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martes, 23 de febrero de 2016

MUJERES, GENOCIDIO Y VIOLENCIA SEXUAL

Me pidieron hablar sobre la violencia sexual evidenciada en la sentencia por genocidio, voy a abordar el tema un poco más allá del ámbito jurídico, soy antropóloga, no conozco el ámbito jurídico entonces, mi visión se expande hacia el lado de la antropología.



Lo primero que quiero decir, es que escuchar a las mujeres narrar con voz potente, con claridad, dignidad y serenidad, ante un tribunal, la terrible experiencia de violencia sexual vivida durante la represión política, no solo fue un acto de valentía, sino fue además una manera impactante de remover las poderosas estructuras de la memoria oficial dominante, que niegan su verdad, la verdad de estas grandes mujeres y del Pueblo Maya. Finalizados formalmente los años de la represión política en que se cometió genocidio, lejos de entrar en un proceso de justicia, de reparación a las víctimas, de elaboración del duelo y de construcción de la memoria, hubo prisa por silenciar lo que pasó, hubo prisa por organizar mecanismos de olvido y de impunidad. La misma firma de la paz y el multiculturalismo fueron secuestrados y utilizados convenientemente desde el poder para producir formas de olvido, a partir de un discurso superficial de la convivencia.

Pero lo que hacen las mujeres con su impactante presencia, con su verdad serena, clara y digna, es recordarnos que la memoria oficial tiene límites. A pesar de que el silencio ha sido impuesto a través de una continuidad de la violencia, mediante una culpabilizarían sistemática de las víctimas, o por mecanismos de indiferencia hacia quienes no fueron consideradas plenamente humanas, las mujeres dicen, “aquí estamos”, “callamos pero nunca olvidamos”. Las mujeres que testificaron nos recuerdan que silencio no es lo mismo olvido. Esto confirma que los largos silencios sobre el pasado, son tantas veces mecanismos de protección ligados a la necesidad de vivir, de encontrar un modo de existir incluso en ambientes en que se debe convivir con los victimarios o los perpetradores de los crímenes, como pasa con la gran mayoría de mujeres que sufrieron violencia sexual durante los años de la represión política orquestado por el Estado guatemalteco.

Por esto, me parece que el juicio dio a las mujeres el derecho a ser público un sufrimiento llevado en soledad. Al hacer públicos los hechos, se ha sacado la violación sexual de la esfera de la intimidad, de la vergüenza y de la individualización, para ser colocada en el lugar del delito y de la búsqueda de justicia. Debido a esto, las palabras de las testigas, como de otras mujeres que sufrieron situaciones similares, merecen ser escuchada con detenimiento y responsabilidad. Digo esto porque, desafortunadamente cuando se trata del sufrimiento narrado por las mujeres hay una tendencia a no querer escucharlas. Pero la experiencia de las mujeres, tanto de quienes sufrieron violencia sexual, como otras formas de tortura y asesinato, es absolutamente central para entender el genocidio cometido en este país. Es decir, lo que ocurrió a las mujeres, no fue un problema aislado contra las mujeres, fue una forma de doblegar a las mujeres y con ellas al Pueblo Maya. Por esto mismo, tampoco es solo un problema exclusivamente relacionado al patriarcado, porque el genocidio fue un gran momento de re-colonización. Patriarcado y colonialismo, sexismo y racismo se combinaron perversamente para normalizar y cubrir de impunidad los hechos sistemáticos y extendidos de violencia sexual cometidos por el ejército, patrulleros y comisionados militares contra las mujeres mayas, especialmente rurales. Hay extraordinarios estudios realizados sobre la función del sometimiento de las mujeres, en conflictos, en guerras, en masacres, pero lo que ha ocurrido en Guatemala, con toda seguridad tiene sus propias características que necesitan ser explicados con detenimiento.

No estoy diciendo nada nuevo, pero me gustaría reiterar en tres puntos para reforzar lo que otras mujeres, analistas del problema de violencia sexual y activistas feministas han dicho tanto aquí en Guatemala, como fuera del país.

1 - ¿Por qué se viola a las mujeres en las guerras?

Como en la mayoría de guerras, en Guatemala la violencia sexual fue un arma eficaz para buscar someter, humillar y derrotar al “enemigo”. De acuerdo a las evidencias, que cada vez aumentan, la violencia sexual fue una práctica recurrente, sistemática y extendida, más aún en los primeros años de la década de los 80s. En tal sentido se puede afirmar que fue un arma eficaz de contrainsurgencia. Es decir, se utilizó para debilitar y destruir el tejido social comunitario de la población civil, especialmente de las comunidades indígenas, consideradas la base potencial de la insurgencia. Si nos preguntamos ¿por qué se viola a las mujeres en las guerras? encontraremos que en las respuestas se mezclan distintas lógicas. En primer lugar, una manera de asegurar la sumisión de las mujeres, es atacando los referentes femeninos de su cuerpo, recordándoles que no son dueñas de sus propios cuerpos. De esta manera la violación es vivida por las mujeres como un acto de deshonra y de vergüenza, códigos que son compartidos por la comunidad cuando ésta está atravesada por lógicas patriarcales. Por eso, el violador sabe, o espera, que lo primero que obtendrá con la violación es el silencio de la víctima (Segato, s.f). En segundo lugar y unido a lo primero, cuando se viola a las mujeres se busca doblegar, desmoralizar y derrotar al grupo que está siendo sometido. La violación contra las mujeres, es un desafío a la masculinidad y a la hombría, cuando se piensan los cuerpos de las mujeres, como territorios que pertenecen a los hombres. Mediante la violencia sexual contra las mujeres, se busca castrar simbólicamente a “sus hombres” o se les hace sentir impotentes. En tercer lugar, si la violación es vivida como actos individuales de deshonra y de vergüenza, se despolitiza lo que el dominante ha impuesto como un arma política de destrucción de un grupo, de una comunidad o de un pueblo. Así, los hechos de violación tienen eficacia para dividir, para restarle fuerzas y afectar la cohesión de tal grupo, comunidad o pueblo.




