lunes, 20 de agosto de 2018

LA REALIDAD CONCRETA QUE INTERPELA A LOS CONCEPTOS

Título original: Los conceptos que nos faltan


A diferencia de los pájaros, los seres humanos vuelan con raíces. Parte de las raíces están en los conceptos que hemos heredado para analizar o evaluar el mundo en el que vivimos. Sin ellos, el mundo parecería caótico, una incógnita peligrosa, una amenaza desconocida, un viaje insondable. Los conceptos nunca retratan exactamente nuestras vivencias, ya que estas son mucho más diversas y variables que las que sirven de base a los conceptos dominantes. Estos, al fin y al cabo, son los conceptos que sirven a los intereses de los grupos social, política, económica y culturalmente dominantes, aunque matizados por las modificaciones que van introduciendo los grupos sociales que resisten a la dominación. Estos últimos no siempre recurren exclusivamente a estos conceptos. Muchas veces disponen de otros que les resultan más próximos y verdaderos, pero que reservan para el consumo interno. 

Sin embargo, en el mundo de hoy, surcado por tantos contactos, interacciones y conflictos, no pueden dejar de tener en cuenta los conceptos dominantes, a riesgo de ver sus luchas aún más invisibilizadas o más cruelmente reprimidas. Por ejemplo, los pueblos indígenas y los campesinos no disponen del concepto de medio ambiente porque este refleja una cultura (y una economía) que no es la suya. Solo una cultura que separa en términos absolutos la sociedad de la naturaleza para poner esta a disposición incondicional de aquella, necesita tal concepto para dar cuenta de las consecuencias potencialmente nefastas (para la sociedad) que pueden resultar de dicha separación. En suma, solo una cultura (y una economía) que tiende a destruir el medio ambiente necesita el concepto de medio ambiente.

En verdad, ser dominado o subalterno significa ante todo no poder definir la realidad en términos propios, sobre la base de conceptos que reflejen sus verdaderos intereses y aspiraciones. Los conceptos, al igual que las reglas del juego, nunca son neutros y existen para consolidar los sistemas de poder, sean estos viejos o nuevos. Hay, sin embargo, períodos en los que los conceptos dominantes parecen particularmente insatisfactorios o imprecisos. Se les atribuyen con igual convicción o razonabilidad significados tan opuestos, que, de tan ricos de contenido, más bien parecen conceptos vacíos. Este no sería un problema mayor si las sociedades pudieran sustituir fácilmente estos conceptos por otros más esclarecedores o acordes con las nuevas realidades. 

Lo cierto es que los conceptos dominantes tienen plazos de validez insondables, ya sea porque los grupos dominantes tienen interés en mantenerlos para disfrazar o legitimar mejor su dominación, bien porque los grupos sociales dominados o subalternos no pueden correr el riesgo de tirar al niño con el agua de bañarlo. Sobre todo cuando están perdiendo, el miedo más paralizante es perderlo todo.
 Pienso que vivimos un periodo de estas características. Se cierne sobre él una contingencia que no es el resultado de ningún empate entre fuerzas antagónicas, lejos de eso. Más bien parece una pausa al borde del abismo con una mirada atrás.

Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados. Su arrogancia y ostentación no tienen límites. Sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen, un deseo incontenido de prevenir todos los riesgos y de tener pólizas de protección contra ellos. 

En el fondo, sospechan ser menos definitivamente vencedores de la historia como pretenden, ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica. Esta fragilidad perversa, que los corroe por dentro, los hace temer por su seguridad como nunca, imaginan obsesivamente nuevos enemigos, y sienten terror al pensar que, después de tanto enemigo vencido, son ellos, al final, el enemigo que falta vencer.

Por su parte, los grupos dominados nunca se sintieron tan derrotados como hoy, las exclusiones abisales de las que son víctimas parecen más permanentes que nunca, sus reivindicaciones y luchas más moderadas y defensivas son silenciadas, trivializadas por la política del espectáculo y por el espectáculo político, cuando no implican riesgos potencialmente fatales. Y, sin embargo, no pierden el sentido profundo de la dignidad que les permite saber que están siendo tratados indigna e inmerecidamente. Días mejores están por llegar. No se resignan, porque desistir puede resultar fatal. Sienten que las armas de lucha no están calibradas o no se renuevan hace mucho; se sienten aislados, injustamente tratados, carentes de aliados competentes y de solidaridad eficaz. Luchan con los conceptos y las armas que tienen pero, en el fondo, no confían ni en unos ni en otras. Sospechan que mientras no tengan confianza para crear otros conceptos e inventar otras luchas correrán siempre el riesgo de ser enemigos de sí mismos.




Al igual que todo lo demás, los conceptos también están al borde del abismo y miran atrás. Menciono, a título de ejemplo, uno de ellos: derechos humanos.




DDHH

En los últimos cincuenta años, los derechos humanos se transformaron en el lenguaje privilegiado de la lucha por una sociedad mejor, más justa y menos desigual y excluyente, más pacífica. Tratados y convenciones internacionales existentes sobre los derechos humanos se fueron fortaleciendo con nuevos compromisos en el ámbito de las relaciones internacionales y del derecho constitucional, al mismo tiempo que el catálogo de los derechos se fue ampliando a fin de abarcar injusticias o discriminaciones anteriormente menos visibles (derechos de los pueblos indígenas y afrodescendientes, mujeres, LGTBI; derechos ambientales, culturales, etcétera). Movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales se multiplicaron al ritmo de las movilizaciones de base y de los incentivos de instituciones multilaterales. En poco tiempo, el lenguaje de los derechos humanos pasó a ser el lenguaje hegemónico de la dignidad, un lenguaje consensual, eventualmente criticable por no ser lo suficientemente amplio, pero nunca impugnable por algún defecto de origen. Cierto que se fue denunciando la distancia entre las declaraciones y las prácticas, así como la duplicidad de criterios en la identificación de las violaciones y en las reacciones contra ellas, pero nada de eso alteró la hegemonía de la nueva cultura oficial de la convivencia humana. Cincuenta años después, ¿cuál es el balance de esta victoria?



¿Vivimos hoy en una sociedad más justa y pacífica? Lejos de eso, la polarización social entre ricos y pobres nunca fue tan grande; guerras nuevas, novísimas, regulares, irregulares, civiles, internacionales continúan siendo entabladas, con presupuestos militares inmunes a la austeridad y la novedad de que mueren en ellas cada vez menos soldados y cada vez más poblaciones civiles inocentes: hombres, mujeres y, sobre todo, niños . 





Como consecuencia de esas guerras, del neoliberalismo global y de los desastres ambientales, nunca como hoy tanta gente fue forzada a desplazarse de las regiones o de los países donde nació, nunca como hoy fue tan grave la crisis humanitaria. Más trágico todavía es el hecho de que muchas de las atrocidades cometidas y de los atentados contra el bienestar de las comunidades y los pueblos se perpetran en nombre de los derechos humanos.

