sábado, 15 de marzo de 2014

MORIR POR SER MUJER

"Que las mujeres mueran por el hecho de ser mujeres es evitable. El Feminicidio es prevenible y puede desaparecer." 
Esa es la clara idea que transmite la mexicana Karla Michel Salas, presidenta de la Asociación de Abogados Democráticos, experta en litigio estratégico y abogada del caso conocido como ‘Campo Algodonero’. Vino a Madrid para participar en las jornadas ‘Feminicidio en Mesoamérica: crimen organizado, respuesta estatal e impunidad’, organizadas por la Asociación de Mujeres de Guatemala. 


Si analizamos los datos que tenemos sobre asesinatos de mujeres en países como México, El Salvador o Guatemala desde el enfoque defendido por Karla, se pueden extraer algunas consecuencias. La primera es que los Estados son responsables por no poner remedio para prevenir y castigar estas muertes. Desde 1999 hasta 2009, la tasa de feminicidios creció en El Salvador un 194 %. En Guatemala 2 mujeres son asesinadas cada día, habiendo sido en muchos de los casos previamente agredidas sexualmente y mutiladas. En 25 años se han asesinado en México 36. 600 mujeres. Tan solo el 1 % de estos asesinatos tiene condena.

“Lo que hemos documentado en este delito es que, a diferencia de otros donde el autor se esconde para no ser castigado, los asesinos no se ocultan, sino que exhiben su obra y la utilizan para enviar mensajes. Esto es reflejo de la impunidad existente”.
“Del 30 % de los feminicidios que se comenten en México, el Estado tiene identificados a los responsables. La impunidad entonces tendría que ser del 70 %. Sin embargo, el nivel de impunidad es del 99 %. Es decir, las autoridades, aún sabiendo quién fue el responsable, no investigan. Por tanto estamos hablando de una situación estructural de violencia y de impunidad muy grave”, ilustra Karla Michel Salas. “Y la impunidad propicia la repetición del crimen”.

El reconocimiento del fenómeno

Frente a esta impunidad, el reconocimiento de la existencia del fenómeno por la ley y su visibilización “tiene un potencial transformador”. Como dijo en 1996 Marcela Lagarde, antropóloga feminista mexicana, “es importante nombrar”. Lagarde señaló que los crímenes contra mujeres que se estaban produciendo en Ciudad Juárez (México) eran feminicidios. Fue la primera vez que se utilizó este término en América Latina. En 1993 la sociedad civil de Ciudad Juárez comienza a contabilizar y denunciar que hay un gran número de mujeres y niñas desaparecidas, muchas de las cuales se hallaban muertas, violadas o mutiladas, sin que el Estado hiciera nada para investigar y castigar estos delitos.

Las madres, las hermanas, las amigas, las abuelas –“casi siempre mujeres, señala Karla”- de las víctimas se empiezan a organizar para exigir justicia, y ante la negativa de ser escuchadas por la autoridad en México, alzaron la voz a nivel internacional. En noviembre de 2009 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) imparte la primera y única sentencia emitida por este Tribunal sobre feminicidio. Sentó un precedente en términos jurídicos, porque señala la implicación que tienen que tener los Estados a la hora de la prevención, la investigación y la sanción de la violencia contra las mujeres.

“No existe una convención internacional que establezca cuáles son las obligaciones de los Estados para la prevención y la sanción de la violencia contra las mujeres, por lo que esta sentencia refleja este consenso, al menos discursivo, de que la violencia tiene que ser condenada”, explica la abogada. El Parlamento Europeo en el año 2010 emitió una resolución donde reconoce la sentencia de la Corte Interamericana e invita a los países de América Latina, e incluso europeos, a que utilicen esta resolución como una guía de buenas prácticas para la erradicación de la violencia contra las mujeres.

“La violencia contra las mujeres no sucede solo en Latinoamérica”, recuerda Karla, justo al día siguiente de conocerse los resultados de una macroencuesta sobre violencia de género realizada por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE que ponen de manifiesto que 62 millones de europeas han sufrido violencia machista y tres de cada cuatro siguen sin denunciar.

“La sentencia del Campo Algodonero representa un logro histórico: sentar al Estado mexicano en el banquillo de los acusados y decirle que es culpable por la muerte de estas mujeres y que pudo haberlo evitado, que debió haberlo prevenido, investigado y sancionado, es un avance y una satisfacción para las familias de las víctimas. A partir de esta sentencia en México logramos tipificar el feminicidio”.

Fuente y Fotografía: AmecoPress

POLÍTICAS DE GÉNERO EN LA JUSTICIA

Título original: Buenas prácticas en la Justicia de género.

La pasada semana fue realizado en Buenos Aires el seminario Derechos humanos de las mujeres: Buenas prácticas en la justicia de género, organizado por la Corte Suprema de Justicia de Argentina y la Organización de los Estados Americanos, con el apoyo de la Embajada de Canadá. El evento de capacitación, que duró tres días, estuvo destinado a promover los derechos humanos de las mujeres y la perspectiva de género en operadores y operadores de justicia de la región y contó con invitadas/os de diversos países.

 “Para la Comisión Interamericana de Mujeres la transversalización de la perspectiva de genero en la justicia de la región es una prioridad. Desde la OEA venimos observando los múltiples esfuerzos que se han hecho en cada país para implementar la Convención de Belém do Pará: en cada uno existen ejemplos de estas acciones. Sin embargo, a  pesar de estos avances y de los 20 años que casi lleva la Convención, la violencia contra las mujeres persiste” señaló Carmen Moreno –secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) de la Organización de Estados Americanos (OEA)- durante la apertura del Seminario Derechos humanos de las Mujeres: Buenas prácticas en la Justicia de Género, organizado por la Corte Suprema de Justicia de Argentina y la OEA, con el apoyo de la Embajada de Canadá, la pasada semana en la ciudad de Buenos Aires.

