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lunes, 20 de abril de 2020

RÍO GALLEGOS: SOBREVIVIÓ A UN FEMICIDIO Y NADIE SE DIO CUENTA

En 2015, la prendió fuego. En 2017, la violó a punta de cuchillo. Lo denunció por violencia física, por no cumplir las perimetrales y por la cuota alimentaria. Nunca se movió un papel. Ahora que lo contó en Facebook, tiene miedo que la mate. ¿Por qué no está preso Daniel Mansilla?







“A un tipo casi le arrancó la cabeza” me dice Pato, el fotógrafo, mientras vamos a la casa de María.

“Pasé con el móvil y vi que le estaba pegando a una mina. Me bajé, le dije que la suelte y se me hizo el pesado. Le di tantas piñas…está lleno de cagones”. Su anécdota dura casi todo el viaje. Llegamos. Afuera de la casa, rodeada de calles breves con nombres de pioneros- todos varones-, hay un perro grande en la vereda. La veo que viene a abrirnos la puerta y pienso en hacerle algún comentario sobre el animal, algo tonto como que parecía malo y no ladraba. De pronto, del otro lado del portón, uno chiquitito color té con leche del tamaño de dos manos haciendo montoncito, chilla como una fiera.

Entramos. La casa no tiene más muebles que los indispensables. Sobre la mesa, un fuentón de tortas fritas recién hechas y detrás, la pared que divide la cocina está pintada con un paisaje silvestre con cascada y dos patos dándose un pico. Hay dos mujeres además de María. Una es su mamá y la otra una hermana. Me siento y las sillas no alcanzan. María trae una banqueta de plástico negra para ella y empieza a toser. Tose y se larga a llorar tapándose la cara con la mano.

Está bien que llores le digo, y no sé si hacerle un mimo en la rodilla. Mejor no, pienso.

Me la imaginé más grande, pero tiene apenas 22. El pelo rojo furia, los ojos delineados y un arito de argolla en la nariz.

 María lo denunció más de cuatro veces. Daniel nunca fue preso. 

Conoció a Daniel a los 17. Es su vecino, vive a tres casas de la suya. La proximidad es tan real que podrían visitarse saltando paredones. Juntos tienen tres hijos: la mayor de cinco, el del medio de cuatro y el más chiquito, de dos años. Tres meses después de que nació su primera hija, María estaba embarazada del segundo. Recién ahí se fueron a vivir juntos a una casa del barrio El Carmen, donde empezaron los golpes.

 ¿Te acordás de la primera vez que te pegó? 

_Siempre fue por celos. Y eso que yo estaba todo el día encerrada. Empezó con agarradas de pelos, cachetazos. Su costumbre todos los días era pegar cabezazos_, dice, y me señala bultos en la nariz.

_Me lavaba con un poco de agua y listo. Y si era muy grave, no dejaba que me vea nadie hasta que se me pasaba lo violeta, cuenta y vuelve a toser, mientras no puedo evitar mirar a su mamá, que tiene los codos apoyados en la mesa y administra el mate. Es una mujer áspera, de brazos robustos, curtida.

El 14 de diciembre de 2015, Daniel Ruiz inventó otra escena de celos. Esta vez por un posteo de su hermana, donde aparecía un ex. Nunca hay un motivo real. No hay nada que las mujeres podamos hacer para recibir un golpe. Las excusas son siempre un alimento de la imaginación de los violentos para manipular a sus víctimas.



 La ex pareja de María, Daniel Lucas Mansilla. tiene 21 años y es el padre de sus tres hijos.
La ex pareja de María, Daniel Lucas Mansilla. tiene 21 años y es el padre de sus tres hijos.
A Romina Barría, Jorge Huenumil, - primo de Daniel- la mató después de escribirle cartas de amor.

Ese día, Daniel le pegó mientras dormían los nenes. Le dio tan fuerte, que se tuvo que ir a esconder al baño para que no la escuchen llorar. Era chiquito, y entre el inodoro y la pileta había un lavarropas que no funcionaba, formando un pasillo angosto, donde se sentó en bombacha y un remerón abrazada a sus rodillas.

_ No lo vi venir. De repente lo tenía encima y en cinco segundos me tiro alcohol y me hizo ‘click’ con un encendedor. Me prendió fuego.

María hace el gesto que hizo el tipo y se me caen las lágrimas. Busco al fotógrafo con la mirada y veo que está cada vez más lejos de nosotras, como si alguna fuerza lo arrastrara hacia la puerta.

Tiene recuerdos borrosos del intento de femicidio. Sabe que, inmediatamente después, la agarró de los pelos y la metió debajo de la ducha fría para apagarla. Sabe que de alguna manera llegó hasta la puerta y gritó. Que entonces, él la volvió a zamarrear mientras le decía que lo perdone, que él la amaba pero que no dijera nada. Después de eso, ella está en el piso sin poder respirar, porque la ropa se le había pegado a la carne y la combustión entró a sus pulmones. En otro flash de consciencia, hay mucha gente adentro de su casa y todos la miran.

Entiendo la tos.

