martes, 23 de mayo de 2017

VIOLENCIAS Y FEMICIDIOS, LA DEUDA INTERNA

TÍTULO ORIGINAL: LA DEUDA INTERNA

A partir de un documento público del Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas, el Estado argentino tiene un año de plazo para informar sobre la implementación de políticas contra las violencias hacia mujeres, trans y travestis, enmarcadas por primera vez como hechos de tortura y malos tratos inhumanos y degradantes. Los reclamos surgen de las presentaciones que hicieron ante el Comité organismos políticos, sociales y de derechos humanos en Ginebra.




El Estado argentino deberá enviar a Naciones Unidas antes del 12 de mayo de 2018 un informe de seguimiento de las recomendaciones y observaciones que realizó el Comité Contra la Tortura (CCT) de ese organismo y donde manifestó su preocupación por el aumento exponencial de los femicidios y hechos de violencia contra las mujeres, el impacto de la aplicación de la legislación en materia de estupefacientes en el aumento de la población femenina encarcelada, las requisas vejatorias de personas transgénero y travestis en la vía pública, y las condiciones de detención humillantes en dependencias policiales. Es la primera vez que el CCT enmarca las violencias contra mujeres, trans y travestis como torturas y malos tratos inhumanos y degradantes. 

En un documento público con recomendaciones al Estado a partir de las exposiciones que hicieron a fines de abril en Ginebra funcionarios de gobierno, organismos de control y organizaciones sociales y de derechos humanos, el Comité calificó como “alarmante” el incremento “de los casos de violencia física sobre las mujeres detenidas bajo jurisdicción federal” y si bien “aprecia la información proporcionada” por el Estado argentino “con respecto al seguimiento que se ha dado a los casos de femicidio durante 2015”, advirtió que “lamenta que esta información no se haya extendido al período sujeto al examen”, desde inicios de 2016 hasta abril de 2017. 

El órgano de supervisión de Naciones Unidas hizo foco sobre el crecimiento preocupante de femicidios y violencias contra las mujeres y personas trans y travestis a partir del informe del Observatorio de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires presentado en la sesión de Ginebra, y que señala como torturas y malos tratos inhumanos y degradantes las diferentes violencias contra las mujeres, las condiciones de detención de mujeres y personas trans y travestis encarceladas y la violencia policial hacia este colectivo en territorio bonaerense. “En los últimos años el número de denuncias, de causas judiciales por violencia contra las mujeres y de casos de femicidios crecieron exponencialmente, lo que ha provocado masivas movilizaciones sociales y protestas que se congregan bajo la consiga NiUnaMenos”, dice uno de los párrafos del trabajo. “A partir del Informe elaborado por el Relator especial contra la tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes, entendemos que la violencia contra las mujeres puede configurarse como malos tratos y tortura porque es tolerada por el Estado, ya sea por omisión o por un conjunto de prácticas que consagran su impunidad y propician el aumento de situaciones de riesgo, exponiendo a las mujeres a violencias extremas perpetradas por autores particulares.” 

En la Argentina, una mujer es asesinada cada 18 horas, sin embargo no existen registros oficiales sobre femicidios y hechos de violencia pese a las últimas recomendaciones del Comité de la Cedaw. Las denuncias y causas judiciales sobre violencia contra las mujeres se han triplicado desde 2010: en la actualidad, en la provincia de Buenos Aires se reciben más de 600 denuncias por día solo en dependencias policiales y lo mismo ocurre con las causas penales por delitos relacionados con violencias que afectan a las mujeres. Pese a esto, el 75 por ciento de las causas que se inician por violencia de género son archivadas por la Justicia y la mayoría de los asesinatos de mujeres no son investigados ni juzgados como femicidios. El acceso a la Justicia presenta serios obstáculos por la falta de implementación de la ley de Patrocinio Jurídico Gratuito en todo el territorio nacional y la ausencia de perspectiva de género en la investigación y sanción de los casos, que genera un clima de impunidad frente al  número creciente de denuncias.

El CCT hizo un llamado puntual frente “al alarmante número de casos de femicidios y violencia de género registrados, así como el incremento de los casos de violencia física sobre mujeres detenidas”, y recomendó al  Estado intensificar sus esfuerzos para combatir todas las formas de violencia de género, incluidas dentro de los centros de privación de libertad, investigar en profundidad todas las denuncias, enjuiciar a los autores con  penas apropiadas  y garantizar a las víctimas políticas reparatorias integrales.

También expresó su preocupación frente al proyecto legislativo de reforma de la Ley 24.660 de Ejecución Penal, que limita el acceso a salidas anticipadas a un número amplio de condenadxs, y remarcó el número elevado de personas encarceladas bajo un régimen de prisión preventiva, que en el caso de las mujeres en la provincia de Buenos Aires supera el 64 por ciento y de las mujeres trans, el 80 por ciento.

La coordinadora del OVG, Laurana Malacalza, manifestó que el reconocimiento del Comité a la violencia contra las mujeres y contra personas trans y travestis, y a los obstáculos para acceder a abortos seguros y gratuitos como casos de torturas y malos tratos inhumanos y degradantes, “amplía el standard internacional que se entiende por violencia de género y en el marco de las relaciones interpersonales, y sobre las responsabilidades internacionales del Estado, al que le compete impedir que esos hechos se reiteren por la inexistencia de políticas públicas de prevención o por la inacción judicial frente a esos casos”.

De Ginebra en más, los organismos de control constitucional y de derechos humanos que participaron de la sesión podrán exigirle al Gobierno que cumpla con las recomendaciones del CCT, una herramienta válida para incidir en las definiciones de políticas públicas y de reparación de daños en todo el territorio nacional. “Es fundamental lo que se señala en el informe ONU sobre políticas de reparación a víctimas -destacó Malacalza-. Significa que el Estado no sólo es responsable de las políticas de asistencia y/o prevención, sino que tiene la obligación de reparar a las víctimas de violencias contra las mujeres y a lxs familiares de víctimas de femicidios, por los daños ocasionados por su inacción.”


El Estado argentino sigue manteniendo una deuda gravosa mientras no ponga en marcha políticas integrales que promuevan el fortalecimiento económico de las mujeres, el acceso a tierra, vivienda y a empleo formal para garantizar una vida libre de violencias, la creación de programas efectivos de asistencia a víctimas, sus hijxs y sus familias, la capacitación judicial con perspectiva de género, el cumplimiento de leyes y protocolos de salud sexual y reproductiva, programas de protección de testigxs y la implementación de políticas reparatorias de daños en los casos de violencia contra lesbianas, mujeres, trans y travestis.


A semanas de la tercera movilización nacional de Ni Una Menos, este 3 de junio, no es temerario afirmar que son las deudas pendientes las que están matando a las mujeres.

Fuente. La12 - Por Roxana Sandá

VIOLENCIAS: AYUDA EN CLAVE

TÍTULO ORIGINAL: Un secreto a cuatro voces

Bares y pubs de distintas ciudades alemanas promueven una frase en código para que muchachas puedan pedir ayuda al personal y salir ilesas de situaciones de acoso y violencia sexual. Una campaña que comenzó el pasado año en Gran Bretaña y continúa replicándose en otros países, más locaciones.