“Este seminario, amén de haber significado una plataforma para introducir a representantes de todos los poderes judiciales de la región en las capacitaciones que dictamos desde la Oficina de la Mujer en género y trata, resulta verdaderamente novedoso, pues la política de género en la región fue llevada por la Cancillería. Esta es la primera vez que un seminario de esta naturaleza corre su escenario hacia el Poder Judicial. Con lo que, por un lado, la doctora Carmen Argibay es quien toma a su cargo el dar cumplimiento a las convenciones internacionales, generando una herramienta para capacitar  -conforme mandan CEDAW y  Belem do Pará-, y por otro, trae hacia el ámbito del Poder Judicial la relación con los otros poderes judiciales de la región. Esto también es dar cumplimiento a compromisos internacionales asumidos por los estados, como es la cooperación internacional” señala Gabriela Pastorino, integrante de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

“La justicia de género es un tema central de discusión para todos los países de la OEA y para los ciudadanos de las Américas” observó la embajadora de Canadá Gwyneth Kutz. Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación de Argentina, señaló en la misma línea: “La Corte institucionalmente esta muy orgullosa de impulsar este proyecto y seminario. Las sociedades van declinando cuando toleran la discriminación. Debemos hablar sobre las buenas prácticas y reflexionar sobre las inadecuadas como la violencia hacia las mujeres”. 

Campo Algodonero

Cecilia Medina, presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA entre 2008 y 2009, se refirió a la sentencia de Campo Algodonero, que en 2009 sancionó a México por la violación de los derechos humanos de las mujeres en Campo Algodonero, Ciudad Juárez. “Lo que dijo la CIDH en Campo Algodonero lo tenía que haber dicho hace mucho tiempo. La CIDH dijo que todo lo que sabíamos sobre desapariciones durante los procesos dictatoriales en la región, servía para analizar la violencia hacia las mujeres. Aplicó a las mujeres los derechos humanos que estaban disponibles desde siempre para todas las personas. Esa es la gracia de esa sentencia, que desde 1986 teníamos derechos que no habían sido aplicados a las mujeres” señaló.

Al referirse a los derechos humanos de las mujeres, observó con ironía: “Resulta divertido hablar de los derechos de las mujeres cuando la formula es tan sencilla. Las mujeres son seres humanos, los seres humanos son titulares de derechos y esos derechos les deben ser garantizados. Sin embargo, una fórmula tan simple no se aplica fácilmente, porque hay un pequeño problema de discriminación”.

La ampliación de los derechos humanos

En una línea similar a la de Medina, Victor Abramovich -relator de Derechos Humanos de las Mujeres de la CIDH entre 2006 y 2007- se refirió a la inclusión de los derechos humanos de las mujeres dentro de la Corte Interamericana. “Así como en los primeros años la CIDH se concentró en las violaciones de los derechos humanos en contextos de dictaduras, en los últimos años comenzó a ver las violaciones de derechos humanos más estructurales, entre ellas la violencia hacia las mujeres, y Campo Algodonero es un ejemplo de esto. En los últimos años dentro de la CIDH se han vinculado problemas de igualdad estructural con otros de violencia y más recientemente de autonomía en salud sexual y reproductiva. Yo creo que esos tres temas deben ser centrales”.

Como otro aspecto innovador de la tarea de la CIDH, Abramovich se refirió a una ampliación de los deberes de los Estados. “El Estado tiene el deber de prevenir y evitar la violencia de acuerdo a Belém do Pará –observó-. Lo que se observa en los últimos años en la CIDH es una ampliación de la responsabilidad indirecta de los Estados y también se está empezando a penar ciertas formas de acción estatal, como la violencia institucional, como violaciones de derechos humanos”.

España y Europa


Soledad Murillo de la Vega, española e integrante del Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer entre 2009 y 2012, se refirió a algunas inquietudes que se plantearon en España a partir de la aprobación de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, en diciembre del 2004.

“Hay un problema de aplicación de la justicia en relación a cómo se concibe la igualdad –observó-. Se la concibe como un asunto de mujeres y no como una regla de convivencia en democracias maduras. En la mayoría de los países las mujeres son la mayoría de la población. Entonces la primera pregunta que nos haría es por qué somos consideradas un colectivo y no como la mitad de la población. Si no somos consideradas como la mitad de la población, esto tiene impactos en todas las formas de discriminación y, como mujer maltratada, en la posibilidad por ejemplo de interponer una denuncia.”

“Otro problema –agregó- es que siempre se alude a los problemas de las mujeres y no a sus aportaciones. Las mujeres están sosteniendo en muchos países con sus aportes en remesas las economías nacionales. Luego también deberíamos preguntarnos  si la violencia es un delito privado o público, si se la persigue de parte o de oficio. Pocas veces la fiscalía actúa de oficio. ¿Qué pasa desde que se denuncia hasta que se completa el procedimiento? ¿Por qué suben y bajan las denuncias en función de la situación económica de las mujeres y qué recursos brinda el Estado a las mujeres para que esto no suceda?”

Marja Ruotanen, directora de Justicia y Dignidad Humana del Consejo de Europa, se refirió al Convenio del Consejo de Europa para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, conocido como Convención de Estambul, un instrumento jurídico vinculante, adoptado por el Consejo de Europa en 2011 y que aún no entró en vigencia porque no se reunieron las 10 ratificaciones necesarias de los países integrantes de la Unión Europea.

“Estamos muy orgullosos de esta Convención pero tenemos muchos desafíos en relación a la implementación –observó-. Creemos que Europa debe seguir avanzando en dos líneas: por un lado necesitamos una agenda de género visible a nivel regional y nacional que implique recursos económicos y actores disponibles para implementarla. Por otra parte, necesitamos el reconocimiento dinámico de la igualdad de genero en la región.”

Protocolo de feminicidios


Carmen Rosa Villa –representante regional para América Central de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACDH)- se refirió a la implementación de un Protocolo regional para la investigación de las muertes violentas de mujeres por motivos de género.

A partir de una experiencia en El Salvador, uno de los países con más altos índices de feminicidios de la región, la OACDH junto a ONU Mujeres trabajó en el diseño de un Protocolo para ser utilizado por los sistemas de justicia durante los procesos de investigación en los que se contemple la perspectiva de género y el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres.

El evento continuó luego con mesas de debate especificas durante dos días y medio en los que expusieron integrantes de los sistemas de justicia de los diferentes países de la región compartiendo experiencias de buenas prácticas para la democratización de la justicia con perspectiva de género. 

 Fuente: Comunicar Igualdad - Por Sandra Chaher

TIPOLOGÍAS DE LOS FEMICIDIOS

TÍTULO ORIGNAL: EL VIOLENTO NO ES UN MONSTRUO POTENTE, SINO ALGUIEN DÉBIL

En esta entrevista realizada en Salta, la antropóloga argentina Rita Segato reflexiona sobre la mayor cantidad de denuncias de casos de violencia, la crueldad in crescendo de los feminicidios y las nuevas formas de la guerra en que morimos las mujeres:  trata, trafico de drogas, tráfico de armas, tráfico de influencia en la política. También cuestiona el tratamiento que los medios dan al tema: “El medio trabaja con estereotipos. Si no caricaturiza a los sujetos, la sociedad no se interesa por la noticia. Deberá hacer una reducción de ese sujeto a alguien débil, frágil, alguien que por su fragilidad necesita matar. Es decir, crear otra estereotipación de ese sujeto asesino”.






