miércoles, 16 de agosto de 2017

SEXISMO,MACHISMO,MISOGINIA Y HOMOFOBIA. CÓCTEL EXPLOSIVO

La conformación de la humanidad por mujeres y hombres se ve obstaculizada por el sexismo que atraviesa al mundo contemporáneo y se expresa en políticas, formas de relación y  comportamiento, en actitudes y acciones entre las personas así como de las instituciones hacia las personas. Nuestra cultura es sexista en contenidos y grados en ocasiones sutiles e imperceptibles pero graves, y en otras es sexista de manera explícita, contundente e innegable.








 Las formas más relevantes de sexismo son el machismo, la misoginia y la homofobia. Y una característica común a todas ellas es que son la expresión de formas  acendradas de dominio masculino patriarcal. Veamos de qué se trata.








 El sexismo patriarcal se basa en el androcentrismo. La mentalidad androcéntrica permite considerar de manera valorativa y apoyar socialmente  que los hombres y lo masculino son superiores, mejores, más adecuados, más capaces y más útiles que las mujeres. Por ello es legítimo que tengan el monopolio del poder de dominio y de violencia. Así el androcentrismo se expresa en el machismo como magnificación de ciertas características de los hombres,  de su condición masculina, de la masculinidad y, en particular de la virilidad: abigarrada mezcla de agresión, fuerza dañina y depredadora, y dominación sexual. 






 El androcentrismo se entreteje y completa con la misoginia. Tras la sobrevaloración de los hombres y lo masculino se inferioriza y subvalora a las mujeres y a lo femenino. La dominación patriarcal pone en condiciones sociales de subordinación y a las mujeres, y las hace invisibles simbólica e imaginariamente: no obstante la presencia de las mujeres, no son vistas, o no son identificadas ni reconocidas algunas de sus características. 







La invisibilización de las mujeres  es producto de un fenómeno cultural masivo: la negación y la anulación de aquello que la cultura patriarcal no incluye como atributo de las mujeres o de lo femenino, a pesar de que ellas  lo posean y que los hechos negados ocurran. La subjetividad de cada persona está estructurada para ver y no mirar, para oír sin escuchar lo inaceptable, para presenciar y no entender, incluso para tomar los bienes de las mujeres, aprovecharse de sus acciones o beneficiarse de su dominio, y no registrar que así ha ocurrido.




 La misoginia se produce cuando se cree que la inferioridad de las mujeres en comparación con los hombres y por sí misma es natural, cuando de antemano se sostiene que las mujeres son impotentes por incapacidad propia y, de manera central, cuando se hostiliza, se agrede y se somete a las mujeres haciendo uso de la legitimidad patriarcal. La misoginia es certera cuando ni siquiera nos preguntamos si la dominación genérica a las mujeres es injusta, dañina y éticamente reprobable. La misoginia está presente cuando se piensa y se actúa como si fuese natural que se dañe, se margine, se maltrate y se promuevan acciones y formas de comportamiento hostiles, agresivas y machistas hacia las mujeres y sus obras y hacia lo femenino. 

La misoginia es política porque  sólo por ser mujer la persona es discriminada, inferiorizada, denigrada y abusada, porque es marginada, sometida, confiscada, excluida o incluida a priori,  y desde luego, porque por ser mujer,  está expuesta al daño y ha sido previamente incapacitada para hacerle frente. En síntesis, la misoginia es un recurso consensual de poder  que hace a las mujeres ser oprimidas antes de actuar o manifestarse, aún antes de existir, sólo por su condición genérica.

La opresión femenina reúne la  articulación entre machismo y misoginia, los cuales, al interactuar se potencian mutuamente.

 El sexismo se realiza también en la homofobia, cuando se considera que la heterosexualidad es natural, superior y positiva, y por antagonismo, se supone que la homosexualidad es inferior y es negativa. La homofobia concentra actitudes y acciones hostiles hacia las personas homosexuales. Y, como en las otras formas de sexismo, la violencia hacia la homosexualidad se considera legítima, incuestionable, justificada. 





El sexismo es uno de los pilares más sólidos de la cultura patriarcal y de nuestras mentalidades. Casi todas las personas en el mundo hemos sido educadas de manera sexista y además pensamos, sentimos y nos comportamos sexistamente sin  incomodarnos o sintiendo que es preciso hacerlo, que es un deber o que así ha sido siempre. Como si el sexismo fuese ineludible.  

Las mujeres actuamos con sexismo al subordinarnos de antemano a los hombres, cuando en lugar de apreciarlos o amarlos, los adoramos y, en lugar de admirarlos, los reverenciamos, cuando en vez de colaborar con ellos, les servimos. Somos sexistas cada vez que justificamos su dominio y les tememos como si fuesen seres extraordinarios o sobrenaturales, y cuando nos derrotamos y desvalorizamos frente a ellos.

Los hombres son machistas cuando se posicionan como seres superiores y magníficos, como los únicos humanos frente a las mujeres vitalmente deshumanizadas, y cuando sin conmoverse, usan a las mujeres, se apoyan en ellas y se apropian de su trabajo, su capacidad creadora y su imaginación. Son machistas los hombres cuando marginan, segregan, discriminan y cosifican, pero también cuando sobreprotegen a las mujeres, y lo son desde luego, cuando las hostilizan, maltratan, atemorizan, acosan y violentan. Es decir, cuando son misóginos aunque lo sean con buenos y galantes modales. El machismo de los hombres se extiende a su propio género, cuando actúan contra otros hombres para ejercer su dominio genérico sobre ellos y así empoderarse. 

Pero no creamos que la misoginia  sólo es masculina. La misoginia existe entre las mujeres cuando entre nosotras nos mandatamos para ocupar posiciones jerárquicas inferiores y para desempeñar papeles y funciones encajonadas como femeninas (de apoyo, de servicio, de voluntariado, invisibles, desvalorizadas, de sujeción a poderes) y lo hacemos con la argucia de que hacerlo, es un deber de género. 

 Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes.  La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento  o su eliminación. 

 Las mujeres  somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar  entre nosotras poderío patriarcal. Pero la misoginia es extrema si es tumultuaria o se realiza en espacios totales donde no hay defensa posible para quien es victimizada. Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas  con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria.