En Inglaterra, hay que pedir por “Jennifer” o “Ángela”, al igual que en ciertas urbes de España, Suecia, Sudáfrica o -incluso- del norte argentino; en Austria por “Sabrina”. Y solo recientemente, en Alemania, “Luisa” -nombre de origen germano que no tan curiosamente significa “guerrera”- se ha vuelto santa protectora de muchachas en potencial riesgo. Sucede que, haciéndose eco de exitosas campañas de distintos puntos del globo, la teutónica ciudad Münster recientemente ha lanzado Luisa Ist Hier: propuesta que invita a que damiselas en apuros, asediadas por hombres en bares, discotecas o restaurantes, pidan asistencia sin alertar al mentado perseguidor. “¿Tu cita se está propasando? ¿Te sentís amenazada? ¿Estás siendo sexualmente acosada? Andá a la barra y preguntá al staff: ‘¿Está Luisa aquí?’. Ellxs sabrán qué hacer”, ofrece la web oficial de la concienzuda iniciativa, donde la muchacha en cuestión solo necesita decir la frase decretada, un código pautado, y sin necesidad de dar explicación alguna, recibirá la requerida ayuda para escapar del mal trance… 

“Susi está celebrando con sus amigas Marie y Lisa, y hace contacto visual con un chico. Bailan. Él le invita una copa. Pero, en cierto momento, ella comienza a sentirse incómoda: el muchacho la acorrala, intenta besarla y reacciona violentamente cuando Susi detiene sus avances. Entonces ella mira a su alrededor; no encuentra a sus amigas ¿A quién puede recurrir?”,  se pregunta el sitio alemán Jetzt, previo a contestar con contundencia: ¡A Luisa! Léase, el/la bartender o mozo/a de ocasión, instruidos para lidiar con situaciones de ascendente peligro, amén de salvaguardar a posibles víctimas, dándoles un espacio seguro, asegurándose que lleguen a casa sin problemas, retirando del recinto al agresor. “La decisión última es de la mujer. Si decide abandonar el bar, el personal llamará a una amiga o le pedirá un taxi. Si decide quedarse, buscará el modo de que vuelva a sentirse protegida y a gusto”, anota Daniela Stöveken, impulsora junto a Andrea Werthmüller y Gerlinde Gröger -miembros de la organización contra la violencia sexual Frauen-Notruf-, de Luisa Ist Hier. Duchas, por cierto, en entrenar al staff de las locaciones que ya se han sumado a la propuesta, ofreciendo cursos temáticos, teléfonos de contacto de especialistas en acoso y violencia de género, afiches con información indispensable. 

“La acción está diseñada para atraer a mujeres y alentarlas en su derecho a pedir ayuda. Con una frase simple, sin complicaciones, buscando evitarles momentos desagradables, engorrosos”, advierte la tríada, entusiasmada porque cada vez más sitios se comprometan con la iniciativa (en la web, una guía de locales suscriptos evidencia que en otras ciudades -Flensburgo, Neuss, Leverkusen, Dusseldorf, etcétera- Luisa Ist Hier ya ha prendido). Y no se les caen los anillos al admitir que, en efecto, el modelo para la cruzada lo han tomado de la inglesa Ask for Angela, que debutó en el condado de Lincolnshire, en UK, el pasado septiembre, con sonados resultados y extensivas réplicas por coordenadas varias de Inglaterra y el mundo. Cuenta Hayley Child, coordinadora de estrategias contra la violencia y el abuso sexual de la región, que ciertos bares de la zona ya venían adoptando estrategias similares por cuenta propia, pero que la intención de sistematizar la acción responde a “promover un cambio cultural y empoderar a las víctimas para que tomen la decisión de reportar incidentes de acoso”. En su organizado caso, con afiches con similares sentencias a las antes mencionadas: “¿Tu cita de Tinder o Pof (Plenty of Fish) no es quien decía ser en su perfil? ¿Sentís que no estás en una situación segura? ¿Estás incómoda? Preguntá por Ángela, y el personal del bar sabrá que necesitás auxilio y te asistirá para salir de esa situación, llamará a un taxi o te socorrerá sin alboroto”. 

“Aunque se suponía que la idea inicial debía ser discreta para funcionar, con la viralización de la campaña esta opción ya no está en las cartas. Empero, el concepto aún es aplicable y cada local dispuesto a ponerla en práctica, puede hacerlo con su propia variedad, alternativa”, advierte Child, que contrario a lo que muchos presumen, no eligió el epíteto “Ángela” en referencia al ángel de la guarda: lo hizo en homenaje a su amiga Angela Crompton, que murió asesinada a martillazos por su marido en 2012...Ofrece además la inglesa que “al mirar la data de la policía, la tendencia es clara: la mayoría de los casos de violencia sexual suceden los viernes y sábados, y el alcohol a menudo está involucrado. Por tal razón, quería trabajar con pubs y bares, encontrar un modo sencillo de que se implicasen y dieran una mano a mujeres vulnerables”.   

En Estados Unidos, por cierto, una intentona semejante permuta nombre propio por trago: allí, la muchacha alarmada no pregunta por nadie; solícitamente solicita un trago de mentirillas, “el chupito Ángel”. De requerirse solito, el barman decodificará que la joven necesita que la escolten a su auto; con hielo, que velozmente le pidan un remís; con lima, que urgentemente llamen a la policía… 

Con todo, más allá de que pedir por Luisa, Ángela, Jennifer -y otras variaciones- sí ofrece una solución temporal a situaciones concretas de acoso, existen voces críticas que argumentan que lo que genuinamente provocaría un cambio cultural es pensar campañas que desalienten este tipo de conductas agresivas en varones. Para Geri Burnikell, de la ONG Support Line, en UK, por caso, “la prioridad debería ser que los hombres no actúen así en primer lugar, con sentencias más fuertes para disuadirlos. Todo debería estar orientado para decirles que su comportamiento es inaceptable, que será penado”.

Fuente: Página 12 - Por Guadalupe Treibel

viernes, 12 de mayo de 2017

LAS MUJERES DE LA PLAZA

“No lograron entristecernos, nos indignaron”, dice Nora Cortiñas, exultante, después de la marcha que el miércoles puso a ondular pañuelos blancos en todas las plazas del país con la fuerza de una marea. Lo dice cuando la indignación se ha transformado en alegría porque la enorme demostración de poder popular puso un límite muy concreto: a la impunidad, no. Una alegría compartida que emociona porque a la vez demostraba la fuerza de la unidad de las fuerzas políticas; fue un abrazo para esas mujeres que se rebelaron frente al poder en plena dictadura, cuando ese poder se pretendía totalitario. Nora es una figura emblemática de ese movimiento que lleva 40 años de persistencia en la calle, porque siempre fue crítica cuando había que serlo, porque siempre apostó a la unidad de quienes llevan los derechos humanos como bandera. 





La marcha fue extraordinaria”, festeja Nora Cortiñas, en la noche del miércoles 10 de mayo, con una Plaza de Mayo rebalsada de gente, un golpe a la impunidad y un efecto de la unidad de la lucha de los derechos humanos frente a la inercia del partidismo tradicional. “Fue un triunfo de la movilización popular rompiendo el silencio y las patrañas que quieren ponernos palos en la rueda, pero no lograron entristecernos perdonando a los genocidas. Nos indignaron”, subraya Nora, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora e independiente del poder político (una característica que resaltó su legitimidad y autonomía más allá de los ciclos electorales) y un símbolo de la unidad que pudo convocar a una sola marcha como no se podía, ni siquiera, en los 24 de marzo. Su figura resalta por su vitalidad, coherencia, alegría y lucidez, un filo sin flaquezas en la calle y en la palabra.



Mientras en la Catedral se proyectaba la frase “Aquí ocultaron apropiaciones” para negar cualquier reconciliación posible y los pañuelos blancos se multiplicaban con las manos en alto como bandera de un país que no olvida a quienes hicieron de los pañales un símbolo de maternidad política frente a la crueldad sin ley.



Nora Cortiñas pide la renuncia de los tres integrantes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación –Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti– que votaron la liberación de represores. “La plaza de la resistencia mostró abiertamente que no vamos a dejar avasallarnos con fallos inmorales de la Corte Suprema de Justicia. Sus tres miembros tendrían que renunciar si tienen dignidad. Esta plaza demostró que este pueblo no olvida, no perdona y no se reconcilia. Es un triunfo de la unidad y del pueblo rompiendo el silencio y haciendo resistencia mientras que el gobierno nos quiere sumir en el silencio”, resaltó. Y destacó la aprobación, por parte de la Cámara de Diputados y Senadores, de una ley que prohíbe la aplicación de la ley de 2x1 a los condenados por delitos de genocidio, lesa humanidad y crímenes de guerra): “Me parece muy bien que el Congreso esta vez escuchó al pueblo y tomo una determinación para avanzar en un país sin impunidad con toda la justicia y toda la verdad. Ahora tienen que abrirse los archivos para ver que paso con los desaparecidos y con los bebes apropiados”. 