El dilema: repensar los DDHH, para qué, para quién.

Por supuesto que hubo conquistas en muchas luchas, y muchos activistas de los derechos humanos pagaron con la vida el precio de su entrega generosa. ¿Acaso yo mismo no me consideré y me considero un activista de los derechos humanos? ¿Acaso no escribí libros sobre las concepciones contrahegemónicas e interculturales de los derechos humanos? A pesar de eso, y ante una realidad cruel que únicamente no salta a la vista de los hipócritas, ¿no será tiempo de repensar todo de nuevo? Al final, ¿de qué y de quién fue la victoria de los derechos humanos? ¿Fue la derrota de qué y de quién? ¿Habrá sido coincidencia que la hegemonía de los derechos humanos se acentuó con la derrota histórica del socialismo simbolizada en la caída del Muro de Berlín? Si todos concuerdan con la bondad de los derechos humanos, ¿ganan igualmente con tal consenso tanto los grupos dominantes como los grupos dominados? ¿No habrán sido los derechos humanos un artificio para centrar las luchas en temas sectoriales, dejando intacta (o hasta agravada) la dominación capitalista, colonialista y patriarcal? ¿No se habrá intensificado la línea abisal que separa a los humanos de los subhumanos, sean estos negros, mujeres, indígenas, musulmanes, refugiados o inmigrantes indocumentados?

Si la causa de la dignidad humana, noble en sí misma, fue entrampada por los derechos humanos, ¿no será tiempo de desarmar el engaño y mirar hacia el futuro más allá de la repetición del presente? Estas son preguntas fuertes, preguntas que desestabilizan algunas de nuestras creencias más arraigadas y de las prácticas que señalan el modo más exigentemente ético de ser contemporáneos de nuestro tiempo.




La interpelación a los conceptos que ¿Dignifican a lxs humanxs? 

Son preguntas fuertes para las cuales solo tenemos respuestas débiles. Y lo más trágico es que, con algunas diferencias, lo que ocurre con los derechos humanos sucede también con otros conceptos igualmente consensuales. Por ejemplo, democracia, paz, soberanía, multilateralismo, primacía del derecho, progreso. Todos estos conceptos sufren el mismo proceso de erosión, la misma facilidad con la que se dejan confundir con prácticas que los contradicen, la misma fragilidad ante enemigos que los secuestran, capturan y transforman en instrumentos dóciles de las formas más arbitrarias y repugnantes de dominación social. ¡Tanta inhumanidad y chauvinismo en nombre de la defensa de los derechos humanos; tanto autoritarismo, desigualdad y discriminación transformados en normal ejercicio de la democracia; tanta violencia y apología bélica para garantizar la paz; tanto pillaje colonialista de los recursos naturales, humanos y financieros de los países dependientes, con el respeto meramente protocolario de la soberanía; tanta imposición unilateral y chantaje en nombre del nuevo multilateralismo; tanto fraude y abuso de poder bajo el ropaje del respeto a las instituciones y el cumplimiento de la ley; tanta destrucción arbitraria de la naturaleza y de la convivencia social como precio inevitable del progreso!


 Nada de esto tiene que ser inevitablemente así para siempre.

 La madre de toda esta confusión, inducida por quien se beneficia de ella, de toda esta contingencia disfrazada de fatalismo, de toda esta parada vertiginosa al borde del abismo, reside en la erosión, bien urdida en los últimos cincuenta años, de la distinción entre ser de izquierda y ser de derecha, una erosión llevada a cabo con la complicidad de quienes más son perjudicados por ella. Por vía de esa erosión desaparecieron de nuestro vocabulario político las luchas anticapitalistas, anticolonialistas, antifascistas, antiimperialistas. Se concibió como pasado superado lo que al final era el presente, más que nunca determinado a ser futuro. En esto consistió estar en el abismo y mirar atrás, convencido de que el pasado del futuro nada tiene que ver con el futuro del pasado. Es la mayor monstruosidad del tiempo presente.

Fuente: Página 12 - Por Bounaventura de Santos Sousa*

* Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (Portugal). Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN LA PAMPA: FISCAL PIDIÓ ENJUICIAR POR ABUSOS SEXUALES

Título original: Subzona14 III: Fiscal pidió enjuiciar a imputados por abusos sexuales






El responsable de la Fiscalía Federal de Santa Rosa, Leonel Gómez Barbella, requirió la elevación a juicio parcial a siete imputados en la investigación por diversas privaciones ilegítimas de libertad, seguidas de cautiverios y aplicación de tormentos y vejaciones, en perjuicio de 196 personas, cometidos en centros clandestinos de detención que operaron en el ámbito de la Subzona 1.4 del Ejército, entre 1975 y 1982, en la provincia de La Pampa. Cuatro de los imputados están acusados, también, de haber abusado sexualmente de detenidas y detenidos.

En su requerimiento, el representante del Ministerio Público Fiscal solicitó el enjuiciamiento de Néstor Greppi -excoronel del Ejército quien cumplió el rol de secretario general de la Gobernación entre marzo de 1976 y enero de 1977-, Luis Enrique Baraldini –exmayor del Ejército quien prestó funciones, entre marzo de 1976 y hasta noviembre de 1979, como jefe de la Policía de La Pampa-, Jorge Omar De Bartolo –excapitán del Ejército y responsable de la Sección Logística (S4) del Destacamento de Exploración de Caballería Blindada 101, de Toay, durante 1976-, Roberto Oscar Fiorucci –comisario de la Policía de La Pampa y Jefe de Informaciones del “Grupo de Trabajo” de la Subzona 1.4-, Carlos Roberto Reinhart –excomisario retirado e integrante del “grupo de trabajo” de la Subzona 1.4.-, Gerardo José Jáuregui –exmayor, jefe de la Sección Operaciones (S3) del Destacamento 101- y Humberto Riffaldi –excomisario retirado y jefe del Departamento de Informaciones de la policía pampeana, entre marzo de 1976 y enero de 1981, cuando comenzó a desempeñarse como como Jefe del Departamento de Operaciones de dicha fuerza policial-.

Todos ellos habrían participado en sucesivas detenciones ilegales, seguidas por el cautiverio y aplicación de tormentos y vejaciones –mediante el accionar conjunto y coordinado militar y policial- de ciudadanos acusados de participar en actividades “subversivas”, quienes eran trasladados a distintos centros clandestinos de detención que funcionaron en la comisaría Seccional Primera, la Brigada de Investigaciones, la Jefatura de Policial, la comisaría Seccional Segunda –de la ciudad de Santa Rosa-, la Comisaría Primera de General Pico, la Comisaría y en el Puesto Caminero de Jacinto Araúz, y la Comisaría de Catriló, la Delegación Local de la Policía Federal Argentina -con sede en Santa Rosa- el Destacamento de Exploración y Caballería Blindada N° 101 Libertador Simón Bolívar del Ejército Argentino y las unidades carcelarias N°4 y N°13 del Servicio Penitenciario Federal

Así, en base a los diversos testimonios y pruebas recabadas en la investigación, el fiscal Gómez Barbella consideró que Jáuregui y De Bartolo debían ser enjuiciados como coautores del delito de asociación ilícita, y coautores mediatos de los delitos de privación ilegal de la libertad en su carácter de funcionario público en concurso real con imposición de tormentos. 