Los hombres son machistas cuando se posicionan como seres superiores y magníficos, como los únicos humanos frente a las mujeres vitalmente deshumanizadas, y cuando sin conmoverse, usan a las mujeres, se apoyan en ellas y se apropian de su trabajo, su capacidad creadora y su imaginación. Son machistas los hombres cuando marginan, segregan, discriminan y cosifican, pero también cuando sobreprotegen a las mujeres, y lo son desde luego, cuando las hostilizan, maltratan, atemorizan, acosan y violentan. Es decir, cuando son misóginos aunque lo sean con buenos y galantes modales. 

El machismo de los hombres se extiende a su propio género, cuando actúan contra otros hombres para ejercer su dominio genérico sobre ellos y así empoderarse.  Pero no creamos que la misoginia  sólo es masculina. La misoginia existe entre las mujeres cuando entre nosotras nos mandatamos para ocupar posiciones jerárquicas inferiores y para desempeñar papeles y funciones encajonadas como femeninas (de apoyo, de servicio, de voluntariado, invisibles, desvalorizadas, de sujeción a poderes) y lo hacemos con la argucia de que hacerlo, es un deber de género. 

Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes.  La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento  o su eliminación. 




 Las mujeres  somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar entre nosotras poderío patriarcal. Pero la misoginia es extrema si es tumultuaria o se realiza en espacios totales donde no hay defensa posible para quien es victimizada. Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas  con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria.

La homofobia encuentra su expresión clarísima cuando nos horroriza la homosexualidad y creemos que es enfermedad o perversión y por ello descalificamos, sometemos al ridículo y a la vergüenza a las personas, las discriminamos y las agredimos. Somos personas homófobas hasta cuando hacemos chistes inocentes y nos burlamos de manera estereotipada de las personas y de su condición. Somos sexistas homófobas o lesbófobas sobretodo, cuando nos erigimos en inquisidores sexuales y castigamos hostilizamos y dañamos a las personas por su homosexualidad. 
Pero nuestro sexismo alcanza su perfección si cada persona es sexista consigo misma: cuando es machista con los hombres,  y es misógina y lesbófoba consigo misma. 

Marcela Lagarde y de los Ríos 

Para descargar: 

http://www.cotidianomujer.org.uy/sitio/pdf/ElFeminismoenmiVida.pdf

Fuente: Mujeres del mediterráneo

jueves, 3 de agosto de 2017

VARONES VIOLENTOS JÓVENES, REHENES DE LA INOPERANCIA DEL ESTADO

TÍTULO ORIGINAL: SIN RED PARA TRATAR AL ADOLESCENTE

Faltan dispositivos para violencia machista en jóvenes.





La jueza de Menores María Dolores Aguirre Guarrochena archivó un caso de violencia de género adolescente por no encontrar un espacio que se dedique al abordaje de la problemática, donde pudiera incorporarse el varón no punible. "Llama poderosamente la atención que el Instituto Municipal de la Mujer (IMM) respondiera que el dispositivo con el que cuentan está dirigido a varones mayores de edad que ejercen o han ejercicio violencia, ya que el abordaje clínico requiere intervenciones psicológicas acordes a la estructura psíquica adulta", expresa el fallo. Para la magistrada, la problemática infantojuvenil -consecuente con una cultura social patriarcal- "conlleva un atravesamiento interdisciplinario" y no solo psicológico. Desde el IMM, Carolina Mozzi aseguró que tras el planteo de la jueza, el Instituto iniciará una capacitación a acompañantes de la Dirección de Justicia Penal Juvenil para el abordaje de la violencia machista en la adolescencia, en casos judicializados, ya que en otros ámbitos hay dispositivos activos. 

La denuncia de D. F. (se protege la identidad) fue presentada en febrero de 2016, cuando relató que B. entró a su casa, mientras ella estaba con su madre y su hermana, "la tomó de los pelos para sacarla y le pegó en la cara". Según manifestó la denunciante, el muchacho la había golpeado "tres o cuatro veces" antes de ese episodio, aunque no le dejó lesiones, como en la última oportunidad. Los golpes fueron constados por Medicina Forense del Tribunal y se indicó que "no pusieron en peligro su vida".

El problema no terminó en ese ataque, sino que la denunciante también indicó que en las redes sociales, su ex novio le dejó un mensaje: "Me dijo que me iba a matar", relató la jovencita. "Creo que hace todo esto por rencor. Capaz que no quería que lo deje", declaró.

En ese contexto, Aguirre Guarrochena expresó que "más allá de la tipificación del femicidio y del agravamiento de las lesiones leves a gravísimas, el Código Penal aún no contempla específicamente el delito de violencia de género, como tal; sino solo algunas de sus manifestaciones más evidentes. Algunas de las agresiones que se cometen en un contexto de violencia hacia las mujeres quedan tipificadas inexorablemente en tipos penales clásicos (lesiones leves, amenazas, etc.) que se repiten con una singular frecuencia (obligando a víctimas a radicar una serie de denuncias, con lo que ello significa). Incluso, otro tipo de agresiones que se cometen en esos contextos, ni siquiera son captados por un tipo penal (acoso, ejercicio de control, hostigamientos, descalificaciones)", lamentó. Y agregó: "En el caso de las personas menores de edad, esos delitos presentan la particularidad de su escasa significación penal, ya que estas personas son menores no punibles, de acuerdo a la normativa aplicable".

Ante ello, la magistrada ofició a los organismos públicos "encargados de las cuestiones de género (IMM) a fin de incorporar al joven a algún espacio que favorezca el abordaje de las cuestión". Allí le respondieron que los dispositivos existentes son para adultos. "Nada debería impedir que las personas menores de edad sean alcanzadas por las políticas públicas tendientes a desmantelar las condiciones que favorecen la perpetuación de la cultura patriarcal. Los aparentes obstáculos que justificarían excluirlos son solo eso".

Al mismo tiempo, advirtió que "por el contrario, la Convención de Belém do Pará propicia todo tipo de estrategias para prevenir la violencia contra la mujer; aspecto que no logra visualizarse en la contestación (del IMM), agravándose la cuestión por tratarse de organismos públicos".