Nora fue una de las oradoras del acto en donde su pañuelo se multiplicó en miles de brazos levantados. Leyó parte de un documento que alertaba que la Corte quería dejar libre a Jorge “Tigre” Acosta, Miguel Etchecolatz y a Alfredo Astiz. La muchedumbre gritó enfurecida contra los genocidas y ella se sumó también con sus propios gritos emponchada en una campera negra inflada, sin que ni el frío ni los años la detengan, pero, a la vez, haciendo de la voz del pueblo su propia voz y del eco un eco en el que ella se reconoce y se sabe reconocer. Fuera del palco, después de la marcha, en una pizzería del centro puso sus manos en la boca para gritar “Desaparecidas”. En una mezcla de recital y marcha con sillas desde todas las mesas se levantaron, con los brazos, en alto, para gritar, con su arenga, “presentes”. Nora levanto sus puños y llevo la voz cantante con el pie de “Ahora” y todas las mujeres que la rodearon reafirmaron “Y siempre”. Y el siempre se convirtió en himno “Hasta la victoria siempre” que salió de su voz fuerte como un puño, fuerte y renacida. 

fotografía de Sebastián Freire

Apenas un día antes de la marcha la misma garganta que forzaba un abucheo y entonaba el pedido de justicia y hablaba con y para la gente estaba dolida. La recuperación de la voz es una metáfora sin remedio. 

–Tengo la garganta amarga –le contó a Las12 y se consoló con el diagnóstico de un dolor político: “No es para menos”, el martes 9 de mayo. No hacía falta aclarar la amargura de un clima de época en donde el desprecio al pasado y la saña con las matemáticas de las desapariciones se vertieron, como una cloaca, en la conmutación de penas para genocidas decidida por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, una medida que ella define como una amnistía. “Nunca hemos pedido venganza, pero los crímenes no pueden ser atenuados con una amnistía”, subrayó.

Nora Cortiñas abrió la puerta de la calle Piedras, una oficina de un organismo que cobija frío, calcomanías pasadas de época y maderas que chillan, pero que no la amainan de dar no uno sino veinte pasos arribas para subir unas escaleras angostas y empinadas en busca de pastillas para su garganta amarga, pero nunca callada. Tiene 87 años y una vitalidad que no se puede explicar por el transcurrir de los años –desde 1930, la década infame hasta el presente de liderazgos CEO´s– si no es cruzada por una lucha lucida, decidida, autónoma y genuina. Camina y sube con pasos rápidos, la espalda apenas se la encorva. Y el rostro se le ilumina con los labios brillantes en rosa y los ojos resaltados por un celeste que hace de su rostro un mito, todavía, más iluminado. Tiene además un pañuelo –que se acomoda para las selfies– en el cuello hecho cadenita y en plata un collar mapuche, un saquito negro que la delinea y un prendedor con más brillo frente al brillo de su presencia que encandila con su pelo blanco. Cierra los ojos cuando algo se le escapa de una memoria prodigiosa en rescatar la memoria y apenas se le ven las líneas del esfuerzo por atrapar los nombres que vuelven a su boca. Los ojos se le abren y la victoria vuelve a la lengua: nada se le escapa.


Son 87 vital y móvil –define ella misma.  Y la mitad de su vida, en la calle, en una pelea que nunca tiene una victoria inmóvil, sino una defensa permanente. “Pasaron cuarenta años y la salud se resiente. La búsqueda y la angustia por un lado dan vitalidad de todos los días para seguir estando y levantar la bandera de lucha de nuestros hijos e hijas. También te compromete a cuidarte la salud para estar todos los días. Pero cuarenta años es mucho, con sus días, sus meses”, reseñó, también, sobre una pasión que hace de escudo al descuido o la inercia.

–¿Cómo ves la actual coyuntura política y judicial que enmarca la decisión de conmutar penas a genocidas?

–Ahora estamos viviendo momentos muy difíciles porque hay un gobierno de derecha y conservador que no es para nada lo que teníamos, con todos sus defectos.

–Vos, justamente, fuiste crítica...

–Yo fui crítica y me siento conforme. Saludo los avances que tuvimos, pero no estuve de acuerdo en temas que fueron errados de parte del gobierno como poner a (César) Milani como Jefe del Ejército, la Ley Antiterrorista, el proyecto X de (Sergio) Berni de espiar a militantes, Monsanto y otras cosas. 

–¿Crees que el 2 x1 fue una medida independiente del Poder Judicial?

Para nada. Es una medida obscena e inmoral. Pero esto fue preparado cuando se intentó sacar como feriado al 24 de marzo, entre otras cosas. Los miembros de la Corte (Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti) no vienen de carrera sino que fueron puestos, primero, de manera ilegal por el Presidente y, después, aprobados por el Congreso de la Nación. No fue ni rechazado ni discutido. Sabemos a quienes representan estos jueces. Y la Jueza (Elena Highton) de Nolasco antes rechazó esta medida y ahora se dio vuelta porque tenía que jubilarse por la edad. Preocupa este desfasaje de la Corte que tiene que gobernar para el pueblo. La ley del 2 x 1 no está hecha para crímenes de lesa humanidad. Esto es una amnistía y, por eso, el pueblo salió a la calle. 

–¿El 2 x 1 fue un intento también de abrirle la puerta a sectores pro represión?

Si salen los genocidas libres eso genera miedo. No titubearon en organizar los vuelos de la muerte donde se arrojaba a las víctimas torturadas y moribundas, ni siquiera muertas, y se arrojaron a madres que buscaban a sus hijos que fueron enterradas como tumbas anónimas durante muchos años. Las Madres nunca pedimos venganza. Pero sí que los crímenes no puedan ser atenuados en su condena ni puedan tener prisión domiciliaria. En la Argentina existieron campos de la muerte al estilo nazi. No puede ser que quienes cometieron crímenes que ofenden a la humanidad puedan salir a la calle. Por eso creemos en la movilización popular. 

–El respaldo a genocidas también se vio acompañado de mayor represión policial. Vos esperaste afuera de la comisaría cuando la policía detuvo a Micaela, la integrante de La Garganta Poderosa, que metieron presa, en marzo de este año, en Flores por filmar atropellos policiales contra un chico de 13 años…

–Afuera, no adentro –aclaró. La aclaración abre las aguas. Ella no solo viaja de Castelar a la Ciudad de Buenos Aires para hacer presencia, sino que se queda adentro hasta que la injusticia se resuelve.

–¿Cuál es el secreto para poder poner el cuerpo con tantos años de lucha?

–Me da la salud y otra cosa que es necesaria: la voluntad. Yo tengo voluntad, compromiso y salud.


Nora salió a la calle para reclamar por la desaparición de su hijo Gustavo, en 1977. Pero, además, se convirtió en una pionera feminista y formó parte de la comisión que organizó, por primera vez, un Encuentro de Mujeres, en 1986, en el Centro Cultural San Martín, de la Ciudad de Buenos Aires. Marta Merkin, Ana María Muchnik, Liliana Daunes, Claudia Korol, Mabel Belucci, Magui Belotti y Marta Fontenla son y fueron sus amigas feministas que le abrieron un mundo que para ella era desconocido y la hacía sonrojar hasta sacarse el pañuelo blanco que hoy, también, puede nombrar feminista. 

–¿Cómo te hiciste feminista?

