sábado, 13 de septiembre de 2014

( IDEANDO) BORRAR LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Título original: Borrando la violencia de género

Un cambio de sala de último momento para el estreno del documental Borrando a papá fue la oportunidad para que los responsables y protagonistas del film que intenta demostrar que la violencia de género es un negocio para estudios jurídicos y profesionales de la psicología y que los padres son separados masivamente de sus hijos o hijas después de divorcios conflictivos porque las madres les “lavan el cerebro” se exhiban en decenas de medios como víctimas de una censura que, llamativamente, no aplicaría el Estado sino diversas ONG feministas o de protección de niños, niñas y adolescentes. Su discurso encontró eco en quienes lamentan los avances en la equidad de género como una pérdida de privilegios.


A la niña la arrinconaron contra la pared. Le dijeron que era un juego. La ensuciaron en un baño sin esponjas. Le hicieron cerrar los ojos aunque no pudiera cerrar todos los poros. Tampoco su cuerpo podía cerrarse más fuerte aunque ella frunciera la nariz y se clavara las uñas hasta dejarse huellas. Sus piernas fracasaron en el intento de mantenerse rígidas. A la niña le dijeron que no dijera nada, que era un secreto, que no le iban a creer y que si su mamá le creía las iban a separar. Pero el siglo XXI trajo, entre sus conquistas, el valor de la palabra de las niñas y niños. Y ella se animó a contar ese dolor escondido entre las sábanas por las que se le escapaba el pis y todos sus miedos. El secreto se hizo palabra. Y la palabra prueba. No hay ADN de unas tardes que pasaron mucho antes de poder hablar. No hay testigos que hayan visto lo que pasaba entre los azulejos amurados. Hay palabra. ¿Pero qué pasa con las palabras de la niña si ella se lo cuenta a su madre y la sospecha es que la madre denuncia para hacerle daño al padre? ¿Qué pasa con la palabra de la niña si se instala el discurso de que el abuso es sólo una fantasía en la que la niña cree porque su madre, despechada, supo cómo manipularla? ¿Qué pasa con la palabra de la niña si se impugna públicamente a las y los profesionales que la escucharon, vieron sus dibujos, observaron sus síntomas porque, como se argumenta desde un machismo recalcitrante pero renovado, “las feminazis ganaron terreno y la Justicia discrimina a los hombres por ser hombres”? ¿Qué pasa con la niña? ¿Qué se les dice a las niñas a las que se las anima a hablar para defender el derecho sobre su cuerpo y después se las acusa de no decir la verdad sobre su cuerpo invadido?

El documental Borrando a papá respalda la idea de que la palabra de las niñas y niños que se ven obligados a hablar en ámbitos judiciales porque fueron agredidos de distintas maneras por sus progenitores está manipulada por sus madres, que hay un fenómeno masivo de padres separados de sus hijos e hijas injustamente, que hay un negocio con las falsas denuncias sobre violencia de género y abuso sexual, que el Síndrome de Alienación Parental (SAP) u otras formas de llamar a un supuesto “lavado de cerebro” de una madre sobre sus hijos para que digan en cámara Gesell y frente a peritos una mentira inventada existe a pesar de no estar respaldado científicamente, que la formación en la Argentina sobre abuso sexual y violencia de género está generada exclusivamente por el psicólogo Jorge Corsi (condenado por promoción a la corrupción de menor de edad) y que, por lo tanto, no hay profesionales aptos para trabajar contra las agresiones sexuales. Y alegan que no pueden exhibir el film porque los censuran.

Sin embargo, el documental de Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira –la primera es esposa del productor, Gabriel Balanovsky, procesado por secuestrar a su hija durante un año (ver aparte)– tuvo una sala en el Arteplex de Constitución que fue rechazada por los responsables del film, dato que en su mediatizada denuncia se omite deliberadamente; como también se omite que las denuncias de algunas reconocidas ONG que trabajan por los derechos de niños y niñas no tienen poder de censura.

Más allá de esta controversia, lo que quedó de manifiesto en los cientos de entrevistas que se realizaron a los protagonistas y realizadoras de Borrando a papá, en los comentarios después de cada nota de denuncia, en la empatía de algunos entrevistadores, fue el ansia por hacer lugar a cierta queja machista, por poner en escena un modelo de macho víctima de la pérdida de ciertos privilegios frente al avance de la equidad de género. Aun cuando denuncien censura, tomaron la palabra “buenos muchachos” que hacen sniff frente a las cámaras porque fueron separados de sus hijos o hijas y acusan en sus blogs y sitios en redes sociales que las mujeres no luchan por la igualdad de género porque quieren todos los derechos para ellas. Lágrimas de cocodrilo. Ese animal que parece llorar para atraer o comerse a sus víctimas y que puede permanecer quieto durante un largo tiempo hasta dar un zarpazo lapidario.