De repente lo tenía encima y en cinco segundos me tiro alcohol y me hizo ‘click’ con un encendedor

El registro policial de ese día dice que hubo un llamado a la Comisaría denunciando que habían secuestrado a una chica. Parece que alguna vecina alcanzó a ver cuando salió a los gritos, y alguien la retuvo y la llevo de nuevo para adentro de la casa.

_Me desperté en el hospital. Estaba mi mamá, la Policía y él, que ya había hablado con todos diciendo que fue un accidente. Incluso la Policía me preguntaba todo a mí en frente de él. Nunca lo sacaron.

Lo cuenta y mi estómago se enreda ¿En serio nadie puso en duda el relato del varón?, ¿en serio la Secretaría de las Mujeres no le mandó a nadie que la ayudara a contar lo que pasó?, ¿esto pasó de verdad en pleno 2017 con todo el NiUnaMenos en la calle?

Dos años antes que eso, en Las Heras, German Romero asesinó a Gissele Páez enfrente de sus hijos chiquitos. Una vecina escuchó los gritos. La Policía fue hasta la casa. El femicida salió, dijo que estaba todo en orden. La Policía no pidió ver a Gissele. Le creyeron a él y 20 minutos más tarde, ella entró muerta al hospital.

La mamá de María sacude las moscas que están porfiadas con las tortafritas. Las tapa con una servilleta y cuenta que, cuando fue a la casa, el agua de la ducha fría seguía corriendo y lo había inundado todo. En el baño, la ropa chamuscada de su hija seguía en un rincón.

 Las autoridades aparecieron recién después de que hizo un escrache en redes. 


María pasó nueve días internada en el Hospital Regional, y tres meses en la Terapia Intensiva de la Clínica del Buen Pastor, en La Matanza. Pudo haberse muerto. Tenía quemaduras de tercer grado y pasó por catorce injertos, todos con piel de las piernas. Su cuerpo joven está lleno de cicatrices que quiere ocultar debajo de remeras y un pulóver de lana.

_ Me la arruinó. Ella no se pone nada que le muestre el cuerpo. Recién ahora, de vez en cuando, se anima a una musculosa, pero acá, adentro de la casa, relata su mamá en voz baja, en un instante en que María deja el comedor, como si no quisiera que la escuche. La conversación se corta porque ella vuelve, esta vez con el más chiquito a upa, que llora desconsolado. Alguien le ofrece una mamadera de mate cocido, pero no hay caso. Sigue y sigue chillando hasta que le dan un celular con Pocoyó bailando reggaetón. El chiquito se calma y la sonrisa hace que los mofletes le achinen los ojos marrones.

_ ¿A quién le contaste que te había quemado?, retomo.

_A nadie.

El terror que le tenía a su agresor era tan inmenso, que no sólo no dijo lo que pasó, sino fue él quien viajó como acompañante para cuidarla en la derivación. Hubo apenas una vez en la que pareció que iban a salvarla.

“Te voy a lavar el pelo y te voy a poner un poco de perfumito para que estés más linda”, le dijo un enfermero, y María entró en un ataque de nervios, porque sabía que los perfumes tienen alcohol: “A esta chica la quemaron, no fue un accidente”, les dijo el hombre a los médicos. Pero quedó ahí. Igual que en Gallegos, nadie avisó a las autoridades.

La relación siguió porque Daniel la amenazaba con matarla y matar a sus hijos. Hasta que, en vísperas de la Navidad de 2017, hizo la primera denuncia por violencia doméstica.

_ Llegó borracho, me tiró a la cama y me pegó. Mis hermanas escucharon los gritos y se le tiraron encima. Cuando zafé, mi hijo me estaba mirando parado en un charco de pis. Ese día dije basta.

De nuevo, le sacaron fotos de los golpes en la cabeza, del ojo en compota y le tomaron testimonio.

“¿Desea agregar algo más, señora?”, le preguntaron después de ocho horas de una declaración, que terminó con una perimetral que su ex no respetó nunca. Por eso, María tuvo que hacer otras cuatro denuncias. Pero jamás, en todos estos años en los que la causa estuvo en el Juzgado de Rosana Suarez, Daniel Mansilla pasó un día preso. Nunca.

No sólo la Justicia Penal le falló, sino también la de Familia, porque desde hace tres años que espera que salga la demanda por alimentos. María está en situación de pobreza, vive de la asistencia social. Destruida por los golpes, por tener que criar a los hijos sola, por no tener dónde vivir ni qué darles de comer, porque los funcionarios judiciales no hicieron su trabajo, María no tuvo más remedio en 2018 que pedirle ayuda a su ex.

_ Se apareció con una pizza y bebida, pero yo empecé a tomar rápido para que él no se emborrache y no se ponga estúpido. ¡Mirá lo que pensaba!, dice.

Como buen manipulador, le insistió para que volvieran, porque desde que no estaban juntos todo le salía mal.

_Le dije que no y agarró un cuchillo, me llevó al baño y me obligó a tener relaciones sexuales.

_Te violó.

_Sí, y mis nenes golpeaban la puerta llorando. El abrió y les gritó: ¡Váyanse a dormir! Ahí pensé en dejarme, así termina y se va. Pero no se fue. Cuando salí del baño, alcance a decirle a una vecina por la ventana que me llame a la Policía.