Ante ello, la jueza vio "agotadas las posibilidades del Juzgado para brindar una respuesta efectiva"; y resolvió el archivo.

Ante la consulta de este diario, la directora del IMM, señaló: "Las herramientas que podemos tener, con recursos limitados, no nos permitieron dar la respuesta que hubiéramos esperado". Sin embargo, el reclamo de la magistrada sirvió para futuros casos. "En función de que nos inquietaba esta cuestión nos pusimos en contacto con la Dirección de Justicia Penal Juvenil y acordamos un acompañamiento y capacitación a profesionales que trabajan con los chicos en sistemas de libertad o en el Instituto de Rehabilitación al Adolescente".

Mozzi aclaró: "Esto es en cuanto a jóvenes judicializados, pero tenemos otros abordajes con juventudes, dentro de las escuelas y con el Ministerio de Educación en materia preventiva: desde el año pasado pasaron por ellos 1500 chicos y chicas de 70 escuelas".

Fuente: Página 12 - Rosario 12 - Por Lorena Panzerini

miércoles, 2 de agosto de 2017

¡PEDERASTA SUELTO EN BOSTON!

Título original: Uno de los curas depredadores de 'Spotlight', en libertad tras 12 años en prisión



El cardenal Law, acusado de encubrir a curas pederastas y protegido en el Vaticano. EFE

Era el prototipo de cura moderno. Guapo, carismático, con melena. Ayudaba a los drogadictos y defendía a los homosexuales. Nadie hubiera podido imaginar que Paul R. Shanley era uno de los depredadores de menores más terribles de la Iglesia católica. Su nombre fue uno de los primeros en ser descubiertos cuando The Boston Globe publicó una investigación que acabó implicando a centenares de sacerdotes en el escándalo Spotlight. Hace 12 años ingresó en prisión, culpable de varios delitos de pederastia. Este fin de semana, Shanley salió de prisión.

A lo largo de la década de los setenta y ochenta, Paul Shanley pudo abusar de más de medio centenar de menores. En 1974, se produjeron las primeras denuncias privadas. La respuesta de la Iglesia fue la de trasladarle de parroquia, donde continuó abusando de niños, ante la pasividad y el ominoso silencio de la jerarquía eclesiástica y, en especial, del entonces  cardenal de Boston, Bernard Law.

Paul Shanley ha recobrado su libertad. A sus 86 años, permanecerá otros diez en libertad condicional y no se le permitirá contacto alguno con niños y adolescentes. La decisión no ha llegado exenta de polémica. Los expertos que los examinaron concluyeron que continúa siendo un pedófilo activo, con interés en los menores, pero que por su edad la probabilidad de que pudiera reincidir era mínima.

La puesta en libertad de Shanley fue duramente criticada por la fiscal, Marian T. Ryan, quien consideró al ex sacerdote una persona "sexualmente peligrosa", a pesar de su edad.  Sin embargo, los expertos forenses concluyeron que el anciano cumplía los criterios legales y psicológicos de peligrosidad para este tipo de delincuentes, y propusieron su puesta en liberad.

Solo una vez que se comprobó judicialmente su culpabilidad –se llegó a pedir cadena perpetua–, la Iglesia lo expulsó del estado clerical. El ya ex sacerdote, que según los informes psicológicos, es un delincuente sexual de nivel 3 (el más propenso a reincidir), ha perdido el anonimato, ya que las leyes de Massachussets obligan a publicar su foto, su historial criminal y la dirección donde residirá, en la ciudad de Ware.

En un escueto comunicado, la portavoz del Departamento de Correcciones de Boston, Clara Savelli, informó que "Paul Shanley fue liberado del centro correccional Old Colony en Bridgewater, Massachusets, este 28 de julio de 2017, al expirar su sentencia".

Indignación de las víctimas

Las víctimas, por su parte, han mostrado su indignación por la salida de la cárcel del pederasta. Así, Robert Hoatson, cofundador y presidente de Road To Recovery, organización que ayuda a sobrevivientes de abuso sexual, calificó de "escandalosa" la liberación de Shanley. "Se trata de alguien que dejó un reino de terror en toda la zona de Boston".

Shanley fue uno de los pocos sacerdotes que se enfrentaron a cargos criminales por abuso infantil, siendo declarado culpable por el Tribunal Superior de Middlesex de dos cargos de violación de un niño y dos de agresión indecente contra otro menor de 14 años.

Un hombre acusó a Paul Shanley de abuso en continuadas ocasiones cuando era niño; el sacerdote lo sacaba insistentemente de sus clases dominicales de catecismo para cumplir con lo que llamaba deberes especiales.

A pesar de que la defensa de Shanley argumentó que se trataba de acusaciones falsas y que el denunciante se había inventado los sucesos cuando estalló el escándalo por pedofilia en la archidiócesis de Boston, en enero de 2002, el jurado acabó condenando al religioso a una pena de 12 a 15 años de cárcel, si bien la Fiscalía pedía prisión perpetua.

El caso Shanley fue la espoleta para una investigación del Boston Globe, que ganó el premio Pulitzer y que acabó sacando a la luz centenares de casos de abusos, lo que provocó la dimisión del cardenal de Boston, Bernard Law, quien acabó sus días protegido por la Santa Sede, que no concedió su extradición a Estados Unidos para ser investigado por su inacción ante los casos de pederastia, limitándose a trasladar a los sacerdotes de lugar, y ejemplificando la política de silencio y victimización de los abusados.

Una situación que, desde la llegada al Papado de Joseph Ratzinger, y posteriormente de Francisco, se ha modificando, apostando por la "tolerancia cero"... aunque queda mucho por hacer.

Fuente: El Diario.Es

domingo, 30 de julio de 2017

REFUGIOS PARA VÍCTIMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO: ALTERNATIVAS VITALES

Título original: La vía de escape

Cómo funciona en España el sistema de viviendas para mujeres víctimas de violencia

Brindan el techo que la mujer necesita para dejar de convivir con su agresor. Hay distintos tipos, según la situación particular en cada caso. Zaragoza es el ayuntamiento que más desarrollado tiene el programa. En la Argentina ya hay proyectos para replicar la experiencia.




