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martes, 19 de marzo de 2019

LAS OTRAS. ABORTO CLANDESTINO Y MATERNIDAD INFANTIL

En Catamarca una joven falleció por un aborto clandestino, en Chaco una adolescente de 14 años parió un bebé resultado de una violación. ¿Quiénes son las Otras que aún en este siglo siguen viviendo en la precariedad absoluta?

I

Dicen los titulares en los diarios:



“Otra víctima de la clandestinidad”
“Otra nena violada”
“Otra persona obligada a parir”
“Otra muerte anunciada”



Otra vez la misma nota que se parece tanto a otra nota, que se parece tanto a aquella otra piba que también 
se murió.



En la clandestinidad la puesta en escena de la tragedia es un loop.

8M intervención del grupo “Impacto teatral”Fotos: Irina Lavallena

II

Esta semana se cumplieron siete años del fallo FAL, a partir del cual la Corte Suprema de Justicia exhortó al Estado Nacional, a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires a implementar y hacer que se cumplan protocolos hospitalarios para quitar los obstáculos que limitan o impiden que las personas accedan a su derecho a la interrupción legal del embarazo.

Sin embargo, la realidad no es tal: al día de hoy, 4 provincias argentinas no tienen protocolos ni adhieren al del Estado Nacional. Día a día el sistema de salud argentino, nos llena de noticias y de nombres de mujeres y niñas que deben elegir entre ser obligadas a parir o morir en el intento.

En Chaco una adolescente de 14 años dio a luz un bebé resultado de una violación. Ambos debieron someterse a un tratamiento de Mal de Chagas. A los 11 años ella había sido entregada a un hombre de 59 a cambio de una moto. Luego de tener al bebé, pidió no quedar a cargo de su padre alcohólico.

En Catamarca, una joven de 30 años falleció por una infección generalizada que se inició a partir de un intento de aborto clandestino. Vivía en un pequeño pueblo de 300 habitantes, tenía dos hijes. Sus amigas sabían que intentó abortar, pero no lo sabía su familia.

En Tucumán, una niña de 11 años violada y embarazada solicitó la interrupción legal de su embarazo. El Estado dilató la intervención para finalmente decidir realizarle una cesárea a la semana 23 de gestación. A los pocos días, la bebé muere.

Aparece entonces -entre la rabia- la pregunta por esas personas cuyas vidas están expuestas a la máxima vulnerabilidad posible. Sus cuerpos son forzados a atravesar cualquier límite y optar por meterse una rama de perejil en sus vientres, aunque las lleve a la muerte con tal de haber decidido en su vida por lo menos algo.

Nos preguntamos por esas “Otras” que aún en este siglo siguen viviendo en la precariedad absoluta y sufren a diario la imposibilidad de pensar siquiera en exigir su legítimo derecho a la vida.

¿Quiénes son las Otras? ¿Dónde están? ¿Qué lugar ocupan en nuestros medios, en nuestras notas, en nuestras organizaciones, en nuestras movilizaciones? ¿En qué se parecen las Otras a las pibas que posan con glitter verde en la cara para las fotos que llenan nuestras redes sociales? ¿En qué se parecen las Otras a nosotras?

III



Simone De Beauvoir plantea en El segundo sexo que las mujeres somos lo Otro en la Historia; que toda la historia de la humanidad está escrita y protagonizada por varones. Y las mujeres quedamos por fuera, en los márgenes, en las sombras de los relatos, de las grandes hazañas, de la guerra, el arte y la ciencia. Las cosas cambiaron mucho desde 1949. Ahora hay mujeres y (en menor medida) identidades disidentes en la ciencia, en las artes, en las fuerzas coercitivas del Estado. Sus historias comienzan a tomar protagonismo e incluso los discursos sobre equidad de género son un ítem obligado en la agenda política actual. Sin embargo, sigue quedando lugar para sombras. Siguen invisibilizándose relatos. Ahora, las Otras son las pobres.