Dice Luciana Peker en su libro ‘La Revolución de las Mujeres’, que si un hombre te pega después de que lo denunciaste, es porque te quiere matar.

De nuevo, María probó que el sistema no la iba a ayudar. La Policía le dijo que se buscara un lugar, porque más de ocho horas no lo iban a tener. ¿Acaso no pudo la jueza haber unido todos los hechos en una misma causa y detenerlo? Le dieron una paliza, la amenazaron con apuñalarla, la violaron, tiene miedo de morirse o que le maten a los hijos, no puede denunciar ¿En serio no pasa nada?

ahora tengo miedo que me mate porque sé de lo que es capaz


Para esa fecha, Micaela García ya había sido asesinada por Sebastián Wagner. La Ley Micaela era un hecho, el movimiento de mujeres estaba en las calles. 2018 tuvo 281 femicidios ¿En serio? Tuvo que hacer un escrache en redes sociales para que alguien le diera una mano. Abrir las tripas en frente de todos y todas para que vieran que era serio. Y claro, como sucede generalmente en estos acasos, la exposición no sólo deja en pelotas al agresor, sino también al sistema. Y a eso sí que le tienen miedo.

El jueves, siete años después de la primera paliza, la Secretaría de las Mujeres de la provincia se comunicó con ella y le gestionaron una consigna policial, ordenada por el juez de Familia Antonio Andrade. El auto está afuera de la casa y adentro del coche hay una mujer. Pero María no sale ni a comprar pan, vive de cuarentena eterna porque el tipo sigue libre.

_ ¿Cómo fue que te animaste a hacerlo público?

_Porque hace dos días le pedí comida a la mamá de él, y me amenazó.


La madre de Daniel es Elsa Ruiz, una pastora. Me pregunto qué tipo de mensajes dará ¿Sabrá la gente que su hijo es un femicida en potencia y que ella lo apaña?

_ ¿Él se comunicó con vos después de que contaras lo que te hizo?

_ Me hizo un escrache en Face, diciendo que era mentira y que no tiene plata porque yo cobré el bono de $10 mil y no él.

_ ¿Te hizo mejor contarlo?

_ (Silencio) No. Porque yo pensé que lo iban a meter preso y ahora tengo miedo que me mate porque sé de lo que es capaz. Siempre me dijo que él no va a ir preso, que antes me mata a mí y a los nenes y después se mata él. Por eso no lo denuncié.

Nos despedimos con un abrazo mientras la madre cuenta más cosas. Salimos de la casa y María nos acompaña. Nos decimos chau, pero vuelve hasta la vereda.

_ ¿Quiere sacar foto de cómo quedé?_, pregunta, y yo le tengo la bufanda de lana, pesada, calurosa, mientras el sol de las cinco baña todo de un brillo intenso, casi cruel.


Fuente: La opinión Austral - Por Sara Delgado

jueves, 7 de marzo de 2019

DINAMARCA FRENTE A LA VIOLACIÓN Y LA IMPUNIDAD ENDÉMICA

Título original: Amnistía denuncia la " impunidad endémica" frente a la violación en Dinamarca.

Dinamarca es visto como un país ejemplar en lo que a igualdad de género se refiere pero esta imagen oculta otra realidad, la de uno de los índices de violación más altos de Europa y la de una “impunidad endémica” de quienes cometen las violaciones, ha denunciado Amnistía Internacional.

En un nuevo informe, ‘”¡Queremos respeto y justicia!”. Superar los obstáculos de las supervivientes de violación a la justicia en Dinamarca’, la ONG denuncia que mujeres y niñas se encuentran desprotegidas debido a las “leyes desfasadas” vigentes en el país. Asimismo, pone de manifiesto que muchas de ellas no denuncian las agresiones sufridas por temor a que no las crean o a sufrir estigma social o por falta de confianza en el sistema de justicia.

El informe es el resultado de entrevistas con 18 mujeres y niñas de más de 15 años que han sufrido violación, así como con ONG, especialistas y autoridades pertinentes. Según ha podido constatar Amnistía, en Dinamarca se denuncian muchas menos violaciones de las que realmente se comenten y la probabilidad de condena de los culpables es “muy pequeña”.

En 2017, se produjeron entre 5.100 violaciones, según los datos del Ministerio de Justicia, y 24.000, según un estudio reciente, sin embargo solo 890 mujeres denunciaron violación ante la Policía. De estas denuncias, aunque 535 dieron lugar a procesamiento solo 94 terminaron con una sentencia y sólo 94 se resolvieron con sentencia condenatoria.

“A pesar de la imagen de Dinamarca como país con igualdad de género, la realidad es muy distinta para las mujeres, debido al grado terriblemente alto de impunidad de la violencia sexual y a anticuadas leyes sobre la violación que no cumplen las normas internacionales”, ha lamentado el secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo.

NO SE TIENE EN CUENTA SI HUBO CONSENTIMIENTO

Aunque Dinamarca ratificó el Convenio de Estambul en 2014, el cual sostiene que la violación y todos los demás actos de naturaleza sexual no consentidos deben ser calificados como delitos, la legislación danesa no se basa aún en la falta de consentimiento para definir la violación sino que lo hace en base a si hubo violencia física, amenazas o coacción y en si se puede determinar que la víctima no pudo resistirse.