–Las amigas feministas se arribaron a nosotras cuando había mujeres de partidos políticos que no veían con buenos ojos nuestro atrevimiento de ir a Plaza de Mayo. No tenían en cuenta que nos habían amputado una parte de nuestra vida. No éramos heroínas, sino madres que sentíamos el golpe terrible de la desaparición de un hijo o una hija. Pero no todas las madres son feministas, ni todas las feministas son madres.

–¿En un primer momento no combinaba ser madre con ser feminista?

–En ese momento no era difundido el feminismo. Ahora los mundos están unidos, pero, en los años ochenta, te mostraban una marcha feminista como desentendidas de lo que a nosotras nos convocaba que era estar apegadas al hogar. El feminismo te asustaba. Nosotras estábamos criadas dentro de un patriarcado y no te podías despegar tan fácil. Pero salir a la calle, hablar con otras mujeres, nos cambio.

–Vos contaste que en un Encuentro de Mujeres empezaron a hablar de sexualidad y te sacaste el pañuelo porque te dio pudor

–En ese momento parecía que hablar de placer no combinaba con buscar a nuestros hijos e hijas. Pero cuando dejas las cuatro paredes de tu casa ya vas cambiando. Empezás a aceptar a otros. En algunas familias muy patriarcales la homosexualidad era criticada, no como ahora, que hay libertad. 

–¿Cómo eras antes de convertirte en una Madre de Plaza de Mayo?

–Mi papá, Emanuelle, era un catalán muy machista, pero no quisiera decirlo para desvalorizarlo, era criado en la idea que el padre era la figura, el que tomaba las decisiones y el era muy celoso de sus hijas. Mientras que mi mamá, Mercedes, era muy tímida. Mi marido, Carlos, era igual, pero un poco más moderno porque creo que mi suegra era feminista sin saberlo. Ella tenía más autoridad. Yo cuando me casé creí que tenía deberes y no que tenía derechos, aunque mi marido era respetuoso y no era ni violento, ni mal educado conmigo. Era muy considerado, pero era patriarcal. Igual caminamos juntos por la vida y tuvimos a Gustavo y Marcelo. Soy viuda hace 24 años. Pero yo era la machista. Y cuando desaparece Gustavo, en 1977, y me tengo que topar con un mundo tan difícil para una ama de casa, ahí doy un paso para adelante. La mujer estaba muy desvalorizada por los militares y la Iglesia Católica. 

–Fuiste una de las pioneras de la comisión organizadora del Primer Encuentro de Mujeres. ¿En qué te cambiaron la vida?

Los Encuentros de Mujeres te van ayudando a entender, en la medida que te encontras con las historias de otras mujeres, de otras dimensiones como seres humanos. Yo no creo que sea la feminista perfecta, pero desarrollé un feminismo a mi modo. Y, en el 2015, Ni Una Menos, que explotó de una manera terminante, ayudó a la visibilización y a decir “acá estamos, tenemos derechos” y eso animó a otras mujeres, que son tímidas, o que se asustan. Yo creo que ahora los hombres nos tienen miedo porque nosotras ya no les tenemos miedo. 

Fuente: Página 12 , suplemento Soy - Por Luciana Peker

jueves, 11 de mayo de 2017

EL VIOLENTO NO TIENE LÍMITES

Título original: Violencia Vicaria: Las hijas y los hijos víctimas de la Violencia contra sus madres


En los últimos años, el mundo occidental ha tomado conciencia de la importancia de atender un delito que ocurría en la intimidad de una relación, de una casa, de una familia y que por lo mismo, se lo consideraba “privado”: la violencia contra las mujeres en el marco de las relaciones de pareja. Por ello, los países han considerado importante adecuar leyes, protocolos de actuación e intervenciones en dirección a protegerlas de su agresor, se han impuesto órdenes de protección y de alejamiento, aunque aún y a la luz de las estadísticas, estas medidas continúan siendo escasas. Las mujeres continúan siendo asesinadas a manos de hombres violentos que no aceptan ser dejados o contrariados en su afán de control y sometimiento.

En el sistema patriarcal, la violencia contra las mujeres, cobra la forma además, de desplazarse a todo aquello (o aquellos) a lo que la mujer está apegada o siente cariño.  Por este desplazamiento, el hombre expresa su odio dañando a las mascotas, dañando lo más preciado que tiene la mujer sobre la que ejerce violencia: daña su imagen desfigurando su rostro con ácido, desprestigia su “buen nombre y honor” publicando anuncios eróticos con su número de teléfono, amenaza con dañar o matar a sus padres o familiares, rompe sus objetos preciados, quema su ropa…


Judicialmente, ese individuo sabe que no tiene derechos sobre su esposa/pareja, pero sí sabe que conserva (y conservará hasta la mayoría de edad) poder y derechos sobre las hijas y los hijos. Por lo mismo, los transforma en objetos para continuar el maltrato y la violencia.

Sabe que esa mujer será capaz de callar, tolerar, ceder y seguir aguantando muchas cosas sólo por sus hijos e hijas. Sabe que la amenaza más efectiva (que siempre está presente en todos los casos de maltrato en la pareja) es: te quitaré a los/as niños/as!…entonces ella no se divorciará, no denunciará, no pedirá la mitad de los bienes y hasta entregará su parte del patrimonio con tal que él le deje ejercer la custodia y el cuidado de sus hijas/os .

Este individuo sabe que además, es muy probable que la justicia hará prevalecer los derechos de El Padre, por encima de cualquier otro interés, incluso a veces, llegando a interpretar de modo perverso, que el “interés superior del menor”, consiste en estar obligadamente con ese padre y en cumplir sus deseos.




Estos hombres violentos, frente a los obstáculos que las leyes y la justicia ponen a su afán de ejercer la violencia sobre la que consideran “su” propiedad privada, han encontrado el modo de continuar ejerciendo violencia y maltrato a través de la parte más vulnerable para ella: sus hijas/os. 



Todos los días vemos cómo hombres que durante el matrimonio no se preocuparon ni interesaron por sus hijas/os, al momento del divorcio, solicitan la custodia compartida, un régimen de visitas amplio y algunos solicitan la custodia plena, sólo por su afán de continuar en contacto con la mujer y continuar el maltrato, ahora a través de los hijos y las hijas. A este fenómeno, lo he denominado “violencia vicaria[1]”: aquella violencia que se ejerce sobre los hijos para herir a la mujer. Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y el daño se hace a través de terceros, por interpósita persona. El maltratador sabe que dañar, asesinar a los hijos/hijas, es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño extremo.


El maltratador sabe que dañar, asesinar a los hijos/hijas, es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño extremo.

Pero ¿qué factores hacen desplazar la violencia a los hijos y las hijas? ¿Qué mecanismo opera en un individuo que asesina a sus hijas/os? El principal factor que opera en primera instancia es sin dudas que pueda convertir a sus hijos/as en objetos, en instrumentos para infligir daño a quien considera la diana en su objetivo: la mujer. Que pueda asesinarles y dañarles, es la prueba irrefutable que para ese individuo, esos no son sus hijas/os y no les considera personas, por el contrario,  ellos/as son un objeto más para manipular, controlar y continuar maltratando e hiriendo a esa mujer. Él sabe que los hijos son lo más importante que tiene ella y al dañarles, el hombre violento se asegura que esa mujer no se recupere jamás.

Según la Macroencuesta de Violencia de Género elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2012,

En España:

  • 840.000 hijos e hijas de mujeres maltratadas sufren cada año las consecuencias de la violencia de género al vivir en el mismo hogar donde se produce.

  • 540.000 padecen la violencia de forma directa (el 6’2% de los niños y niñas de España).

  • En la última década, el número de menores muertos por causa de la violencia contra su madre asciende a 44 (entre 4 meses y 16 años de edad).

  • 26 fueron asesinados durante el régimen de visitas o en el periodo de la custodia compartida correspondiente al hombre.