Asimismo, en relación a Greppi, Baraldini, Fiorucci y Reinhart solicitó que fueran sometidos a juicio como coautores mediatos de privación ilegal de la libertad cometida por funcionario público agravada por haberse cometido con violencias o amenazas, en concurso real con imposición de tormentos y abuso sexual deshonesto con acceso carnal.

Finalmente, pidió el enjuiciamiento de Riffaldi como, coautor de privación ilegal de la libertad cometida por funcionario público agravada por haberse cometido con violencias o amenazas y con una duración de más de un mes.

La investigación continúa ante el Juzgado Federal de Santa Rosa. El pedido de elevación a juicio del Ministerio Público Fiscal fue parcial, ya que todavía queda por analizar la responsabilidad de otros veintiséis implicados en la privación ilegal de libertad, secuestros y torturas de 33 personas que se manifestaban, el 22 de enero de 1975, dentro de la Unidad Tecnológica Nacional de General Pico.

Fuente: Diario Textual.com

martes, 14 de agosto de 2018

Alberto Kornblihtt en Diputados Genetista y panelista [IVE]

ARGENTINA: OTRA MUERTE POR ABORTO CLANDESTINO

Título original: Una muerte anunciada

El Colectivo Ni Una Menos y decenas de organizaciones se convocaron frente a la Casa de la Provincia de Buenos Aires para hacer duelo colectivo por el fallecimiento de la joven.




La historia de Elizabeth --la familia pidió llamarla así y no Liz-- no está clara, aunque el médico del Hospital Belgrano, en San Martín, Alberto Santorio, dijo que tenía 24 años y que llegó a ese centro de salud con una infección que no se pudo frenar a pesar de la histerectomía -amputación del útero- de urgencia que mereció un traslado a otro hospital, en Pacheco, donde falleció. Es que la terapia intensiva de San Martín está desmantelada y no podían atenderla.

En estas pocas líneas la crónica de una muerte anunciada por los antiderechos que tienen nombre y apellido en los 38 senadores y senadoras que miraron para otro lado frente a la demanda de aborto legal, que se excusaron en sus convicciones como si la representación que les da el voto fuera para pensar por si mismos. Y tiene el nombre y apellido de las autoridades que diciendo que salvan a las dos vidas provocaron con su hipocresía una muerte más: María Eugenia Vidal, es una de ellas, la gobernadora del territorio donde murió Elizabeth, donde el mismo día ocho niños quedaron internados después de otra explosión en una escuela, esta vez en Vicente López. Vidal, la que sintió alivio después del revés en el Senado para el derecho de las mujeres y personas gestantes a decidir sobre sus cuerpos y sus planes vitales. Gabriela Michetti es otra, la que festejó a micrófono abierto el rechazo de la ley de Aborto Legal con un “vamos todavía” que laceró los oídos de quienes habían resistido todo el día en la calle y bajo la lluvia para que se escuche que aborto legal es vida. Vidas que tienen nombre e historia, como la de Elizabeth.

El rechazo a la ley de Aborto Legal, la decisión de conservar una legislación que ya envejeció un siglo, los argumentos que dieron los que votaron por el no, fueron violentos por su escasa capacidad de poner en juego algo más que dogmas inútiles porque mal que le pese al Senado, en Argentina el aborto ya es legal por causales. Entonces no se trata de si hay vida o no en un embarazo de 12 ó 14 semanas, se trata de impedir que las decisiones libres. Se trata de evitar que podamos poner en juego nuestro deseo a la hora de ser madres o padres. Se trata de mantener enajenadas de su autonomía a las mujeres y las personas con capacidad de gestar.

La indignación no se contiene, el dolor tampoco; el movimiento feminista pasó meses en la calle y en cada lugar disponible ofreciendo datos, argumentos, historias de vida. Se generó una sensibilidad que hace de este duelo un duelo colectivo y de la indignación necesidad de ponerla en acto. Temprano en la mañana, una corriente de furia agitó las redes en que las feministas interactúan, esas cocinas virtuales donde no se cumple el mandato del confinamiento doméstico si no que se detiene, se para ese mandato para volcarnos a la calle, para hacer de los cuerpos cuerpo y voz colectiva. Así surgió la idea de ir a cada Casa de la Provincia de Buenos Aires, en la Capital de la Nación y en cada provincia, a decir qué significa el alivio personal de una gobernadora y la presión que ejerció la Iglesia para conservar su poder colonial sobre nuestro país y toda la región latinoamericana que también se levantó para demandar por el derecho a decir: significa vidas que se pierden por abortos clandestinos. Muertes evitables frente a las que el Estado se muestra indiferente y se convierten en feminicidos de Estado.

El Colectivo Ni Una Menos y decenas de organizaciones se convocan hoy a las 18 en Callao 237, frente a la sede local de la Casa de la provincia de Buenos Aires. Ahí prenderán velas y desde ahí se acompañará a la familia que Elizabeth dejó huérfana. La calle sigue hablando, exigiendo, movilizada, haciendo casa feminista del asfalto, tendiendo redes de cuidado para que ninguna más se encuentre en la encrucijada de tener que abortar de cualquier manera. Porque abortar, abortamos desde el principio de la humanidad y lo vamos a seguir haciendo, se trata de nuestra libertad y a la libertad se la persigue, incluso a costa de la vida. Para la calle ya es ley, se dijo cuando se rechazó la media sanción de la Cámara Baja en el Senado, pero eso no alcanza: se necesita llegar a todas, a todes. Y esa es la responsabilidad del Estado.

Fuente: Página 12 - Por Marta Dillón

domingo, 12 de agosto de 2018

TEORÍA Y PRÁCTICA DEL CONSENTIMIENTO


Para lograr un cambio cultural, se invirtió la lógica: no basta con que nadie diga que no, todos tienen que decir que sí. Las críticas y el objetivo de eliminar el abuso ante estados vulnerables de las víctimas.