La verdad en cifras

La página de Facebook del neopaternalismo, con el trailer de la película y la alegoría de varones que cuentan sus penurias desgarradas, tiene 17.459 seguidores. Desde allí, entre otras cosas, alegan: “En Borrando a papá denunciamos ‘el negocio de las falsas denuncias’ en divorcios conflictivos (que saca recursos para las verdaderas víctimas). Ahora tenemos pruebas: violencia familiar en Córdoba, cifras oficiales. Son 37.673 denuncias en 2013, 5807 falsas y más de 25 mil no comprobadas”, aseguran.

“Es una falacia total”, replica Alejandra Morcillo, directora de Violencia Familiar del Ministerio de Desarrollo Social de Córdoba. Y critica: “No se puede hablar de falsedad de pruebas. Nosotros asistimos integralmente a 10.000 víctimas por año y siempre han sido reales los hechos denunciados”. Según los últimos datos estadísticos oficiales del Centro de Perfeccionamiento Ricardo Núñez, del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, del 2012, hubo 26.456 denuncias en la provincia. Se admitió el 91 por ciento de las acusaciones y el 9 por ciento no. O sea, tranquilos, si una denuncia no es consistente no se sigue. Pero no es cierta la invasión de mujeres maquilladas por la moda del golpe fácil.

A contramano de la idea de la industria de la violencia de género, en seis años el organismo destinado por el máximo tribunal argentino a medir la violencia familiar no constató ni una sola causa que condene a una mujer por designarle el papel de abusado/a a su hijo o hija en un guión de ficción con exhibición en la Justicia. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación monitoreó que, en las más de 59.000 denuncias que recibieron desde el 2008, no se registró ni una sola sentencia por falsa denuncia. En muchos casos, la Justicia considera que no hay pruebas suficientes para llevar a prisión a un hombre acusado de abuso sexual o para sustanciar fehacientemente la violencia. Pero nunca, en 59.000 causas, se comprobó que un expediente estuviera armado a propósito para descalificar a un hombre.

Un estudio realizado por Virginia Berlinerblau, sobre una muestra de 315 casos de niños de entre 2 y 18 años ingresados al Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional arroja sólo un 3,8 por ciento de denuncias que podrían ser falsas. ¿Hay que dejar de darle vía al 96 por ciento de las denuncias porque, a lo mejor, un 4 por ciento de los abusos no son reales? S.O.S.: los niños podrían dejar de estar primero.

En cambio, desde la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de Tucumán se informa que hay un aumento significativo de casos graves. Un 51 por ciento de las denuncias del 2013 fueron calificadas de alto y altísimo riesgo y, en lo que va del año, ya el 59 por ciento son consideradas alarmantes. En cambio, solo el 0,89 por ciento de los relatos son evaluados como de bajo riesgo. Por lo tanto, si hubiera que desestimar las denuncias –aun cuando puedan ser reales pero no implicar peligrosidad–, el organismo considera que sólo podría hacerse en el 1 por ciento de los casos.

En la Argentina muere una mujer cada 30 horas por violencia de género. ¿La idea es que se frene el avance de las medidas de protección? El año pasado fueron víctimas de femicidio 295 mujeres y, entre ellas, perdieron la vida 14 niñas de 0 a 13 años. En siete casos los padres o padrastros fueron los asesinos, según cifras del Observatorio de Femicidios Adriana Marisel Zambrano, de La Casa del Encuentro, recogidas entre el 1º de enero y el 31 de diciembre del 2013.

La violencia de género no es un problema excepcional. Solamente desde el 1º de julio al 30 de agosto del 2014 llegaron 2878 llamados por violencia de género a la línea 144, a cargo de la Subsecretaría de la Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres del Consejo Nacional de las Mujeres. En 2433 casos la agresión era sistemática (y 435 mujeres la sufrían desde hace una década) y 1858 veces dijeron que la violencia se ejercía con niños, niñas y adolescentes presentes. Eso demuestra por qué, muchas veces, la Justicia ordena la restricción del contacto del progenitor con sus hijos e hijas. “En nuestro país, si un papá injustamente está impedido de ver a su hijx tiene remedios penales y civiles. La ley dispone que el juez fijará un régimen de visitas urgente o hará cumplir el existente”, aclara la abogada Claudia Hasanbegovic.