Cuando escuchamos el testimonio y las historias de las mujeres Ixil y de otros pueblos, ellas narran cómo además de soportar en silencio la violencia sexual y sus terribles efectos, debieron enfrentar la culpa y la humillación de sus propios vecinos, familiares y victimarios. Esto nos habla claramente de por qué la violación funciona para quienes la planificaron. Si, frente a una mujer violada hay murmuraciones, chismes, culpabilidad, se rompe la confianza y la cohesión familiar y comunitaria. Como he dicho, la violación llega a tener una gran efectividad cuando es tratada como un acto íntimo de deshonra y de vergüenza, mientras ha sido cometida con una intención política, como un crimen de guerra. Los sentimientos de vergüenza y de deshonra para las mujeres y sus familias desvía la atención, porque los perpetradores quedan sin ser vistos e igualmente se ocultan los fines políticos de tales hechos. Por eso, muchas analistas y activistas insisten en que la violación no es un asunto individual, no es un crimen de motivación sexual, como dice Rita Segato (s.f). Y no es crimen de motivación sexual porque quienes violaron no lo hicieron motivados por deseos sexuales individuales incontrolados, sino para demostrar poder, someter, controlar y exterminar. La violencia sexual es entonces un crimen de guerra, un crimen político, una violencia genocida, y como tal debe también ser tratada. Reitero que la violación es eficaz cuando quienes la planifican, entienden lo que significa para quienes son violadas y su entorno. Hay códigos compartidos alrededor del tabú y del silencio. Por todo esto, la violencia sexual no debe ser personalizada e individualizada, no debe tratarse como una afectación a la intimidad de las mujeres solamente, porque cuando esto pasa, se despolitiza un problema que es político.

2 - ¿Cómo entender lo que ocurrió a partir de examinar a los perpetradores directos de los crímenes sexuales? 

Como dice Mahmood Mamdani (2003), entender no significa disculpar, sino comprender como los victimarios –militares, patrulleros y comisionados- se convirtieron en agentes capaces de cometer actos de extrema crueldad contra mujeres y niñas mayas. Las mujeres sobrevivientes y quienes solo pueden testificar a partir de sus cuerpos mutilados, nos muestran que los perpetradores trataron de demostrar que no tenían límites. Cualquier regla que en las guerras protege a niñas, niños y mujeres, fue invalidada por quienes dirigieron y materializaron la represión política en este país. Escuchar el testimonio de las mujeres significa oír cómo los victimarios fueron despojados de todo sentimiento de compasión frente al dolor y el sufrimiento que provocaban. Esto significa que los victimarios tuvieron un entrenamiento político o doctrinario que premiaba los comportamientos insensibilizados frente a la crueldad; cualquier forma de tortura y de terror fue válida contra quienes fueron producidos como “el enemigo”. Así la violencia política en Guatemala fabricó una masculinidad depredadora que llevó al extremo los niveles de machismo, racismo y discriminación de clase que se vive “en tiempos de paz”.
 El patriarcado como marco de análisis nos ha dado muchísimas herramientas, pero tiene límites, cuando no se cruza con otras herramientas que nos permitan ver como se enlaza la violencia sexual con la racial-étnica y de clase social. Particularmente me pregunto, entre otras cosas, cómo se movilizó en los soldados indígenas, en los comisionados y patrulleros, sentimientos de auto-vergüenza y auto-odio que descargaron contra las mujeres mayas. No estoy diciendo que esa haya sido la motivación principal para cometer los crímenes, pero pudieron ser sentimientos que los facilitaran. Esto significa que la estrategia militar de contrainsurgencia depredó la propia humanidad de los hombres que cometieron los crímenes. Podríamos dejar de ver todo esto si así lo quisiéramos, pero si deseamos reconstruir la vida del Pueblo Maya, habrá que tenerlo en cuenta, por los efectos del adoctrinamiento militar en la destrucción del tejido social hasta la actualidad. Con toda seguridad, la violencia contemporánea contra las mujeres, está ligada a la violencia sexual permitida como arma de guerra durante los años de la represión política. En este sentido, me parece crucial preguntarnos ¿Cómo fueron producidos los perpetradores de la violencia sexual? ¿Cómo se entiende la actuación de los perpetradores mayas en el marco del adoctrinamiento militar contrainsurgente dirigido a destruir a los Pueblos Mayas? Me parece que este es un trabajo pendiente, pero fundamental.




3 - El genocidio como un mecanismo de re-colonización a través del cuerpo de las mujeres mayas. 