“El sexo debe ser voluntario. Si no, es ilegal”, apuntó el ministro de Justicia de Suecia, Morgan Johansson, sobre la nueva ley de consentimiento sexual a la que describió como “basada en lo obvio”. La norma redefine jurídicamente el concepto de violación: desde ahora en adelante no será un requisito que el agresor haya utilizado violencia, amenazas o que se haya aprovechado un estado particularmente vulnerable de la víctima. “La pasividad ya no podrá ser leída como un sí”, así lo afirma la nueva legislación, que tiene el visto bueno de Amnistía Internacional y que contempla como requerimiento principal que los involucrados en el acto sexual hayan dado su consentimiento explícito. 
Mientras algunas voces argumentan que se trata de una ley casi imposible de implementar, otras dicen que, lejos de las interpretaciones literales, lo que busca es una transformación cultural. Diferentes activistas y juristas coinciden en que no habrá grandes cambios en la práctica procesal: “es posible que no altere demasiado la dificultad que hoy conlleva probar en un juicio que hubo una violación. El valor de esta ley está en el plano simbólico”, le dijo a este diario Nathan Hamelberg, referente de la organización MÄN. Hamelberg, cuyas investigaciones giran en torno a los jóvenes suecos y las nuevas masculinidades, aporta un ejemplo: “En este país se prohibieron los castigos físicos contra los niños en 1979. Y en ese momento surgieron controversias similares. ¿Por qué el Estado se metía en algo tan íntimo? Y sin embargo quedó demostrado que la ley era un correlato de un cambio cultural en curso”. Lo más importante, señala Hamelberg, 


“es lo que nos está diciendo sobre qué entiende una sociedad por consentimiento sexual. Ahora vas a tener que prestar atención a las señales del otro. Si es una persona que no conocés mucho, vas a tener que ser más cuidadoso. Y si no queda claro, ¿por qué no preguntarle directamente?


Existe un tabú, que supongo se lo debemos en parte a Disney, de que no se puede hablar directamente del consentimiento y que todo se tiene que basar en presunciones, guiños y miradas románticas”.

Ante las críticas que alertan sobre la dificultad de llevar a la práctica la nueva letra de la ley, Elin Sundin –al frente de la organización Fatta, una de las más activas impulsoras de este nuevo paradigma– asegura que nada indica que se vaya a trasladar la carga de la prueba al acusado: “Nadie habla de establecer un contrato previo. Ni de que una persona va a ser culpable por el solo hecho de ser acusada. Las pruebas van a seguir siendo las mismas. Y en la mayoría de los casos, como en este tipo de delitos es muy difícil conseguir pruebas y testigos, va a ser la palabra de uno contra la de otro. Lo que esperamos es que haya una mirada diferente por parte de la Justicia” (ver recuadro). 

También están quienes sugieren que tal vez sólo sea un cambio cosmético y políticamente correcto, y le critican a la nueva normativa la centralidad que le da al testimonio de la víctima. “Se supone que un proceso legal es un diálogo en el que se presentan pruebas, pero cuando empezás a enfocarte en un concepto normativo (y probablemente subjetivo) que sería hasta qué punto la víctima decidió libremente, se pierde el enfoque en las acciones del perpetrador y sus intenciones”, analiza Mayra Ahbeck Ohrman, activista feminista sueca. 

“Otro miedo que circula es que podría pasar que sean las víctimas las que tengan que demostrar que dieron su consentimiento. Hay elementos que no están claros y sólo podremos ver realmente cómo funciona a partir de que surjan los primeros juicios”, advierte Ahbeck Ohrman. 

En Suecia, el número de personas que denunciaron haber sido víctimas de delitos sexuales casi se triplicó desde 2012: pasó del 0,8 por ciento de la población adulta, al 2,4 por ciento en 2016. Sin embargo, solo el 10 por ciento dijo haber hecho la denuncia policial. El Protocolo de Estambul, una guía de estándares internacionales para investigar casos de tortura presentada ante la ONU en 2009, brinda el marco legal más completo para abordar la violencia sexual contra las mujeres y recomienda “prohibir todos los actos sexuales no consensuales”. Sin embargo, la mayoría de los países europeos que firmaron no adhieren a esa definición de violación. Sólo nueve países europeos, incluidos Alemania y Reino Unido, clasifican la violación como sexo sin consentimiento, independientemente de que se pueda probar que hubo violencia. 

¿Y por casa?

La ley argentina tipifica los casos de abuso sexual con amplio espectro. Considera que ha habido abuso sexual tanto cuando hay violencia física, psicológica, coacción y amenazas como ante la ausencia de consentimiento en la víctima. También se incluye dentro de este delito cualquier actividad sexual con una persona menor de 13 años, independientemente del consentimiento. “En los últimos años ha cambiado lo que las mujeres identifican como abuso sexual. Cambió la mirada, entonces aparecen muchas más denuncias, por ejemplo, de violaciones dentro del matrimonio”, subraya Mariela Labbozzetta, titular de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) del Ministerio Público Fiscal de la Nación. El gran problema, sigue Labbozzetta, es cómo hacer para conseguir pruebas de este tipo de delitos, que ocurren muchas veces entre cuatro paredes: “Desde la UFEM proponemos tomar en cuenta el testimonio único de la víctima. En los casos de crímenes cometidos en cautiverio aparecía esta misma encrucijada: ¿cómo probar sin testigos? Entonces, adquiere mucha fuerza la prueba testimonial. Proponemos trasladar esa idea a los casos de abuso sexual. En el Código Penal está muy claro: si no hay consentimiento, hay violación, pero igualmente se dan todo tipo de interpretaciones. O bien el Estado decide mirar para otro lado, o se empieza a tomar una actitud distinta ante estos casos a partir de esta nueva regla de interpretación probatoria”. Continúa Labbozzetta: “este marco nunca implica invertir la carga de la prueba. Siempre el Estado tiene que probar que el acusado es culpable. El problema es que el sistema judicial suele descreer de las víctimas de violaciones. Lo curioso es que a nadie se le ocurre poner en duda el testimonio de alguien que denuncia por ejemplo un robo automotor.”

FUENTE: Página 12 - Por Dolores Curia

martes, 7 de agosto de 2018

CINCO MUJERES LUCHADORAS BAHIENSAS



foto: Twitter de María Gisela Estremador


¿ Existe la libertad de expresión en la Argentina Actual? NO.Claro que no. 
¿ Las mujeres somos perseguidas en la Argentina Actual?. SI, claro que si.
¿ Sabes que pasa? nos están matando** y este gobierno no está haciendo nada, ni siquiera reacciona. ACCIONA.

Mañana no es un día cualquiera en nuestro país: está en manos de lxs senadorxs que se promulgue la ley de LEGALIZACIÓN DEL ABORTO.



 No queremos más mujeres muertas por abortos clandestinos. Son las desposeídas, las vulnerables,  las sin dientes, sin pan, ni techo, ni comida, ni leche para dar a sus críos.Las que no pudieron acceder al circuito educativo, las que varios gobiernos " ningunearon", las olvidadas. Si. De esas de hablo. De Ellas, a ellas, por ellas hablo, escribo, grito y lucho.

Porque el Estado las abandonó, las olvidó, las invisibilizó, ellas siguen muriendo por abortos clandestinos realizados como pueden, con lo que pueden, con un denominador común : MIEDO, DOLOR, SUFRIMIENTO. Olor a muerte dicen algunxs.

