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domingo, 3 de marzo de 2019

FEMICIDIOS: UN ESTADO QUE NO PROTEGE Y BUROCRATIZA

Falta de cifras actualizadas, establecidas a partir de una metodología uniforme y criterios definidos de antemano; estadísticas dispares; botones antipánico que no funciona o no son suficientes para proteger a las víctimas: un paradigma que privilegia lo securitario y punitivista por sobre otras definiciones relacionadas con las políticas sociales cuando se trata de violencias machistas. Laurana Malacalza, Sofia Caravelos, Carolina Racak, Josefina González y Sofia Sesin Lettieri son Integrantes del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoria del Pueblo de la provincia de Buenos Aires- OVG-. Analizan los femicidios ocurridos en Argentina en lo que va del año y las respuestas estatales a estos crímenes. Las expertas proponen un enfoque interseccional que pueda dar cuenta y abarcar las múltiples violencias que atraviesan a las mujeres, lesbianas, travestis y trans.
Un interrogante que invariablemente aparece ante la noticia de un nuevo femicidio, es si la violencia machista ha “aumentado” en estos últimos años. Una pregunta que si bien es necesaria no alcanza a dar cuenta del sentido que cada una de esas muertes adquiere. Para responder la pregunta, necesitaríamos, por un lado, poder contar con cifras actualizadas, establecidas a partir de una metodología uniforme y criterios definidos de antemano, que permitieran armar tablas comparativas entre los mismos períodos de tiempo . Por lo tanto deberíamos poner en foco cómo los organismos públicos y las organizaciones feministas construyen las estadísticas. Los registros estatales dan cuenta de la disparidad de criterios utilizados para producir información sobre los femicidios.

Revisando los registros públicos, observamos que los datos más actualizados son del año 2017, a excepción de algunos datos parciales del año 2018 del Defensor del Pueblo de la Nación. Si se pone el foco sólo en territorio bonaerense, la jurisdicción más poblada del país, el Registro de Femicidios de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia, arroja un total de 113 femicidios ocurridos en la Provincia de Buenos Aires, mientras que la Procuración de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, señala que fueron 98 las víctimas de femicidio. Por su parte, el Observatorio de Femicidios del Defensor del Pueblo de la Nación relevó 119 femicidios ocurridos a nivel provincial. En su informe parcial del año 2018, basado en un análisis de las coberturas periodísticas, señala que hasta el 15 de noviembre, ocurrieron 88 femicidios en la provincia de Bs. As. En tanto el Registro Nacional de Casos de Femicidio elaborado por el Observatorio de Marea Feminista “Ahora que si nos ven”, estableció que serían 76 las víctimas en el territorio bonaerense a partir del relevamiento de medios gráficos y digitales.

Esta disparidad en los números no solo da cuenta de los diferentes criterios para establecer qué muerte es definida como femicidio, sino también de la imposibilidad de conocer si aumentan o no la cantidad de muertes, en tanto se utilizan distintas metodologías que no permiten comparar los datos. Mientras que algunos registros toman los datos de las causas judiciales otros lo hacen de las noticias periodísticas.
Por otro lado, creemos que tan necesario como contar con estadísticas confiables es poder avanzar en la comprensión del significado de estos femicidios. Es preciso desentrañar sus diferentes sentidos e interrogarnos sobre los modos en qué estas formas de violencia se entrelazan con otras. Con la violencia sexual o con las violencias promovidas por las organizaciones criminales o de las fuerzas de seguridad, para dar solo algunos ejemplos. Todo esto en un contexto de profundización de los proyectos neoliberales que se combinan paradójicamente con una fuerza movilizadora inédita del feminismo como actor político y una oleada neoconservadora de las derechas que avanzan sobre nuestro continente.