 ¿Hay más o se sabe más? La pregunta del millón. Para Rita Segato -antropóloga argentina que desarrolló su carrera académica en Brasil- esto no se puede saber exactamente, aunque cuando hay cadáveres, la violencia de género siempre debe ser denunciada lo que la hace inocultable. “Un feminicidio o femicidio puede ser disimulado como habiendo sucedido en otra escena, pero hay un límite de lo que podés enmascarar. La violencia no podemos saber, pero los asesinatos de género han aumentado”.

Otro dato clave que da la autora de Las Estructuras Elementales de la Violencia es que las formas de crueldad sobre el cuerpo de la mujer, las torturas por razones de género y los asesinatos con ensañamiento, están en aumento.

Para la investigadora hay dos tipos de asesinatos, los que se dan en el seno de las relaciones interpersonales y aquellos vinculados a las nuevas formas de la guerra: los negocios ilícitos y el crimen organizado asociado a la producción y administración del gran capital no declarado. “Ahí las mujeres estamos muriendo de una nueva forma. La trata, el trafico de drogas, tráfico de armas, tráfico de influencia en la política, diversas formas de corrupción que necesitan de silencio y necesitan expresar que administran ese poder tanto económico como político, y esa expresión se da en formas de violencia muy truculenta, asustadora”. Con el agregado de una dimensión de misterio que crea la sensación de que alguien tiene el poder en algún lugar “ese mensaje de poderío subliminal también se da en el cuerpo de las mujeres”, como señala en su ensayo sobre Ciudad Juárez.

“Denuncismo”

“Ha aumentado la capacidad de acogida de la denuncia de las mujeres y el estimulo de que la mujer perciba que es víctima de diversos tipos de crímenes, de violencia física, moral, financiera y el último tipo que no está muy registrado en las legislaciones, la violencia alimentaria” expresó la investigadora. Pero esta mayor conciencia en las mujeres y la mayor cantidad de espacios institucionales donde realizarla no ha disminuido su vulnerabilidad.

Fuente: Comunicar Igualdad - Por Fedra Aimetta.

miércoles, 12 de marzo de 2014

CURSO VIRTUAL : DIPLOMA SUPERIOR DE COMUNICACIÓN Y GÉNERO

Estimados/as,

Les informamos que se encuentra abierta la inscripción para postularse a las becas para cursar de manera virtual el Diploma Superior de Comunicación y Género. Se pueden anotar hasta el 19 de marzo.


Se sortearán 24 becas (4 cupos por región del país.) Se envían adjuntas:  las bases del concurso y la planilla para completar los datos de postulación.


La Defensoría del Público desarrolla esta iniciativa en el marco del Articulo 3, inciso M de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que establece que los medios audiovisuales deben promover la igualdad entre varones y mujeres, y el tratamiento plural y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual.



Consultas: 0800-999-3333 / capacitacion@defensadelpublico.gob.ar

Inscripción: capacitacion@defensadelpublico.gob.ar 


Agradecemos la difusión.

Equipo de capacitación de la Defensoría del Público.

EL FEMICIDIO TIENE RELACIÓN CON LA DEVALUACIÓN DE LOS CUERPOS


 “No le tengo mucha confianza al Estado, y la autonomía comunal es lo que me parece muy importante. Estamos esbozando un proyecto de zonas sin daño, sin violencia, donde los barrios son los que tomen la cuestión en sus manos, donde se educan, piensan”, explicó la filósofa y teórica feminista argentina María Lugones en relación a las legislaciones en materia de género que se han aplicado en los últimos años en la Argentina.
En una entrevista con La Mañana de Neuquén precisó que “le tengo más confianza a eso que a las leyes. No es que no valga la pena hacer nada al respecto. La ley ha sido aplicada de una manera que ha sido usada siempre en contra”.
Especialista en colonialismo y género, Lugones, quien es docente en la Universidad de Binghamton, Estados Unidos, estudia el racismo, la violencia sexual y el multiculturalismo desde una perspectiva que busca abordar los estudios sociales desde una mirada decolonial, pensando las sociedades latinoamericanas desde su especificidad histórica y política y dejando de lado la mirada eurocéntrica predominante.

Los casos de femicidio aumentaron de manera preocupante este año. ¿Por qué sucede esto?

El femicidio tiene que ver con la devaluación total del trabajo y de los cuerpos que antes producían plusvalía y ahora no valen nada.
Cuerpos que todos sus orificios pueden ser accedidos sin permiso y se les pueden cortar sus órganos y venderlos y meterles drogas para que las pasen por las fronteras, y pueden meterles los embriones de otra gente que tiene mucha plata.
Cuando una piensa en el femicidio y todas esas prácticas que tienen a la mujer pobre, racializada, habría que pensar que el Estado cuando dice “No al femicidio” está pensando, no en nombres pobres sino en narcotráfico, en corporaciones internacionales que ponen maquilas en lugares donde el capital entra como quiere y es el Estado el que les debe decir no a ellos.

En su artículo “Colonialidad y género” critica a los grupos feministas por ignorar la relación entre raza, clase y género, una correspondencia que considera ineludible para abordar un cambio.
Si uno considera la cuestión de la explotación económica, el hecho de que una mujer tenga que trabajar en un sistema fundado en la explotación y que, además, esté racializada, esas dos cosas no se pueden separar. Pero también se debe considerar a la mujer como que impedida de producir en sus tareas algo que tenga valor, desde el punto de vista de lo moderno humano, esa es la conexión entre las tres cosas.
Las barreras para superar esta reducción son muchísimas. Porque una de las barreras es la cooptación de la raza y el género.
Cuando se habla de mujeres negras de clase media -que hay muy pocas-, es como que esa existencia de clase borra la colonialidad de género. Las barreras son epistemológicas, de vida, de relación, de cómo concebimos nuestro yo individual en cada cultura.

¿Se puede pensar en una sociedad sin machismo?