De acuerdo al registro anual que realiza la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, muchos de los hijos e hijas perdieron la vida junto a sus madres durante un episodio múltiple de violencia de género. Pero ese modus operandi no fue mayoritario. Más de la mitad (23) de los 44 menores muertos en la última década por violencia de género no fue asesinado en presencia de la madre, sino durante el régimen de visitas o en el periodo de la custodia compartida correspondiente al hombre. Y en tres casos los niños fueron asesinados con la madre presente, pero sin que ella fuera agredida físicamente. Muchos de estos asesinos, avisaron previamente a la mujer lo que harían, generando impotencia y desesperación.

840.000 hijos e hijas de mujeres maltratadas sufren cada año las consecuencias de la violencia de género al vivir en el mismo hogar donde se produce.




Frente a estos hechos, nos encontramos con una realidad judicial que nos dice que el 80% de las víctimas de violencia de género no denuncia. Las mujeres creen que al divorciarse se acabará la violencia y al poner distancia con el maltratador, se pondrán “a salvo”. En la relación con un hombre violento, el divorcio, si existen hijas/os menores de edad, da comienzo al calvario para una mujer, ya que él estará dispuesto a utilizar todos los instrumentos a su alcance para continuar maltratándola, y esos “instrumentos” incluyen de forma prevalente a los hijos y a las hijas.




En la gran mayoría de los casos analizados durante la última década, la violencia vicaria sobre los hijos con resultado de muerte, fue el final de una violencia previa sobre la madre, episodios que arrastraban una larga historia previa de maltrato.

La violencia vicaria sobre los hijos con resultado de muerte, fue el final de una violencia previa sobre la madre.

[2]Casi un 60% de las mujeres maltratadas en el 2015 tenían hijos menores, y de ellos la mitad sufrió agresiones. No nos equivocamos si afirmamos que la Violencia contra la mujer-madre, es otra forma de maltrato infantil. Según la organización Save de Children, en España, en el 2014, 3.349 niñas y niños fueron víctimas de malos tratos en el ámbito familiar.

Las y los menores de edad, víctimas de la violencia hacia sus madres sufren graves secuelas y requieren de una asistencia especializada para prevenir problemas en la madurez. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció en 2014 a estos menores como víctimas del maltrato infantil, ya que considera que viven en un entorno en el cual la violencia es una pauta diaria, que puede afectar no sólo a sí mismos sino a sus relaciones afectivas y personales hasta convertirlas en un modelo negativo de relación.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial en España, sólo el 3,1% de los casos de violencia de género en España terminan con la suspensión del régimen de visitas a los padres que han maltratado a sus mujeres; y apenas en un 5,2% los jueces dictan la retirada de la guarda y custodia a los agresores como medida cautelar de protección de los menores.

A mi entender, creo que es hora de revisar la hermenéutica de las leyes, su interpretación y su tratamiento a la luz de pensamientos con visión y perspectiva de género. Es hora de comprender que un ser violento, que maltrata a su pareja, que es capaz de ensañarse con seres vulnerables que él considera de “su propiedad”, no dejará su violencia de forma espontánea ni la clasificará en “con esta si y con este no”.

Ser violento es algo más que una conducta: es un pensamiento, es una identidad, es una creencia que inunda todas las áreas de la vida de quien Es violento. No existe “con los niños no”, por el contrario, los niños y las niñas, aquellos sobre los que sabe que tiene poder, serán considerados objetos para ejercer su violencia. Este individuo sabe que son su arma más poderosa, que además la ley lo ampara y por lo mismo, continuará maltratando. Cuando les asesina disponiendo de sus vidas como si fuesen su propiedad privada, sabe que le asesta el golpe más fuerte a esa mujer, la madre. Un golpe del que nunca se recuperará.

El interés superior del menor, como indica la Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 20 de noviembre de 1989), debe prevalecer ante el ‘in dubio pro reo’. O sea, en todo fallo judicial, ante la duda, se tendría que favorecer a los menores no al padre sobre el que hay indicios de desatención o violencia.

El Tribunal Supremo de Justicia de España, en un fallo reciente por un caso de intento de homicidio de una mujer en presencia de su hija, resolvió: (cito textualmente)

 “(…) repugna legal y moralmente, mantener al padre en la titularidad de unas funciones respecto de las que se ha mostrado indigno pues resulta difícil imaginar un más grave incumplimiento de los deberes inherentes a la patria potestad que el menor presencie el severo intento del padre de asesinar a su madre (…) no resulta acorde con el derecho ni muy especialmente con la protección que merecen los menores, pues es un dato incontestable que la presencia de la menor en el ataque a su madre efectuado por su padre, va a tener un prolongado efecto negativo en el desarrollo de la menor de mantener este la patria potestad (…)”.

Fallos ejemplares en su esencia, como este, reconcilian con la justicia, y nos permiten considerar que para que la justicia sea justa, son necesarias juezas y jueces con criterios que contemplen en primer lugar y siempre, los derechos de los y las menores de edad, que no deben ser jamás la parte “menor” de ninguna causa, sino el núcleo central de todas aquellas que les involucren.





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[1] S/ RAE (como adjetivo) Vicario: 1. que toma el lugar de otra persona o cosa; sustituto. 2. castigo vicario: sufrido o realizado por una persona en lugar de otra.

[2] Fiscalía de Sala de la Violencia sobre la Mujer (España)


Fuente: Tribuna Feminista - Por Sonia Vaccaro.

LOS CAMINOS DE LA TRATA DE PERSONAS

Título original: Petroleo, minería y soja, los caminos de la trata de personas en el país

Las rutas del petróleo, la minería y la soja son también los caminos de la trata en la Argentina, coincidieron este viernes especialistas que participaron del Congreso Latinoamericano sobre Trata de Personas que concluyó en la ciudad de Neuquén.





El evento, al que asistieron referentes de Argentina, Colombia, México, y Paraguay entre otros países de la región, terminó hoy con un alerta de que "si no hay restitución de derechos para las jóvenes mujeres que caen en las redes de trata mientras parten del norte al sur en busca de trabajo, no hay lucha contra la trata en Agentina". 
"El 90 por ciento de las personas que son traficadas con fines de explotación sexual llegan a esa situación mientras están buscando trabajo. La mayoría de ellas son mujeres pobres que migran del norte hacia el sur del país hacia las rutas de la minería, el petróleo y la soja porque esas rutas son también los caminos de la trata", dijo a Télam Sonia Sánchez.
Sánchez autora de varios libros entre ellos "Ninguna mujer nace para puta" e integrante de la Plataforma de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, destacó el "llamado que hizo la Procuradoría de Trata y Explotación de Personas (Protex) para que el Estado Nacional declare al norte argentino en emergecia por el tema de la trata". 
"Estamos hablando de jóvenes mujeres empobrecidas en busca de empleo en el 90 por ciento de los casos", sostuvo Sánchez, que también integra el colectivo No Violencia Activa, y que apuntó contra los gobiernos que no cumplen con la Ley de Trata 26.842, "que obliga a restituir los derechos civilles, económicos y sociales de las víctimas de trata. 
Para la especialista, las rutas de la producción que demandan trabajadores golondrinas como son la del petróleo, la minería y la soja coinciden con los caminos de la trata, más aún en contexto de pobreza, aclaró. 
"Si donde hay petróleo, hay prostíbulos el Estado debe actuar y su acción debe ser integral y ajustada a la ley", completó Sánchez, quien sostuvo: "La mujer rescatada de las redes de trata deben volver a recuperar su condición de sujeto de derechos". 
En línea con Sánchez, la fiscal Coordinadora de la Unidad Especializada contra la trata de personas de Paraguay, Teresa Martínez Acosta, expresó que "si uno va a posicionarse en el combate a la trata sólo desde la persecución penal no lo vamos a resolver nunca"
"Si no atacamos a los factores que determinan que exista una víctima de trata, siempre nos están ganando. Las principales causas son la inequidad de género y la falta de oportunidades de empleos", sostuvo
En tanto, Margarita Meira, de Madres Víctimas de Trata, aseguró: "Hay alrededor de 30 mil prostíbulos en todo el país, para nosotros los prostíbulos son centros clandestinos de violaciones, donde una piba es violada por más de 30 hombres por día, quemada, alcoholizada, drogada y luego asesinada.
"Este es un negocio millonario y es la peor violación a los derechos humanos porque son las nuevas desaparecidas en democracia", puntualizó
Otra de las participantes, la presidenta de la Red Alto al Tráfico y la Trata que trabaja en 14 provincias de la Argentina, Viviana Caminos, dijo que "la causa de la trata tiene que ver con muchas cuestiones. Primero que es un negocio con el que se ganan millones a nivel mundial, después con que por mucho tiempo no hubo ley que persiga. Y por otro lado existe el problema de la vulnerabilidad y la droga que son temas muy presentes". 
Para Yanina Basílico, del Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata el Estado trabaja para erradicar esta problemática, reconocemos que en nuestro país, está en todo el territorio argentino. Nosotros sabemos que tenemos trata interna y externa." 
Según la Protex, a cargo de Marcelo Colombo, en 2016 se recibieron más de 1.800 denuncias a través de la Línea 145, casi un 50 por ciento más que en 2015, lo que adjudicó a la más eficaz difusión que el Estado nacional hizo de la línea de denuncias telefónicas gratuitas y anónimas a través de los medios televisivos, radiales y gráficos.