Analizando los últimos femicidios no podemos dejar de señalar los altísimos niveles de crueldad que expresan. Como siempre nos recuerda Rita Segato, hay un orden que busca instalar la crueldad como paisaje de normalidad,  por eso no solo los cuerpos de las mujeres y las niñas aparecen como desechos, como “objetos” posibles de ser desmembrados y arrojados a los basurales sino que la forma en que se cometen estos femicidio dan cuenta de altísimos niveles de letalidad e impunidad: cometidos en lugares públicos a plena luz del dìa, utilizando el arma reglamentaria, asesinando a mujeres embarazadas a martillazos, a mujeres enfermas en los hospitales públicos. Un mensaje de poder y soberanía absoluta sobre nuestras vidas.
Entendemos que los significados que expresan estos femicidios pueden contribuir a definir qué tipos de demandas debemos exigirles a los gobiernos en materia de políticas públicas. Realizando una lectura de los casos ocurridos en lo que va del año 2019 a nivel nacional, se vuelve evidente que requieren la implementación de políticas públicas diferenciadas por parte del Estado. Sólo de este modo será posible incidir en los contextos que habilitan el despliegue de las violencias femicidas. Tenemos casos de mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años, víctimas de agresores desconocidos. Por otro lado, mujeres que han denunciado a sus parejas o ex parejas reiteradamente y cuentan con medidas de protección; dentro de los cuales cobran especial trascendencia los casos de femicidios ocurridos mediante el uso de armas confiadas por el Estado a los agentes de seguridad. Por último, los femicidios vinculados y aquellos que ocurren luego que fueron denunciadas las desapariciones de niñas/adolescentes/mujeres, sin haber podido el Estado encontrarlas antes de que fueran asesinadas. Un dato no menor, también resulta ser el desenlace suicida de los agresores que obstaculiza el desarrollo de las investigaciones penales.

Hasta el momento, la forma en cómo se define el abordaje de las violencias contra las mujeres, personas trans y travestis desde lo estatal, está atravesada por la centralidad que ocupan las políticas de seguridad y de control penal en la resolución de los conflictos sociales. En este marco, las intervenciones estatales para la prevención y asistencia de las violencias contra las mujeres, y personas trans y travestis -específicamente las ocurridas en el ámbito intrafamiliar- se han sustentado en un paradigma que privilegia lo securitario y punitivista por sobre otras definiciones relacionadas con las políticas sociales. Así, se ha ido consolidando una forma de abordaje estatal centrada en criterios de gestión de los casos de manera individual, fragmentada y desarticulada, por parte de las distintas agencias del Estado. Esto se pone de manifiesto en aquellos femicidios en los cuales a pesar de que las mujeres denunciaron y pidieron ayuda, el Estado no logró protegerlas.

Las decisiones que se han venido tomando en las políticas de seguridad, se proyectan al campo de las políticas públicas para la atención y prevención de la violencia contra las mujeres. En estas lógicas securitarias se inscriben medidas como la entrega de botones antipánico a mujeres que han denunciado, la propuesta de utilizar “tobilleras para agresores” y la reciente aplicación de seguridad para teléfonos celulares, dispositivos presentados por el Estado como políticas de prevención de la violencia contra las mujeres. Es decir, se extiende la implementación de políticas públicas que se concentran en la atención de la emergencia a partir de definiciones de políticas de seguridad y no del abordaje de las condiciones estructurales que promueven las situaciones de violencia.  Pero, además, se profundiza la burocratización, lo que deviene en la existencia de una gran cantidad de instancias institucionales que las mujeres deben atravesar solas, sin que esos recorridos que realizan por distintos organismos les garanticen protección.

Como se pone en evidencia con la mediatización de las cifra de femicidios ocurridos en las primeras semanas de 2019, los dispositivos securitarios o de emergencia no han sido capaces de dar una respuesta efectiva ante la demanda de protección. Existe  un ineficaz y único modelo de abordaje frente a la heterogeneidad de los casos que no responde a las necesidades de protección que las mujeres buscamos y exigimos encontrar en el Estado. Ante el creciente número de femicidios dónde estos dispositivos han fallado, una sobrevaloración de este tipo de abordajes podría conducir a exigirle al Estado mayores mecanismos de seguridad. Sin dudas, el reclamo por la implementación de políticas integrales forma parte de la necesidad de formular un ¿nuevo? paradigma de políticas públicas alejado de las definiciones de las políticas de seguridad. Cuando hacemos referencia a la integralidad en las políticas públicas queremos significar que el abordaje no debe centrarse en el caso a caso en forma individual, sino que requiere de la puesta en funcionamiento  de programas de atención a víctimas, de políticas sociales y laborales para mujeres, personas trans y travestis. Significa que debe atenderse a un diseño de las políticas públicas bajo metodologías que, superando la desconexión entre temáticas que necesariamente están entrecruzadas, apunten a establecer instancias de articulación entre los actores estatales, como manera de pensar en forma conjunta acciones preventivas y de asistencia.
En ese sentido, entendemos que resulta necesario incorporar a las políticas públicas un enfoque de interseccionalidad que permita dar cuenta y abarcar las múltiples violencias que nos atraviesan a las mujeres. Las violencias que nos afectan están determinadas también por las diferencias económicas, culturales, etarias, raciales. La sentencia de Lucia Pérez, ocurrida en Mar del Plata, es elocuente en este sentido: cuando estas dimensiones no han sido tenidas en cuenta consagrando la impunidad. El análisis interseccional resulta imprescindible para realizar el estudio de las formas de violencia que pudieron haber afectado a la víctima de un femicidio, antes, durante o después del hecho delictivo.