El patriarcado, desde el punto de vista colonial, no percibe el sistema moderno colonial de género. No creo que el problema esté en los hombres. Hay una estructura, instituciones heterogéneas que subjetivizan a hombres y mujeres, burgueses, trabajadores, gente que está en situaciones paupérrimas y horrorosas que no las ve. Porque simplemente ve la dominación del hombre sobre la mujer, ¿qué hombre? Tenemos que enfocarnos en lo que llamo el sistema colonial moderno de género que constituye la colonialidad de género y al verlo, mirar la sociedad con esa mirada, ya es decolonial y nos va a llevar a ver muchas cosas más.

¿Estamos viviendo un momento de pensamiento decolonial?

Este es un momento decolonial, no el sistema sino el hecho de ver, reconocer el patriarcado. El patriarcado fue pensado como el gobierno de la gente mayor sobre los inmaduros, como la subordinación de mujeres y niños, de la mujer por el hombre y eso es racista. Es racista porque no ve a la raza, porque hay una deshumanización de la gente indígena y afrodescendiente por la colonialidad. Sin embargo, la esclavitud sigue, está presente en las cárceles. Estados Unidos, por ejemplo, tiene la población encarcelada más grande del mundo con 10 millones de personas. El patriarcado es racista porque no nombra al sistema de género colonial, lo hace invisible.

Fuente:  La Mañana (Neuquén) - Por Laura Hevia

UN PROYECTO DE LEY BUSCA QUITARLE LA PATRIA POTESTAD A LOS FEMICIDAS

Lo elaboró La Casa del Encuentro, que considera que los hombres que mataron a sus parejas, y fueron condenados, no deberían volver a tener contactos con sus hijos. Llevarán el borrador a los diferentes bloques de Diputados. La ONG informó que cada 30 horas una mujer fue asesinada en la Argentina por violencia de género, el año pasado.



Adriana Marisel Zambrano vivía en Jujuy y tenía 28 años cuando fue asesinada a trompadas y patadas por su ex pareja. La encontraron muerta en la cama. Su hijita de nueve meses estaba a su lado. Fue en julio de 2008. El hombre fue luego sentenciado a cinco años de prisión por el crimen. Cumplió su condena, recuperó la libertad y ahora tiene contacto con su hija. El caso es una muestra de la situación en la que quedan muchos menores, hijos de víctimas de femicidios. Para la ONG La Casa del Encuentro esos padres no deberían tener más contacto con sus hijos. Por eso, para darle un marco legal a ese tipo de situaciones, hoy presentó el proyecto de Ley “Privación de patria potestad del padre condenado por homicidio agravado”. También dieron a conocer los datos sobre los femicidios ocurridos en 2013.
“La jueza primero le dio una visita por semana y ahora, dos. Va en contra de toda lógica. Jamás escuchó a la nena (que ahora tiene siete años), que no quiere estar con el padre y lo expresa. Se toman a niños como elementos de presión. La justicia ve los derechos del femicida y no ve los derechos del niño que vive con homicida de su madre. Hablamos de femicidas condenados”, dijo a Infojus Noticias Fabiana Túñez, titular de La Casa del Encuentro, que coordina el Observatorio de Femicidios que lleva el nombre de Zambrano.
Precisamente por el futuro de esos menores, para la Casa del Encuentro es clave el desarrollo del proyecto de ley “privación de patria potestad del padre condenado por homicidio agravado, conforme el artículo 80 inciso, inciso 11, del Código Penal”. “El texto es producto del trabajo de un grupo de abogados: hay investigación y recopilación”, dijo Tuñez.  
“Es el borrador de un texto de proyecto de ley, ya que como sociedad civil no podemos presentarlo en la Cámara. Es importante que los legisladores se den tiempo a discutirlo para poder darle sanción. A partir de mañana vamos a llevar una copia del proyecto a la Cámara de Diputados a los distintos bloques para que hagan de ello lo mejor posible. Es un tema que nos involucra como sociedad”.
Entre los fundamentos del proyecto se establece que “es indispensable que el padre que asesinó a su madre quede privado de cualquier decisión y contacto respecto de ellas y ellos. Así también el hombre que se encuentre procesado por este delito deberá tener suspendido el ejercicio de los derechos que conlleva la patria potestad”.
En el primer artículo, se pide que se incorpore al libro I, sección II, título III del Código Civil el “artículo 307 bis”. El artículo señala que “quedará de pleno derecho privado de la patria potestad el padre que sea condenado como autor, coautor, instigador o cómplice por el delito de homicidio agravado conforme artículo 80, inciso 11 del Código Penal contra la madre de las hijas o hijos en común con la víctima, respecto de ellos.”
Según el proyecto, se deberá comunicar la condena recaída al juez competente en asuntos de familia a fin de que se promuevan las acciones que correspondan, “debiendo respetarse el interés superior y derecho a ser oídos de las niñas, niños y adolescentes”. También especifica que deberá darse intervención al Ministerio Público y a un equipo interdisciplinario especializado en chicos, que serán asistidos por un abogado especializado en derecho de la niñez y con perspectiva de género “conforme lo establecido en el artículo 27 de la ley 26.061 y su reglamentación.”
Entre los fundamentos también se resalta: “La Justicia deberá accionar en tiempo y forma logrando así su efecto reparador. Haciendo claro el reconocimiento del dolor de las víctimas y procurando justo castigo al agresor. Toda mora, distorsión u omisión en los debidos procesos de juicio y castigo a culpable tendrá consecuencias directas en los niños y niñas víctimas ya que sumará desamparo judicial a la profunda vivencia de vulnerabilidad. La escuela junto a la familia ampliada (abuelos y abuelas tíos, tías etc.), el entorno social, el vecindario, el club, tienen un papel importante en el acompañamiento y la contención de los menores afectados”.
Femicidios en la Argentina
La Casa del Encuentro también dio a conocer los datos finales de femicidios en la Argentina: cada 30 horas una mujer fue asesinada por violencia de género el año pasado. En total hubo 295 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas y 39 femicidios vinculados de hombres y niños. La mayor cantidad de víctimas tenía entre 19 y 30 años, seguidas por las de 31 a 50. La menor no alcanzaba el año y trece fallecieron entre los 2 y los 12 años.
En mucho de los casos las víctimas fueron baleadas o apuñaladas, en sus propias viviendas o en las casas que compartían con sus homicidas. En la mayoría de los casos las víctimas fueron asesinadas por sus esposos, parejas, novios, amantes o ex parejas. En 57 de los casos no se encontró vínculo aparente entre víctima y victimario, mientras que 7 fueron asesinadas por sus padres o padrastros, 22 por otros familiares y 15 por vecinos o conocidos.  La mayor parte de los femicidas tienen entre 31 y 50 años seguidos por el grupo de entre 19 y 30.
De las víctimas, 37 fueron golpeadas, 28 estranguladas y 17 incineradas. 13 degolladas y otras tantas asfixiadas; 9 ahorcadas; 6 descuartizadas; 3 ahogadas y 3 empaladas. Muchas fueron asesinadas en la vía pública, a la vera de un camino, en sus lugares de trabajo. Y varios de los cuerpos aparecieron en ríos, lagos, diques, monte, en el medio de un campo, en una zanja,  en el fondo de un aljibe y en sus lugares de trabajo.
Seis de las víctimas estaban en presunción de prostitución o trata, 11 embarazadas, 2 eran trans y 4, de pueblos originarios. 15 pertenecían o habían pertenecido a fuerzas de seguridad.   
La provincia de Buenos Aires encabeza el ranking de lugares con mayor cantidad de femicidios con 89 casos, seguida por Córdoba con 31 y Santa Fe con 28.  En la ciudad de Buenos Aires el distrito que más femicidios registró fue Palermo con 3. Un gran porcentaje de las mujeres ya había realizado denuncias previas y tenían pedidos de exclusión de hogar. En 27 de los casos, las mujeres presentaban signos de abuso sexual.
Las víctimas colaterales de estos crímenes son las hijas e hijos de las víctimas, que ascienden a 405. De ellas 263, son hijas o hijos menores de edad, 80 mayores y 62 de ese total no hay registros de sexo y edad. 