Pero, una cosa es que un agresor no pueda ver –por treinta, sesenta, ciento veinte o en casos más graves en forma indefinida– a sus hijos para prevenir situaciones de riesgo a través de medidas de protección dispuestas con el objetivo de ponerle un límite a la impunidad que suelen ejercer varones violentos. Y otra, muy distinta, que padres de buena fe y sin restricciones judiciales no puedan ver a sus hijos porque la Justicia no defiende a los padres.

No están desprotegidos

Pero la cobertura mediática y el boom de likes que genera Borrando a papá no parece ser un suspiro de aprobación frente a una puerta de jardín de infantes con un grupo de bonachones Señores Papis, sino el argumento justo para frenar los canales de acceso a denuncias y defensas de mujeres víctimas de violencia y/o madres protectoras de sus hijos e hijas. En inglés existe una palabra justa: backlash. O la hora de retroceder frente a la posibilidad de evitar los abusos sexuales intrafamiliares.

El abuso sexual en las mejores familias es el nombre del libro de la psicóloga Irene Intebi, editado en 1998, que enmarcaba que el cuco no estaba sólo bajo techos de chapa o en callejones sin salida. Periodistas, músicos, médicos, funcionarios, políticos, curas, psicólogos, escritores son también abusadores. Las mejores familias son de clase baja y alta, profesionales o analfabetos. Pero, eso sí, cuando las denuncias recaen sobre quienes tienen más recursos, prestigios y vínculos sociales el boomerang de la respuesta es mucho más fuerte. Los poderosos tienen mucho más para perder y ponen muchos más recursos –económicos, sociales y culturales– para poder ganar.

“En Borrando a papá apelan a estereotipos misóginos que son recibidos por muchas personas porque coinciden con preconceptos patriarcales de nuestra sociedad machista. La película está en el contexto del cabildeo que hacen estos grupos de varones que se consideran víctimas para propulsar cambios legales a su favor, como el de la tenencia compartida obligatoria o la derogación de la ley para prevenir y erradicar la violencia hacia las mujeres”, enmarca Hasanbegovic, profesora del curso Manipulaciones Judiciales de los Varones Violentos, en donde asegura que los varones violentos ejercen mucha más disputa por la tenencia de los hijos y cumplen menos con la obligación de alimentos.

No todo lo que reluce es llanto

Un documento del Consejo de la Magistratura, del 25 de noviembre del 2011, respalda la decisión de la jueza María Cecilia García Zubillaga de no dejar salir al país al hijo de Yura Shubin, que dice en el trailer del documental que fue acusado por enseñarle ruso, su idioma natal, a su hijo. Aunque, en verdad, no se lo dejaba llevarlo fuera de la frontera (por temor a que no lo regrese al país), pero sí se le asignaba un régimen de visitas, de alimentos (al que se negaba por alegar estar desocupado) y se constata una denuncia previa de su ex esposa por maltrato.

Creer en el llanto del macho puede esconder otros llantos. “Obligar a alguien a vincularse a la fuerza es generar un daño intencional en la psiquis y en el alma de esa personita vulnerando todos sus derechos. Con la ley de impedimento de contacto en una mano y el mentiroso SAP en la otra llega un patrullero y se lleva a la rastra y con gritos a niños que claramente temen ese momento y explícitamente plantean que no quieren ir. Nunca es sin consecuencias”, delimita Liliana Hendel, psicóloga, periodista y coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina (Ripvg) sobre los efectos de lo que denomina “Borrando a la justicia”.

“Las asociaciones de padres que se dicen injustamente separados de sus hijos encubren a violentos/violadores. Seguramente habrá en esos grupos papás que pasan por situaciones de dificultad y dolor y son objeto de desconsideración judicial. Ellos deberían ser los primeros en diferenciarse. Pero ahora se intenta proponer una plataforma para que parezca que es una controversia entre padres buenos contra madres malas y quienes defendemos a las madres protectoras aparecemos en esta versión como feminazis. En la misma línea de quienes dicen que juegos incestuosos no son delito y que es preferible un padre violento o violador que un no padre.”