“Lo cierto es que el sexo sin consentimiento es violación”, ha defendido Naidoo. “No reconocerlo así en la ley deja a las mujeres expuestas a sufrir violencia sexual y fomenta una peligrosa cultura de culpabilización de la víctima e impunidad, que se ve reforzada por mitos y estereotipos muy extendidos en la sociedad danesa, desde el terreno de juego hasta el vestuario, y desde la comisaría de Policía hasta al banquillo de los testigos”, ha subrayado.

Según Amnistía, la existencia de prejuicios profundamente arraigados en el sistema de justicia es una de las razones del bajo índice de condenas en el país, unido a la desconfianza en el sistema junto con el miedo a no ser creídas o a ser culpadas de quienes han sufrido una violación y que las lleva a no denunciar.

La investigación ha permitido a la ONG constatar que muchas mujeres se encuentran con actitudes de desprecio, culpabilización de la víctima y prejuicios durante el proceso para denunciar lo que les ha ocurrido. Kristine, una periodista de 39 años, ha asegurado a Amnistía que el proceso de denuncia supuso “soportar más miedo, vergüenza y humillación”. “Si hubiera tenido 20 años, no habría seguido tras el primer intento”, ha añadido.

Amnistía considera que el hecho de centrarse en la resistencia y la violencia en vez de en el consentimiento de la víctima ha afectado no sólo a la denuncia de las violaciones, sino también a la sensibilización en general sobre la violencia sexual, aspectos, ambos, que “son clave para prevenir las violaciones y abordar la impunidad”.

HACEN FALTA MEDIDAS MÁS AUDACES

En este sentido, la ONG ha celebrado que el Gobierno danés haya puesto en marcha un grupo de expertos para que recomienden iniciativas que puedan ayudar a las víctimas de violación a recibir apoyo adecuado y tratamiento profesional cuando accedan al sistema, si bien ha sostenido que el Ejecutivo “tiene que tomar medidas mucho más audaces y modificar la legislación para que esté basada en el consentimiento”.

Además, ha subrayado que aunque reformar las leyes actuales sobre la violación “sería un paso esencial para cambiar las actitudes y conseguir justicia”, hace falta “hacer aún mucho más para generar un cambio social e institucional”.

Esto pasa, según Amnistía, por adoptar medidas legales que garanticen que “los mitos sobre la violación y los estereotipos de género son cuestionados en todos los niveles de la sociedad y que los profesionales que trabajan con supervivientes de violación reciben formación adecuada y continua”. También hacen falta programas de sensibilización y educación sexual en general a edad temprana.

“Reformando sus anticuadas leyes y poniendo fin a la perniciosa cultura de culpabilización de la víctima y aplicación de estereotipos negativos existente actualmente en los procedimientos judiciales, Dinamarca tiene la oportunidad de sumarse a la oleada de cambio que está recorriendo Europa”, ha incidido Naidoo.

“Esta oleada, encabezada por mujeres valientes, ha llevado a ocho países de Europa a adoptar definiciones de la violación basadas en el consentimiento”, ha añadido el secretario general de Amnistía. Según la ONG, estos países son Suecia, Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo, Alemania, Chipre, Islandia y Bélgica.

“Esta oleada de cambio de Dinamarca y otras partes de Europa puede ayudar a garantizar que las mujeres están mejor protegidas y supondrá que las generaciones futuras de mujeres y niñas no tengan nunca que preguntarse si la violación es culpa suya ni que dudar de que los violadores sean castigados”, ha remachado Naidoo.

fuente: Tribuna Feminista

viernes, 2 de noviembre de 2018

MUJERES VÍCTIMAS: MATERIAL DE DESCARTE

Título original: Material de descarte.
En menos de dos semanas, dos niñas fueron asesinadas y sus cuerpos ultrajados, arrojados en bolsas de basura. En 2017, en la provincia de Buenos Aires se recibieron 4800 denuncias de abuso sexual contra niñas, sin embargo estos femicidios se siguen narrando como hechos aislados.



Basta escribir en cualquier buscador de internet “niña aparecida en bolsa” para ver el horror narrado en forma tan trivial como se encuentra “por qué se tapan los oídos en los aviones” o “cómo sacar el sarro del inodoro”.


“Aparecen” cadáveres, expresa la mayoría de los medios, como si estos llovieran del cielo o crecieran de la tierra y lo cierto es que estas niñas casi siempre son asesinadas por algún familiar o persona de su círculo cercano y sus muertes engrosan listas de femicidios 



que la sociedad sigue viendo como fenómenos aislados, alejados de la propia realidad, en contextos de pobreza y marginalidad, cuando en realidad vienen diciendo a gritos que los cuerpos de mujeres, niñas, lesbianas, trans y travestis son prendas de uso, están más cerca del riesgo en sus propias casas y comunidades que en un callejón oscuro y que los métodos de disciplinamiento y descarte cada vez se sofistican más, llegando a niveles de crueldad que logran rápidamente ser naturalizados por sus contextos: o bien porque la víctima era una “fanática de los boliches” como el caso de Melina Romero, o bien porque “era gitana” y el primo asesino de 15 años, un psicópata de manual, como en el caso de Estefanía, la nena de 9 encontrada asesinada en la calle de su barrio de José Mármol, con una bolsa en la cabeza y varios puntazos mortales en la cara. En el caso de Sheila Ayala, de 10 años, ella fue hallada desnuda en una bolsa de basura en la medianera de la casa de sus tíos, muerta por asfixia con una sábana y con probables signos de haber sido abusada. Vivía en Villa Trujui, San Miguel, y todo el barrio se movilizó para buscarla, incluso quienes la asesinaron, pero la inmediatamente señalada fue su madre, quién no la cuidó como es debido. 