IV



El intelectual italiano Giorgio Agamben habla del homo sacer: la figura del derecho por la cual, aunque sea ilegal quitarle la vida a las personas, hay veces que cuando esto sucede, no hay pena para quien comete el acto.

Es decir, vidas cuyos asesinatos son legítimos. Por su parte, Judith Butler refiere a la distribución desigual del derecho a duelo, da cuenta de  “aquellxs cuyas vidas no se ‘consideran’ susceptibles de ser lloradas, y por ende de ser valiosas, están hechxs para soportar la carga del hambre, del infraempleo, de la desenmancipacion jurídica y de la exposición diferencial a la violencia y la muerte”.



Bajo este paradigma: ¿Qué hace que una vida sea valiosa? ¿Qué hace que una vida no sea una cosa? Quizás la imposibilidad de vender ese cuerpo a cambio de una moto, la imposibilidad de violar ese cuerpo, la imposibilidad de forzar a ese cuerpo a gestar y parir… Esas atribuciones podrían servirnos como primer esbozo para pensar qué hace la diferencia entre lo humano y lo inhumano.

Las pibas pobres, trans, negras, niñas y originarias, quedan -sin dudas y con dolor- del otro lado de la frontera. Del lado de la violencia sistemática. Del lado de la compra y venta de cuerpos. Del lado de la hipocresía política y la vulneración estatal. Del lado de lo invisible. Son las Otras y se acumulan, se apilan sus iniciales en los titulares de los diarios. 
Las pibas pobres, negras, trans, travas y originarias quedan del lado del genocidio silencioso.

Fuente: El grito del Sur - Por Roma Barrientos.

miércoles, 6 de marzo de 2019

MUJERES SIN HOGAR: INVISIBILIZADAS Y EXCLUÍDAS

Tras la última crisis económica, uno de cada 6 hogares de clase media entró en situación de pobreza, y muchos de ellos no se han recuperado hasta la fecha. Ello implica que cada vez hay un número mayor de familias que se intervienen desde los Servicios Sociales, creando una compleja y preocupante radiografía de la pobreza en España.
Pero si analizamos los datos exhaustivamente, vemos que la pobreza es predominantemente femenina. En este 2019, por primera vez la tasa de pobreza femenina supera a la de los hombres: 6,4 millones de mujeres en riesgo de pobreza frente al 5,9 millones de varones.



¿Cuáles son los factores que explican esta situación?

Son varias las causas que explican ese sesgo de género. Los profesionales que intervienen con familias en riesgo de exclusión social cada vez se encuentran con un mayor número de familias monomarentales a las que atienden individualmente. El 83% de ellas se encuentra en riesgo de exclusión social, lo que hace que la intervención social con familias sea clave como factor de prevención para evitar que sus integrantes puedan terminar viviendo en las calles.
Pero si además atendemos a otros factores que influyen en los procesos de exclusión de estas mujeres, vemos que en cualquier metodología de intervención social con ellas es clave entender el peso de la violencia de género, que sufren o que han sufrido muchas de ellas, además de que entendemos que la violencia económica es una forma más de violencia de género:
Porque ejercer tareas de cuidados y que no sean reconocidas, es una manifestación de violencia de género sobre las mujeres que empeñan su tiempo, su trabajo y su dedicación, en esos cuidados (cuidar de sus hijos, cuidar de sus mayores, cuidar de sus hogares)
Porque la existencia de una brecha salarial, de una división sexual del trabajo y la falta de una mejora en los derechos laborales en el terreno de la maternidad es una manifestación más, de la violencia de género.
Y porque, por todo ello, las mujeres nos volvemos cada vez más precarias y más pobres; por el simple hecho de ser mujer; es decir, por procesos específicos derivados de nuestro género.
Por lo tanto, la violencia de género influye en los procesos de exclusión social y más concretamente, en los de las mujeres, de ahí que la intervención individual con ellas que se pueda llevar a cabo desde el trabajo social siempre tenga que tener presente un enfoque de género específico.