Tener un techo es el piso que las mujeres necesitan para empezar a salir de la violencia. Hace 35 años que el Ayuntamiento de Zaragoza, España, lleva adelante políticas públicas de vivienda para mujeres víctimas de violencia de género. “Es necesario ofrecerles alternativas vitales que les permitan reconstruir su vida, solas o con sus familias. Por ello, apoyarles en la independencia habitacional y económica es fundamental para poder lograr su autonomía y recuperación”, explica a PáginaI12 Arantza Gracia, concejala a cargo de los temas de igualdad. Aquí, los detalles de una experiencia que se busca replicar en la Argentina con varios proyectos para avanzar en políticas públicas acordes a las necesidades de las víctimas.
Como ya se afirmó en este diario, para muchas mujeres, el sueño de la casa propia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Son mujeres que atraviesan violencia de género, especialmente doméstica, y no pueden salir de esa situación porque dependen económicamente de su agresor o no tienen otro lugar donde vivir que no sea el techo que comparten. 

Con esa consigna como motor, en 1982 el Ayuntamiento de Zaragoza puso en marcha un programa municipal de atención a las mujeres que atravesaban situaciones de violencia de género. 

La experiencia no es única. En España existen casas refugio o departamentos para mujeres con sus hijos e hijas desde los años 70. Empezaron las asociaciones feministas y ahora existe una red en la que confluyen diferentes modelos (religioso, feminista, institucional). Las mujeres acceden a estos recursos a través de las comisiones provinciales correspondientes, en las que participan instituciones, profesionales y asociaciones .

En Argentina, hay poco y nada más allá de los refugios para la primera emergencia. Sin embargo, la necesidad de las mujeres está y algunos distritos están tomando nota de esto. En mayo, por ejemplo, se aprobó en Concordia, Entre Ríos, un proyecto de ley que establece un cupo de viviendas para mujeres víctimas de violencia de género. En la Ciudad de Buenos Aires, hay varios proyectos en la Legislatura porteña que proponen distintas soluciones hoy inexistentes para dar un techo a las mujeres en situación de violencia de género.

“Tenemos un convenio con el Servicio Municipal de Igualdad que ofrece diferentes programas de alojamiento para mujeres víctimas de violencia de género, adaptados a los diferentes momentos vitales y necesidades que pueden existir”, explicó Pilar Aguerri Sánchez, jefa del Área de Gestión Social y Alquileres, Sociedad Municipal Zaragoza Vivienda. Hoy cuentan con cuatro modelos distintos, según la situación de la víctima: Casa de Acogida, Pisos Tutelados, Acceso Extraordinario y Centro de Emergencia.

Para el primer momento, las mujeres que no tienen otro lugar donde vivir o pueden ser localizadas por su agresor, cuentan con la “casa de acogida” de estancia temporal, donde ellas y sus hijos e hijas tienen apoyo integral que les permite sobrevivir los primeros días.

Superada la urgencia, hay “viviendas de emergencia”, para las mujeres víctimas que hayan estado en casas de acogida pero siguen necesitando apoyo y alojamiento. Son viviendas funcionales, acondicionadas y amuebladas, por las que las usuarias no pagan gastos de alquiler ni de servicios. Durante esta etapa siguen recibiendo apoyo social, psicológico y jurídico.

 “Se trata de viviendas autogestionadas. Es un recurso de carácter temporal para la adquisición de la autonomía, a través de la atención integral y personalizada tanto a las mujeres como a las hijas e hijos. Estas viviendas podrán ser compartidas por más de una unidad familiar como experiencia hacia un proceso de independencia y autonomía. Hay un total de cuatro viviendas con este fin”, explicaron. 

Otra opción son las “viviendas tuteladas”. “Están dirigidas a mujeres y sus hijos/as que, teniendo cierta independencia e ingresos económicos, no pueden temporalmente independizarse y ser completamente autónomas. Se realizan contratos para usos asistenciales por un año con las residentes, que serán responsables, con los apoyos necesarios, de todos los aspectos relacionados con el alojamiento. La arrendataria se encarga de abonar el importe de alquiler mensual, así como los gastos ordinarios de comunidad y los de suministros, y se responsabiliza del cuidado y mantenimiento de la vivienda”, aclararon desde Zaragoza. Hay cinco casas para este uso, y este año sumarán cinco más. 



Luego hay otro tipo de viviendas, llamadas de “acceso extraordinario” para mujeres provenientes del proceso anterior que han agotado los sistemas ordinarios de acceso y  necesitan una vivienda para su integración definitiva o bien para aquellas mujeres que estando en proceso de atención de violencia de género necesitan, de forma especialmente urgente para su proceso personal, disponer de una casa. Cuentan con un  máximo de seis viviendas anuales.

En 2016, 17 mujeres y 16 menores de edad pasaron por una casa de acogida; 13 mujeres y 11 niños y niñas por los departamentos tutelados, y 49 mujeres por un centro de emergencia.

Arantza Gracia, concejala de Educación e Inclusión, es quien lleva el tema de Igualdad en Zaragoza. En respuesta a PáginaI12 explicó por qué apuntalar a las mujeres desde lo económico y lo habitacional es prioridad para el Ayuntamiento. 

–¿Qué es lo que les falta desarrollar en el campo de la asistencia y  acompañamiento a víctimas de violencia?

–Nunca es suficiente todo lo que hagamos, mientras haya mujeres que necesiten nuestra ayuda. El contexto socioeconómico actual tampoco es de gran ayuda. En estos momentos debemos replantearnos, por un lado, cuál es la acogida y atención que les damos en nuestros centros. El modelo de casa de acogida debe ser replanteado, porque es probable que ya no responda a las necesidades. Además, necesitamos siempre más pisos a precios asequibles. Aunque nunca llegarán a ser asequibles si no tienen ingresos, por lo que el impulso al desarrollo local y la implicación de las empresas en la inserción de las mujeres supervivientes es un trabajo esencial, pero complejo.