Nadie les enseñó " a cuidarse", habitan lugares inhóspitos, entre los algarrobales, los esteros, la tierra abierta por las sequías, rodeadas de espinillas y mata negras. Y junto a ellas, sus críos. Si, de ellas. Porque en su gran mayoría están solas. Ellas y el mundo, ellaS y la subsistencia diaria para sus crías. Ellas y el miedo; ellas y su ignorancia; ellas y el deseo y el placer que las envuelve y que no les he permitido vivirlo, gozarlo. Ellas entre la nieve o el sol como fuego. Así como ese Estado, que las "congela"  - como la nieve - o las "derrite" como ese sol terriblemente abrasador.

Por ellas luchamos, porque en cada una de ella estamos quienes no bajamos los brazos a pesar de las acciones represivas de éste Estado.



           REHENES DEL ESTADO

Ayer en la ciudad de Bahía Blanca, cinco mujeres y un varón estaban pintando un graffiti que decía " Aborto legal , justicia social " , la policía llegó y sólo se llevó a las mujeres presas e incomunicadas.




 "Nos pidieron documentos y nosotras no nos resistimos en ningún momento, pero igual nos llevaron".  Al Varón lo dejó libre.
Estuvieron toda la noche en un patio, ya que esa comisaría no tenía calabozo para " mujeres".
Una de ellas, luego de liberadas hoy al mediodía comentó: "Adentro de la comisaria nos quisieron bajar la bombacha, nos pusieron esposas y estuvimos toda la noche en un patio. Realmente no la pasamos muy bien."
Luego de más de 12 horas, merced a la actuación del Dr.Larrea y concejalxs de Unidad ciudadana [ Quiroga y Dra. Ghigliani] junto a un grupo de militantes por la legalización del aborto fueron " liberadas", iniciando una causa penal por " Daño".
 En principio se encuadró el caso como una contravención y la comisaría Primera le dio intervención al juez en lo Correccional Gabriel Luis Rojas aunque, con el correr de las horas, se configuró el delito de daño y el caso pasó a la fiscal en turno de flagrancia (interviene cuando el delito es descubierto en su consumación o inmediatamente después).

Vaya nuestro enérgico repudio.

ONG Desafíos y Compromisos
   Mónica P. Bersanelli
   Presidenta y Coordinadora Gral






**Desde el 1° de enero de este 2018 [ 18/01/01] al 31 de julio [ 18/07/31] , CADA 20 Horas ocurrió un FEMICIDIO

8A: #SeráLey VIGILIA

título original: Vigilia

Ya estamos de vigilia. Esperando el miércoles para que sea ley. Con la certeza de que somos millones en esa espera y que seremos millones en la calle. Verdes nuestros cuerpos. Verdes como el pasto primaveral, como el mar bañado de luz clara, como el jade. La calle será un mar de pañuelos. Su oleaje presionando las puertas del Congreso, los discursos parlamentarios, la opacidad mediática, el gobierno empresarial. 



Seremos millones esperando que senadoras y senadores voten lo que reclamamos. Que sea ley el derecho a decidir. El fin del aborto clandestino y el negocio que se cobra nuestras vidas. Millones festejando que estamos juntas y el fin de la clandestinidad. Millones recordando a las mujeres muertas en abortos inseguros, a las militantes presas, a las que sufrieron violencias, a las que perseveraron en las luchas. Con el nombre de Liliana que murió a los 22 años en Santiago del Estero por una infección pos aborto y con el de Susana que murió mientras trabajaba en la escuela para que los pibes desayunen. El Estado es responsable. Como los senadores y senadoras que voten con las corporaciones serán responsables de cada aborto clandestino e inseguro. Millones en la calle, para denunciarlos. Millones cada día posterior, para que no lo olviden.

Hay pronósticos del clima que indican lluvia y pronósticos políticos que instalan derrota. Como escribió Sonia Tessa: no se trata solo de una evaluación de los números (si dan o no), sino de que " lleguemos al miércoles debilitadas, desmovilizadas, derrotadas." Y sin embargo, imaginamos fiesta callejera en la espera y triunfo en la votación. ¿Optimismo ciego? ¿Voluntarismo vitalista? Más bien el saber de que lo que festejamos es ese sujeto que surge y se afirma, que aumenta su capacidad de hacer y su inventiva, su decisión de no abandonar las calles y no ceder la pelea, sus esfuerzos organizativos, su multiplicidad, sus mil rostros. Son ellos, los representantes de un orden que crujen los que deben temer. Los que se hundirán en el desprestigio y la ignominia, los que cortarán los lazos de la representación, los que mostrarán al poder político en su faz de servidumbre de los poderes arcaicos. Sabemos de esas obediencias. No desconocemos las presiones. Pero también que tienen una responsabilidad. No con sus creencias, no con sus sumisiones. Una responsabilidad frente a este sujeto que reclama y exige.

El miércoles sus obediencias pueden quedar al desnudo o pueden intentar un pacto con la política que se amasa en las calles. Estamos de vigilia.

Fuente: Página 12 - Por María Pía López

jueves, 26 de julio de 2018

FEMICIDIO DE MICAELA GARCÍA: LOS CRÍMENES SEXUALES NO SON DELITOS MENORES

Así lo enfatizó la especialista Rita Segato, antropóloga, feminista, con una vasta producción en trabajos de investigación en el tema de género y sistemas carcelarios, en el jury contra el magistrado Juez Carlos Rossi.

                      victimario:Sebastián Wagner/  Víctima: Micaela García

Rita Segato abrió su exposición a la que calificó de “una reflexión crítica a la doctrina jurídica que el juez Rossi representa”.  Lo hizo en el inicio de la primera jornada del juicio que se le sigue al Juez Carlos Rossi, por haber liberado al femicida de Micaela García.

Segato participa por pedido de la Asamblea Participativa de Mujeres Lesbianas, Travestis y Trans, como expecialista en violencia de género junto a Enrique Stola.

Segato, antropóloga, feminista, con una vasta producción en trabajos de investigación en el tema de género y en particular en el sistema carcelario fue contundente: “Es necesario entender que los crímenes sexuales no son delitos menores”. 

Dijo que la justicia no considera a los delitos sexuales en una justa dimensión: “Son crímenes no instrumentales, sino expresivos, que expresan la capacidad de dominio y control masculino. Es un crimen territorial, si tiene una capacidad esa capacidad es expresiva, y expresa dueñidad y dirige ese enunciado a los ojos de sus pares masculinos y a toda la sociedad”.

La antropóloga también reflexionó sobre el rol que tiene la justicia y dijo: “La justicia es una oportunidad pedagógica y si no lo es, pierde absolutamente su posibilidad de transformar  y de obtener eficacia material. Y solo adquiere eficacia material cuando tiene eficacia simbólica y ha entrado en el discurso de la sociedad”.

Advirtió que su tarea se inscribe en la posibilidad de tener una capacidad reflexiva de los operadores del derecho. “Este es el teatro, este es el escenario, este es el momento de hacer llegar a destino, un pensamiento que necesita de más pensamiento, de más reflexión de más comprensión por parte de los integrantes de este recinto”, dijo.