¿Y qué sucede con las mujeres que sufren más exclusión, las mujeres sin hogar?

Cuando hablamos de mujeres sin hogar hablamos de aquellas que pernoctan en la calle y también de las que tienen una vivienda inadecuada o insegura (chabola, pisos con orden de desahucio, pisos okupas…).
Y no, no podemos hablar de un perfil específico, pues son de todo tipo: mujeres que han sufrido violencia de género, jóvenes, estudiantes, con familias de origen de clase media, alta y baja, con adicciones, con discapacidad, trabajadoras, en paro, con formación universitaria…
Sin embargo, el común denominador que tienen todas ellas es que su “sinhogarismo” es mucho más sombrío y oculto que el de los hombres. Son mujeres invisibles e invisibilizadas. Sobre ellas se ejerce una doble violencia: la de su condición de mujer y la derivada de su situación de exclusión.
Las mujeres sin hogar en España solo representan el 11% sobre el total, pero los datos no son reales, porque las estadísticas generalmente las ofrecen los recuentos nocturnos o la red asistencial de personas sin hogar, y muchas de estas mujeres ni se encuentran durmiendo en la calle ni acceden a estos recursos de la red. Por tanto, la cifra real podría ser notablemente superior.

¿A qué se debe la poca presencia de las mujeres sin hogar en los recursos?

Hay una clara falta de feminización de estos recursos, y por tanto, las mujeres no se encuentran cómodas en ellas y a menudo deciden no emplearlos. Los albergues y los recursos residenciales están masculinizados y no están pensados para la atención integral de ellas.
Por eso, es necesario incluir la perspectiva de género desde todas las áreas de acompañamiento social. Ya no solo es preciso repensar los espacios incluyendo la mirada feminista, sino que la atención integral, se lea, se piense y se actúe con perspectiva de género y de cuidado.

fuente: Periféricas - Por Marina Granizo.

viernes, 22 de febrero de 2019

LAS ÓRDENES CATÓLICAS DEL MUNDO ADMITEN QUE ENCUBRIERON ABUSOS

La histórica cumbre para tratar el tema de los abusos a menores por parte del clero que comienza el jueves en el Vaticano está obligando a todos los líderes religiosos a alinearse con un cierto espíritu de catársis. Aunque sea a última hora y sobre la campana. Esta mañana, en un insólito gesto hasta la fecha, las congregaciones y órdenes católicas masculinas y femeninas lanzaron un comunicado conjunto en el que admiten haber encubierto casos de abusos. "El fuerte sentido de familia en nuestras órdenes y congregaciones puede hacer difícil condenar o denunciar el abuso. Esto dio lugar a una lealtad injustificada, a errores en el juicio, a lentitud en el actuar, a negar los hechos y a veces a encubrirlos. Nos sentimos necesitados de conversión y queremos cambiar".


Muchas de las congregaciones que ahora se adhieren al comunicado han negado de forma repetida su implicación en casos de este tipo. Pero ahora, a las puertas de la histórica reunión en la que participarán 190 líderes religiosos (obispos, presidentes de conferencias episcopales, curiales…), las asociaciones que agrupan a los superioras y superiores de todo el mundo (UISG y USG) reconocen "humildemente que no siempre" han actuado correctamente en los casos de abusos.

El documento, difundido por la oficina de prensa del Vaticano, admite que han vivido repetidos casos de abusos y que, en algunos casos, se ha mirado hacia otro lado. "Inclinamos nuestras cabezas con vergüenza al darnos cuenta de que este abuso ha tenido lugar en nuestras congregaciones y órdenes, y en nuestra Iglesia. Hemos aprendido que quienes abusan ocultan deliberadamente sus acciones y son manipuladores".