Otra idea de la doctrina Borrando a papá es que la defensa de los derechos de las mujeres y la infancia abusada es fruto de la secta Corsi: “Corsi es un pedófilo que ha merecido el rechazo de la sociedad en su conjunto y en especial de quienes se formaron con él. Los estudios acerca de niñez, violencias y derechos son anteriores a Jorge Corsi. No empiezan y por supuesto no terminan en él”, apunta Hendel. “Afortunadamente, nunca leí ningún texto de Corsi y por ende nunca empleé ningún argumento de él para fundar una acusación por abuso sexual infantil”, explica el abogado Juan Pablo Gallego, consultor de Unicef, autor del libro Niñez Maltratada y Violencia de Genero y acusador del cura César Grassi que hoy purga una condena de quince años de prisión.

En el nombre del padre

La mayor bandera libertaria de los papaítos es la censura al documental. Sin embargo, el Incaa explicó que le ofrecieron una sala para el 28 de agosto en el complejo Artecinema de Salta 1620. Pero San Telmo producciones –que todavía no presentó toda la documentación requerida– no aceptó.

La ex diputada Marcela V. Rodríguez, Investigadora del Grupo Justicia y Género del Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas (Ciepp), igualmente, contextualiza: “La libertad de prensa de ninguna manera puede prevalecer sobre la violación de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Del mismo modo que no se puede alegar que existe libertad de prensa en casos de pornografía infantil y exhibiciones obscenas. La expresión no son solamente palabras sino que son actos performativos que causan daño”.

Mientras que la diputada Gladys González (PRO) explica por qué pidió que no se exhibiera en el corazón de las estrategias judiciales, el Colegio Público de Abogados: “El documental es explícito en no reconocer la realidad de la violencia de género cuando dice: ‘la violencia doméstica es una industria multimillonaria...’ Estas mentiras y estadísticas falsas son difundidas en todo Occidente y como resultado los hombres son considerados violentos no por lo que hacen sino porque nacieron varones. Y desacredita el testimonio de los chicos, promoviendo que se los silencie en los procesos judiciales de familia y penales. Su contenido fue repudiando por el Consejo de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad, así como por el Comité de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, por lo que es inconveniente que una Institución como el Colegio Público de Abogados proyecte un documental que promueve la vulneración de derechos”.

Mujeres con pelotas

San Telmo producciones presenta su segundo documental sobre discriminación por género, Borrando a papá”, explica la gacetilla de este documental. El primer film de Gabriel Balanovsky fue Mujeres con pelotas, en donde retrata el excelente trabajo de Mónica Santino frente a los grupos de fútbol femenino de Las aliadas, en la Villa 31 y el Centro de la Mujer en Vicente López. Balanovsky no tuvo el tacto o el tiempo (en seis años) de contarle a Mónica –desde 2008, cuando la conoció– que la película iba a formar parte de una saga ideológica en base a su concepto de discriminación de género, en donde los agresores serían colocados como discriminados. Tampoco le confió que estuvo preso durante un año por interceptar a su hija, en noviembre de 2001, en el camino al jardín de infantes y escapar de la Justicia sin dejársela ver a su mamá. La Justicia lo encontró por una orden de captura por sustracción de menores y lesiones, a pesar de que la nena de cinco años no estaba anotada en ningún jardín público o privado. “Las escuchas telefónicas detectaron que los padres de él estuvieron consultando sobre cómo emigrar a Israel”, contó la madre de su hija en una nota en Páginal12 el 24 de agosto de 2002. La Cámara de Casación Penal lo dejó salir de prisión porque consideró que como tenía la patria potestad no era un secuestro.

Pero no le había dicho nada de esto a Mónica Santino para que aceptara girar la pelota frente a su cámara. “Enorme fue la tristeza al enterarnos de que el siguiente trabajo de los directores iba dirigido a ensalzar al SAP. Creemos que Mujeres con pelotas sirvió de colchón para ponerse del lado de la lucha contra la violencia de género. No nos embarren la cancha. Sabemos de qué se trata cuando de violencia de género hablamos.”

Fuente: Página 12 - Por Luciana Peker

viernes, 12 de septiembre de 2014

SER MUJER EN PALESTINA

El recuento de víctimas de la última ofensiva del Estado de Israel sobre Gaza, aun cuando dan una idea de la magnitud del sufrimiento de esta población sitiada, apenas son un atisbo de lo que significa la vida cotidiana en esa franja de territorio cercado por un muro de más de 700 kilómetros detrás del que vivir y sobrevivir apenas se diferencian y donde las mujeres y las niñas están doblemente encerradas. Porque además de la agresión de las armas padecen el fundamentalismo religioso que ahora encarna la resistencia y que recorta todavía más sus derechos a una vida libre de violencia, a participar en la vida pública, a decidir sobre sus cuerpos, hasta a viajar en moto en el asiento de atrás. La activista Claudia Korol acaba de volver de Palestina y transmite sus intentos por interpretar los relatos de dolor y resistencia, de la esperanza como única opción, porque, dice, entender cabalmente es imposible.