Fuente: Infojus

SANTA CRUZ: JUICIO A FEMICIDA

Título original: Ex policía de Santa Cruz comenzó a ser juzgado por el homicidio a su pareja 


 Un clima de tensión, dolor y angustia, se vivió en la primera jornada del juicio oral y público contra el efectivo policial retirado Héctor Delfín Altamirano quien asesinó de un certero disparo de arma de fuego a quien era su pareja Mirta Rasgido en noviembre de 2012. Se espera que la sentencia se conozca el próximo martes.
El tribunal estuvo presidido por Laura Vallebella, acompañada por los jueces Cristina de los Angeles Lembeye y Oscar Santucci, en tanto la Fiscalía estuvo a cargo de los doctores Carlos Rearte y Ramiro López Chiartano.





Acusado
El acusado es Héctor Altamirano, de 52 años de edad, quien asesinó a Rasgido, su ex pareja y madre de tres niños, quien le disparó con su arma reglamentaria en la cabeza en plena calle.
Fue un “juicio abreviado”, porque se llegó a un acuerdo de partes entre la fiscalía de Cámara y los querellantes para omitir el juicio y pasar directamente a la sentencia.
En la primera audiencia estuvieron presentes familiares de la víctima, entre ellos su madre Selva Chocobar, quien tenía entre sus manos un retrato de su hija. Chocobar fue representada por el abogado Ismael Machuca.
Lo que llamó la atención es que ningún allegado acompañó al homicida, quien es representado por el abogado Alberto Luciani.

Agresión
Momentos de tensión se vivieron en la sala cuando ingresó el imputado y los hermanos de la víctima comenzaron a insultarlo a viva voz. Los jueces le advirtieron al Tribunal que si continuaban las exclamaciones procederían a pedir la expulsión de la sala.
Altamirano vestía saco y camisa, y en todo momento se lo notó muy nervioso, cabizbajo, mirando sólo de reojo a la familia de su ex pareja.

Se hizo cargo
Luego de escuchar la lectura de la elevación a juicio de la causa caratulada como “homicidio agravado por el uso de arma de fuego”, se sentó frente a los jueces y dijo: “Me hago cargo de lo que hice, fue un momento de locura y por eso estoy acá. Pido perdón a la familia”.
Ante esos dichos, una hermana de la víctima gritó: “Con eso no hacemos nada”.
Seguidamente el imputado fue preguntado por Vallebella sobre qué le diría a su hija después de haber matado a la madre a lo que respondió: “No fue bueno sacarle la madre que es algo muy especial”.
Posteriormente Luciani le consultó si tenía algún tipo de antecedentes a lo que contestó negativamente.

Alegatos
Cabe mencionar que luego de ello la querella dio lectura a los alegatos y solicitó una pena de 12 años de prisión, al igual que la fiscalía.
En tanto la defensa pidió que se tenga consideración al momento de juzgarlo, ya que tiene siete hijas, entre otras condiciones personales. Finalmente se anunció que la sentencia será dada a conocer el martes 18 de marzo a las 12:00.
Vale también señalar que al momento de ser retirado de la sala de audiencia, Oscar Rasgido -hermano de la víctima- le profirió fuertes insultos e incluso trató de abalanzarse sobre su humanidad, pero fue interceptado rápidamente por los efectivos de la Guardia de Infantería. (Fuente: La Vanguardia del Sur).

Fuente: Tiempo Sur

link con fotografía del FEMICIDA: http://www.tiemposur.com.ar/nota/66223-ex-polic%C3%ADa-de-santa-cruz-comenz%C3%B3-a-ser-juzgado-por-el-homicidio-de-su-pareja

ROZANSKI: " MUCHOS DE LOS QUE CRITICAN LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL NO SÓLO NO SABEN SINO QUE NO LES IMPORTA


El juez federal de La Plata, Carlos Rozanski, afirmó que "muchos de los que critican la reforma del código penal no sólo no saben en qué consiste sino que no les importa" y cuestionó la intención de "instalar una discusión sensible para la mayoría de la gente para obtener votos".



Imagen: Télam


"Discutir un artículo sobre la reincidencia aleja la posibilidad de hablar en serio sobre un tema como la reforma de un código penal que no hay duda que hay que reformarlo", aseguró esta mañana el magistrado en declaraciones al programa `Hecho en Argentina` que difunde radio Güemes por AM 1050.

Aludió así a las fuertes críticas de dirigentes de la oposición como el diputado del Frente Renovador, Sergio Massa, al anteproyecto de reforma del Código Penal, elaborado por una comisión integrada por juristas de renombre como el juez de la Corte Suprema de Justicia Raúl Zaffaroni y representantes de todo el arco opositor.

Rozanski consideró que "el centro del problema va a ser siempre la evaluación que haga el juez" y no los montos de las penas, al señalar que "si el criterio del juez no es acorde al modelo democrático actual, ninguna escala va a servir".

"Acá no se trata de bajar las penas, aunque por supuesto los códigos tienen que ser armónicos, pero más tiene que serlo el juez que va a aplicar la ley", advirtió el magistrado.