La tardía admisión, a pocas horas de que comience la cumbre, resulta algo precipitada y revela una voluntad urgente de redención mediática. "Nuestra vergüenza aumenta al constatar que no nos hemos dado cuenta de lo que estaba ocurriendo" y que "la respuesta de las personas con autoridad no ha sido la que debía haber sido. No han sabido ver las señales de alarma o no se las tomaron en serio". Respecto a esta reunión, aunque consideran que "un encuentro de tres días es un tiempo breve", consideran que puede servir "a iniciar importantes procesos y crear estructuras de rendición de cuentas, así como sostener los procesos y estructuras que ya existen".

En muchas ocasiones las víctimas han denunciado casos que afectaban a órdenes y congregaciones que suscriben el documento. Pero en un amplio número de casos no encontraron ninguna respuesta. Algo que también admiten ahora. "Por nuestra parte, prometemos hacer todo lo que está en nuestras manos para escuchar mejor a los supervivientes, reconociendo humildemente que no siempre lo hemos hecho", añaden. También prometen que implementan "todo lo que durante el encuentro se decida respecto a la rendición de cuentas exigida a las personas en autoridad".

La unión de órdenes y congregaciones admite que hubo “una lealtad injustificada, a errores en el juicio, a lentitud en el actuar, a negar los hechos y a veces a encubrirlos". "Nos sentimos necesitados de conversión y queremos cambiar. Queremos actuar con humildad. Queremos identificar nuestros puntos ciegos. Queremos denunciar cualquier abuso de poder. Nos comprometemos a caminar con aquellos a quienes servimos, avanzando con transparencia y confianza, honestidad y sincero arrepentimiento", señalan.

fuente: El País - Por Daniél Verdú.

viernes, 18 de enero de 2019

MAPA DIGITAL DE ACOSOS Y ABUSOS

Pensando en cómo combatir el acoso y el abuso en la ciudad de Cipolletti, estudiantes de la carrera de Criminología de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) lanzaron un proyecto para registrara esta clase de situaciones: el Mapa Interactivo del Acoso y Abuso (MIAA).



Lo crearon en La Plata dos arquitectas interesadas en saber cómo estaba planificada la ciudad bonaerense desde esta perspectiva. Luego esta experiencia se replicó en Santa Fe y desde hace dos meses se puso en marcha en Cipolletti, adaptada a la ciudad por las tres estudiantes.

El proyecto fue lanzado en la sede de la UNRN Cipolletti. “Apenas lo pusimos online la respuesta de la gente fue inmediata”, cuenta sorprendida Marcia Muñoz, una de las impulsoras. La estudiante asegura que junto a otras dos compañeras compartían la inquietud e interés de trabajar sobre temas relacionados a la perspectiva de género y que cuando supieron de MIAA enseguida sintieron que era su gran oportunidad.

“A los pocos minutos de haber puesto el sitio web en funcionamiento tuvimos muchas respuesta. No lo podías creer”, cuenta Marcia aún asombrada.
La propuesta llegó a sus oídos de casualidad. “Un amigo nos contactó con las arquitectas de La Plata. Y cuando nos comunicamos con ellas supimos que hablábamos un mismo idioma. Fue muy loco”, asegura la estudiante de Criminología.

Un año después que esta propuesta fue lanzada en La Plata llegó a Cipolletti de la mano de las tres estudiantes de la UNRN. Jamás creyeron que iba a tener tan buena receptividad en la ciudadanía y que a poco de haberlo puesto on line iban a cosechar tantos relatos. “Fue increíble cómo empezaron a sumarse relatos de todo tipo e incluso muchos nos llamaron la atención porque desterraban eso que uno siempre cree, como que el acoso ocurre de noche y en zonas alejadas. Todo lo contrario porque hemos registrado que la mayoría de los casos ocurren a plena luz del día en el centro cipoleño”, explicó.

Dos etapas

Tras haber puesto en marcha el proyecto se registraron dos etapas. Según cuentan sus impulsoras, en la primera quedaron registrados relatos sobre el acoso callejero o situaciones ocurridas en la vía pública. En la segunda, muchas mujeres se animaron, por primera vez, a contar que habían sido víctimas de abuso.

