaba con cada auto 0 km a modo de “souvenir chistoso” como complemento del manual técnico. Además de referirse a un conductor, siempre heterosexual y machista, se ejemplificaban situaciones donde la intimidad de la mujer y sus deseos aparecían vulnerados. Un ejemplo era el apartado sobre las ventajas de la calefacción, donde aconsejaba “inducir a una chica que le guste para que se saque algo de ropa” y, en cuanto al uso de la bocina, se sugería para “piropear a una chica que nos alegre el día”. En la sección “Ceder el paso”, por ejemplo, la guía recordaba la importancia de hacerlo “allí donde corresponda, aunque se puede hacer una concesión especial si la otra conductora está realmente buena”. En otro de los apartados donde se resaltaban las virtudes de un buen copiloto se señalaba que en caso de ser mujer “por lo menos que tenga lindas piernas”, dando a entender que ya que no reuniría ninguna capacidad ni intelectual ni automovilística, por lo menos que sirva a los ojos del conductor: un objeto más a lucir, como el volante forrado en cuero, las cinco puertas o el nuevo auto. El sexismo del manual lo denunció una mujer en Fecebook al año de la primera marcha de Ni Una Menos, y la fuerte repercusión –negativa– que tuvo en redes sociales, obligó a la firma automotriz a retirarlo. El librito había sido redactado por una de las agencias de publicidad más renombradas del país, Leo Burnett Argentina, filial de Leo Burnett Internacional. ¿A ninguno de los “creativos” les hizo ruido semejante contenido discriminatorio?

Las concesionarias podrían pensar en incorporar espacios infantiles, por si la compradora está acompañada por sus hijos pequeños. Sería un servicio muy valorado, junto con la posibilidad de interactuar con otras mujeres como vendedoras.

Por otra parte, las marcas siguen recurriendo a la joven de cuerpo escultural para posar al lado de su nuevo modelo en los salones internacionales. Les siguen hablando a ellos. Casi que ignoran a las mujeres como compradoras.

Y cómo olvidarse de los clásicos almanaques con fotografías de mujeres desnudas en talleres mecá-nicos. A veces, se pierde de vista el terreno hostil que han tenido que transitar las mujeres, en este como en otros campos: la cosificación y la discriminación han sido una constante.

CUPO FEMENINO

Lentamente –muy lentamente– las publicidades van dejando atrás un enfoque demasiado mascu-lino. Aquí, como en otros países, algunas campañas incluso tuvieron que ser levantadas luego de ser cuestionadas por organismos gubernamentales o las audiencias, por sus contenidos sexistas. El rol de las mujeres en los anuncios ha sido como objeto de conquista del propietario del auto, o acompañantes; raramente al frente del volante. Recién en los últimos años, al compás del reflore-cimiento feminista, las agencias empezaron a sacarlas de ese lugar y cada vez se cuidan más de colocar a los hombres en posición de superioridad frente a las mujeres. Los anuncios van incor-porando una “cuota” de mujeres. En la última publicidad de la pickup Ford Ranger, que siempre fue protagonizada por varones, aparecen mujeres en roles no tradicionales y una conduciendo la camioneta en el campo. El título del comercial es “Los mandatos fueron hechos para romperse”. Es de la agencia GTB Argentina.

Otro comercial reciente para destacar es el de Peugeot 2008 “Mensajito de las 2:08”, que muestra mujeres jóvenes al volante que no responden al estereotipo heterosexual, con estéticas no tradicionales. De todas formas, todavía se observa cierta desorientación sobre el rumbo que debería tomar la publicidad, en un contexto en el que movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans está haciendo estallar los sentidos comunes más instalados socialmente. No queremos autos rosas. A veces esa es la única idea que ofrecen algunos publicistas para interpelar a un público femenino. Las “creativas” son escasas o no tienen lugar en las agencias. En la actualidad, en el país, hay una sola gerenta creativa. Es decir, la mirada que se plasma desde el mundo publicitario es casi exclusivamente de varones.

PÚBLICA Y PRIVADO

¿A qué mujer no le han gritado alguna vez en la calle “andá a lavar los platos” luego de una mala maniobra? La expresión, siempre lanzada desde una voz masculina, reafirma la división histórica del uso del espacio público y privado: el primero para ellos, el segundo, para ellas. “Andá a lavar los platos” dice demasiado: señala que esa mujer no tendría que haber salido nunca del ámbito doméstico, adonde históricamente se ha confinado a la población femenina. La calle, el espacio público, fue dominado desde tiempos inmemoriales por los varones: solo las mujeres en situación de prostitución ganaban la calle; se les decía callejeras, mujeres públicas. Las otras, las decentes, debían reinar en el hogar. Esa división sexual del trabajo se rompió, pero no tanto. El feminismo la viene denunciando hace décadas. Sin embargo, todavía las mujeres dedican el doble de tiempo que los varones a las tareas domésticas y de cuidados, no remuneradas, según la Primera Encuesta del Uso del Tiempo (2013, Indec): seis horas diarias en promedio, contra tres de ellos.

Otra frase típica: “Estacionás mejor que un varón”. El parámetro siempre es el hombre.