En el debe, Gracia contabilizó además “contar con un mayor equipo de atención psicológica que pudiera trabajar de forma más individualizada cada uno de los casos”. Así como “mejorar el trato institucional que las mujeres reciben. Esto no es competencia municipal, pero es algo que debemos exigir. La atención que reciben cuando van a denunciar; el acompañamiento en todo el proceso judicial y el propio proceso en sí; la atención sanitaria cuando hay agresiones físicas así como la protección policial ante el maltratador. Las decisiones judiciales respecto a la custodia de hijos/as, que incluso llegan a quitársela o a obligarles a ver a su maltratador en el intercambio en las visitas, son ejemplos de malos tratos institucionales que poco o nada ayudan a las mujeres a tomar la decisión de alejarse del maltratador y a poder recuperarse y reiniciar su vida”.

–¿Cuáles son las políticas fundamentales para que las mujeres puedan salir de esa situación?

–Cuando una mujer está sufriendo una situación de violencia de género no le resulta fácil romper el vínculo con su maltratador. Los principales problemas vienen dados por su situación emocional y su situación vital y económica. Por ello, trabajar en estas líneas y ofrecer alternativas y apoyos son fundamentales. Por un lado, está el daño psicológico. Los golpes físicos son una forma de otro tipo de violencia que generalmente la precede, la psicológica. El estado emocional de las mujeres que sobreviven a una situación de malos tratos es delicado, por lo que primero hay que trabajar su recuperación, en la sanación de sus heridas no sólo físicas, si no también emocionales. Por otro lado, es necesario ofrecerles alternativas vitales que les permitan reconstruir su vida, solas o con sus familias. Por ello, apoyarles en la independencia habitacional y económica es fundamental para poder lograr su autonomía y recuperación. Estas líneas son prioritarias y esenciales, pero no las únicas. En ocasiones, la situación devenida de los malos tratos les ha llevado a tener rotas muchas de las redes de apoyo que necesitamos las personas para vivir. Algunas, incluso, no las han llegado a tejer nunca, especialmente en el caso de mujeres migrantes. En este caso, es importante ayudarles a tejer esos lazos, a construir o reconstruir ese tejido que les permita resituarse y sentirse acompañadas.  

–¿Qué políticas implementan en materia de prevención?

–En muchas ocasiones se considera que con hacer campañas o talleres en los colegios ya se está interviniendo en prevención. Por desgracia, el aumento y cambio de formas de control entre adolescentes y el número de mujeres que siguen sufriendo malos tratos nos demuestran que nos estamos quedando muy lejos de lo que es necesario para romper con la violencia machista. Cuestiones que debemos atender en prevención son, de una parte, hacia las mujeres, trabajando el empoderamiento psicológico y económico. Por otro lado, hacia los hombres, en el aprendizaje de la gestión emocional y la resolución de conflictos de forma no violenta. Y, por supuesto, en global, en la identificación de conductas machistas, por desgracia muchas veces normalizadas; en la condena y rechazo social absoluto hacia cualquier tipo de actitud machista y en la dignificación y no revictimización de las mujeres que sobreviven a los malos tratos.

Fuente: Página 12 - Por Sonia Santoro.-














jueves, 27 de julio de 2017

VIOLENCIA DE GÉNERO: UNA SOCIEDAD ATRAVESADA POR LA INDIFERENCIA

Título original: Desgarrador: "La gente me miraba llena de sangre, pero nadie me ayudaba"


Estefanía Derves es la chica de 18 años que fue brutalmente atacada por un depravado en la esquina de Las Heras y Corrientes, cuando salía de trabajar. En diálogo con LA BRÚJULA 24 habló de ese difícil momento y contó que "la gente me miraba toda llena de sangre, pero nadie me ayudaba".



Entre lágrimas, la joven sostuvo que el agresor la abordó por la espalda y, mediante golpes y amenazas, le exigía que se bajara los pantalones. "Lo vi que estaba orinando en un auto estacionado y seguí. Caminé algunos metros y empecé a sentir que me estaba persiguiendo".

"En ese momento me agarró de atrás, me tapó la boca y me tiró al piso. Traté de empujarlo y me empezó a pegar. Yo le pedía que no me lastimara, le dije que le daba plata y el celular, pero me dijo que me callara y me sacara la ropa", indicó, entre lágrimas, en el programa "Tal cual es". 

VÍCTIMA                    VICTIMARIO

Sentada en el sillón de su casa, junto a su mamá, Estefanía siguió con su crudo relato, marcado por el miedo. "Seguimos forcejeando y me sacó la capucha para agarrarme los pelos. Como no me pudo abusar, me agarró del cuello y me quiso ahorcar. En ese momento pensé que me mataba y le pedía por favor que no lo hiciera".

Para colmo, explicó, "pasaban autos y hasta un hombre en bicicleta, pero nadie hizo nada; después se fue caminando como si nada".

Pero como si fuera poco, Estefanía recordó que se fue caminando del lugar hasta llegar a calle San Martín, muy asustada y con el rostro todo ensangrentado, aunque a pesar del intenso movimiento de gente, la indiferencia fue la que terminó de golpearla. "Nadie me prestó atención, ni siquiera en la parada del colectivo". 

Por último, consultada respecto de las características del atacante, la chica dijo que "tenía olor a alcohol, pero estaba bien vestido". Y también agradeció al personal médico del Hospital Municipal: "Me atendieron muy bien, me dejaron pasar con mi mamá y mi papá". 

Andrea, su mamá, también quiso dejar una reflexión en el micrófono de LA BRÚJULA 24, y sus palabras fueron más que contundentes: "Este es un tema que hace mucho tiempo se viene hablando en casa, sobre todo después de lo que le pasó a Micaela -Ortega-".  

"Mis hijas no salen a ningún lado solas porque viven con miedo. Siempre charlamos sobre la inseguridad, porque estos desgraciados te cagan la vida en un instante", sentenció, con bronca.

FUENTE y Fotografías: La Brújula24

SANTA FE: LOS FEMICIDIOS GOZAN DE BUENA SALUD

Relevan 19 mujeres asesinadas en Santa Fe en lo que va de 2017


La concejala del FPV, Norma López indicó que la cifra es "alarmante", y cuestionó las carencias de las políticas nacionales y provinciales. Exige datos sobre presupuesto.