“Lo que surgió instantáneamente de los relatos fue mucho sobre acoso callejero. Contaban que pasaban por obras y que les gritaban algo. Suele tratarse de miradas o piropos. Eso era lo más común. Y después, en un segundo momento, tuvimos más relatos sobre espacios de acceso privado como casas, boliches, consultorios –obstétrico/ kinesiológicos–, en donde contaban hechos de tocamientos indebidos”, afirmó Marcia.

La estudiante indicó que muchas veces quienes llenan la encuesta hacen referencia a que no han sido víctimas de una sola situación, sino de varias. Pero siempre recomiendan que denuncien aquella que más les impactó, que quedó registrada en su memoria y que aún recordándola nuevamente les incomode.

Naturalizado

El principal objetivo del proyecto es poder visibilizar lo que ocurre en la ciudad, lo que muchas mujeres atraviesan a diario y que no tienen a quién contárselo, ni dónde denunciarlo.

Un segundo paso será poder realizar estadísticas y así proponer un plan de políticas públicas al municipio. Pero ahora se encuentra en la primera etapa donde están recabando toda la mayor cantidad de información posible.

“Lo bueno es visibilizar esto. En la calle está naturalizado. Muchos de los relatos coinciden en que cuando se les pregunta qué sensación tuviste sobre lo que les pasó, nos escriben: ‘Nada, me pasa siempre’. Esto nos da la pauta que todas tenemos muy naturalizado estas situaciones”, subrayó la futura criminóloga.

A su vez, señaló que el mapa dejó a la luz cómo interpela a las mujeres por mucho tiempo haber sido víctima de acoso. “Lo paradójico es que es muy efímero el acoso, pero en nuestra memoria queda plasmado. El mapa sirvió mucho para visibilizar. Hay relatos de hace 10 años y recuerdan lo que les pasó como si fuera hoy y hasta les incomoda pasar por ahí, evitan ciertos lugares. Y hasta pasa que modifican su conducta, dejan de tomar ciertos transportes públicos por lo que les pasó y buscan diferentes estrategias para evitar estas situaciones”, aclaró Marcia.

¿Querés contar lo que te pasó? Podés hacerlo ingresando al mapa interactivo que vas a encontrar en la página oficial del
proyecto: miaacipolletti.wixsite.com/miaacipolletti o directamente en Facebook en la cuenta MIAA Cipolletti. Toda la información brindada se hace de manera anónima y lo que se busca es recabar información sobre situaciones de acoso y abuso para proponer estrategias que ayuden a desterrar esta realidad. 
Fuente: Diario Jornada

martes, 23 de mayo de 2017

VIOLENCIAS: AYUDA EN CLAVE

TÍTULO ORIGINAL: Un secreto a cuatro voces

Bares y pubs de distintas ciudades alemanas promueven una frase en código para que muchachas puedan pedir ayuda al personal y salir ilesas de situaciones de acoso y violencia sexual. Una campaña que comenzó el pasado año en Gran Bretaña y continúa replicándose en otros países, más locaciones.





En Inglaterra, hay que pedir por “Jennifer” o “Ángela”, al igual que en ciertas urbes de España, Suecia, Sudáfrica o -incluso- del norte argentino; en Austria por “Sabrina”. Y solo recientemente, en Alemania, “Luisa” -nombre de origen germano que no tan curiosamente significa “guerrera”- se ha vuelto santa protectora de muchachas en potencial riesgo. Sucede que, haciéndose eco de exitosas campañas de distintos puntos del globo, la teutónica ciudad Münster recientemente ha lanzado Luisa Ist Hier: propuesta que invita a que damiselas en apuros, asediadas por hombres en bares, discotecas o restaurantes, pidan asistencia sin alertar al mentado perseguidor. “¿Tu cita se está propasando? ¿Te sentís amenazada? ¿Estás siendo sexualmente acosada? Andá a la barra y preguntá al staff: ‘¿Está Luisa aquí?’. Ellxs sabrán qué hacer”, ofrece la web oficial de la concienzuda iniciativa, donde la muchacha en cuestión solo necesita decir la frase decretada, un código pautado, y sin necesidad de dar explicación alguna, recibirá la requerida ayuda para escapar del mal trance… 

