lunes, 25 de agosto de 2014

VIOLENCIAS INVISIBLES

Después de todos estos meses, y gracias al apoyo con una red de contención familiar y psicológica, Natalia empieza a reconocer el proceso que vivió tras la separación –principalmente, la negativa a pagar la cuota alimentaria– como una forma de violencia. “Es algo que ya venía sucediendo, donde cobra otras dimensiones. En nombre del amor administraba todos mis sueldos. Tenía todas mis claves. Eso es violencia.”




En la misma línea, Graciela González, directora del Departamento de Prevención de la Violencia y el Abuso Sexual de la Asociación de Psicología de Buenos Aires (APBA), dice que se debe encuadrar estos casos en violencia de género y maltrato infantil. A pesar de las distintas leyes sancionadas en las últimas décadas, dice, “hemos llegado a 2014 y aún no podemos garantizar que las cuotas alimentarias sean abonadas, ya que existe un incumplimiento de aproximadamente un 70 por ciento, por lo cual los niños/as se ven sometidos a un estado económico inferior al previo”.

“Esta forma de violencia hacia los niños/as es ejercida generalmente por un padre que se desentiende de sus hijos/as cuando se separa de la madre. Si han considerado a su ex pareja como un objeto de su ‘propiedad, aparentan no visualizar a los hijos/as como comunes, sino que los adscriben solamente a la madre, con quien ya no tienen relación. Por ende, los chicos/as ya no existen para ellos. Esta conducta parece estar en relación con los típicos ‘celos’ de los violentos que no toleran la relación madre/bebé, pues los excluye”, explica.

Para González, “este tipo de violencia económica y patrimonial no afecta solamente a las mujeres sino también a los niños/as y termina convirtiéndose en violencia institucional porque desde la Justicia no se toman las medidas que aseguren la salud, seguridad y/o bienestar emocional del niño/a”.

¿Siempre hablamos de violencia? Muchas veces los hombres se escudan en que las mujeres no van a saber administrar o en que ponen sus gastos en los de los chicos. “O también casos razonables que tienen que ver con la realidad de que separarse es caro, tenés que mantener dos casas, porque lo cierto es que el papá tiene que alquilar, tener un lugar donde puedan pasar los chicos el tiempo acordado y eso también es plata. Es una realidad que cuesta caro”, dice la abogada Leticia Kabusacki.

El mito que subyace es que ella se va a enriquecer con la separación, y en la mayoría de los casos los dos se hacen más pobres, pero más ellas que ellos.

Guillermo Vilaseca, licenciado en Psicología que trabaja con grupos de varones, comenta que ve a hombres que al separarse pierden de vista que “la separación es en relación con la pareja pero que el vínculo con el que se han comprometido al tener un hijo es para toda la vida, así como veo a mujeres que deciden unilateralmente tener un hijo involucrando a un varón en un proyecto para toda la vida sin su consentimiento pleno”. Para Vilaseca, “sin duda las maneras en que cada varón dialoga con el mandato de ser el proveedor será determinante en sus decisiones y acciones en este dominio. También se jugarán las maneras de concebir el tema que su pareja tenga al respecto”. “Una pareja que decide separarse no ha encontrado la manera de tramitar los conflictos con los que la vida los ha enfrentado, por lo que no sería extraño que en las zonas de tensión, como es el tema del sustento de los hijos así como lo que cada uno considera que es adecuado al respecto, no se entiendan fácil ni lleguen a un acuerdo”, sintetiza. Lo que muchas veces “ubica a los niños en el lugar de elementos para la pelea sin ver el daño que se les genera”.

Fuente. Página 12 - por Sonia Santoro.-

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