Añadió que se debe entender que “las víctimas sexuales no se constituyen –no siempre- como una persona plena, no alcanza el estatus de ciudadana plena porque no adquiere el carácter de persona plena de derechos”.

Segato fue la primera de las testigos en sentarse frente a los integrantes del Jurado que -a excepción de una mujer-, está integrado exclusivamente por varones, que siguen el proceso del Jury a Rossi, quien se abstuvo de declarar antes de la exposición de Segato y de Enrique Stola.

La experta en violencia sexual se refirió a la necesidad imperiosa de que los operadores de la justicia, los jueces en particular, entiendan que los crímenes de género son “crímenes de exceso de poder” y puedan elevar su capacidad de análisis por encima del sentido común para poder entender que una violación no es un problema de libido sexual, sino que se trata de un tema de poder, de control, de mandato de la sociedad cuya escuela es el cuerpo de las mujeres. 

Mujeres que, además, –explicó Segato- no han alcanzado el estatus de ciudadanas porque aún les cuesta hacerse oir.

Y argumentó que, desde la Justicia, se tiene que indagar para que el “garantismo” en temas de género explique con precisión que el poderoso en estos casos es el “perpetrador que delinque para espectaculizarse en su posición”. El perpetrador del crimen de género es el que detenta el poder mientras que la vulnerabilidad se encuentra en el lado de la víctima.

“Tampoco fueron tenidas en cuenta las opiniones de las profesiones femeninas de los equipos de justicia, aquellas que recomendaron insistentemente no darle la libertad condicional a Wagner” sostuvo para remarcar que también en estas profesiones, mayoritariamente desempeñadas por mujeres, también se evidencia el desprecio hacia esas disciplinas a la vez que muestra la relación asimétrica de género en las mismas.

“Es necesario recordar que el juez Rossi con su sentencia en el caso de Sebastián Wagner, perjudicó a toda la masa carcelaria que busca las salidas condicionales porque se hizo más severa las condiciones para alcanzar la libertad condicional. Fue un golazo en contra a su propia doctrina, porque ahora el tema es utilizado por los sectores más reaccionarios y punitivistas y la imposibilidad fáctica a todas las progresividades de las penas” dijo Segato.

Puntualizó que, en este sentido, “retirarle los fueros de juez podrá ser un ejemplo, por eso independientemente de los resultados de este tribunal, lo que importa más es la eficacia discursiva y performativa del mismo y que se le dé voz en los medios, a los que la sociedad tan herida por el caso de Micaela García, encuentre consuelo” 

Y advirtió “finalmente quiero señalar que en el juicio al juez Rossi, estamos juzgando a quienes están detrás de él, a quienes lo han colocado en ese camino, sus maestros y superiores, y a quienes sustentan sus decisiones en este caso”. 


fuente: Infonews -  Crónica de Sandra Miguez, desde Paraná.

martes, 24 de julio de 2018

VIOLENCIAS: LAS HERIDAS PSÍQUICAS EN EL TRANSCURRIR DE LA VIDA

título Original: "Sin procesar, se repite"

“El 100 por ciento de las mujeres había padecido violencia en la infancia. Algunas, abuso sexual. Esto de que hayan vivido violencia desde la infancia hace que tengan menos recursos para la salida o que sean más vulnerables o que estén naturalizadas y piensen que es así como se vive y que luego lo repitan con las parejas. Lo cual no significa que siempre que hayan vivido violencia en la infancia lo van a repetir con sus parejas, pero si no hay algún procesamiento en el medio que las ayude a salir de ese grado de vulnerabilidad o las ayude a pensar lo que vivieron, tienen muchas probabilidades de repetir la historia”, dice la trabajadora social Elisa Mottini, autora de la investigación “Reconocimiento del impacto de la violencia en la salud de las mujeres. Diagnóstico precoz. Prevención de enfermedades crónicas, discapacidad y riesgo de vida por femicidio”. En esta entrevista repasa los entramados de la violencia y sus secuelas corporales, psíquicas y sociales en la vida de mujeres arrasadas por esta situación.



El trabajo surgió con la idea de “registrar los conocimientos y las vivencias tenidas en estos años con grupos de mujeres”, dice su autora.

–¿Y cuál era la hipótesis?

–Enfermedades crónicas y discapacidad, y riesgo de vida por femicidio, que es lo que a mí me interesaba investigar.

¿Eso, sin cuantificar, lo veía en los grupos?




Exactamente. Hay muchos estudios desde hace muchos años de referentes muestras magníficas, que han escrito sobre las enfermedades de las mujeres por la violencia. En este caso me importaba registrar qué pasaba con esto. Habían padecido todos los tipos de violencia que conocemos. Algunas cosas interesantes: cómo el hospital público, digamos, como todos los servicios de salud, es un lugar preferencial para la detección de la violencia. Puede tenerse esta mirada de abordarlo de manera oportuna en cualquier consulta que hagan las mujeres, de cualquier especialidad médica: apunta a eso esta investigación, a detectar.






–Por ejemplo cuando llega a un traumatólogo o a una guardia.

–Sí, por ejemplo a una clínica porque le duele la cabeza. Es interesante ver en cuanto a salud física se detectaron todas las enfermedades que están en el CIE 10 –que es la Categorización Internacional de Enfermedades–. Entonces, aparecen ahí los distintos grupos de enfermedades posibles y en ellas generalmente aparecían todas: cefaleas, dolores estomacales, ACV, tumores, cáncer, dolores de... Fundamentalmente el tema del dolor, siempre el tema del dolor como un factor predominante.

–El 87 por ciento sufrió amenazas de muerte.

–Sí, con un incremento de esas amenazas de un 27 por ciento en quienes tenían armas de fuego en la casa. Corrían un riesgo mayor. Y el 15 por ciento tuvo un intento de femicidio al que sobrevivió: habían intentado asesinarlas adelante de sus hijas y sus hijos. En todos los casos, los hijos o las hijas fueron quienes las salvaron de la situación. Si bien estaban en otra habitación, al escuchar vinieron o llamaron a la policía. Es muy fuerte.

–¿Y eso fue determinante para ellas?

–Sí. Ellas van y reconocen que están viviendo una violencia extrema cuando pasa algún acontecimiento muy grave, ya sea un intento de femicidio; cuando se meten las parejas con sus hijos o hijas; o cuando padecen una enfermedad terminal o muy grave. Necesitan una situación límite como para reconocer la situación de violencia. Tardaron 11,5 años, promedio, en reconocer que estaban viviendo en violencia y pedir ayuda. Es mucho tiempo. 

–¿Tiene que ver con la idea de que las mujeres estamos criadas para “soportar”? 