“Susi está celebrando con sus amigas Marie y Lisa, y hace contacto visual con un chico. Bailan. Él le invita una copa. Pero, en cierto momento, ella comienza a sentirse incómoda: el muchacho la acorrala, intenta besarla y reacciona violentamente cuando Susi detiene sus avances. Entonces ella mira a su alrededor; no encuentra a sus amigas ¿A quién puede recurrir?”,  se pregunta el sitio alemán Jetzt, previo a contestar con contundencia: ¡A Luisa! Léase, el/la bartender o mozo/a de ocasión, instruidos para lidiar con situaciones de ascendente peligro, amén de salvaguardar a posibles víctimas, dándoles un espacio seguro, asegurándose que lleguen a casa sin problemas, retirando del recinto al agresor. “La decisión última es de la mujer. Si decide abandonar el bar, el personal llamará a una amiga o le pedirá un taxi. Si decide quedarse, buscará el modo de que vuelva a sentirse protegida y a gusto”, anota Daniela Stöveken, impulsora junto a Andrea Werthmüller y Gerlinde Gröger -miembros de la organización contra la violencia sexual Frauen-Notruf-, de Luisa Ist Hier. Duchas, por cierto, en entrenar al staff de las locaciones que ya se han sumado a la propuesta, ofreciendo cursos temáticos, teléfonos de contacto de especialistas en acoso y violencia de género, afiches con información indispensable. 

“La acción está diseñada para atraer a mujeres y alentarlas en su derecho a pedir ayuda. Con una frase simple, sin complicaciones, buscando evitarles momentos desagradables, engorrosos”, advierte la tríada, entusiasmada porque cada vez más sitios se comprometan con la iniciativa (en la web, una guía de locales suscriptos evidencia que en otras ciudades -Flensburgo, Neuss, Leverkusen, Dusseldorf, etcétera- Luisa Ist Hier ya ha prendido). Y no se les caen los anillos al admitir que, en efecto, el modelo para la cruzada lo han tomado de la inglesa Ask for Angela, que debutó en el condado de Lincolnshire, en UK, el pasado septiembre, con sonados resultados y extensivas réplicas por coordenadas varias de Inglaterra y el mundo. Cuenta Hayley Child, coordinadora de estrategias contra la violencia y el abuso sexual de la región, que ciertos bares de la zona ya venían adoptando estrategias similares por cuenta propia, pero que la intención de sistematizar la acción responde a “promover un cambio cultural y empoderar a las víctimas para que tomen la decisión de reportar incidentes de acoso”. En su organizado caso, con afiches con similares sentencias a las antes mencionadas: “¿Tu cita de Tinder o Pof (Plenty of Fish) no es quien decía ser en su perfil? ¿Sentís que no estás en una situación segura? ¿Estás incómoda? Preguntá por Ángela, y el personal del bar sabrá que necesitás auxilio y te asistirá para salir de esa situación, llamará a un taxi o te socorrerá sin alboroto”. 

“Aunque se suponía que la idea inicial debía ser discreta para funcionar, con la viralización de la campaña esta opción ya no está en las cartas. Empero, el concepto aún es aplicable y cada local dispuesto a ponerla en práctica, puede hacerlo con su propia variedad, alternativa”, advierte Child, que contrario a lo que muchos presumen, no eligió el epíteto “Ángela” en referencia al ángel de la guarda: lo hizo en homenaje a su amiga Angela Crompton, que murió asesinada a martillazos por su marido en 2012...Ofrece además la inglesa que “al mirar la data de la policía, la tendencia es clara: la mayoría de los casos de violencia sexual suceden los viernes y sábados, y el alcohol a menudo está involucrado. Por tal razón, quería trabajar con pubs y bares, encontrar un modo sencillo de que se implicasen y dieran una mano a mujeres vulnerables”.   