En ese sentido, subrayó que es "imprescindible" que antes de reformar el Código Penal "se reformule el criterio de selección de jueces y echar a aquellos que no han sido echados".

"La reconversión de un Poder Judicial en democracia es una deuda pendiente extraordinaria", afirmó Rozanski, quien integra el movimiento Justicia Legítima y que propone medidas para democratizar el Poder Judicial.

"Debemos democratizar la justicia para ponernos de acuerdo en qué tipo de juez queremos según el modelo actual de derechos humanos que tiene la Argentina, porque si no por un lado estamos juzgando delitos de lesa humanidad como en ningún otro lugar en el mundo y por otro estamos descalificando una reforma que todavía no se hizo", finalizó Rozanski. 

Fuente: Télam

martes, 11 de marzo de 2014

ONU - 58 COMISIÓN SOBRE LA CONDICIÓN DE LA MUJER (CSW)

ONU – 58 COMISIÓN SOBRE LA CONDICIÓN DE LA MUJER (CSW)



La 58ª sesión de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Estatus Jurídico y Social de la Mujer (CSW) comenzó ayer en la sede de la ONU en Nueva York, y se extiende hasta el 21 de marzo para analizar desafíos y logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para las mujeres y las niñas.


Mabel Bianco, presidenta de FEIM, quien participa de la reunión en la delegación oficial y a través del Comité de ONG de América Latina y el Caribe para la CSW, presentará un documento regionalelaborado por más de 140 organizaciones, redes y expertas de la región. El documento se titula “La mirada de América Latina y el Caribe sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el Post 2015″ y será motivo de dos sesiones de debate durante la CSW: una, el miércoles 12 de marzo en el Foro de ONG y la otra, el jueves 13 en un evento paralelo facilitado por las misiones de Argentina y de Jamaica en la ONU.
La principal demanda expresada en el informe de las ONG es que la nueva agenda de desarrollo incluya un objetivo sobre la igualdad de género y otros puntos específicos sobre temas cruciales para el desarrollo que fueron excluidos de los ODM, como la violencia contra mujeres y niñas y la trata de personas para explotación sexual, así como metas relacionadas a descender la mortalidad materna, mejorar la educación de niñas y adolescentes mujeres, entre otros.
En la jornada inaugural, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, se refirió a las disparidades que aún existen entre los géneros, a pesar de los avances reportados en los últimos años. La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, manifestó por su parte que todos los países deben adoptar medidas ambiciosas para propiciar la igualdad de género lo más pronto posible. “Debemos y podemos hacerlo mejor, porque la igualdad para la mujer implica el progreso para todos”, dijo.

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¡ AY...! ESTE VELO QUE ME PERMITE (OCULTAR AL "OTRO")


Título original: Libro de entrevistas a la feminista Christine Delphy: Discriminación encubierta por el igualitariado.

Fue una de las primeras investigadoras europeas en señalar la cuestión del trabajo doméstico como una de las bases fundamentales de la opresión específica de las mujeres




Bilbao, 11 mar. 14. - Se presentan una serie de entrevistas con Christine Delphy, militante y teórica del feminismo, responsable del comité de redacción de la revista franco-suiza Nouvelles questions féministes, fundada en 1981 por un grupo de militantes entre las que se encontraban ella misma y Simone de Beauvoir. También estuvo entre las iniciadoras de la Fondation Copernic en 1988, y ha sido una de las primeras investigadoras europeas en señalar la cuestión del trabajo doméstico como una de las bases fundamentales de la opresión específica de las mujeres, labor que sintetizó en el primer volumen («Economía política del patriarcado») de su libro El enemigo principal.


El segundo volumen de El enemigo principal («Pensar el género») presenta un análisis materialista de la sociedad, de las relaciones sociales y políticas, un análisis clave para comprender todas las opresiones, principalmente la de las mujeres, fundamental para todo proyecto de emancipación.

Del género hablaremos más adelante, ya que, si bien varias de las entrevistas presentadas aquí se refieren a cuestiones generales, también hay otras centradas en casos concretos que en los últimos años han suscitado amplias polémicas en el estado francés (la paridad, el velo y la islamofobia, la prostitución, etcétera).




Asuntos concretos, pero no menores

En el año 2000 se aprobó la ley francesa sobre la paridad, que establecía un sistema de «cuotas» en las listas electorales. Esa ley recibió varapalos de todas partes; los liberales afirmaban que iba en contra de los ideales republicanos y que, si se fijaban cuotas para las mujeres, ¿por qué no establecerlas asimismo para las clases sociales, los inmigrantes o las minorías étnicas?: eso abriría la puerta a lo que ellos denominan «comunitarismo», del que también hablaremos más adelante. Christine Delphy opone a las cuotas abstractas las medidas de acción positiva para luchar contra las discriminaciones que padecen históricamente las mujeres. 



Ya que hemos citado el «pañuelo», recordemos que el parlamento francés aprobó en marzo de 2004 una ley sobre lo que se denominó «signos religiosos ostensibles» y que, fundamentalmente, se dirigía a prohibir el velo de las mujeres (el de las musulmanas, que no el de las religiosas católicas); en efecto, la ley autoriza los «signos menores», como las crucecitas que se cuelgan del cuello, y prohíbe el velo islámico y las «cruces de dimensiones manifiestamente excesivas», pero (como afirma Christine Delphy en «El feminismo debe ser mundial») los católicos no van arrastrando cruces por las calles, con lo que se prohíbe algo que existe (el velo de las mujeres musulmanas) y se pretende ser equitativo prohibiendo supercruces inexistentes, intentando así maquillar la islamofobia de la ley.

En abril de 2011, una comisión francesa de investigación sobre la prostitución recomendó la opción de multar a los clientes (medida que se aplica en Suecia desde 1999), y ello desencadenó una áspera discusión en todos los medios. Los contrarios a esta nueva política la acusaban de moralista y liberticida. En efecto, es bien conocida la tendencia a afirmar que la prostitución debe legalizarse porque «es un trabajo como otro cualquiera», y que, del mismo modo que todas las trabajadoras venden su fuerza de trabajo, quienes se dedican a la prostitución deben ser libres de «vender su cuerpo». Ello es cierto en abstracto, pero choca con la realidad: del mismo modo que quienes critican las leyes de género porque afirman que no son necesarias en aras de la igualdad, y que una mujer que mata a un hombre es igual que un hombre que mata a una mujer, olvidan que en estos casos el hombre homicida es la regla, mientras que la mujer homicida es una simple anécdota.