Aquí quiero brevemente contar un terrible episodio que nos narró don Jacinto Brito, principal de Nebaj, en una actividad realizada por Consejería en Proyectos en octubre pasado. En Xoloché, Nebaj, como ocurrió en tantas otras, a finales de 1982 el ejército llevó a gente reclutada de comunidades vecinas a tapiscar porque era tiempo de cosecha de maíz. El ejército dijo a los patrulleros que el maíz sería para ellos. Al terminar la tapisca, hicieron un volcán de mazorcas y tomaron a doña Elena una mujer anciana y ciega, muy respetada en la comunidad, a quien colocaron sobre el volcán de mazorcas y prendieron fuego. “Dos jóvenes quisieron rescatar a la anciana, corrieron para sacarla del fuego pero estalló una bomba que los soldados pusieron debajo de la ropa de la anciana…pero después, porque no hay un pensamiento bueno, pasaron la máquina, una carretera hicieron, revolvieron los granos de maíz…y el cuerpo de la anciana” (PCS, 2013). Máximo Bá Tiul quien moderaba la mesa donde habló don Jacinto Brito, reflexionó sobre cómo mientras el Popol Wuj narra la relación directa que las mujeres tienen con el maíz, como símbolo poderoso de la existencia y de la vida del Pueblo Maya, el ejército también las enlaza en la muerte, en la destrucción y en el genocidio. De hecho, para destruir a las comunidades mayas, el ejército buscó profanar lo que es sagrado, profanó el maíz como profanó el cuerpo de las mujeres. Como parte de una pedagogía de la destrucción y de la extrema crueldad (Segato, s.f), entrenó y obligó a muchos hombres a exterminar con sus manos lo que formaba parte de su vida. El involucramiento de las mismas víctimas, es una estrategia de guerra que otorga impunidad, porque permite culpar a las víctimas. Por eso, quienes dirigieron las operaciones de contrainsurgencia en este país, deben ser juzgado por atentar contra la existencia del Pueblo Maya a través de la destrucción y de la muerte causada a tantas comunidades, familias y personas civiles. Discutir el genocidio implica también discutir la violencia colonial re-articulada durante los años de la represión política y como sistema actual, a partir de colocar en el centro la experiencia de las mujeres mayas. 

Quiero concluir diciendo, que los crímenes cometidos en el cuerpo de las mujeres, deben ser quitados del lugar de la vergüenza, del tabú y del silencio. Estos no son crímenes de naturaleza sexual nada más, sino son crímenes de genocidio. No debemos hablar de la violencia sexual en voz baja, sino debemos denunciarla con voz potente, porque en cada mujer violada y masacrada hay un crimen contra el Pueblo Maya y contra la humanidad. La justicia para cada una de estas mujeres significa dignificar también al Pueblo Maya. Treinta años después de cometidos los hechos convergen razones para romper el silencio. Si lo primero que se busca garantizar con la violencia sexual es silenciar a las mujeres y fragmentar a las comunidades mayas, haber hablado es un actor de irrupción de gran importancia histórica. Para cerrar, reitero lo dicho al inicio, las mujeres nos han mostrado que silencio no es lo mismo que olvido.

Bibliografía

Mamdani, Mahmood (2003) “Darle sentido histórico a la violencia política en el África Poscolonial” en: Istor Revista de Historia Internacional. Año 4 No. 14. CIDE, México.

Brito, Jacinto (2013) Genocidio y trabajo comunitario por la memoria. Ponencia presentada en Congreso Mesoamericano de Pueblos Indígenas, Genocidio y Despojo, Resistencia y Memoria, PCS, Guatemala.

Segato, Rita (s.f) Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. Disponible en: http://www.scielo.br/scielo.php?pid=S0102-69922014000200003&script=sci_arttext

 Fuente: Mujeres Ixchel Guatemala - Por Aura Cumes . Fotografías: Cristina Chiquín, Mujeres ixchel.

Datos de la autora

Aura Cumes (Kaqchikel, Chimaltenango, Guatemala). Sus intereses de investigación y de acción política giran en torno al análisis de las relaciones y formas de poder y de dominación experimentadas en sociedades fundadas en una historia de colonización como la guatemalteca. Es desde la problematización del hecho colonial que lee las múltiples y entrecruzadas formas de poder y de dominación como el patriarcado, el racismo y el sexismo y las nociones político-analíticas de género y cultura. Doctora en Antropología Social por el CIESAS, México DF. Ha sido investigadora y docente del Área de Estudios Étnicos y el Programa de Género la FLACSO Guatemala. Coeditora de La encrucijada de las identidades. Mujeres, feminismos y mayanismos en diálogo (2006) y de la colección Mayanización y vida cotidiana. La ideología multicultural en la sociedad guatemalteca (2007). Autora de múltiples artículos publicados en revistas nacionales e internacionales.

**Ponencia presentada en las actividades del aniversario del primer año de la Sentencia por Genocidio , realizadas por CALDH y AJR. presentada en está página como Colaboración Especial de la Autora para Grupo de Mujeres Ixchel. 



sábado, 29 de marzo de 2014

EL RIESGO DE SER MUJER ( EN UNA SOCIEDAD MACHISTA)

UNA JOVEN DENUNCIA HABER SIDO VIOLADA POR UN JUGADOR DE FÚTBOL, Y UN CORO DE VOCES MASCULINAS SE LEVANTA PARA DEFENDERLO.





RESISTENCIAS Una joven denunció, la semana pasada, que fue violada en la misma cama donde dormía con su novio por un amigo de éste. La denuncia es un escándalo, aunque no tanto por la manera en que uno cubrió al otro, sino porque los muchachitos son jugadores de fútbol, y entonces otras voces masculinas se levantaron desde los medios y las tribunas para pedir que no se manche al club de sus amores, que no les arruinen la carrera a los deportistas. Al mismo tiempo –y esto no es una muletilla–, las fotos de la víctima empezaban a publicarse: en bikini, en short, poniendo la boca para el beso, cumpliendo el ritual de lo que se supone sexy, valorado, deseable en una mujer. “Ella se dejaba”, dijo el acusado para justificarse como si ese dejarse tuviera algo que ver con el consentimiento. “Calculadora entrenada y no víctima inocente”, dijo de la víctima un conductor de televisión, porque la chica tuvo los reflejos suficientes para protegerse y llevar su ropa interior al momento de hacer la denuncia, por citar sólo una perla en un mar de fondo de comentarios descalificadores de la voz de quien acusa. Aunque éste es un relato particular, forma parte de un guión bien aprendido, de una cultura de la violación en la que los machos se cubren entre ellos, las víctimas son sospechadas y el cuerpo femenino se convierte en zona de riesgo.