Cuando faltan 4 días para terminar julio, el equipo de género de la concejala Norma López relevó 19 femicidios en la provincia de Santa Fe, de los cuales 7 fueron en Rosario. La cifra incluye el travesticidio ocurrido ayer en Pérez . En todo 2016, fueron 36 los femicidios en la provincia, según el mismo estudio. "Seguimos alarmadas ante los femicidios registrados hasta el momento, tanto en la provincia como a nivel nacional. En estos meses de 2017 llevamos relevadas 177 mujeres muertas a causa de la violencia machista, de ellas, 19 son de nuestra provincia. Lo peor de todo es el vacío que encontramos en las políticas públicas del gobierno nacional y santafesino, que sólo se jactan de discursos y anuncios y dejan a desprotegidos a hijos e hijas de estas víctimas fatales", señaló Norma López, quien mes a mes lleva el recuento de femicidios, volcados en el primer Mapa Interactivo de Femicidios de Argentina.

La concejala, que es además candidata del Frente Ciudadano Rosario, recordó que "En Rosario, desde 2013 está en vigencia la emergencia en violencia de género. Sin embargo no sabemos nada acerca de las partidas presupuestarias y de las acciones que se realizaron en este marco de urgencia. Los concejales de la ciudad no tenemos idea del dinero destinado a esta terrible problemática".

Ante la contundencia de las cifras, López cuestionó las políticas nacionales y provinciales. "Por un lado, el Presidente Macri anunció un plan nacional contra la violencia de género pero después quita partidas presupuestarias a los programas que existen para combatirlo. Y en esta provincia, mientras aún se espera la aplicación de las pulseras electrónicas para los violentos para que respeten las medidas de restricción y no se acerquen a esas mujeres golpeadas, hacen agua las medidas y las intenciones porque la provincia sigue en el lamentable podio nacional de ser una de las que más femicidios registra", destacó.

López también polemizó con la jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Elena Highton, quien consideró que el país está en "emergencia" por violencia de género. "Aplaudimos que se comprometan pero nos llama la atención que recién ahora la jueza se de cuenta de la situación gravísima que estamos atravesando. Años y años lleva el colectivo de mujeres advirtiendo que es momento de que el Estado accione. Además, Highton olvida que la Justicia es responsable porque es la primera que dicta sentencias leves a los hombres violentos, ya que jueces, defensores ni fiscales están formados en perspectiva de género".

Fuente: Rosario 12

domingo, 23 de julio de 2017

HUÉRFANXS POR EL FEMICIDIO, ¿ niñxs invisibles?


Los femicidios dejaron sin madre a 3.158 niños y adolescentes en todo el país desde 2008 hasta el primer semestre de este año. En el 63% de esos casos están involucrados menores de 18 años.

Según cifras del Observatorio de Femicidios de la organización civil La Casa del Encuentro, los femicidios dejaron sin madre a 3.158 niños y adolescentes en todo el país desde 2008 hasta el primer semestre de este año, es decir que en menos de una década casi todos los días algún chico quedó sin su mamá, asesinada en hechos de violencia de género

En el 63% de esos casos están involucrados menores de 18 años (2.012 niños y adolescentes), advirtió Ada Rico, quien preside esa ONG.

"El femicidio es la última y más grave instancia de la violencia de género, casi siempre precedida por violencia doméstica, amenazas y maltratos en todas sus variantes, un círculo que suele tener cautivos durante muchos años a los hijos, quienes, aunque no reciban golpes, siempre resultan agredidos por la situación que se vive en su casa y la victimización de su mamá", explicó Rico.




En el 2016 aumentaron un 8%
Este año, sólo en el primer semestre, 239 hijas e hijos perdieron a su mamá. De ellos, 153 tenían menos de 18 años cuando ocurrieron los crímenes.




En 2016, el Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes intervino en 29.839 casos registrados en la Capital Federal, de los cuales la mitad estuvo relacionado con situaciones de violencia y, de ellos, el 25% fueron graves. Además, el 40% del total de llamados recibidos en la línea telefónica gratuita 102 del Consejo, que funciona las 24 horas, correspondió a "alguna situación de maltrato físico, psicológico u otra forma de violencia sufrida por menores de 18 años".

"Hay que abandonar la creencia que ubica a las situaciones de maltrato infanto-juvenil en la órbita privada de las familias; son actos que lesionan los derechos de los chicos y deben poner en alerta a toda la sociedad", reflexionó Karina Leguizamón, titular del consejo.

El coordinador de la unidad técnica especializada en Maltrato Infanto-juvenil del Consejo, Mauro Pineli, explicó a Télam que es común que los chicos inmersos en situaciones de maltrato doméstico terminen "identificándose con la víctima o con el agresor", porque esas experiencias "condicionan el modo en que los niños construyen su subjetividad".


La violencia deja "huellas" y las secuelas pueden ir desde problemas para dormir, de aprendizaje y miedos hasta dificultades para relacionarse con sus pares, reacciones exageradas o, por el contrario, poca capacidad de autodefensa. 


En los casos extremos, como los femicidios, además de perder a su madre, el padre "queda destituido de su función de padre" a los ojos de los niños.

María Eva Sanz, coordinadora del Grupo Buenos Ayres, dispositivo de rehabilitación para hombres violentos, declaró que "generalmente existe una gran distancia emocional entre los varones que cumplen al pie de la letra el mandato patriarcal, y sus hijos".

"Papá empezó a matar a mamá y yo bajé corriendo por las escaleras", contó en cámara Gesell el hijo de 9 años de Elke Yvars Beck, asesinada de 40 puñaladas en diciembre de 2015 por su ex marido, Claudio López Rossi. Por ese femicidio la Justicia condenó este año a prisión perpetua a López Rossi y los psicólogos que declararon como testigos explicaron que los niños también "son victimas de la violencia de género" que sufren sus madres.

"Presencian la violencia entre sus padres o simplemente viven en un entorno donde las relaciones violentas y el abuso de poder -que justifica, legitima y desencadena la violencia- es parte de las relaciones afectivas y personales. Por eso, internalizan un modelo negativo de relación que daña su desarrollo", argumentaron.

Este año, el Congreso convirtió en ley una modificación al Código Civil que establece que quedan privados de la responsabilidad parental quienes son condenados por delitos de violencia de género o que atenten contra la integridad sexual. Hasta ahora, un hombre acusado de femicidio perdía la patria potestad recién cuando la condena estuviera firme y, a veces, ni siquiera en esa instancia, como por ejemplo en el caso emblemático de Rosana Galliano. 