Lo cierto es que en las Comisarías de la Mujer y la Familia de provincia de Buenos Aires se reciben un promedio de 22 denuncias por día por delitos contra la integridad sexual. Laurana Malacalza, docente e investigadora, coordinadora del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, dice que para pensar estos femicidios es preciso tener en cuenta al menos dos dimensiones. “La primera es contextualizar estas violencias en un proceso de reorganización y profundización de los proyectos neoliberales que necesita de las violencias para crear las condiciones de su posibilidad. En estos contextos, existe una reorganización de las violencias que asume un carácter letal en el caso de las mujeres y las niñas y no puede comprenderse sin la ‘normalización de la cruelda


Como siempre nos recuerda Rita Segato hay un orden simbólico que busca instalar la crueldad como paisaje de normalidad, por eso los cuerpos de las niñas aparecen como desechos, como ‘objetos’ posibles de ser desmembrados y arrojados a los basurales”. Lo que menciona Malacalza es un contexto global ineludible, profundizado en la región por el reciente triunfo de Jair Bolsonaro, quien ya expresó abiertamente su misoginia y homofobia. 

“Es necesario analizar las formas que adquiere la violencia machista a partir de la articulación con otras formas de violencias que se expresan en los territorios y las trayectorias de vidas. Por ejemplo, la articulación que se produce con las violencias que promueven las organizaciones vinculadas a las economías ilegales –principalmente el narcotráfico– en los territorios más empobrecidos. Esta articulación de violencia, se expresa en la posesión y el control sobre determinados territorios y sobre los cuerpos, la sexualidad y la vida de niñas, de adolescentes y de mujeres jóvenes. Muchas de ellas vinculadas al consumo y venta de drogas, y muchas otras utilizadas como objeto de intercambio entre estos grupos. Todas posibles de ser desechadas y rápidamente reemplazadas”.

La segunda dimensión que menciona Malacalza es la de situar la categoría de “víctimas” en plural. Es decir comprender cómo se expresan estas articulaciones de las violencias en las trayectorias de vidas:

víctimas de qué, cuándo y dónde. “Devolverles su trayectoria biográfica es una manera de restituirles humanidad, de contrarrestar los intentos por desmembrar esos cuerpos y borrar sus rostros.








Estas víctimas reclaman un compromiso político que no solo se sustenta en el deber y la obligación de la escucha sino en el reconocimiento de nuestra proximidad y  responsabilidad frente a violencias cada vez más crueles y letales. Emerge aquí un nuevo desafío para los feminismos”. Malacalza declarará la semana que viene en el juicio por el femicidio de Lucía Pérez, ocurrido en Mar del Plata en octubre de 2016 y que activó el Paro Nacional de Mujeres el 19 de octubre de ese año. Desde el Observatorio se presentó un informe que luego fue considerado como prueba en el expediente que detallaba por qué el de Lucía fue un crimen machista y no un homicidio común, como se lo quiso instalar en un principio y durante mucho tiempo. La crueldad sobre aquel cuerpo empalado y lavado que fue entregado en la puerta de un centro de salud se redobló cuando la justicia convocó a una Junta Médica que determinó que hubo “relaciones consentidas” y no un ensañamiento y brutalidad que hablan por todas las muertas, por todos los crímenes donde el cuerpo feminizado es el campo de batalla de una intersección compleja y muy difícil de desenmarañar. La familia de Lucía recibió amenazas y amedrentamiento y ni ella ni sus asesinos pertenecían a un contexto de vulnerabilidad económica ni eran migrantes ni participaban del narcotráfico. ¿Cuáles son los femicidios que saltan al centro de la escena? En el caso de Sheila, y retomando un concepto que volcó a Las12 Sandra Hoyos, activista feminista e integrante de la Campaña Nacional por Aborto Legal, Seguro y Gratuito, “el femicidio de Sheila fue la excusa para contarnos detenidamente el odio a lxs pobres y a la pobreza que tanto espanta”.

Fuente: Página 12 - Por Flor Monfort

miércoles, 3 de mayo de 2017

CULTURA DE LA VIOLACIÓN: COMPLICIDAD Y SILENCIO

Título original: Cultura de la violación: complicidad y silencio en torno a la violencia sexual





“Se mantiene y ampara porque nuestros gobiernos y estados incumplen de forma sistemática sus responsabilidades en materia de prevención, protección, asistencia y reparación a las víctimas y supervivientes. Condonan la violencia sexual y arropan la impunidad de quienes agreden”.