Portada de diversos periódicos, ejemplos de cómo los medios trataron la noticia, exhibiendo a la víctima en fotos sensuales e íntimas.

¿Cuántas veces pasaste por alto el no de una mujer?, preguntaba, entre otras cosas, Las12 hace tres semanas a algunos hombres que se prestaron al juego de medirse con la misma vara en los temas que le interesan a este suplemento, aquellos que se dicen de la constelación de la temática de género pero sobre los que todxs podemos pensar. Un poco por espíritu lúdico pero sobre todo porque el convencimiento es mayor cada día: hasta que no haya un compromiso global por equilibrar derechos y oportunidades, las mujeres seguiremos siendo sospechadas, desvalorizadas, asesinadas. Los varones convocados, de diferentes disciplinas y edades, tuvieron su tiempo para pensar las respuestas y casi todos coincidieron en que jamás lo habían hecho, por lo menos no a conciencia. Es de esas trampas al mejor estilo “juego de los matrimonios”, donde las respuestas de ellos son increíblemente opuestas a las que ofreceríamos nosotras sobre el mismo tema, por lo que el alcoyana-alcoyana se vuelve imposible y la conclusión no puede más que devenir en guerra. A todas las mujeres involucradas en ese cuestionario, nuestras amigas y conocidas, nos resultaba imposible no recordar que alguna vez habíamos sido vulneradas en nuestras negativas: ya sea al subir a un taxi porque el chofer decide otro recorrido del sugerido por nosotras, o en el medio de la noche y con la propia pareja pidiendo un contacto sexual que, por comodidad y para evitar conflictos, se había habilitado. Los hombres no se la podrían creer, pero la vastedad del mar donde las mujeres somos, podemos y valemos menos es enorme y la temperatura de ese mar es tan cálida que pocos la sienten incómoda. Incluidas muchas mujeres.

En la frontera de ese no que ellos desoyen y que nosotras naturalizamos que sea desoído están aquellos capaces de dejar marca. Porque el no dicho fuerte y claro puede generar mucha violencia. La semana pasada, se conoció el caso de un jugador del club Independiente que violó a Giuliana (su verdadero nombre se resguarda para preservar su identidad), después de una noche de boliche en la que ella, él y un grupo de amigos que incluye al novio de ella, Martín Benítez, fue a un departamento a hacer eso que se hace después de una noche de boliche: tirarse a dormir, bajarse una docena de medialunas, seguir con la música en el cuerpo pero con el cansancio a cuestas, ver el amanecer o tener sexo, si ambas partes están interesadas. En ese limbo madrugador, Alexis Zárate se acostó junto a la chica de 19 años, quien estaba durmiendo, y la penetró. Ella se despertó y empezó a gritarle pero ya era tarde. Confusión, reproches y un grupo de amigos que decidió cubrirse (y atacar a la víctima) forman parte de las horas siguientes, incluido un intercambio de mensajes de texto donde ellos le piden a Giuliana que no haga la denuncia, que Alexis se quiere matar, que estaba borracho en ese momento y después, muerto de vergüenza. Pero ella hizo la denuncia igual, poniendo en boca de todos ese interrogante incómodo que muchos contestan por default sobre el no de una mujer. Porque en esa escena donde hay un agresor y una víctima hay tantos matices como colores tiene la mañana, y hoy ya son miles las voces que tienen algo para decir sobre los límites y definiciones de una violación.

Qué es violar

Para Inés Hercovich, socióloga y autora del libro El enigma sexual de la violación (Biblos), la violación tiene un doble fondo. El imaginario manda un callejón oscuro, ropas rasgadas y una víctima que pega alaridos de auxilio, pero la realidad rechaza de plano esa escena. Si bien hay casos con algunas de estas características, es muy difícil encontrarlas juntas porque, según su investigación con decenas de mujeres que habían sido violadas (y a las que no les fue muy difícil llegar cuando inició la investigación para el libro preguntando entre amigas y conocidas), la coreografía es mucho más sutil, pensada y, finalmente, macabra y, sobre todo, porque la víctima cuando es sorprendida en un ataque sexual lo único que quiere es que pase lo más rápido posible. “Pero de ninguna manera la víctima es desvalida. Ni siquiera con un niño se impone ese vínculo de indefensión que se pretende creer. La víctima de un ataque sexual tiene herramientas y va a usarlas para salir viva/o de la situación. Pero la sorpresa no es exactamente esa que imaginan las películas: una calle junto a una vía y un desconocido que arriba con una amenaza; la sorpresa viene porque la violación es casi siempre cometida por alguien del círculo íntimo: un compañero de facultad, un amigo, un familiar, la propia pareja... Alguien que sabe que tiene nuestra confianza y en ese descoloque que supone la agresión (ambigua, siniestra) se labra la estrategia que el cerebro manda antes que cualquier intelectualización. Si queremos sobrevivir probablemente no gritemos, sino más bien nos quedemos quietas o mudas, y en muchos casos también nos movamos, finjamos gozar, o le acariciemos la nuca al violador. Y esto no se puede narrar, porque es insoportable o porque deviene en la acusación de la víctima.” A este guión que tantas contaron a Hercovich está la que jugó a ser prostituta de su violador, la que le prometió llamarlo, la que fue a hacer la denuncia con la sangre fría de alguien que quiere hacer justicia y no esa bruma en la que el mundo entero parece querer encajar a la persona que sufre una violación: confundida, errante, cubierta en sangre, incapaz de hilvanar los hechos.