José Arce mandó a matar a su exmujer, Galliano, en el 2008, con la ayuda de su madre, Elsa Aguilar, según dictaminó la Justicia. Los hijos de ambos, que entonces tenían 3 y 4 años, permanecieron viviendo junto a Arce, beneficiado con prisión domiciliaria, y con su abuela paterna, pese a los infructuosos intentos de la familia materna por conseguir la tenencia.


Los servicios de Protección de la Niñez de la Nación y de la provincia de Buenos Aires presentaron varios pedidos para que los niños fueran a vivir con los padres de Rosana, pero el juez de familia de San Isidro Carlos Ruiz nunca contestó, ni siquiera cuando la Corte Suprema dejó firme la condena a prisión perpetua para Arce y su madre.

"Se inscribe en el patriarcado que regula de manera invisible y naturaliza mitos y prejuicios a la hora de pensar el abordaje de lo familiar", opinó Pineli.

Para la titular del Consejo Nacional de los Derechos de las Mujeres, Fabiana Túñez, "hay una mala interpretación de los derechos del niño: los jueces apuntan a que el niño no pierda la vinculación con el padre desde un desconocimiento absoluto de lo que significa convivir con un padre violento, que además mató a la madre".





El Congreso viene dando pasos hacia un cambio cultural en materia de violencia de género. El Senado tiene previsto debatir un proyecto para que el Estado otorgue una reparación económica a hijos de víctimas de femicidio (ley Brisa), que incluye también una cobertura de salud integral.








Además, en junio último, la Cámara de Diputados convirtió en ley la creación de centros de protección a las víctimas de delitos, que deberán estar abiertos las 24 horas. Se estableció, además, que las víctimas podrán presenciar las declaraciones de testigos y serán notificadas de los beneficios que reciban los imputados o condenados por sus casos.

Fuente: Minuto 1


sábado, 8 de julio de 2017

OMS : LA VIOLENCIA MACHISTA Y EL IMPACTO EN LA SALUD DE LAS MUJERES

Datos y cifras



La violencia contra la mujer -especialmente la ejercida por su pareja y la violencia sexual- constituye un grave problema de salud pública y una violación de los derechos humanos de las mujeres.
Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican que alrededor de una de cada tres (35%) mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.
La mayoría de estos casos son violencia infligida por la pareja. En todo el mundo, casi un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación de pareja refieren haber sufrido alguna forma de violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida.
Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja masculina.
Estas formas de violencia pueden afectar negativamente a la salud física, mental, sexual y reproductiva de las mujeres y aumentar la vulnerabilidad al VIH.

Entre los factores asociados a un mayor riesgo de cometer actos violentos cabe citar un bajo nivel de instrucción, el maltrato infantil o haber estado expuesto a escenas de violencia en la familia, el uso nocivo del alcohol, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.





Entre los factores asociados a un mayor riesgo de ser víctima de la pareja o de violencia sexual figuran un bajo nivel de instrucción, el hecho de haber estado expuesto a escenas de violencia entre los progenitores, el maltrato durante la infancia, actitudes de aceptación de la violencia y las desigualdades de género.
En entornos de ingresos altos, hay datos que apuntan que los programas escolares de prevención de la violencia de pareja (o violencia en el noviazgo) entre los jóvenes pueden ser eficaces.


En los entornos de ingresos bajos, las estrategias destinadas a aumentar la emancipación económica y social de la mujer, como la microfinanciación unida a la formación en igualdad de género y las iniciativas comunitarias dirigidas contra la desigualdad de género o tendentes a mejorar las aptitudes para las relaciones interpersonales, han demostrado una cierta eficacia para reducir la violencia de pareja.
Las situaciones de conflicto, posconflicto y desplazamiento pueden agravar la violencia, como la violencia por parte de la pareja, y dar lugar a formas adicionales de violencia contra las mujeres.

Introducción




Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como "todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada".




La violencia de pareja se refiere al comportamiento de la pareja o ex pareja que causa daño físico, sexual o psicológico, incluidas la agresión física, la coacción sexual, el maltrato psicológico y las conductas de control.

La violencia sexual es cualquier acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier ámbito. Comprende la violación, que se define como la penetración, mediante coerción física o de otra índole, de la vagina o el ano con el pene, otra parte del cuerpo o un objeto.

Magnitud del problema





Las estimaciones más precisas de la prevalencia de la violencia de pareja y la violencia sexual en entornos sin conflictos son las proporcionadas por encuestas poblacionales basadas en el testimonio de las víctimas. En el Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y la violencia doméstica, realizado en 2005 en 10 países, en su mayoría de renta media y baja, se observó que en las mujeres de 15 a 49 años:

  • entre el 15% de ellas en el Japón y el 71% en Etiopía referían haber sufrido a lo largo de su vida violencia física o sexual perpetrada por su pareja.

  • entre un 0,3% y un 11,5% referían haber sufrido violencia sexual perpetrada por alguien que no era su pareja después de cumplidos 15 años.

  • la primera experiencia sexual había sido forzada en muchos casos (17% de las mujeres en la Tanzanía rural, 24% en el Perú rural y 30% en zonas rurales de Bangladesh indicaron que su primera experiencia sexual había sido forzada).

En un análisis realizado en 2013 por la OMS, la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y el Consejo de Investigaciones Médicas, y basado en los datos de más de 80 países, se comprobó que casi una tercera parte (30%) de las mujeres que han mantenido una relación de pareja han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja.

Las estimaciones de la prevalencia van del 23,2% en los países de ingresos elevados y el 24,6% en los países de la Región del Pacífico Occidental al 37% en la Región del Mediterráneo Oriental y el 37,7% en la Región de Asia Sudoriental. Por otra parte, un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja. Además de la violencia de pareja, el 7% de las mujeres refieren hacer sufrido agresiones sexuales por parte de personas distintas de su pareja, aunque los datos al respecto son más limitados.