La historia de la humanidad podría relatarse en relación constante con la historia de la violencia sexual, tal y como venimos investigando desde diferentes disciplinas en los últimos años. El matiz es importante, aunque también muy doloroso, porque nos aboca irremediablemente a escarbar en las cloacas de un patriarcado aún más tenebroso de lo que podríamos sospechar. Parece insoportable imaginarse que todas las mujeres han sufrido alguna forma de violencia sexual en su vida (acoso, abuso, agresión…). Sin embargo, así es, aunque la sociedad niegue tal evidencia.


No hay mujer que no haya sido asaltada por exhibicionistas, manoseada sin quererlo, o burdamente acorralada con repugnantes "piropos" de contenido sexual nada agradable. Otras, aunque permanezcan en silencio, fueron abusadas en la infancia, agredidas o acosadas sexualmente por conocidos o amigos y, en algunos casos, por desconocidos.

Pese a la magnitud de los datos que ofrecen los organismos internacionales de derechos humanos y las organizaciones feministas, convivimos con normalidad en todos los contextos políticos y sociales, con una de las formas de violencia machista y vulneración de derechos humanos más extremas.  Todo ello gracias a dos culpables: quienes agreden sexualmente, pero también a la cultura de la violación.

La expresión cultura de la violación, acuñada por el discurso y práctica política feminista, hace referencia a toda la estructura —lo que Galtung ha considerado en denominar como violencia estructural y cultural—, que justifica y alimenta, y que acepta y normaliza la existencia de la violencia sexual. Es una forma de violencia simbólica, como diría Bordieu, que tiene un efecto sedante, porque, al estar tan aceptada, pasa desapercibida por la inmensa mayoría. Sin embargo, es la que permite que la violencia directa se produzca (las violaciones, los acosos, los abusos, la tortura sexual…). La conforman un conjunto de creencias, pensamientos, actitudes y respuestas basadas en prejuicios y estereotipos de género relacionados con la violencia sexual.

La cultura de la violación, que se expresa mediante dogmas patriarcales, crea machos varones violentos que utilizan los cuerpos de las mujeres, las niñas y los niños, y se apropian de ellos imponiendo sus deseos a través del miedo, mientras generan un daño extremo en las víctimas y supervivientes. Se sostiene porque existe todo un sistema, el patriarcado, que considera que todos los cuerpos de las mujeres y aquellos cuerpos no normativos pertenecen a los hombres por contrato, por un contrato sexual, como diría la teórica feminista de Carol Pateman. Un contrato sagrado e intocable. Es decir, pueden ser cuerpos violados o agredidos sexualmente cuando las circunstancias lo requieran: en la guerra de forma innata, en periodos de paz, en democracia o, incluso, si un régimen político establece que es conveniente.

Es una obviedad invisible —o mejor dicho, invisibilizada intencionadamente—, por acción o por omisión, gracias a un sistema consentidor que, desde sus estructuras patriarcales, ofrece un escenario impune donde se desarrolla, y entre cuyos actores —no los únicos, pero sí los culpables directos— se encuentran los hombres que la ejercen. 

En este sentido, mucho se ha escrito falsamente sobre la naturaleza depredadora del hombre devorador sexual, cuyos instintos justifican los delitos sexuales. De igual manera que aquellos que siguen apuntalando la impunidad del violador, al considerarlo un loco incapaz de controlarse, o un chico perfectamente normal incapaz de violar. “Mi hermano no se hace violador de un día para otro”, afirmó la hermana de uno de los agresores sexuales del conocido caso de Pamplona. Como si ciertamente alguien se hiciera violador de un día para otro.

Cada víctima tiene un nombre propio, una vida, un futuro que, de repente, se ve truncado y sumido en una espiral de consecuencias graves y devastadoras a corto y largo plazo. Consecuencias que afectan a su proyecto vital, generando secuelas físicas, emocionales, psicológicas, conductuales, sexuales y sociales, y que atentan contra todos los derechos humanos básicos, cuya titularidad debería estar protegida por los estados. Nombrarlas implicaría asumir responsabilidades y dar luz a uno de los rincones más oscuros de nuestra sociedad, pero no nombrarlas nos hace cómplices de este sadismo.





La cultura de la violación transforma a las víctimas en culpables: “El juez me violó otra vez”, nos contó una mujer con la que las expertas intervinieron en un recurso especializado. Normaliza la violencia sexual como innata a los deseos sexuales, convirtiendo la violencia en erotismo: “Todas las mujeres tienen la fantasía de la violación”. Omite una educación sexual en las aulas que, por efecto desencadenante, promueve la alternativa de la pornografía mainstream patriarcal y violenta adulta como única escuela de aprendizaje: “Nos tenemos que poner todas a cuatro patas y el primero que se corra, pierde”, nos narró una chica en un instituto en relación a un juego recurrente entre grupos de adolescentes.



Es una cultura en la que las mujeres sienten la amenaza continua de la violencia sexual desde que toman conciencia, que ampara el silencio entre iguales —en la familia o en la sociedad—, que considera que las mujeres provocan la agresión sexual, o que muestra una gran tibieza en torno al consentimiento.