En Estados Unidos, por cierto, una intentona semejante permuta nombre propio por trago: allí, la muchacha alarmada no pregunta por nadie; solícitamente solicita un trago de mentirillas, “el chupito Ángel”. De requerirse solito, el barman decodificará que la joven necesita que la escolten a su auto; con hielo, que velozmente le pidan un remís; con lima, que urgentemente llamen a la policía… 

Con todo, más allá de que pedir por Luisa, Ángela, Jennifer -y otras variaciones- sí ofrece una solución temporal a situaciones concretas de acoso, existen voces críticas que argumentan que lo que genuinamente provocaría un cambio cultural es pensar campañas que desalienten este tipo de conductas agresivas en varones. Para Geri Burnikell, de la ONG Support Line, en UK, por caso, “la prioridad debería ser que los hombres no actúen así en primer lugar, con sentencias más fuertes para disuadirlos. Todo debería estar orientado para decirles que su comportamiento es inaceptable, que será penado”.

Fuente: Página 12 - Por Guadalupe Treibel

domingo, 13 de abril de 2014

¿LA CALLE ES EL LUGAR? Reflexiones acerca del acoso callejero

El acoso callejero es una de las formas de violencia más minimizadas y naturalizadas que existen. En el marco de la Semana Internacional contra el Acoso Callejero (desde el 7 hasta el 13 de este mes), reflexionamos acerca de las motivaciones de este tipo de acoso, y qué podemos hacer para detenerlo.


CAMPAÑA CONTRA EL ACOSO CALLEJERO ( del 7al 13 de abril)
 " Si te encomoda leerlo, imaginate oirlo"



La gran mayoría de mujeres de 13 años (o menos) en adelante puede sentirse identificada con la siguiente afirmación: “Al menos una vez en mi vida experimenté acoso callejero”. Silbidos, miradas lascivas, piropos e incluso manoseos son situaciones que se ven y se viven todos los días, y pueden suceder en cualquier ámbito en el que nos desenvolvamos. Condicionan muchos aspectos de nuestro día a día: cómo nos vestimos, cómo nos trasladamos, qué recorridos hacemos y cuales no. Y lo peor de todo es que están naturalizadas tanto por hombres como por mujeres. Pero por más que sean consideradas cotidianas, subyace en ellas una dosis de violencia; en mayor o menor medida, pero siempre presente.
En primer lugar, se debe comenzar a considerar a este tipo de acciones como lo que son: opiniones nunca pedidas por parte de completos desconocidos. El hecho de piropear a alguien por la calle parece absurdo cuando se lo pone así, pero sin embargo hay que cuestionarse: ¿por qué, en nuestra sociedad, existe la necesidad de hacer valoraciones sobre el aspecto de otros/as? Y en particular, ¿por qué los hombres heterosexuales y machistas deben hacer juicios de valor sobre los cuerpos leídos mujer, sin expectativas o posibilidades de respuesta? ¿Qué motiva estos acosos? ¿Qué se busca demostrar con ellos? Una hipótesis para comenzar a desentrañar este asunto puede ser esta: todavía está en el inconsciente colectivo la idea de que los varones son los que se desempeñan en el ámbito público y las mujeres en el privado. Por esto, cuando una mujer transita libremente en la vía pública, se la acosa para intentar “ponerla en su lugar”,  hacerla sentir que ella no debería estar allí. Otra conjetura puede ser la siguiente: el hombre hetero debe demostrar públicamente que es un macho con todas las letras, todo el tiempo debe reafirmar a otros y a sí mismo su masculinidad (entendida, por supuesto, desde una concepción machista). Y para ello, cosifica a los cuerpos femeninos que transitan por la calle.  A todo esto se le suma la naturalización de estos actos por parte de algunas mujeres. A muchas se les ha inculcado que es normal que otros emitan opiniones sobre sus cuerpos, incluso hay quienes consideran estas acciones como halagos.