Estas deudas en materia de derechos de las mujeres se agravaron en los últimos tiempos con el deterioro y el desmantelamiento de programas gubernamentales, los recortes presupuestarios y la reducción de los equipos de profesionales en las áreas de género y de otras áreas con incumbencia para definir líneas de abordaje integrales, por ejemplo los Servicios Locales de Promoción y Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la provincia de Buenos Aires y la falta de implementación de la ley de educación sexual integral.

Las políticas públicas deben abordar otras dimensiones más allá de las propuestas por las agendas securitarias en contextos globales de creciente fragmentación social y de profundización de las desigualdades económicas. Por eso, no se trata de medidas represivas o punitivistas sino de políticas que apunten a ir transformando las estructuras sociales, políticas y económicas que las promueven y las sostienen en cada nuevo femicidio.

FUENTE: LATFEM -  

Por:
LAURANA MALACALZA, SOFIA CARAVELOS, CAROLINA RACAK, JOSEFINA GONZÁLEZ Y SOFIA SESIN LETTIERI

miércoles, 27 de diciembre de 2017

ARGENTINA: EL MACHISMO DEL GOBIERNO IMPACTA EN LA VIDA DE LAS MUJERES

TÍTULO ORIGINAL: VIDAS DEVALUADAS 

AJUSTE La reforma previsional que aprobó el Congreso la madrugada del martes en una ciudad sitiada por las fuerzas represivas discrimina alevosamente a las mujeres: las amas de casa ya no tendrán acceso a la jubilación y las que lograron acceder son tratadas como ciudadanas de segunda, sin garantías y con menos compensación por la reducción de ingresos. La Asignación Universal por Hijo pierde un monto equivalente a seis leches por mes y las asignaciones familiares ni siquiera tienen compensación. Ciego y sordo a las masivas movilizaciones feministas que a través de la herramienta del paro pusieron en primer plano el trabajo invisibilizado que realizan las mujeres sin remuneración, esta reforma refuerza la división sexual del trabajo y la explotación de las vidas femeninas.



fotografía: Sebastián Mique

Son adolescentes ignorantes que se quedan embarazadas como premio o señoras de barrio norte que no laburaron nunca. Jubiladas que se patinan la plata para salir con sus amigas o madres aprovechadas para vivir de la leche de sus hijos. Son drogonas que se juegan la plata de la leche de sus hijos en vino o la ruleta y son doñas que ven la novela con la plata robada a las arcas del Estado. “Con la moratoria de los K se jubilaron señoras bien para salir con sus amigas”, las despreció Alieto Guadagni, Doctor en Economía y ex funcionario de la dictadura y de la democracia. “Muchas eran amas de casa de Barrio Norte que no habían laburado en su vida y que se la dieron igual y no son una, dos, tres, son miles”, sentenció el diputado santafecino del PRO Luciano Laspina sobre las amas de casa que llegaron a jubilarse por la moratoria previsional. “¿Qué preferís que una piba ignorante se embarace para cobrar una platita todos los meses y ni siquiera se den cuenta que le están arruinando la vida?”, se preguntó el ex candidato a Gobernador de Santa Fe, por Cambiemos, Miguel del Sel. En la misma saga de fantasear con que la maternidad es equivalente a sacarse la lotería, Julián Dindart (UCR), ex Ministro de Salud de Corrientes y que llego a Presidente de la Comisión de la Mujer y la Familia del Congreso de la Nación expresó: “Las adolescentes se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”.  La canaleta de los prejuicios sobre la maternidad como una apuesta con premios tuvo otro hit político. “Es un dato de la realidad, desde el momento que se implementó el programa de Asignación Universal por Hijo que lo que se venía gastando en juego y en droga ha tenido un crecimiento y no hay otra razón que no sea la de incorporar esa inmensa masa de dinero que circula, por lo menos en los datos del Conurbano”, aseguro Ernesto Sanz, ex titular de la UCR y fundador de Cambiemos. Los prejuicios contra las jóvenes, madres, trabajadoras no remuneradas y amas de casa no fueron en vano. Plin, caja. Las excluidas del discurso de la meritocracia van a tener un recorte en sus bolsillos. 