Fuente: Diario La Jornada.

lunes, 8 de mayo de 2017

BAHÍA BLANCA: ESTADÍSTICAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO

Datos publicados por la Oficina de Violencia de Género, Fiscalía General, de la ciudad de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.

AÑO 2017 - 1° TRIMESTRE











AÑO 20 16 - MISMO PERÍODO







Fuente: Oficina de Violencia de Género, Fiscalía General, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires.-

LIBRES, NO VALIENTES

Si no puedo bailar, no me interesa tu revolución”, es la frase de Emma Goldman que se repite como un escudo para rechazar la moralina. Y es lo que reclaman las chicas –y las grandes también, pero ellas están más expuestas–, un tiempo propio que les permita experimentar, un tiempo no productivo más que para su deseo de encontrarse con su comunidad sin tener que enarbolar una valentía fuera de serie. A las chicas, jóvenes y adolescentes, se las mira todavía menos a la hora de pensar políticas públicas que protejan también su derecho a la deriva. Terminar con la violencia machista, protegerlas, exige mucho más que una respuesta represiva a su libertad de movimientos. Escuchar sus voces en lugar de condenarlas es un primer paso para empezar a elaborar respuestas que les permitan ser libres y no sólo valientes.


La ciudad puede ser la misma, pero cambia. Los cuerpos obedientes reposan en sus camas o frente a la computadora que les diagrama series. La seriedad toma el día. En cambio, las chicas desobedientes traman sus juegos en redes sociales y multiplican sus ganas, comen para empezar y comparten el delineador o la risa. Se estiran como sus medias negras a pellizcos o saltan para atrás haciendo de su cuerpo una fuerza sin gravedad. Bajan y suben, se van y se buscan, vuelven y son otras, van para ser ellas mismas. La noche no solo es un tiempo de luna, estrellado de faros que no delatan la vista deambulante. Además es un territorio despejado de desaprobaciones y ambulante por naturaleza, a contrareloj del sentido del deber y a tiempo para el deseo. 

La noche no puede ser un territorio de peligro porque -justamente- es el territorio del placer, de la investigación, del ocio y el tiempo con pares, sin productividad reclamada. Sin el derecho al placer y a la noche no hay conquista. Pero el miedo se hace carne con cada chica menos, desaparecida, asesinada o acosada en los talones de una sociedad que asusta como el lobo a Caperucitas que no están en un bosque y ya no son indefensas. No quieren ser valientes, sino libres, gritan y exigen en cada marcha del 3 de junio, 8 de marzo o asamblea en Plaza de Mayo. El miedo no se extingue solo como un soplido de furia o de fe. Pero también se detona con lazos sociales, con sororidad y exigencia de políticas públicas. Pero no solamente que saquen a las mujeres que sufren en su hogar la violencia machista, sino que no limite a las jóvenes y adultas en la calle como un adoquín frente al que nada puede hacer volver atrás. 

Pero, muy especialmente, de las jóvenes. En la violencia machista, en los modos que se ejerce, existen claras diferencias de clase y, también, diferencias etáreas. Las chicas están más desprotegidas y a ellas se les dedica menos presupuesto y políticas públicas. Paula Rey, Responsable del área de comunicación del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) apunta: “Cuando hablamos de violencia contra las mujeres muchas veces decimos que la casa es el lugar más peligroso, porque es en el ámbito privado en el que ocurren la mayoría de los casos. Sin embargo, durante el monitoreo de medios que realizamos en el marco del proyecto “Adolescentes Mediatizadas” encontramos que esto no siempre es así para las más jóvenes. En el 31 por ciento de los casos los agresores pertenecían al círculo íntimo de la víctima (pariente, pareja, ex pareja) pero en el 56 por ciento de las veces los agresores no pertenecían a su círculo íntimo. Sin embargo, esto no puede justificar que se coarte la libertad de las adolescentes. Las demandas de las mujeres por el derecho a vivir libres de violencias no debiera  utilizarse para sostener un viraje a políticas represivas que no dan respuesta a la violencia de género”. 


Si las mujeres siempre son señaladas como culpables de lo que, en verdad, son víctimas, las jóvenes son doblemente señaladas. Se les descargan muchos más prejuicios contra sus cuerpos ya sin vida. Y no sólo contra ellas -y sus familias- sino, también, contra las otras, las muchas, las pibas que crecen y se rebelan contra el miedo. Y los femicidios buscan dejarlas quietas. Por eso, hoy y sí hoy más que nunca, la noche es un derecho. 

“En la geografía temporal de la ciudad la oposición día-noche se ha constituido, en frontera entre generaciones”, describía el sociólogo Mario Margulis en el libro “La cultura de la noche, la vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires”, editado por Espasa Hoy, en marzo de 1994. Eran los noventa y Eduardo Duhalde, en su carácter de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, impulsaba una ley para restringir los bailes nocturnos. La noche en sí misma era estrellada como maldición liberadora.  “Lo esencial en la significación de la noche para el análisis de la nocturnidad, de la promesa de fiesta que requiere de horas avanzadas, es situarse en el tiempo opuesto, en el tiempo en que los padres duermen, los adultos duermen, duermen los patrones; los poderes que importan, los que controlan desde adentro, están físicamente alejados y con la conciencia menos vigilante, adormecida por el sueño”, resaltaba. Y exaltaba el corazón bendito de las calles apagadas con lucecitas titilantes como en una Navidad para entendidxs. “La noche aparece para los jóvenes como ilusión liberadora. La noche comienza cada vez más tarde. Se procura el máximo distanciamiento con el tiempo diurno, con el tiempo de todos, de los adultos, el tiempo reglamentado, la mayor separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio. Este tiempo distanciado, conquistado a contracorriente de las costumbres y los hábitos, este tiempo especial parece propicio para la fiesta”, invita y reivindica: “La noche constituye el territorio de los jóvenes”. Y de ese territorio a las chicas no las saca nadie. 