En el caso de Giuliana, este guión se activa cuando ella va a hacer la denuncia con el mismo short que el agresor corrió para violarla y donde finalmente eyaculó. Esa prenda que hoy sirve como prueba es parte del legajo que se abre en el apartado “algo habrá hecho”, porque si hay algo que cae sobre una mujer violada es un prontuario de preguntas, anécdotas del pasado y suspicacias variadas, como las que se despliegan detrás de cualquiera de las notas periodísticas que relata el devenir del caso. Mirando al azar los comentarios de la gente en los medios digitales que se ocupan del hecho, Dany Docampo, por ejemplo, le contesta a una mujer que defiende a Giuliana: “Decime si sería fácil violarte, ¿acaso no te defenderías y lucharías por tu dignidad? (...) ¡Si la chica no tiene marcas de pelea es porque fue consensuada!”. Héctor Hisemberg, indignado, agregó: “¡Es una víctima de la fiesta negra en que se metió!.. ¿O es normal que se vaya a encamar con la pareja a la casa de un amigo, y que mientras se la embocan el amigo ni se despierte? ¡Vamos, papá!”. Yacare Taragui sigue con las ironías: “Pero qué bárbaro, entregó la cucaracha en un lugar donde había tres tipos, qué piba más ubicada. La próxima vez llevate unos veinte tipos, así tenés más para denunciarlos” y Carlos Blüthner va por la teoría del enriquecimiento: “Que quiere obtener indemnización no hay duda. Una persona abusada lo primero que hace es lavarse exactamente la zona abusada, y casualmente la chica llega a su casa y se baña con la bombacha puesta, como para preservar el semen en la vagina. Si eso no es querer preservar las ‘pruebas del delito’ con vistas a una demanda...”, sin mencionar todos los que dicen que esto es una estrategia para arruinar la vida deportiva de los chicos, los que linkean las fotos de G con mucha piel como para reforzar la teoría de la trola y quien no puede creer que alguien tarde tanto tiempo en despertarse. “Cosas de pibes de 19 años, no son violadores”, dice Daniel Zakhour Jury, un comentarista más. Y para sumar agua a este molino, quien escribe escuchó al periodista Mauro Viale decir que, según su experiencia, quien lleva una prenda con material biológico es un calculador entrenado, no una víctima inocente y Crónica llevó a tapa la cara de Giuliana con el título “Fiesta roja en Independiente”. Para Hercovich, quien analiza estos casos cuando aparecen y dice que si bien ha cambiado mucho el panorama desde aquel momento (1997), el estereotipo manda: “El violador debe ser un tipo que está agazapado en un departamento calculando su próximo ataque. Y la verdad es que los hombres bien podrían calzarse una pancarta que diga ‘violadores somos todos’. No porque lo sean, ni en la misma medida y el mismo tenor, pero sí porque tienen habilitada cierta permisividad, los límites que una mujer impone parecen laxos y el mandato de ‘entregar’ en la primera cita es algo que flota en la cabeza de todo el mundo, por no decir de lo que pasa en el interior de una pareja cualquiera, cuando ella no tiene ganas y él avanza igual, signado por esa ceguera que le dijeron que siente un varón cuando quiere penetrar”, dice y respecto de los avances del ’97 a esta parte rescata la información que llega a oídos de chicas como Giuliana, que supo cómo actuar y a quién recurrir. Y un coraje de acero a la hora de exponerse sin titubear para que los responsables se hagan cargo del ataque.


Las marcas ¿indelebles?