El martes a la trasnoche las cacerolas sonaban sin cámaras que las miren y la represión llegaba al Congreso de la Nación, incluso en turno trasnoche, con gases lacrimógenos, balas de goma y detenciones arbitrarias. La ley de reforma previsional fue aprobada, el martes 19 de diciembre, con 127 votos a favor, 117 en contra y dos abstenciones con el objetivo del gobierno de quedarse con 60.000 millones de pesos. El contrapeso es que la reforma va a reducir los ingresos de unas 15 millones de personas, entre jubilados/as, pensionados/as, niñas y niños beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH), ex Combatientes de Malvinas y trabajadoras/es que perciben asignaciones familiares* [ y personas con discapacidad] Pero afecta, muy especialmente, a las mujeres. 

El 62 por ciento del total de jubilados son mujeres: el 87 por ciento de lxs pensionados son mujeres; el 86 por ciento de quienes se jubilaron a través de las moratorias previsionales son mujeres; el 64 por ciento de quienes cobran pensiones no contributivas (por vejez, invalidez o familias con siete hijos) son mujeres y el 99 por ciento de quienes administra la AUH y Asignación por Embarazo son mujeres, según datos de Anses, de julio del 2014. Desde el año pasado que se piden nuevos datos, pero ni en el 2016, ni en el 2017, el organismo accedió a dar la información. 

Brecha de género: 15.408 pesos menos, al año, por envejecer como mujer

La brecha de género entre mujeres y varones es de 24,5 por ciento, según las últimas cifras a las que pudo acceder Las/12.Por otra parte, la Encuesta Permanente de Hogares (EPC), del Indec, informó que, en el segundo trimestre de 2017, la jubilación media para mujeres fue de 8.513 pesos y de 9.797 para varones. Por lo que las señoras que son juzgadas por salir con sus amigas cuentan con 1.284 pesos menos por mes por lo que implica una vida como mujeres: ser las que socialmente tienen que cuidar a los hijas e hijos, atajar a nietos y nietas y ser recibidas para limpiar casas, ser maestras o enfermeras, pero obstaculizadas en tareas jerárquicas. El impuesto o peaje al género implica 15.408 pesos menos al año en la cartera. 

Las razones son múltiples: en el mundo laboral las mujeres ganan menos y tienen menos aportes por sueldos inferiores; realizan el doble de tareas de cuidado y trabajos domésticos que los varones (seis horas ellas y tres horas ellos) pero ese tiempo no es remunerado por el Estado y  la edad promedio en la que se jubilan es a los 63 años por lo que realizan menos aportes que los varones. Ahora la desigualdad de las mayores se va a volver mayor. Por supuesto esta realidad afecta también y más a las personas trans que pudieron acceder a la jubilación con su identidad autopercibida a partir de la Ley de Identidad de Género, pero que son marginadas de la formalidad laboral y los ingresos más altos. 

A partir de la nueva ley se cambia la forma de actualización de jubilaciones, pensiones y AUH. Por lo que jubilados y pensionados con treinta años de aportes y haberes de 10.000 pesos en marzo cobrarán un bono de 750 pesos y quienes no cumplan con las tres décadas de aporte (la mayoría de las mujeres que tuvieron que trabajar en la informalidad o interrumpir su carrera para cuidar a sus hijos/as o llegar a retirarlos de la escuela) cobrarán la mitad: 375 pesos. Los beneficiarios de la AUH percibirán un bono de 400 pesos, por única vez, por cada hijo/a que recibe la asignación.