Siempre hay múltiples causas. Pero en el caso de estas mujeres, el 100 por ciento había padecido violencia en la infancia. Algunas, abuso sexual. Esto de que hayan vivido violencia desde la infancia hace que tengan menos recursos para la salida o que sean más vulnerables o que estén naturalizadas y piensen que es así como se vive y que luego lo repitan con las parejas. Lo cual no significa que siempre que hayan vivido violencia en la infancia lo van a repetir con sus parejas, pero si no hay algún procesamiento en el medio que las ayude a salir de ese grado de vulnerabilidad o las ayude a pensar lo que vivieron, tienen muchas probabilidades de repetir la historia. Algo interesante en cuando al abuso sexual en la infancia, hay un tema que yo investigué en cuanto al riesgo de vida de estas mujeres. Esto me surge a mí como hallazgo en la investigación porque si bien yo investigaba riesgo de vida por femicidio, aparece un riesgo de vida por ideaciones suicidas –en un 70 por ciento– o por intentos de suicidio –en un 27 por ciento sufrieron uno o dos intentos–. En todos los casos de los que pasaron intentos de suicidio, ellas habían sufrido abuso sexual en la infancia que no había sido procesado, que no lo habían podido contar en muchos casos. Aun participando de los grupos, lo habían podido contar en estadíos bastante avanzados del grupo.

–¿Cuánto tiempo están en el grupo?

–Algunas un año y medio, algunas dos. Dependiendo de los procesos que puedan hacer, no es un tiempo fijado. 

–¿Qué es lo que el grupo permite para las mujeres víctimas de violencia?

El grupo es magnífico porque, si bien ellas son muy diversas, la problemática común es la violencia y la situación que vivieron. Y lo interesante es como el contar su historia, por espejo, se identifica la otra y se da cuenta que aún siendo tan diferente, teniendo realidades tan distintas, la situación es exactamente igual.

–¿Acelera los procesos?

–Exactamente, porque la elaboración de lo que están pasando viéndolo reflejado en otra mujer hace que tengan un reconocimiento mucho mayor. Sin embargo, cuando realicé técnicas además de analizar las historias clínicas, hicimos entrevistas y crónicas semi-estructuradas. En todas las entrevistas, ninguna de ellas había tenido registro de que las enfermedades físicas que padecían podían tener una raíz en la violencia padecida. Sufrían múltiples afecciones físicas.

–¿Lo característico de estas mujeres es que tienen muchas combinaciones de síntomas?


Exacto. Y que al no tomarse tiempo, los síntomas se van agravando y se cronifican, entonces comienzan a padecer enfermedades crónicas, disminución de sus capacidades porque ya no son las mismas mujeres que tenían tantas posibilidades de ser las mujeres que antes habían sido si no que comienzan a sentir que ya no van a poder conseguir trabajo; que no pueden salir; que están siempre cansadas; que no van a poder hacer frente a la separación de la pareja; el tema de los hijos o la justicia. Y también aparecen discapacidades de por vida, no solo las que fueron por intento de femicidio...

–¿Las discapacidades son producto de la violencia?

–Producto de la violencia específica.

–¿Por ejemplo, por un acuchillamiento?

–Exactamente, una mujer que nunca más volvió a ser la misma persona. Sin fuerza para enfrentar, a pesar de que salía a trabajar o trataba de hacerlo. Con dolores continuos en el cuerpo, con intervenciones quirúrgicas continuas, con amenazas porque “si bien él está preso, después sale”. Tumores en los oídos no solamente por golpes. Fijate que notable: una mujer que los tenía decía “ya no puedo oír más violencia” pero no relaciona los tumores que ella tenía con su discurso. Entonces, esto me parece que es muy importante tenerlo en cuenta porque si bien la persona que la atendía, si pudiera detectar con una sencilla pregunta –porque no se necesita una excesiva capacitación, no se necesita ser experto en violencia, aunque sí capacitación de los equipos de salud– con poder mirar a los ojos, poder ver qué pasa, poder dedicarle unos segundos para saber qué le está pasando y luego de eso, sí pueden abordarlo. Con simple recursos, la médica o médico puede hacer una red y ahí estamos evitando las enfermedades crónicas, la discapacidad.

Fuente: Página 12 - Por Sonia Santoro

viernes, 20 de julio de 2018

ABORTO NO PUNIBLE: ¡CRIMINALES!, NO UTILIZARON EL PROTOCOLO

Título original: " Pedí el aborto porque mi hijo se retorcía de dolor".





"Mamá, mamá, ¿quién es?". La voz de una niña de 3 años se escucha de fondo al otro lado del teléfono.

"Es una señora", le dice Fernanda Sandoval, su madre, a Renata.

"¿Cómo se llama?"

"Constanza. Llama de muy lejos".

"¿Por qué?", vuelve a preguntar. Está en la edad de los porqués.

Poco entiende Renata de la razón de esta conversación telefónica o por todo lo que ha pasado su madre durante los últimos tres meses. Sólo sabe que iba a tener un hermanito, pero de un día para otro este se convirtió en "un angelito" y el vientre de su mamá dejó de crecer.

"El hermanito se fue al cielo", le dijo Fernanda a su hija. Y a BBC Mundo le relató el infierno por el que pasó el fin de semana cuando todo sucedió.


Camino al infierno

Javier Lagos siempre supo que su hijo sería varón, aunque ninguna ecografía lo mostrara aún.

De hecho, él y Fernanda ya le tenían nombre: León. Pero, finalmente, no fue una ecografía la que les confirmó el sexo de su hijo; solo supieron que era niño el día en que Fernanda, acostada en la cama de una sala común en un hospital público chileno, lo expulsó entre sus piernas, sin doctora ni matrona asistiéndola, según su testimonio.

Tenía casi cuatro meses de embarazo y la pesadilla había empezado 60 horas antes.


El jueves 5 de abril había sido uno más de los monótonos días que Fernanda estaba viviendo desde la indicación de reposo. Como quedó embarazada con un dispositivo intrauterino, su embarazo era de alto riesgo.

Ese día fue a dejar a su hija al jardín infantil, volvió a la casa y se acostó a ver televisión. En la tarde llegó su novio y, como todos los días, se fue a dormir asumiendo que el viernes nuevamente haría lo mismo. Pero no fue así.

Esa madrugada, Fernanda despertó de dolor. "Fui al baño y vi que estaba sangrando". De inmediato su novio la llevó al hospital público de Quilpué, la ciudad vecina al pueblo en el que vive la pareja, en la zona central de Chile.




"Cuando llegamos al hospital la ginecóloga me dijo que se estaba empezando a desprender el huevo", relata Fernanda.

La hospitalizaron y la mañana siguiente, tras varios exámenes, los médicos encontraron una infección que fue la que provocó el desprendimiento.

Le dieron antibióticos y reposo absoluto. "No podía pararme ni al baño". Sin embargo, esa misma tarde sintió un líquido entre sus piernas. Había roto membranas y ya no tenía líquido amniótico, según confirmaron los exámenes.