La cultura de la violación se mantiene y ampara porque, igualmente, nuestros gobiernos y estados incumplen de forma sistemática sus responsabilidades en materia de prevención, protección, asistencia y reparación a las víctimas y supervivientes. Condonan así la violencia sexual y arropan la impunidad de quienes agreden.

La única vía para cambiar el rumbo de la Historia pasa por tomar conciencia de cómo se construye y mantiene, desenmascarar sus estrategias —al tiempo que señalamos y denunciamos a los culpables—, investigar los delitos, educar y sensibilizar a la sociedad, atender las necesidades de las víctimas y supervivientes, y adoptar las medidas que sean necesarias para erradicarla. De lo contrario, permanecerá vigente una cultura de la violación que cuestiona e invalida los valores democráticos, de ciudadanía y de igualdad, condonando así a todos los responsables directos e indirectos de semejante atrocidad.

Fuente: La Marea.com - Por :

1 - Bárbara Tardón Recio es consultora internacional experta en violencia de género y derechos humanos. 
2 - Jesús Pérez Viejo es doctor en Trabajo Social y psicólogo experto en violencia de género y violencia política.

jueves, 14 de julio de 2016

ENORME POTENCIAL CONTRA EL MACHISMO

UNAS 200 ENTIDADES RECLAMAN LA CONTINUIDAD DEL PROGRAMA DE EDUCACION SEXUAL INTEGRAL
Organizaciones de mujeres, gremiales, universitarias y espacios académicos y políticos de todo el país expresaron su preocupación por el creciente recorte de personal y acciones del programa que depende del Ministerio de Educación Nacional.


Imagen. Gonzalo Martinez

“Para decir Ni una menos, hay que defender la Educación Sexual Integral.” Con esa consigna, casi 200 entidades de mujeres, gremiales, estudiantiles, universitarias, espacios académicos y agrupaciones políticas de todo el país expresaron su preocupación por la situación de precariedad laboral en la que se encuentran las y los trabajadores del Programa Nacional de Educación Sexual Integral, que depende del Ministerio de Educación a cargo de Esteban Bullrich. Y exigieron la continuidad de las acciones que venía desarrollando el programa, las únicas de alcance nacional dirigidas a prevenir embarazos no deseados en la adolescencia, el abuso sexual infantil y los noviazgos violentos.



“Esta política es una conquista de las organizaciones sociales que promueven la igualdad de género y tiene un enorme potencial para construir un sistema educativo que busque reflexionar y combatir el machismo de nuestra sociedad”, advirtieron a través de un documento conjunto, que se difundió en las últimas horas, y que lleva la firma, entre otras referentes de la decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Graciela Morgade, y de la socióloga Eleonor Faur, dos de las especialistas convocadas en su momento durante la gestión del ex ministro Alberto Sileoni, para elaborar los lineamientos básicos sobre los cuales se redactaron los contenidos mínimos curriculares de la ESI, para cada nivel educativo. También lo suscribieron la secretaria general de la Ctera, Sonia Alesso; la directora del Conicet, Dora Barrancos; La Colectiva Ni Una Menos, el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (Cladem), la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación No Sexista (PAR), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y áreas de género y de diversidad de varias universidades nacionales, entre tantísimas adhesiones.

El documento advierte que el jueves 30 de junio el jefe de gabinete del Ministerio de Educación y Deportes, Diego Marías, comunicó que en julio no se renovaría la contratación de más de un centenar de trabajadoras/es que estaban empleadas/os de forma precaria y tercerizada en distintos programas, muchos/as de los cuales hoy están prácticamente desmantelados. De las/os 15 trabajadoras/es que sostienen hace años las acciones del Programa ESI, a cinco les comunicaron que sus contratos “no serían renovados sin justificativos válidos, lo que da cuenta de una voluntad de vaciamiento y desinterés frente a un programa que requiere de esos puestos para llegar a todas las escuelas del país y atender la enorme demanda que esta política requiere”, señala el documento. En la última semana, tal como informó este diario, desde el Ministerio se asumió el compromiso de renovar por solo dos meses los contratos de esas cinco personas inicialmente despedidas. Pero solo tres aceptarían continuar con esas condiciones de renovación contractual que no ofrece una solución de fondo. “Desde diciembre de 2015 que las actividades se desaceleraron abruptamente y aún no se imprimieron materiales ni se transfirieron fondos específicos a las provincias”, denuncia en documento.

En diálogo con Página/12, Estela Díaz, secretaria de Género de la CTA, destacó que las acciones que se vienen desarrollando desde el Programa de ESI son la única política de alcance nacional para prevenir la violencia machista.

Consultada por este diario, la decana de Filosofía y Letras de la UBA recordó por qué fue necesaria una ley de ESI. “La educación –explicó Morgade– nunca fue ajena a cuestiones de la sexualidad, los géneros y los cuerpos, simplemente porque toda educación por acción u omisión es sexual. Siempre estamos hablando desde y a cuerpos sexuados. Pero había un silencio sistemático en relación con algunas temáticas particularmente sensibles con la perspectiva de género y las mujeres, y no solo había silencio, sino que las prácticas consuetudinarias y establecidas tendían –y tienden aún– a reproducir ciertos modelos, imágenes estereotipadas, como son las que predominan de las identidades femeninas y las masculinas. La ESI habla de la dimensión del conocimiento, del disfrute, del placer y también del padecimiento, la violencia, que en los últimos tiempos y en particular con los femicidios, fue tomando una visibilidad cada vez mayor”, detalló.