Una creencia arraigada sostiene que las mujeres tienen menos habilidades innatas para conducir. En realidad, no hay dos cerebros, uno masculino y otro femenino, tal como advierte Lucía Ciccia, doctora en Estudios de Género, investigadora asociada al CIEG-UNAM. “Los estudios demuestran que las habilidades visoespaciales, relacionadas con la conducción de autos, se mejoran con entrenamiento. Hay tantos cerebros como personas y en tal caso hay una presión social y de gé-nero de que la mujer lo va a hacer mal, peor que el varón. Y eso organiza a la sociedad para que después suceda, pero no tiene que ver con una incapacidad biológica. Hay mujeres que pueden manejar tan bien o mejor que los varones: eso depende del aprendizaje y de cómo se socializaron esas mujeres”, explica Ciccia4. Es decir, hay un atravesamiento de género, estructural, para que se cumpla la regla de que las mujeres están más exigidas para conducir bien. Y en tal caso, no están estimuladas de la misma manera que los varones. Lo fundamental, es entender que no hay una predisposición innata para manejar mejor en la población masculina. Esa diferencia no existe.

Hay mujeres y varones que manejan muy bien y también, hay hombres y mujeres que lo hacen mal. A conducir se aprende. Se trata de sumar experiencia. Pero el terreno de la conducción está atravesado también por el patriarcado. Hay familias, donde el padre empuja al hijo varón a conducir incluso, antes de los 16 años, pero a la hija mujer, nunca le ofrece enseñarle y llega al volante años más tarde, temerosa, porque escuchó en su entorno que las mujeres manejaban mal. Todavía hay maridos que le ponen trabas a la esposa para que maneje. O cuando se sube la familia al auto, prefiere conducir él porque se pone nervioso cuando lo hace ella.

Desde niñas, se les mete a las mujeres en la cabeza que los autos de juguete tampoco son para ellas. Aunque se va rompiendo lentamente ese sexismo, un análisis reciente del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre el consumo de juguetes con perspectiva de género, encontró que mientras los autos y accesorios representan un 19 por ciento de los juguetes categorizados para varón de la oferta en el país, esa categoría no existe para las niñas. La cultura nos va moldeando. A las niñas se les regala muñecas y cocinitas, mayoritariamente. El 40 por ciento de la oferta identificada para nenas son juguetes asociados a las tareas de cuidado. Desde chicas sabemos cómo acunar un bebé o dar una mamadera. Son siglos de formateo socio-cultural. Lejos de los autos, cerca de la cocina.

UN LARGO CAMINO POR DELANTE

A la hora de analizar las estadísticas de siniestros viales, surge que mueren más varones como consecuencia de siniestros viales que mujeres: Las cifras relevadas desde 2010 muestran que 7 de cada 10 víctimas mortales en incidentes viales son varones, con una preponderancia de los usuarios más vulnerables, motociclistas, peatones y ciclistas, sobre los ocupantes de rodados de 4 y más ruedas5. Estas cifras hay que leerlas teniendo en cuenta que casi 8 de cada 10 conductores son varones6, por lo tanto es esperable que tengan más incidentes viales. No obstante, las investigaciones muestran que ellas se apegan más al cumplimiento de las medidas de seguridad: con respecto al cinturón de seguridad, lo usan el 58,4 por ciento de las conductoras contra el 48,6 por ciento de los varones que manejan vehículos de cuatro ruedas (o más). También si el copiloto es femenino es mayor el uso (46,3 por ciento contra 35,9 por ciento). Y cuando el conductor es de género femenino se incrementa el uso del cinturón en todas las posiciones, según revela el Estudio Observacional del comportamiento de conductores y ocupantes de vehículos de 4 (o más) y 2 ruedas, realizado en 2016 y publicado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, del Ministerio de Transporte. También cuando el conductor es femenino “aumenta significativamente” el uso de sistema de retención infantil entre menores de 0 a 4 años que viajan en posición trasera (58,6 por ciento contra 42,3 por ciento). El relevamiento encontró además, que a mayor uso del cinturón de seguridad, se da un mayor uso de luces diurnas.

Al mismo tiempo, los varones que declaran haber conducido un vehículo luego de beber alcohol en los últimos 30 días, es cuatro veces mayor que las mujeres en la franja de 17 a 35 años –33 por ciento contra 8,1 por ciento de las mujeres—y seis veces mayor que ellas entre los de 35 a 49 años (23,9 por ciento contra 3,4).

Un estudio de 2012 del Centro de Experimentación en Seguridad Vial (CESVI) concluyó que las mujeres manejan mejor que los hombres. Son más prudentes y ellos, más agresivos y transgresores.

En momentos en que el grito de las mujeres está haciendo temblar al mundo, a las mujeres les queda todavía un largo camino para empoderarse en el terreno de los autos en condiciones igualitarias en relación a los varones. Sin dudas, falta una masa crítica de mujeres en diferentes territorios atravesados por los autos: al frente del volante, periodistas, diseñadoras, ejecutivas en las firmas automotrices, vendedoras, creativas publicitarias que piensen campañas de las marcas, más pilotas y menos promotoras. Romper las barreras culturales, los estereotipos de género y los prejuicios. La habilidad, finalmente, se gana con la experiencia.

Fuente: Autoblogs.com.ar - Por Mariana Carbajal