Asimismo, en la prostitución, el 99% de los clientes son hombres; y si admitimos que una mujer pueda «vender su cuerpo» (o «alquilarlo» u «ofrecerlo en régimen de tiempo compartido») por cuenta propia, acabaremos admitiendo que pueda hacerlo también por cuenta ajena, con lo que estaremos aceptando que el proxenetismo deje de ser delito.

La entrevista titulada «La igualdad es la condición del don» alude a la tesis enunciada en 1924 por el antropólogo francés Marcel Mauss conocida como «el paradigma del don»: alguien da una cosa (el don) y recibe otra a cambio (el contra-don); esta es una práctica conocida en muchos tipos de sociedades de todos los continentes, analizada en su momento por antropólogos reconocidos, como Boas y Malinowski, que Mauss considera una forma arcaica de contrato, independiente de las leyes del mercado. Christine Delphy se alza contra la concepción de que el don sea algo propiamente femenino y deja claro que un «don» solo puede practicarse entre iguales, pues cualquier forma de dominación es incompatible con ese don espontáneo.

Cuando «tolerancia» significa ocultar al «otro»

Cuando los opresores que se presentan como liberales afirman que «hay que tolerar a los otros», la pregunta que hay que hacer es: ¿quiénes son «los otros»? Y la respuesta es que «los otros» son simplemente aquellos que son llamados así por quienes tienen el poder.

Quienes pueden denominar a los demás son «los unos», los miembros de la clase dominante. Para que haya «otros» tiene que haber «unos»: para que haya un «diferente» tiene que haber un «referente» (el «referente» es el burgués y el «diferente», el trabajador; el «referente» es el hombre y el «diferente», la mujer; el «referente» es el autóctono y el «diferente», el inmigrante, y así sucesivamente). Esta ha sido una aportación fundamental del feminismo marxista (véase la entrevista «La fabricación del “otro” por parte del poder»). El discurso de la clase dominante no ha cambiado; esta solo se ha visto obligada en ciertos terrenos a pasar de la represión a la tolerancia. El significado de la famosa «tolerancia» reapareció claramente no hace mucho en la frase que el mediático filósofo sionista Alain Finkielkraut dirigió a los homosexuales:

¡Faîtes ce que vous voulez, mais de la discrétion, que diable !

Es decir: «estad contentos, porque ahora ya no os metemos en la cárcel, pero portaos bien»; es la frase que los liberales pueden lanzar a cualquier colectivo oprimido: «se os tolera, pero disimulad». Aquí aparece la acusación de «comunitarismo», que en el estado español se llama «identitarismo»): si alguien exhibe su homosexualidad se le acusa de «repliegue identitario»; si alguien exhibe su heterosexualidad, es normal: «dejamos que los homosexuales hagan lo que quieran en su casa, pero que parezcan normales en público» (que no vayan de la mano, vamos); esto equivale a «dejamos que los musulmanes puedan ir a la mezquita, pero que parezcan normales en público» (¡nada de velos!) .

El problema de la religión

Hay un razonamiento primario bastante extendido: «De religiones, ni hablar: ¡somos marxistas!».

Bien, si somos marxistas, recordemos la célebre cita de Marx al respecto: Das religiöse Elend ist in einem der Ausdruck des wirklichen Elendes und in einem die Protestation gegen das wirkliche Elend. Die Religion ist der Seufzer der bedrängten Kreatur, das Gemüth einer herzlosen Welt, wie sie der Geist geistloser Zustände ist. Sie ist das Opium des Volks.

En efecto, para la bedrängten Kreatur (el oprimido), la religión es una droga (das Opium) que le ayuda a soportar su situación, pero ello no significa de forma automática que sea algo que le lleve a aceptar esa opresión (podríamos hacer un paralelismo con la psiquiatría: si una persona, que ya no soporta las condiciones de vida que el sistema le impone, acude a un terapeuta que le prescribe unas pastillas, está claro que debe saber que lo que hay que hacer es luchar para cambiar esas condiciones de vida insoportables, pero mientras tanto no vamos a quitarle sus antidepresivos). La misma actitud que hay que mantener ante los psicofármacos y las drogas puede esgrimirse frente a la religión.

El islam sirve de refugio contra el racismo en el estado francés, como ya lo fue en Estados Unidos, donde los afroamericanos empezaron a crear organizaciones islámicas de resistencia antirracista desde 1930 (cabe recordar que incluso militantes tan preparados como el propio Malcolm X peregrinaron a La Meca, con la esperanza de haber encontrado una religión que no les hiciera «poner la otra mejilla»).

Pero incluso el cristianismo ha servido de refugio en África y América Latina. En la Sudáfrica del apartheid, los africanos esgrimían el mensaje evangélico de igualdad entre todo el género humano como respuesta a la política de segregación. En la Nicaragua de los Somoza, Ernesto Cardenal se dirigía así desesperadamente al dios de los cristianos:

Libéranos Tú, ya que no nos pueden liberar los partidos

De hecho, no pocos militantes han llegado al socialismo por querer ser consecuentes con el mensaje igualitario presente en muchas religiones. Saltar de la caridad a la solidaridad no es algo difícil de entender; Hélder Câmara afirmó:

Quando dou comida aos pobres chamam-me de santo. Quando pergunto por que eles são pobres chamam-me de comunista.

Las facciones religiosas en la lucha de los pueblos musulmanes, que al principio incluso fueron propiciadas por el imperialismo para contrarrestar la fuerza de las organizaciones socialistas , cobraron gran fuerza tras la desaparición de la URSS. No es difícil imaginar la razón: si el «socialismo real» aparecía tan frágil, muchos militantes decidieron integrarse en grupos de inspiración islámica, pues «solo Alá no les traicionaría». Es así como en todo el mundo musulmán, de Marruecos a Indonesia pasando por Palestina, los grupos islamistas han arrebatado a las organizaciones socialistas y comunistas la bandera del antiimperialismo en estos últimos años.

Está claro que los marxistas no vamos a «convertirnos», pero tampoco vamos a despreciar a la bedrängten Kreatur que busca desesperadamente liberarse de la opresión. Ninguna conciliación con las religiones, pero respeto a los y las trabajadoras creyentes, pues la manera de alejarlas de la superstición es el debate de ideas, no la posición prepotente que les obligue a comer cerdo o les arranque el velo, como quieren hacer los legisladores burgueses del estado francés, jaleados por la prensa pretendidamente liberal de toda la Unión Europea.