–¿Por qué es importante que el programa de ESI continúe? –le preguntó este diario.

–Porque esta mirada que parte de reconocer que existen cuerpos, requiere una formación sistemática de docentes, porque no la han tenido en su formación de base. Y porque el programa de ESI está pensado como una política transversal y eso significa que en todas las áreas curriculares y en todos los niveles educativos, hay que enseñar alguna dimensión de esa construcción social del cuerpo, desde la historia, la lengua y literatura, la biología, la educación física, el arte. Este proyecto está en plena construcción.

El documento firmado por más de 200 organizaciones de diversos ámbitos y más de un centenar de referentes de la educación, la investigación, los gremios y el activismo por los derechos de las mujeres y la diversidad advierte que “este avance del gobierno de Cambiemos contra esta política pública de vital importancia para el combate del machismo se da en el marco de un sistemático desmantelamiento y desfinanciamiento de programas nacionales comprometidos con la inclusión educativa, y con las demandas de los movimientos de mujeres y LGBT”. Y recuerda: “Ya contamos con el antecedente de la gestión de Bullrich en la ciudad de Buenos Aires, caracterizada por una progresiva disminución del presupuesto para ESI, así como también la exclusiva tercerización de las tareas en manos de ONG”.

Fuente: Página 12 - Por Mariana Carbajal 

martes, 3 de noviembre de 2015

JORNADA QUE ABORDARÁ EL TRATAMIENTO DE LAS VIOLENCIAS EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Madrid. La manera en que cubrimos la violencia machista no sólo preocupa a quienes se informan a través de nuestros medios de comunicación, también es un asunto que afecta a la propia profesión periodística. Limitarnos a explicar si la mujer había denunciado o no, si el criminal tenía orden de alejamiento o no, y si la nueva víctima hacía el número 25 o la 35, no contribuye a sensibilizar y sumar esfuerzos en la lucha contra la violencia machista. Desde AmecoPress insistimos en la necesidad de contextualizar y profundizar en la raíz de la violencia, aunque sabemos que no es fácil. No somos las únicas que nos hacemos preguntas acerca de cómo informar mejor. Desde medios como La Marea están planteando el desarrollo de una jornada que aborde esa temática y que propicie el intercambio entre profesionales.




Ciertamente, existen decálogos y recomendaciones para el tratamiento informativo de la violencia machista. Sin embargo, muchas circunstancias afectan al resultado del trabajo de las y los periodistas. Además, el boom de los medios digitales y de las versiones online de los medios tradicionales suscita nuevas preguntas y retos. Hay que reconocer también que frente a los asesinatos machistas están surgiendo viejas y dañinas formas de informar: cada vez más crímenes de género son tratados como un suceso cualquiera y de ellos se hace un espectáculo, no se respetan los códigos deontológicos, volvemos a oír aquello de “era un hombre normal”, a menudo se especifica el nombre de la víctimas pero no el de sus asesinos, e incluso se vuelve a hablar de violencia “doméstica” en importantes agencias y medios.

“La sangría de este verano ha provocado que muchas sintamos que deberíamos replantearnos el modo en que tratamos la información sobre asesinatos de mujeres. Un grupo de periodistas consideramos conveniente pararnos a reflexionar con colegas que comparten nuestras mismas dudas y dificultades al enfrentarse a cada caso de violencia machista” explican las organizadoras de la jornada que tendrá lugar el martes 17 de noviembre, de 10 a 13 horas.

Durante la primera parte de la sesión, periodistas de diversa procedencia -Cadena SER, eldiario.es, El Mundo y publico.es- plantearán algunas de las cuestiones que nos afectan como profesionales en esta materia. A continuación, todos los medios que participemos en el encuentro podremos hacer breves aportaciones, a modo de fila 0. En total, participarán alrededor de 30 periodistas. Finalmente, intervendrán tres expertas que investigan, forman y reflexionan sobre el trabajo periodístico en este campo: Pilar López Díez, Juana Gallego y Ayala Sonia Nuñez Puente- . Su análisis de la situación actual y sus recomendaciones ayudarán a llegar a conclusiones prácticas para mejorar nuestras piezas. Todas ellas se integrarán en un documento colectivo que se presentará el 24 de noviembre.

“Nuestro trabajo informativo ha sido referente en el mundo y queremos que lo siga siendo. Perdernos en las rutinas diarias lleva al retroceso. Por ello, queremos pararnos durante tres horas y deliberar conjuntamente”, aseguran las promotoras del debate.

La jornada está abierta a todas las personas interesadas en comunicación y violencia de género. Las plazas son limitadas. Para inscribiros, podéis escribir a: periodistasdigitalesvm@gmail.com. Será el 17 de noviembre a las 10 horas en el Ayuntamiento de Madrid (Sala 214. C/ Montalbán, 1, planta Baja).

Fuente y foto:  AmecoPress