Con el conocimiento básico de cualquier mujer que escuchó sobre la ley de "aborto tres causales" (peligro de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación) que se aprobó el año pasado en Chile, Fernanda habló con el doctor y le pidió interrumpir su embarazo ya que sin líquido amniótico, su bebé no tenía posibilidades de sobrevivir.

"Me dijo que no, que era objetor (de conciencia) y que en estos casos había un 18% de posibilidades de que el bebé sobreviviera, así que no aplicaba la ley, y me ofreció un calmante", recuerda Fernanda.

"Había rotura de membrana, pero la ecografía mostraba un embrión viable", le dice a BBC Mundo Javier Pérez, director subrogante del Hospital de Quilpué.

Fernanda iba a pasar nuevamente la noche en una pieza común de maternidad. Mientras ella perdía lentamente a su bebé, sus vecinas estaban a punto de tener los suyos o los tenían en sus brazos.

El derecho a objetar 

La recién estrenada ley de aborto chilena le da la posibilidad a cualquier persona que intervenga directamente en el quirófano de apelar a la objeción de conciencia si no está de acuerdo con realizar un aborto.

Esta facultad "está sujeta a dejarla por escrito de manera previa al director del establecimiento de salud", le explica a BBC Mundo Camila Maturana, abogada de Fernanda y representante de la Corporación Humanas, una institución dedicada a la defensa de los derechos humanos y justicia de género.

Sin embargo, al objetor no se le pide ningún tipo de justificación, critica la profesional. "En la práctica se limita a llenar un formulario sin necesariamente que ese profesional tenga que explicar o dar cuenta de la seriedad de su decisión".

Si una paciente pide interrumpir su embarazo por una de las tres causales establecidas, el médico objetor tiene el deber de informar al director del hospital y este, a su vez, tiene la obligación inmediata de asignar otro médicoque no sea objetor para que realice el procedimiento y, si no hay ninguno, derivar a la paciente a otro establecimiento.

Sin embargo, en el caso de Fernanda, eso nunca pasó.

El director subrogante del hospital le confirma a BBC Mundo que nunca recibió la llamada de ese médico. "En ese momento no se hizo la comunicación", pero lo justifica. "La primera medida a aplicar ante una rotura de membrana es partir con el tratamiento antibiótico, antes de pensar en inducir el aborto".

"Hubo un problema de comunicación", asegura. "No era el minuto más adecuado para que el doctor se presentara ante la paciente como objetor de conciencia".

"Mi hijo se retorcía de dolor"

La mañana siguiente a Fernanda le hicieron una ecografía y le preguntaron si quería escuchar los latidos del bebé. "No los quise escuchar, ¡si me estaban diciendo que se iba a morir!".

Tenía latidos débiles y el resultado era inminente. "Me dijeron que se estaba retorciendo producto de la infección".

Entonces una matrona se acercó. Le comentó a Fernanda que sabía que había solicitado interrumpir el embarazo y que sí calificaba para hacerlo. Si todavía quería, podía llamar a la matrona jefa -quien por ser sábado estaba en su día libre- para comenzar el protocolo.

"Con el dolor de mi corazón, dije que sí. La guagua (bebé) estaba sufriendo y a mí me empeoraba la infección. Yo tengo una hija que me necesita y no podía quedarse sin mí", relata Fernanda.

Cuando llegó la matrona, la doctora de turno, que no era objetora, aprobó la administración de una primera dosis de medicamentos para comenzar el proceso. Eran alrededor de las 3pm del sábado y la segunda dosis debía ser administrada 24 horas después.


Pero al día siguiente, la montaña rusa de decisiones médicas en la que habían subido a Fernanda volvió a dar un giro, esta vez radical.

"Sentí que algo caía entre mis piernas"

El domingo, cuando llegó la hora de tomar la segunda dosis, no había receta.

Una nueva doctora se negó a firmarla. "Me dijo que era objetora, que todavía habían latidos, así que no me podía administrar el remedio".

Amparada en que este podía ser administrado entre 24 y 48 horas después del primer medicamento, la doctora le dijo que esperara el turno de otro médico para que se lo prescribiera.

El director del hospital le confirma a BBC Mundo que tampoco recibió ninguna llamada de esta profesional, pero nuevamente lo justifica. "El medicamento que se aplica por segunda vez se aplica a las 48 horas (…) la doctora estuvo en el periodo intermedio".

Fernanda cuenta que la segunda dosis no fue lo único que no le recetó.

Esa misma tarde comenzó con contracciones "muy dolorosas y sangrado" y su novio fue a pedir que le dieran algo para el dolor. "No sabíamos qué hacer", cuenta Javier.

Pero las enfermeras le dijeron que era normal, que se quedara tranquila y que no podían darle ningún analgésico porque la doctora no había dejado nada indicado. Al preguntar si podían llamar a la doctora la respuesta fue categórica: "está ocupada", aseguran Fernanda y Javier en entrevistas por separado con BBC Mundo.

A esa altura, Fernanda ya gritaba y lloraba de dolor. Tanto, que fue la propia paciente de la cama del lado la que se paró a pedir ayuda, según cuenta Javier.

"Sentí que algo caía entremedio de mis piernas. Pegué un grito", recuerda Fernanda.

"Ahí entró la doctora con parte del equipo… me dijeron que me acostara porque estaba sangrando. Cortaron el cordón [umbilical] y [al feto] lo metieron en una chata [instrumento de metal donde orinan o defecan los pacientes que no pueden pararse al baño]", recuerda Fernanda.

"Era un caos. La señora de la cama del lado salió llorando. Yo fui quien cerró la puerta", complementa su pareja.

En medio del caos y con Fernanda aún sangrando, la doctora les preguntó si querían o no llevarse al bebé.

"Le dije que primero atendieran a Fernanda, que de ahí veíamos eso", cuenta Javier. Pero la doctora insistió. "La segunda vez ya me enojé". Fue entonces cuando les dijo que se lo llevaran con cuidado.

La versión del hospital no coincide con la de Fernanda. Según el doctor Pérez la doctora sí estaba en la sala cuando ocurrió el alumbramiento. "Hicimos el análisis de los registros que tenemos. La matrona estaba en otras actividades atendiendo un parto, pero en la sala estaba el médico y un técnico paramédico que le administraron analgésicos y la pasaron a pabellón [quirófano]".

Quirófano indeciso

Mientras era trasladada al quirófano y sin perder nunca la conciencia, Fernanda escuchó cómo el equipo médico, en vez de comenzar el procedimiento de legrado -comúnmente conocido como raspado o raspaje- lo antes posible, discutía si debían o no realizarlo, por ser objetores.

Según lo que recuerda, el anestesista no dijo nada y procedió, mientras una paramédico le decía que estuviera tranquila. Todos los demás objetaban el procedimiento.

"Finalmente la doctora les dijo que por la infección estaba en riesgo vital. Que o me intervenían o me moría". Solo entonces procedieron. La doctora era la misma que se había negado a recetarle la segunda dosis de medicamentos.

Fuente: BBC - Tiempo Sur