Mala leche: 6,2 litros menos para cada piba y pibe

La Asignación Universal por Hijo y la prestación por embarazo, actualmente, representan 1412 pesos mensuales. La AUH debería subir en marzo, si no se hubiera aprobado la reforma previsional, a 1616 pesos, según la estimación del periodista y economista Alejandro Bercovich, con un aumento que tendría que haber sido del 14,5 por ciento. Sin embargo, se va a quedar en 1492,49 pesos (más el bono por única vez) con una actualización desinflada del 5,7 por ciento. La quita por cada hijo/a de la ley aprobada representa 124 pesos por mes por cada chico y chica y una pérdida neta por hijo de 470 pesos (contando el bonustrack sacado de la galera por el gobierno nacional después de las protestas). Por lo tanto, con un precio de mercado de 20 pesos por litro de leche (Sancor) la baja en la AUH implica 6,2 sachet de leches menos para cada piba o pibe, por mes, como efecto de la ley aprobada entre protestas y cacerolas.

Ante esta situación, La coalición de organizaciones de la sociedad civil que componen Infancia en Deuda advirtió que la reforma previsional afecta los derechos de la infancia. Carmen Ryan, de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), e integrante de Infancia en Deuda, alerta: “Desde 2015 disminuye la inversión en infancia. De 2015-2016 bajó de 2,7 a 2,6 del Producto Bruto Interno y preocupa que puede seguir bajando, a partir de la reforma previsional, con la disminución de inversión en asignaciones familiares y universales. Además, no hay presupuesto previsto para el/la Defensor/a de Niñas, Niños y Adolescentes. Y algunos de los programas de niñez, sufren reasignaciones, subejecuciones y previsiones decrecientes contrarias a la ley”.

Asignaciones familiares: colgar los botines, los lápices y las actividades recreativas

En el caso de las asignaciones familiares para trabajadores/as registrados el 72 por ciento de quienes lo cobran son los varones. Aunque lo pueden cobrar las madres por su propio trabajo o del sueldo del padre si están separadas y su hijo/a se puede ver perjudicado por maniobras evasivas a su sostén. Pero, la reforma previsional, no derrama sino que contrae el dinero para guardapolvos, galletitas, carne, frutas, cumpleaños, zapatillas o mapas. Las o los empleados que cobren 21.921 pesos brutos y los o las monotributistas (A, B, C y D) pierden ingresos que el Estado destinaba a sus hijxs por 870 pesos durante 2018 por el recorte de asignaciones familiares, según los cálculos de Bercovich. Además, por hijo discapacitado se pierde 2.0005 pesos y por ayuda escolar anual 728 pesos. Y la CGT -que toma el té, mientras las mujeres toman la calle- no hace de esta merma un problema digno de reclamo. 

Hay que colgar los botines, las clases de natación y la cartuchera con lápices completos. Pero, en este caso, no se percibe ninguna compensación. “El bono no afecta a las asignaciones familiares, por ejemplo los trabajadores formales que perciben los ingresos más bajos y cuya asignación familiar está equiparada a la AUH”, señala la politóloga Pilar Arcidiácono, Investigadora de la UBA y el Conicet. Ella apunta que la nueva forma de calcular las asignaciones (tanto para quienes tienen empleo formal como para quienes se encuentran desocupados o informales) son un paso atrás que perjudica especialmente a quienes tienen  la mochila de la crianza en la espalda: “La fórmula de movilidad para las asignaciones había sido un gran paso en un contexto donde históricamente las transferencias a las familias con hijos no eran aumentadas (recordar que el Jefas y jefes  surge en 2002 con 150 pesos y finaliza de la misma manera hacia 2009) y se iban licuando su poder adquisitivo a lo largo de los años. Estas transformaciones no pueden leerse independientemente de la principales y vertiginosas medidas económicas de la nueva gestión (recomposición tarifaria, devaluación de la moneda, aumento de los precios relativos de los alimentos) que deterioran directamente el poder adquisitivo de las asignaciones y de aquellas políticas que tienen directa implicancia en el acceso a bienes y servicios que hacen al bienestar de las familias”.