Penetrar, entrarle a, meter, violar son los verbos que siguen signando el acto de marcar un cuerpo a tal punto de volverlo herido y con secuelas, como quien tira ácido en la cara de una mujer (el trabajo del fotógrafo Emilio Morenatti sobre quince mujeres paquistaníes desfiguradas da cuenta de ese tipo de agresión con absoluta brutalidad) para volverla irreconocible. El mapa de peligrosidad lo marca la silueta femenina deambulando por el mundo, un día cualquiera, como si mostrarse tan sólo sea un síntoma de provocación y no de mera existencia. El riesgo a ser violadas es inherente al ser mujer: no importa que viajes por el mundo buscando aventuras (como las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni que murieron en Salta el 15 de julio de 2011 en sus vacaciones luego de ser violadas y asesinadas a balazos, y cuyo juicio se está realizando ahora) o te quedes toda tu vida en tu barrio natal, el solo hecho de portar tetas y culo te vuelven un peligro, y ese hecho es prolijamente inculcado a la más que ambigua formación de toda mujercita: tu cuerpo es bello, pero si lo mostrás demasiado pueden violarte y si te violan ya no vas a disfrutar de nada porque la violación es una huella irreversible. “Esa es la otra pata del relato, la que manda que aquella mujer que ha sido violada no se recupera jamás, no vuelve a disfrutar nunca, se debe confinar o entregar a la meditación. Y lo cierto es que muchísimas de las mujeres que conviven con nosotras a diario han sido violadas, lo que deja como obvia conclusión que muchísimos de los varones que vemos y tratamos han violado, pero no se consideran violadores, sólo hicieron eso que evoca la pregunta de Las 12: quebrantaron el no de una mujer, sólo que no se dieron cuenta”, concluye Hercovich. Para la escritora y música feminista Helena Pérez Bellas, “es un sistema de dominación que no fue destrabado y del cual no se habla a menos que sea en las hojas de policiales. Es extraño porque hablamos de todo, del aborto, del sexo libre y de la libertad de elegir qué pareja sexual queremos tener, incluso cuántas, pero no hablamos de que no tenemos la libertad de tomarnos un taxi solas a las 4 de la mañana o salir a buscar algo al kiosco a la medianoche. Es altamente común que los autos pasen haciéndoles luces a las mujeres en la vía pública, desacelerando aún más, como buscando un levante. Cada vez que me hacen eso, lo único que puedo pensar es que se asume que todas somos putas. Y eso no es cuestionar a la mujer que está trabajando en una esquina. Es la posición en la que te colocan. De pasar a estar esperando un colectivo pasás a ser una puta y en el medio no hay nada. Este tipo de cosas me hacen pensar cuáles son los espacios reales de privacidad y realidad que tenemos las mujeres. Porque cada vez son menos y más bien pocos. A tal punto que incluso cuando se viola a una mujer la que debe exponer, explicar e incluso justificar el porqué fue violada es la mujer”. Giuliana tiene pruebas para acreditar que fue violada y un abogado que está actuando con celeridad, tal vez arengado porque el caso saltó a los medios, porque los muchachos acusados (uno de la violación y el otro de encubrirla) ya no tienen demasiado margen para decir que ella “se dejó”, como dijeron al principio. Pero este caso recuerda al de DJ Memo, miembro de los Wachiturros, acusado de abuso sexual que, aun condenado por el hecho, salió del país infringiendo el límite de su pena. El comentario común demandaba a la fan entregada, fácil, embaucadora, que se subió a la camioneta del grupo para provocar y después se le ocurrió acusarlos; a nadie se le ocurrió que las intenciones de la chica no importan, sino que el límite que impuso fue franqueado por la muchachada en banda, segura de su poder y de su fama. “Aparentemente para que te quieran violar, para que te quieran coger, para que te quieran invadir, para que quieran irrumpir en tus espacios, para que te falten el respeto hay que ser linda, y esa belleza tiene que ser exactamente acorde a los parámetros de la sociedad. Entonces dejamos de discutir el hecho de que una no circula con total libertad por la calle, para ver si una es linda o no es linda. ¿Qué hacemos con todo eso? Yo la verdad no sé, sí sé que no tengo problema en admitir que no me tomo un taxi sola a la noche y cuando admito eso no estoy haciendo otra cosa que decir: ¿y esto acaso es normal? ¿A la gente le parece normal que una mujer no confíe en viajar sola con un hombre en un auto a la medianoche? ¿Están conformes los varones con la idea no general y taxativa de que son malos, sino con la idea de que una parte nuestra les tiene miedo? ¿Van a plantearse eso alguna vez’? Yo espero que sí pero no la veo venir”, concluye Bellas, planteando una nueva pregunta para el intercambio.

Fuente: Página 12 -   Por Flor Monfort

miércoles, 15 de mayo de 2013

JAPÓN:" LAS EXCLAVAS SEXUALES FUERON UNA NECESIDAD"


Se calcula que hasta 200.000 mujeres de países ocupados por Japón entre 1910 y 1945 fueron forzadas durante aquellos años en burdeles militares, llamados eufemísticamente "casas del confort". (US National Archive)







El alcalde de Osaka aseguró que las "mujeres de confort" asiáticas que fueron forzadas por el ejército japonés a prostituirse durante la Segunda Guerra Mundial fueron una "necesidad" para mantener la disciplina.

"Cuando los soldados arriesgan sus vidas bajo las balas y hay que ofrecerles reposo en algún lado, está claro que se necesita un sistema de mujeres de confort", dijo el alcalde Tory Hashimoto.

Según la mayor parte de los historiadores, unas 200.000 mujeres asiáticas -principalmente coreanas, chinas y filipinas- fueron convertidas en esclavas sexuales en los prostíbulos militares japoneses.

Las declaración del alcalde de la principal ciudad del oeste de Japón generó reacciones de indignación similares a la que había provocado el año pasado el alcalde de Nagoya (centro) cuando puso en duda la existencia de la masacre de Nankín de 1937 por parte de las tropas niponas, en la que, según China, fueron exterminadas 300.000 personas.

"Nos decepciona profundamente que una personalidad oficial defienda crímenes inhumanos semejantes", declaró a la AFP un portavoz del ministerio surcoreano de Relaciones Exteriores.

"Estamos conmocionados y furiosos", replicó por su lado la portavoz de la cancillería china, Hong Lei. "El futuro de Japón dependerá de la manera en que se enfrente a su pasado", agregó.

Japón ya presentó disculpas por esos "crímenes" pero negó cualquier responsabilidad en el trato que los burdeles reservaban a las mujeres esclavizadas.

El alcalde de Osaka, uno de los dos principales líderes del Partido de la Restauración de Japón, admitió que las mujeres fueron enroladas a la fuerza, pero atribuyó ese hecho a "la tragedia de la guerra".

El secretario general del gobierno, Yoshihide Suga, se negó a comentar las declaraciones del alcalde pero recordó que Japón reconoce los sufrimientos infligidos por Japón a los pueblos vecinos durante la Segunda Guerra Mundial.



(Fuente: Agencias) . DIARIO TIEMPO SUR

viernes, 26 de abril de 2013

APARECIERON MÁS VÍCTIMAS DEL ABUSADOR SERIAL

Ayer se conocieron dos nuevas denuncias contra Miguel Aparicio, quien está sospechado de ser un violador serial que actuaba en Comodoro Rivadavia y Caleta Olivia. Las denunciantes son dos prostitutas que fueron abordadas por un abusador en la calle Rivadavia, una en noviembre del año pasado y la restante en febrero último.