“En la noche  el tiempo se inmaterializa,  los encuentros pueden prolongarse, las amigas se multiplican, las carcajadas son posibles, las desobediencias ni hablar.  Las chicas son sujeto de agencia, de historia y de deseo y algo de eso, de alguna forma, muchas lo saben, o lo intuyen, lo activan y profundizan”, subraya la Doctora en Antropología Silvia Elizalde e investigadora del CONICET en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la Facultad de Filosofía y Letras. Ella es la autora del libro  “Tiempo de chicas. Identidad, cultura y poder” y resalta las diferencias de género: “La noche también tuvo y tiene división sexual del trabajo y del deseo. En su transcurso las chicas performan una cartografía propia donde reclaman igualdad y respeto, pero muchas van por más: demandan autonomía y justicia erótica, libertad total de movimiento y experiencias plenas. Placer y cuidadanía”.

Ella destaca la trayectoria de la investigación sobre la noche en los noventa (con el trabajo que encabezó Margulis) y ahora. Pero marca que antes la palabra jóvenes englobaba a tuttis y ahora, en cambio, las chicas adquieren una dimensión histórica. “Entonces la noche fue pensada como ese espacio-tiempo donde las opresiones y penurias diarias de pibes y pibas marcados a fuego por la incertidumbre sobre el futuro podían suspenderse momentáneamente, donde la autoridad de padres, madres, docentes y del mundo adulto en general interrumpía parcialmente su poder y algo de la libertad sin freno emergía como potencialidad democrática. La desigualdad, claramente, no desaparecía (es más, se continuaba implacablemente en los consumos y jerarquías simbólicas), pero una poderosa dimensión imaginaria habilitaba la posibilidad de un lugar para un “nosotros” juvenil cargado de pogo, de roces, de música, de cuerpos, de eros. Hoy, casi tres décadas después de aquellos análisis, la mención a la noche, en su cruce con las juventudes, se vuelve imposible sin la referencia a las chicas. A sus prácticas, a sus potencias y a sus deseos de baile, de fiesta, de celebración, de intercambios y de libertad para sus cuerpos y corazones, para sus bocas y sus miradas, tímidas o desafiantes, pero tan genuinas en su aquí y ahora. Hoy, como antes, hay una  noche que les propone un lugar fijo y restrictivo donde quedarse, cual muñequitas de torta o nenas calientes. Pero ese lugar ya no es tan fácil de ser ocupado dócilmente y muchas despliegan estrategias de sororidad espontánea para cuidarse y acompañarse, porque afuera y adentro, y cada día más, se las mata, se las viola, se las usa como territorio de una guerra entre machos”. 


 Fuente: Página 12 - Por Luciana Perker


LAS MUJERES EN EL SISTEMA JUDICIAL

TÍTULO ORIGINAL: ¿ Que tan relegadas están las mujeres en el poder judicial?

“Techo de cristal”. Así definen distintas teorías sociológicas a la segregación laboral que le impide a la mujer llegar a los puestos más jerarquizados en un pie de igualdad con los hombres. El techo es de cristal porque se trata de una barrera transparente e invisible pero sólida, construida a partir de restricciones estructurales.






  “La mayoría de las mujeres trabaja en ambientes ocupacionales diseñados por hombres y estructurados de forma tal que, a pesar de pretender la neutralidad de género, solo perpetúan las desigualdades”, asegura la investigadora Paola Bergallo.

  


 La política debió recurrir, casi de manera forzada, a la ley de cupos (la 24.012, en 1991), que establece al menos un 30% de presencia femenina en las listas de candidatos, aunque soportó embates de quienes la consideran -casi como efecto contrario- discriminatoria, por hacer prevalecer el género por encima de la idoneidad.

   Y está bien que los cargos se cubran por capacidad, aunque como reconoce el constitucionalista Roberto Gargarella, "el Derecho depende siempre del intérprete que 'lee' el Derecho", con lo cual es necesario tener tribunales más heterogéneos e inclusivos a fin de no tener miradas sesgadas.

   La administración del Estado, aun con evoluciones, todavía no pudo sortear determinados escollos que le impiden a la mujer equiparar la posición del hombre. Después de visibilizarse el #NiUnaMenos, y en medio de gritos sociales, especialmente del colectivo feminista, para alcanzar una justicia con perspectiva de género, quienes definen las acciones de ese Poder y resuelven nada menos que las sentencias son, en su mayoría, hombres. Cuanto más cerca del vértice de la pirámide, más masiva es la presencia masculina.

   “En un sistema en el que los hombres son el molde, las prácticas de reclutamiento, exigencias de ingreso, promoción y políticas de retención, a pesar de su pretendida neutralidad, privilegian a los candidatos por sobre las candidatas”, afirma Bergallo.

   Desde la vuelta de la democracia, en 1983, la mismísima Corte Suprema de Justicia, el máximo órgano judicial de la Nación, fue exclusivamente masculina hasta 2004, cuando se aprobaron los nombramientos de Elena Highton de Nolasco (se mantiene en el cargo) y Carmen Argibay (falleció en 2014). Antes solo existía el antecedente de Margarita Argúas, quien ejerció el cargo entre 1970 y 1973.

   Desde 1853, año en que la actual Constitución nombró al primer juez, pasó más de un siglo hasta que se designó a la primera jueza: María Luisa Anastasi de Walger, en el fuero Civil.


Las Cortes de las provincias no son excepción 

   Siete de las 24 Cortes provinciales están hoy integradas únicamente por varones: Chubut, Corrientes, Formosa, La Rioja, Mendoza, San Juan y Santiago del Estero. Las mujeres representan, en esos ámbitos provinciales, apenas el 26% del total.

   Los superiores tribunales que más mujeres tienen son el de la Ciudad de Buenos Aires y el de Chaco, con 3 jueces sobre 5. En Santa Cruz, la composición fue similar hasta agosto de 2016, cuando una de sus integrantes mujeres falleció y el puesto está aún vacante. Son los únicos casos donde el número de mujeres supera al de hombres.

   Chaco implementó en 2012 un sistema de concursos, similar al que rige a nivel nacional para los jueces de instancias inferiores. Los postulantes a jueces del STJ deben pasar por un concurso público y de antecedentes ante un Consejo de la Magistratura.

   Está claro que en las máximas instancias judiciales de la mayoría de los estados argentinos prevalecen ideas patriarcales y machistas. Tiempo atrás, el juez Miguel Ángel Donnet, del Supremo Tribunal de Justicia de Chubut, declaró que “la presencia de las mujeres oxigena mucho, pero se debe preparar porque no deja de ser mujer y tiene las responsabilidades de la casa, hijos, estudio”. Y unos años antes, en Tucumán, René Goane, juez de la Suprema Corte de esa provincia, aseguraba que "desde que se intensificó el ingreso de personal femenino (a las dependencias judiciales) se trabaja menos tiempo. Quieren entrar a Tribunales para tener la tarde libre”.

¿El freno en La Plata lo pone una mujer? 

   La Suprema Corte de Justicia bonaerense es presidida, desde el 18 de abril, por la única mujer que la integró en su historia, la doctora Hilda Kogan.

   La secretaría de Género de la Asociación Judicial Bonaerense (AJB) le planteó a Kogan dos proyectos relacionados con la problemática, aunque, según dicen, la magistrada -paradójicamente- "no da el ámbito para el debate”.

   “Lo que más nos preocupa dentro del colectivo femenino de la AJB es que tenemos una presidenta mujer en la Suprema Corte y no nos da cabida a dos temas importantes, como incluir la licencia por violencia de género para las trabajadoras judiciales y, por otro lado, crear lactarios en cada departamental”, explica Verónica Spoerle, secretaria de Género de la delegación Bahía Blanca del gremio.

   ¿Es por una cuestión presupuestaria o ideológica?, se le pregunta.

   “Creemos que por los dos aspectos. En el caso del lactario, no es tan oneroso, porque sería una habitación, con 2 o 3 sillones, un cambiador y una cocina, para que tenga un ámbito no solo la madre, sino el padre que desee darle el biberón a su hijo. Queremos hacerlo extensivo a las 19 departamentos judiciales. Hoy solo funciona en San Martín, Dolores y La Plata”, afirma.