Tres millones y medio de mujeres barridas por barrer

 “El impacto de la reforma previsional ampliará la desigualdad de género. El cambio en la fórmula de actualización de los haberes afecta especialmente a quienes cobran la jubilación mínima y se lograron jubilar por edad a través de las moratorias (sin contar con los treinta años de aportes). De las más de 5.370.147 de personas que entran en esta categoría 3.401.686 son mujeres. Esto no es casual, dado que en Argentina la participación laboral de las mujeres es un cincuenta por ciento inferior a la de los varones, debido a su responsabilización cultural en las tareas de cuidado y crianza. Además, los períodos de las licencias por maternidad no hacen aportes. Esto afecta directamente la posibilidad de la mujeres (especialmente las madres) de jubilarse y, cuando lo logran, lo hacen con haberes menores”, remarca Gala Díaz Langou, Directora del Programa de Protección Social de CIPPEC. Ella crítica: “Resulta evidente que una de las dimensiones más ignoradas en el análisis del gobierno sobre la reforma previsional es la de género. La ausencia del debate no es neutral, sino que genera que la reforma tenga impactos (probablemente no buscados) que podrían haberse subsanado agregando miradas”. 

Jubiladas de segunda: Si trabajaste en casa te perdes el bonustrack

“Esta reforma previsional es doblemente injusta con las mujeres porque del mismo modo que recorta la recomposición prevista para el año que viene genera una discriminación inédita entre quienes accedieron a jubilación por moratoria y quienes accedieron con los aportes completos”, subraya Bercovich. Las que no tenían vacante ni guarderías y tuvieron que dejar la oficina cuando su bebé cumplió tres meses o las invitaron a retirarse del negocio si tenían que faltar porque su hijo tenía fiebre son las que garantizaron que el sistema previsional tenga nuevas generaciones de aportantes. Sin embargo, son fustigadas como jubiladas de segunda. La socióloga Alejandra Beccaria, investigadora del Equipo de Seguridad Social, del Instituto del Conurbano, de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) advierte: “La discriminación entre quienes accedieron al beneficio previsional por el cumplimiento de los años de servicios y quienes lo hicieron a través de las moratorias tiene efecto inmediato en la implementación del bono compensador y tiene efecto aún más grave en adelante porque da a quienes accedieron sólo por el cumplimiento de los requisitos de aportes la garantía del 82% del salario mínimo vital y móvil, mientras que a quienes accedieron por moratoria no les establece esa garantía”.

Los varones que accedieron a la jubilación por moratoria son uno de cada diez. En cambio las mujeres que aseguraron su ingreso por esa vía son casi la mitad de las que se encuentran jubiladas. Por eso, Claudia Danani, especialista en política social, también del equipo de Seguridad Social de la UNGS, remarca el machismo de las políticas públicas actuales contra las mayoría de las mujeres mayores: “Es posible suponer que si la distancia entre uno y otro grupo creciera al grupo de “jubiladas/os por moratoria” se les establecería el mismo piso de la Pensión Universal para Adultos Mayores: 80 por ciento del haber previsional mínimo. Esa política de diferenciación, que en la ley se justifica con la expresión “proporcionalidad que premia el esfuerzo de cotización”, castiga (otra vez) a las mujeres que trabajaron en condiciones de mayor irregularidad, desprotección y precariedad. Contra la idea de que la moratoria fue aprovechada por “señoras bien que usan el dinero para salir con sus amigas” (escandalosa imagen sexista que transmite lo superficial y ocioso de la vida de las mujeres), los datos indican que sólo un 25 por ciento de las mujeres que accedieron a la jubilación con la moratoria  nunca aportaron ni trabajaron y que, en cambio, en la otra punta,  el 31 por ciento de ellas lo hizo durante más de 25 años. Un país más justo debe compensar por esa desigualdad, no consagrarla”. 

En ese sentido, la Doctora en Economía Mercedes MercedesD’Alessandro, integrante de Economía Feminsta, crítica: “El gobierno de Cambiemos con esta reforma previsional está fabricando nuevos pobres: las amas de casa, las y los trabajadores precarizados, aquellos que no han podido completar los treinta años de aportes que demanda la ley solo podrán acceder a una pensión universal que hoy apenas llega a los 5.700 pesos”.

Fuente: Página 12 - Por Luciana Peker