Miguel Angel Aparicio, de 23 años y de oficio masajista, fue detenido el miércoles 17 de abril a la salida de Caleta Olivia, su ciudad de residencia, por una dotación de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Comodoro Rivadavia, sospechado de cometer una seguidilla de abusos sexuales.
Entre los casos que se le sindican figuran los de cuatro mujeres violadas -dos en Caleta Olivia y las otras dos en Comodoro Rivadavia-, así como un quinto caso de una mujer que logró zafar de un intento de abuso en esta ciudad.


Sin embargo, ahora se suman a la causa las denuncias de dos trabajadoras sexuales que relataron a la policía que fueron abusadas por un individuo cuyas características coinciden con las del detenido, lo mismo que su modus operandi y los vehículos en los que se desplazaba.
Hay que recordar que de acuerdo a la investigación policial, se sospecha que Aparicio solía actuar a bordo de un Chevrolet Corsa familiar blanco que fue secuestrado en su vivienda de la calle España, en Caleta Olivia, y en una Renault Kangoo gris, en la que se desplazaba desde esa ciudad hacia Comodoro Rivadavia cuando fue aprehendido. Además, al momento de su detención le incautaron un arma calibre 9 milímetros.
Las dos nuevas denunciantes trabajan brindando servicios sexuales en el sector céntrico de la avenida Rivadavia y una de ellas relató haber sido víctima de un violador el 2 de febrero de este año, cuando fue abordada por un individuo que se desplazaba en un Chevrolet Corsa y que bajo amenazas con un arma la obligó a tener sexo en la zona de El Infiernillo.

NUEVAS VÍCTIMAS
La otra víctima señaló que fue ultrajada en noviembre del año pasado tras ser abordada bajo  la misma modalidad que describieron las demás víctimas. 
Además de los casos ya señalados, la policía investiga un intento de abuso ocurrido en Río Gallegos que también implicaría a Aparicio.  Se trata de una mujer que fue obligada a subirse a una camioneta, pero que se salvó de resultar ultrajada al arrojarse de un vehículo en movimiento, indicaron fuentes de la pesquisa.  

fuente: (Diario Patagónico) - LA OPINIÓN AUSTRAL

jueves, 18 de abril de 2013

RIO GALLEGOS: 21 AÑOS PARA UN VIOLADOR


El 14 de febrero de 2011 una mujer de 50 años fue víctima de una violación, su atacante, para subirla a su auto la atropelló, la subió a la fuerza y le dijo mediante insultos que la llevaría al Hospital, pero mintió, la apuntó con un arma blanca y la llevó a un descampado donde abusó de ella, la ató y la dejó completamente desnuda y se dio a la fuga.
Ayer, por este aberrante hecho Lucas Jonquera, quien ya fue condenado el lunes 15 de abril por el delito de “Lesiones graves” contra una mujer, en un hecho ocurrido el 5 de junio de 2011, a la pena de seis años de prisión en cumplimiento en efectivo, fue condenado nuevamente ayer por los jueces provinciales.



Fallo
Fue el juez Joaquín Cabral quien informó que la Cámara falla, primero: en no hacer lugar al planteo de nulidad efectuado por la defensa técnica, segundo: condenar a Lucas Jorquera por encontrarlo autor penalmente responsable del delito de “Abuso sexual agravado con acceso carnal agravado por el uso de arma”, a la pena de 15 años de prisión en cumplimiento efectivo, tercero: mantener el estado de detención del imputado librando oficio de estilo a las autoridades policiales y cuarto: diferir la unificación de condena conforme en lo dispuesto en los artículos 58 del Código Penal hasta tanto la presente quede firme.

Pruebas
Los jueces condenaron a Jorquera a la pena que solicitó el fiscal de juicio Gabriel Giordano, ya que para él las pruebas contra Jorquera fueron el testigo que presenció la requisa del auto y confirmó que fue encontrado en un descampado, otro testigo que vio cuando la Policía secuestró la uña del interior del vehículo. Pero sin dudas la prueba más fuerte del debate fue la declaración de la víctima y la compatibilidad de la uña con ella.

Relato de la víctima
Jorquera comenzó a ser juzgado el 9 de abril de este año, al no declarar, escuchó junto a los jueces el  testimonio de su víctima quien contó que el 14 de febrero de 2011 caminaba por calle José Ingenieros casi Salta, cuando el condenado manejaba un auto de color rojo: “Me chocó y caí al piso”, tras lo sucedido “él salió del auto, me tomó del brazo y por la fuerza me metió al vehículo, mientras me insultaba”, relató.
Además recordó que “al pasar por el Hospital, me quise bajar, forcejeamos y traté de arrojarme del auto, pero él me lastimó con un elemento de metal que sacó de la guantera”, la víctima se quebró y no pudo contener las lágrimas y angustiada siguió contando que “me inclinó la cabeza para que no pueda ver, por lo que no pude observar como llegamos hasta el lugar”, contó.

Tortura
Una vez allí “me obligó a pasar a los asientos traseros, me hizo sacar la campera, la camisa y los pantalones, para luego atacarme sexualmente”. La víctima dijo que opuso resistencia en todo momento “pero me golpeaba y amenazaba”, señaló.
Tras cometer el hecho su agresor, la bajo del auto, “me ató de pies y manos con mis prendas de vestir, me tapó los ojos y me dijo que hasta que no deje de escuchar el auto no me destape”.
Así fue la declaración de la víctima la que luego fue sustentada por varios testigos, entre ellos el de la oficial de servicio de la Seccional Sexta, quien contó como tomaron conocimiento de lo sucedido y lo que le relató la mujer cuando la trasladaba al nosocomio.
   