Las diferentes formas de acoso callejero encierran, también, una profunda desigualdad. Todos/as tenemos derecho a que se respeten nuestros cuerpos y nuestras voluntades con respecto a los mismos. Sin embargo, los acosos de este tipo nunca son solicitados (por ende, sin consentimiento), por lo que ignoran por completo el deseo de quien es acosado/a. Se pone, entonces, a las partes involucradas en una situación desigual de poder: prevalece la voluntad del acosador que la predisposición o no del acosado.


Dentro de esta arista de la desigualdad, también cobra una gran importancia el respeto (o en este caso, falta del mismo) al espacio personal. Este es entendido como el espacio virtual que rodea a cada persona, y que permite interactuar con los demás de forma cómoda y adecuada a cada circunstancia. La definición de este espacio varía según diferentes factores, como las preferencias de cada persona, la relación que nos une a la persona con la que interactuamos, la cultura y la sociedad, entre otros. Pero el que cada persona defina su espacio personal de forma distinta no quita el hecho de que las acciones tales como piropos o manoseos sean una invasión del mismo. Y es así porque la naturaleza misma del acoso callejero es invasiva: al no tratarse de interacciones consensuadas, la distancia potencial que uno/a podría poner es pasada por alto. Esta invasión del espacio personal se pone especialmente de manifiesto en la búsqueda del roce o contacto físico. De acuerdo al antropólogo Edward Hall –quien realizó varios estudios acerca del espacio personal y su significado psicológico- se distinguen varias categorías de espacio personal. Entre estas, la más importante es la distancia zonal íntima, ya que el acceso a ella reserva solamente para las personas más allegadas emocionalmente: familiares, amistades y parejas. Los manoseos, el froteurismo y demás tipos de contacto físico no consentido irrumpen en la zona íntima.
Este tipo de violencia está muy poco visibilizado. Por una parte, la legislación vigente en nuestro país no la contempla como una forma de acoso -si bien la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres abarca la violencia simbólica, no aparece específicamente la figura de acoso callejero-. Por otro lado, se minimiza esta categoría de acoso a nivel social: se toma como algo normal porque se considera que es una mera parte de nuestra cultura (como desligándose del hecho de que la cultura es una construcción humana). Así, se continúa tolerando estas microviolencias, y aquellas personas que se defienden son desalentadas al tildarlas de “locas”, “histéricas”, “exageradas” o incluso “ingratas”.
Puesto de esta forma, parece casi obvio que el acoso callejero está mal. Pero la realidad es que este asunto está enquistado en lugares mucho más profundos: una cultura y sociedad machistas que propician este tipo de comportamientos, un sistema patriarcal que lo avala, o no hace nada por detenerlo, entre muchos otros factores. Entonces, debemos replantearnos como individuos y como integrantes de una sociedad cómo miramos este tipo de situaciones. Si bien se ha avanzado mucho en este tema (el simple hecho de ponerle un nombre es un avance), todavía es una problemática reciente: 2014 es apenas el tercer año que se conmemora la Semana Internacional contra el Acoso Callejero. Además hay que llevar a la práctica lo que se reflexiona; podemos responder de forma directa al acosador, o intervenir cuando vemos que alguien está siendo acosado/a, reaccionar para hacer saber que ese tipo de comportamientos no deben y no van a ser tolerados. Por eso está en nuestras manos continuar con el planteamiento del acoso callejero como un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo; siempre reconociendo que no se trata de si el piropo es explícitamente grosero o no, sino que estamos hablando de una limitación al espacio personal y una desvalorización del respeto por el otro.

Fuente: Diario Femenino - Por Rocío Pérez.-