El objetivo de presentar a los inmigrantes como fanáticos religiosos, sexistas y homófobos es socavar la necesaria solidaridad entre los trabajadores de todos los orígenes. Eso no significa que entre esos inmigrantes (y también entre los trabajadores autóctonos) haya fanáticos religiosos, sexistas y homófobos, pero tampoco que haya que dejar de luchar contra todo tipo de discriminación.

Separar a los trabajadores inmigrantes de los autóctonos favorece un racismo sin mala conciencia («no es porque sean negros, es porque son fanáticos sexistas y homófobos»), y también favorece el sexismo, pues cuestiones como las del velo de las mujeres inmigrantes («nosotros no somos sexistas, los sexistas son ellos») hacen olvidar las del culto al cuerpo y la cirugía estética de las mujeres autóctonas .

La trampa del cosmopolitismo

El cosmopolitismo habita un mundo ideal, sin contradicciones de clase; incluso ha habido seudomarxistas que lo han esgrimido como bandera contra lo que despreciaban como particularismos (fueran esos «particularismos» la lucha feminista o los movimientos de liberación nacional, por ejemplo), pero los «particularismos» son tenaces, porque responden a una opresión concreta.

A finales del siglo XIX hubo un debate en el imperio zarista entre el proletariado de origen judío sobre si debían incorporarse a los otros grupos obreros o si debían crear una organización propia. Algunos integraron los partidos socialistas, pero otros crearon la Federación General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia (conocida como Bund, palabra que en yidis significa «federación»). Los primeros acusaron a los segundos de desviaciones «particularistas» y, para hacerles ver que vivían en un mundo globalizado (¡ya entonces!), les recitaban la típica letanía de que «tu chaqueta es de lana de ovejas inglesas, ha sido tejida en fábricas flamencas, los botones son austriacos…», a lo que los militantes del Bund respondían: «sí, ¡y el desgarrón del codo viene del pogromo de Kiev!».

Exacto, es la agresión la que provoca la respuesta, y es porque hay diversos tipos de opresión por lo que el universalismo solo es una utopía: como afirma Christine Delphy, el universalismo es imposible mientras exista la opresión y la sociedad dividida en clases.

Sexo y género

Hay quienes se sorprenden de que ahora se utilice el término «género» donde hasta hace no muchos años se hablaba de «sexo». Algunos incluso se imaginaron que era una copia servil del inglés, pues esta acepción del término «género» fue acuñada en 1955 en Estados Unidos por un sexólogo neozelandés. Pero el significado distinto de ambos términos está bien claro: el sexo es meramente biológico, y la división entre sexos se limita a unas diferencias físicas. Una mujer puede tener hijos; un hombre, no: esta es una diferencia por razón de «sexo».

En cambio, que las mujeres lleven faldas, o relojes pequeños, o se maquillen, y que los hombres lleven pantalones, o relojes grandes, o no se maquillen, no tiene nada que ver con el «sexo», estas son diferencias culturales construidas históricamente: diferencias por razón de «género». Y la más importante de ellas es la que hace que sean las mujeres, y no los hombres, quienes soportan la carga del trabajo doméstico, que acostumbra a representar bastante más de cuarenta horas semanales de una labor que, además, no está remunerada.

Así, a partir de la realidad biológica (solo las mujeres pueden procrear), el sistema patriarcal ha ido tejiendo desde tiempos inmemoriales todo un reparto estructurado de papeles, que se articula en una serie de silogismos encadenados: si las mujeres pueden tener hijos, deben encargarse de ellos, deben ocuparse del hogar, deben cuidar a los hombres, deben ser obedientes y sumisas, etcétera. ¡Pero absolutamente nada de todo esto se deriva del mero hecho biológico de que las mujeres puedan tener hijos!: todo es una construcción cultural destinada a perpetuar la opresión social. Y la mejor manera de mantener esa opresión es que la construcción cultural aparezca como un hecho natural.

¡Ojo con quien viene en nombre del progreso y de la humanidad!

Se dice que Manon Roland, revolucionaria francesa líder del partido de los girondinos, exclamó cuando se vio frente a la guillotina: «Ô Liberté, que de crimes on commet en ton nom!» . En la actualidad, los crímenes se cometen en nombre de la humanidad. El llamado «derecho a la injerencia humanitaria» es la denominación actualizada de aquello que para los colonialistas de hace cien años era «la misión civilizadora del Hombre Blanco».

Christine Delphy ha analizado estas hipocresías neocoloniales, sobre todo cuando los imperialistas de Estados Unidos pretendían hacer creer al mundo que la última guerra de Afganistán era una especie de «lucha de liberación de la mujer», y nos recuerda que las mujeres de Afganistán nunca fueron más libres que cuando, en los años setenta y ochenta, el gobierno comunista obligaba a las familias a llevar a las niñas a la escuela . Y entonces la Casa Blanca se dedicó a armar a la rebelión de los muyahidines, que querían volver a la sharia, y ese apoyo hizo que las mujeres afganas volvieran a la reclusión en casa, a las violaciones punitivas, a los matrimonios forzados y a las agresiones si querían estudiar. Y a los dirigentes de Estados Unidos no les quitó el sueño la suerte de las mujeres de Afganistán… hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando descubrieron «casualmente» la infamia del burqa obligatorio.

Los imperialistas son conscientes de que ya no pueden decir que hacen la guerra para «llevar la civilización a los salvajes»; así, gracias a una pirueta terminológica, ahora se trata de «liberarlos». Para ello contarán con la complicidad de los socialdemócratas de todo pelaje, que serán los primeros en jalearlos (a no ser que incluso se les adelanten, pidiendo, en nombre del «progreso» y la «libertad», ¿cómo no?, «intervenciones humanitarias» aquí y allá).

Lo grave es que hay trabajadoras y trabajadores que no se atreven a enfrentarse a ese «humanitarismo bélico». Está claro que no vamos a defender a Milosevic, a los talibán o a Sadam Husein, pero lo último que necesitaban los pueblos de Yugoslavia, de Afganistán o de Irak era una agresión imperialista. Christine Delphy hizo un paralelismo claro: el derecho al voto de las mujeres es algo fundamental, pero jamás estaremos a favor de bombardear a los países que aún no lo reconocen. Sabemos que la libertad se conquista, y para ello todos los oprimidos del mundo tienen que desarrollar diversas formas de lucha, pero lo que hay que tener claro es que las bombas inteligentes lanzadas sobre objetivos civiles desde los aviones invisibles de las grandes potencias nunca han traído la libertad a nadie.


Fuente: Amecopress