Asistencia
La oficial declaró y dijo que tomó conocimiento de lo sucedido cuando le informaron desde el Comando que necesitaban presencia policial en la intersección de las calles Peñaloza y Maradona, más precisamente atrás del boliche Ibiza, debido a que se encontraba una mujer semidesnuda y con lesiones sangrantes en su cuello, junto a dos hombres, quienes fueron los que encontraron a la mujer cuando se iban a trabajar.
Siguió manifestando que al momento de ser trasladada al Hospital la víctima le relató que cuando caminaba por la calle José Ingenieros a la altura de la calle Salta, fue embestida por un auto conducido por un hombre, quien le adujo que la trasladaría al Hospital, pero la llevó a otro lugar donde abusó sexualmente de ella y luego la dejó abandonada.

Informes médicos
Tanto el fiscal para solicitar la pena y los jueces para dictar el fallo tomaron en cuenta el informe médico realizado por la doctora Contreras, quien dejó constancias de las numerosas lesiones que presentó la víctima, entre las que se destacan el examen ginecológico, además fue la doctora quien dejó acreditado que la uña del dedo pulgar y meñique de la mano derecha de la víctima estaban quebradas.
En este contexto, explicó que se le quebraron las uñas, porque trató de evitar el hecho y por ello se determinó que fueron lesiones de defensa, por otro lado la herida cortante en el cuello fue producida por un elemento con filo. Para finalizar su informe la profesional concluyó diciendo que “existió ejercicio violento de la sexualidad”.

Pena impuesta
Para aplicar la pena acorde y justa para el caso, los jueces tuvieron en cuenta las pautas mensurativas de los artículos 40 y 41 del Código Penal, tomando en consideración la naturaleza de la acción, los medios utilizados para ejecutarla, el daño y el peligro causado, las condiciones personales, sociales y familiares del imputado, la edad del mismo, su educación y especialmente su conducta frente al delito.
Además consideraron como agravante la conducta temeraria del condenado, porque atropelló a su víctima, fingió socorrerla tratando de aprovechar el descuido de la misma y la obligó a subirla a su auto, le ató las manos y pies con su ropa, todo esto le demostró a los jueces que no tuvo ningún freno en su actuar al ver que era una mujer de 50 años, que estaba yendo al Hospital a atenderse por su delicado estado de salud, todas estas circunstancias tuvieron los letrados para imponer la condena justa.

Condena anterior
El 05 de junio de 2011 una joven fue encontrada tirada en el ingreso del barrio San Benito, con heridas superficiales en su cuerpo. Su atacante, Lucas Jonquera, se dio a la fuga pero fue detenido días después de haber cometido el hecho.
El lunes 15 de abril los jueces reanudaron la audiencia y lo condenaron a seis años de prisión efectiva, manteniendo su lugar de detención, por el delito de “lesiones graves”.   
Tampoco hicieron lugar al pedido de nulidad solicitado por la defensa y lo absolvieron por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de arma”, la calificación de la pena debió ser cambiada dado a que el testimonio de la víctima era fundamental, pero no fue encontrada. Para la Justicia ambos casos estuvieron relacionados.

FUENTE: TIEMPO SUR 

martes, 16 de abril de 2013

RIO TURBIO: DOS MUJERES DENUNCIARON HABER SIDO VIOLADAS.


(Corresponsal) El domingo después de las 6 de la madrugada, se acercó una joven de 19 años a la Comisaría de Río Turbio para denunciar una violación. ( VIOLENCIA SEXUAL).
El comisario de esta dependencia, Emilio Ruiz, dijo al respecto: “Hubo en realidad dos hechos similares, los dos de instancia privada. El primero sucedió el domingo a la madrugada en el B° Santa Cruz y, otro, ayer por la tarde en el B° Los Pinos de la ciudad de Río Turbio”.



Según se pudo constatar, la muchacha del barrio Santa Cruz, estaba saliendo de su casa cerca de las 03:30 am, cuando fue abordada por un sujeto que “era su vecino”. Éste la habría obligado a ingresar nuevamente a la vivienda llevándola a uno de los dormitorios donde al parecer la despojó de sus prendas consumando el hecho. Luego del acto, el sujeto  emprendió la rápida huida de la casa. Transcurridas 3 hs., la joven se presentó en la dependencia  radicando la denuncia.
Inmediatamente se dio intervención al Juzgado de Instrucción de turno Nº 1 de esta localidad, donde se ordenó que se activaran las medidas de protocolo para la asistencia a la víctima, quien fue llevada por personal policial al hospital donde fue asistida por los médicos forenses. Éstos llevaron a cabo todos los exámenes correspondientes para determinar si hubo o no acceso carnal, hecho que al parecer sí habría ocurrido. La joven habría sido penetrada, por lo que desde la sede judicial se estableció la rápida detención del sujeto.

Detención

Los uniformados comenzaron a buscar al sujeto, de quien ya tenían algunos datos que fueron brindados por parte de la víctima.
Cerca de las 17:00 de ayer se logró detener al sujeto, quien fue trasladado a la dependencia.
Una vez allí se procedió a su correspondiente identificación, por lo que se pudo saber que tendría 29 años de edad.
Por determinación del Juzgado interviniente el sujeto permanece detenido en carácter de incomunicado hasta que sea indagado por el magistrado.

Dos casos de Instancia Privada

Desde la comisaría de Río Turbio, Ruiz manifestó: “el segundo caso se recepcionó una denuncia de similar situación, ayer lunes, se trata de una persona mayor de edad y el autor fijo domicilio, también ocurrió en una vivienda particular. Únicamente la persona del primer hecho (barrio Santa Cruz) está detenido, la otra persona denunciada (barrio Los Pinos) debido a sospechas fijo únicamente domicilio”.

FUENTE: TIEMPO SUR