La violencia de pareja y la violencia sexual son perpetradas en su mayoría por hombres contra mujeres y niñas. El abuso sexual infantil afecta a niños y niñas. En los estudios internacionales realizados, aproximadamente el 20% de las mujeres y el 5%-10% de los hombres refieren haber sido víctimas de violencia sexual en la infancia. La violencia entre los jóvenes, que incluye también la violencia de pareja, es otro gran problema.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo de violencia de pareja y violencia sexual son de carácter individual, familiar, comunitario y social. Algunos se asocian a la comisión de actos de violencia, otros a su padecimiento, y otros a ambos. Entre los factores de riesgo de ambas, violencia de pareja y violencia sexual, se encuentran los siguientes:



  1. un bajo nivel de instrucción (autores de violencia sexual y víctimas de violencia sexual).
  2. la exposición al maltrato infantil (autores y víctimas).
  3. la experiencia de violencia familiar (autores y víctimas).
  4. el trastorno de personalidad antisocial (autores).
  5. el uso nocivo del alcohol (autores y víctimas).
  6. el hecho de tener muchas parejas o de inspirar sospechas de infidelidad en la pareja (autores).
  7. las actitudes de aceptación de la violencia (autores y víctimas).

Entre los factores asociados específicamente a la violencia de pareja cabe citar:

  1. los antecedentes de violencia (autores y víctimas);
  2. la discordia e insatisfacción marital (autores y víctimas).
  3. las dificultades de comunicación entre los miembros de la pareja.

Y entre los factores asociados específicamente a la violencia sexual destacan:

  1. la creencia en el honor de la familia y la pureza sexual;
  2. las ideologías que consagran los privilegios sexuales del hombre.
  3. la levedad de las sanciones legales contra los actos de violencia sexual.

La desigualdad de la mujer con respecto al hombre y el uso normativo de la violencia para resolver los conflictos están estrechamente asociados tanto a la violencia de pareja como a la violencia sexual ejercida por cualquier persona.

Consecuencias para la salud




La violencia de pareja y la violencia sexual producen a las víctimas supervivientes y a sus hijos graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y reproductivos a corto y a largo plazo, y tienen un elevado costo económico y social.

  1. La violencia contra la mujer puede tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio.
  2. Asimismo, puede producir lesiones, y el 42% de las mujeres víctimas de violencia de pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia.
  3. La violencia de pareja y la violencia sexual pueden ocasionar embarazos no deseados, abortos provocados, problemas ginecológicos, e infecciones de transmisión sexual, entre ellas la infección por VIH. El análisis de 2013 reveló que las mujeres que han sufrido maltratos físicos o abusos sexuales a manos de su pareja tienen una probabilidad 1,5 veces mayor de padecer infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por VIH en algunas regiones, en comparación con las mujeres que no habían sufrido violencia de pareja. Por otra parte, también tienen el doble de probabilidades de sufrir abortos.
  4. La violencia en la pareja durante el embarazo también aumenta la probabilidad de aborto involuntario, muerte fetal, parto prematuro y bebés con bajo peso al nacer.
  5. La violencia contra la mujer puede ser causa de depresión, trastorno de estrés postraumático y otros trastornos de ansiedad, insomnio, trastornos alimentarios e intento de suicidio. Las mujeres que han sufrido violencia de pareja tienen casi el doble de probabilidades de padecer depresión y problemas con la bebida. El riesgo es aún mayor en las que han sufrido violencia sexual por terceros.
  6. Entre los efectos en la salud física se encuentran las cefaleas, lumbalgias, dolores abdominales, fibromialgia, trastornos gastrointestinales, limitaciones de la movilidad y mala salud general.
  7. La violencia sexual, sobre todo en la infancia, también puede incrementar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, así como las prácticas sexuales de riesgo en fases posteriores de la vida. Asimismo se asocia a la comisión (en el hombre) y el padecimiento (en la mujer) de actos de violencia.


Repercusión en los niños


  • Los niños que crecen en familias en las que hay violencia pueden sufrir diversos trastornos conductuales y emocionales. Estos trastornos pueden asociarse también a la comisión o el padecimiento de actos de violencia en fases posteriores de su vida.
  • La violencia de pareja también se ha asociado a mayores tasas de mortalidad y morbilidad en los menores de 5 años (por ejemplo, por enfermedades diarreicas y malnutrición).



Costos sociales y económicos


Los costos sociales y económicos de este problema son enormes y repercuten en toda la sociedad. Las mujeres pueden llegar a encontrarse aisladas e incapacitadas para trabajar, perder su sueldo, dejar de participar en actividades cotidianas y ver menguadas sus fuerzas para cuidar de sí mismas y de sus hijos.

Prevención y respuesta

Hay cada vez más estudios bien diseñados sobre la eficacia de los programas de prevención y respuesta. Son necesarios más recursos para reforzar la prevención y la respuesta a la violencia de pareja y la violencia sexual, en particular la prevención primaria, es decir, impedir que llegue a producirse.

Respecto a la prevención primaria, hay algunos datos correspondientes a países de ingresos altos que sugieren que los programas escolares de prevención de la violencia en las relaciones de noviazgo son eficaces. No obstante, todavía no se ha evaluado su posible eficacia en entornos con recursos escasos.

Otras estrategias de prevención primaria que se han revelado prometedoras pero deberían ser evaluadas más a fondo son por ejemplo las que combinan la emancipación económica de la mujer con la formación en materia de igualdad de género, las que fomentan la comunicación y las relaciones interpersonales dentro de la comunidad, las que reducen el acceso al alcohol y su uso nocivo, y las que tratan de cambiar las normas culturales en materia de género.

Para propiciar cambios duraderos, es importante que se promulguen leyes y se formulen políticas que:

  1. protejan a la mujer.
  2. combatan la discriminación de la mujer
  3. fomenten la igualdad de género
  4. ayuden a adoptar normas culturales más pacíficas.

Una respuesta adecuada del sector de la salud puede ser de gran ayuda para la prevención de la violencia contra la mujer y la respuesta consiguiente. La sensibilización y la formación de los prestadores de servicios de salud y de otro tipo constituyen por tanto otra estrategia importante. Para abordar de forma integral las consecuencias de la violencia y las necesidades de las víctimas y supervivientes se requiere una respuesta multisectorial.


FUENTE: OMS