   En esa misma linea, ratifica su idea de que "nuestra justicia es totalmente machista y patriarcal. Se ve en las sentencias, se revictimiza a las víctimas".

   Dentro del Poder Judicial -explica Spoerle- no hay cupos como en la política, aunque sí se respeta en la Asociación Judicial Bonaerense. “Igualmente, en casi todos los gremios, los secretarios generales son hombres. En nuestro caso, de 19 departamentales, solo Trenque Lauquen la conduce una mujer”.

   La estadística publicada en este informe, que da cuenta de la relación entre los cargos y el género en el Poder Judicial de la provincia de Buenos Aires, forma parte de un trabajo que la AJB difundió en un reciente encuentro provincial de las secretarías de Género.

   “Está a la vista que en los cargos superiores están cubiertos por hombres y que en las categorías inferiores se encuentra la masa más importante de las mujeres”, concluye.


“Marcada distancia entre el discurso y la práctica”


   La magister Pamela Tolosa no solo es, desde hace casi 3 meses, la primera decana del departamento de Derecho de la UNS sino que, en 2001, se convirtió en la egresada número 1 de esa carrera, que se puso en marcha en la ciudad durante 1996.

   Por su condición de género y especialista en la materia, es una palabra autorizada para referirse a la posición de la mujer en el ámbito judicial.

   “Existe una marcada distancia entre el discurso sobre perspectiva de género y la práctica en la Justicia y en todos los ámbitos, lamentablemente. Y todavía ni siquiera existe el discurso en algunos ámbitos”, afirma.

   Si bien los movimientos feministas funcionan desde hace casi 2 siglos, el debate sobre la igualdad de derechos entre hombres y mujeres -según Tolosa- todavía se presenta como una “novedad o tema de moda” en algunas instituciones.

   “En el Poder Judicial resulta particularmente notorio el fenómeno del 'techo de cristal': en algunos lugares la mayoría de los cargos letrados lo ocupan abogadas, o la distribución es paritaria entre hombres y mujeres, pero no hay juezas en los cargos de mayor jerarquía (tribunales de segunda instancia y superiores tribunales de provincias). La realidad de la Corte Suprema de Justicia de la Nación es un reflejo claro de este fenómeno: solo dos mujeres integraron el máximo tribunal del país en toda su historia”, señala.

   La decana cree que uno de los aspectos que demuestra la desigualdad real de oportunidades es que son muchas más las mujeres que los hombres que se gradúan en Derecho en todo el país.

  “Los factores que fomentan la desigualdad son diversos y la mayoría están culturalmente muy arraigados. El hecho de que se considere natural asignar la responsabilidad exclusiva o principal de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos a las mujeres, es uno de los factores relevantes. Y todavía eso ocurre. Para muchas mujeres el mayor avance en ese sentido ha sido lograr 'la ayuda' de sus parejas en esas tareas cuando salieron a trabajar fuera de sus casas. Y eso condiciona fuertemente a las mujeres en el mercado laboral y las posiciona en desventaja”, opina.

   - ¿A su juicio, qué ganaría la Justicia con una mayor penetración del cupo femenino?

   "En principio, sería garantizar la igualdad de derechos. El Poder Judicial debería tener una composición más igualitaria en los cargos jerárquicos porque se supone que lo integran hombres y mujeres de Derecho, que deberían ser luchadores por la igualdad en todos los ámbitos. Asimismo, una mayor presencia de mujeres en cargos jerárquicos incrementaría la probabilidad de garantizar políticas de género desde el Poder Judicial", dice.

   En ese sentido, marca dos antecedentes: la creación de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, promovida por Carmen Argibay, y la creación de la Oficina de Violencia Doméstica, impulsada por Elena Higthon, que cumplen roles muy importantes en casos de violencia de género.

   “Además implicaría una mayor diversidad de criterios de decisión y mayor probabilidad de aumentar la perspectiva de género en las decisiones judiciales. Si consideramos que los justiciables son hombres y mujeres, ampliar la diversidad de argumentos y la perspectiva de género parece razonable. Sin embargo, la sola presencia femenina no garantiza la inclusión de perspectiva de género. El machismo no solo es cosa de hombres”, advierte.

   Por último, destaca el rol de la universidad en la formación con perspectiva de género, como espacio de capacitación y reflexión sobre los derechos de las mujeres.

   El departamento de Derecho de la UNS, junto con los colegios de Abogados y de Magistrados y la Secretaría de Extensión, implementó el Programa Género, Igualdad y Derecho, que apunta a la formación interdisciplinaria y a la reflexión. Participan estudiantes, graduados, magistrados y docentes.



Un vértice que es claramente masculino

   Los máximos órganos de la justicia bonaerense en Bahía Blanca son las Cámaras de Apelación en lo Penal y en lo Civil y Comercial. Cada una cuenta con dos salas y en total 10 jueces (6 en lo Penal y 4 en lo Civil). Son todos hombres.

   Apenas dos mujeres llegaron a esa instancia, ambas en el fuero Civil. Se trata de las doctoras Hilda Selva Vázquez de Fortunato y Cristina Castaño, quien se jubiló hace algunos años.

   Se equilibra la balanza, aunque con prevalencia masculina, en los tribunales y juzgados de primera instancia de todos los fueros, con la presencia de 20 jueces y 17 juezas. En el área de Familia hay preeminencia femenina, aunque solo 2 cargos están con titulares.

   En los juzgados de Garantías, encargados de regular los procedimientos durante la etapa de instrucción de las causas penales -como la conversión de aprehensiones en detenciones, la orden de allanamientos o el dictado de prisiones preventivas y/o sobreseimientos-, también prevalecen las mujeres, con 3 juezas en 4 cargos.

   Los tres tribunales en lo Criminal, dispuestos a juzgar los delitos más graves, están conformados, en total, por 5 hombres y 2 mujeres y hay 2 cargos vacantes, mientras que están parejos los 4 juzgados en lo Correccional (2-2), que resuelven hechos con penas de menos de 6 años de prisión.

   En el fuero de Trabajo también hay paridad (3-3), mientras que en los 8 juzgados en lo Civil y Comercial figuran 5 hombres, 2 mujeres y el restante está vacante.

   Lo más llamativo es cómo se invierte el posicionamiento femenino cuando se baja de categorías jerárquicas y se pasa a las de secretarios y auxiliares: las mujeres son casi el doble (80-45).

   Desde el Consejo de la Magistratura de la provincia de Buenos Aires -organismo encargado de la selección de las ternas de postulantes a magistrados que son elevadas al Ejecutivo- una fuente confirmó que no existe una estadística sistematizada sobre la cantidad de concursantes según el género, aunque especuló que es "bastante parejo" el número de hombres y mujeres que rinden.

   Sin embargo, el Consejo de la Magistratura lo integran 19 personas (presidente, vice y consejeros de los tres poderes y del Colegio de Abogados), de los cuales apenas 2 son mujeres.

La misma tendencia

Una de cada cuatro en el fuero federal

   En la órbita federal de la justicia bahiense hay dos jueces de primera instancia, un hombre (Walter López Da Silva) y una mujer (Gabriela Marrón), que está de licencia.

   Sin embargo, la Cámara Federal de Apelaciones solo tiene presencia masculina. El único titular de los 5 cargos es el doctor Pablo Candisano Mera, aunque las subrogancias son cubiertas por otros magistrados varones.

   La única mujer que ocupó la Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca es Elena Cora Gómez Martínez, quien ejerció entre septiembre de 1974 y marzo de 1976.

   En todo el fuero -contando las cámaras del interior, Seguridad Social, Contencioso Administrativo Federal, Penal Económico, Electoral y Federal de Casación Penal, entre otras- son 97 mujeres y 302 hombres.

   Es decir que de cada cuatro jueces federales, solo una es mujer. Lo informó la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina (AMJA).

Fuente: La Nueva - Por Juan Pablo Gorbal.