“En todas las guerras del mundo la gente sufre, pero las mujeres por lo general sufren doblemente, porque asumen la responsabilidad por lxs niñxs, por alimentar a sus familias... Las mujeres generalmente son las más pobres de los pobres. Si cuando sos pobre no tenés nada, las mujeres tienen menos que nada.”

Quien habla es Salam Hamdan, activista feminista palestina con quien compartí un taller sobre Educación emancipatoria –organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo–, que se inició antes de la tregua y continuó después. “Después de tres devastadoras guerras en Gaza, no puedo ni empezar a describir la cantidad de sufrimiento de las mujeres y del pueblo palestino.”

Salam Hamdan trata de explicar lo inexplicable. La escucho conmovida, tratando de encontrar algunas claves que me ayuden a interpretar lo que estoy viviendo. Interpretar, porque no es posible “entender”. La rabia y la indignación son la respuesta inmediata ante la constatación cotidiana de la violencia como lenguaje central del poder colonialista.

El apartheid

Salam describe esta realidad lacerante: “En Gaza no hay modo de escapar. Es una prisión cerrada. Las mujeres no pueden salir con sus niños y niñas. Grandes partes de Gaza han sido devastadas en el 2008, en el 2012, y ahora en el 2014. Muchas familias han perdido sus casas y se han convertido en refugiadas. Muchas viven en escuelas. Eso hace que la situación –especialmente para las mujeres– sea muy, muy dura en términos de higiene, de hacerse cargo de la familia, de la exposición personal... La vida privada compartida con los demás es difícil. No pueden moverse, no pueden vestirse libremente... Miles de personas viven hace años en escuelas, porque no tienen ningún otro lugar. Todos los días, de mañana, mujeres, niñas, niños, hombres hacen largas filas para usar las pocas instalaciones sanitarias que tienen esas escuelas. Estas mujeres están realmente angustiadas, porque muchas están embarazadas, o amamantando, o menstruando, y necesitan otras condiciones higiénicas. Ahí, las mujeres también están expuestas al acoso sexual y a veces sufren violaciones”.

Señalan las organizaciones de mujeres palestinas que no hay mujer en Gaza o Cisjordania que no tenga en su familia hijos o maridos que no estén en prisión o hayan fallecido. La alta tasa de natalidad, unida a la escasez de trabajo, al hecho de que sus viviendas han sido destruidas o han sido ocupadas por el ejército israelí, sumada a la sanidad deficiente, a la escasez de agua potable (las principales fuentes de agua las ha ocupado Israel para sí), y la falta de movilidad de una región a otra por la fragmentación territorial, las intimidaciones en los puestos de control, hacen la vida de una dureza impresionante provocando también un enorme estrés y angustia. Un problema fundamental es el de la falta de trabajo. Denuncian las organizaciones de mujeres de Palestina, que el crecimiento dramático del desempleo y la pobreza, afectan la alimentación y la salud de las mujeres. El estudio “Gaza en 2020: ¿un lugar HABITABLE?”1, publicado en agosto de 2012 por la Organización de las Naciones Unidas, menciona que el 47 por ciento de las mujeres no tenía trabajo a principios de ese año. El 80 por ciento de las 1,7 millones de gazatíes dependen de la asistencia alimentaria, y una gran proporción sufre desnutrición y anemia. La anemia afecta al 36,8 por ciento de las mujeres embarazadas de Gaza, contribuyendo al 20 por ciento de las muertes maternas.

Según cifras de la Oficina Estadística Palestina, las mujeres están sufriendo también el aumento de la prostitución y del sida. Muchas son mujeres casadas, desde muy jóvenes, que fueron empujadas por sus propios maridos a estas actividades para salvar la economía familiar. De acuerdo con estas estadísticas, “suelen ser esclavas de sus PAREJAS, y la mayoría de ellas, un 62 por ciento, han sufrido maltratos. La legislación no las protege. En casos de violación, se distingue a las que son vírgenes de las que no lo son. La pena por forzar a una mujer no virgen es mínima, irrisoria. Están desprotegidas, tanto frente al abuso físico, como si contraen enfermedades de transmisión sexual como el sida”. Se señala en este informe: “Las palestinas perciben la guerra como un genocidio, por eso quieren seguir pariendo hijos, a pesar de las dificultades”. Parir, como resistencia...

Los números de la barbarie

La devastación es el denominador común no sólo en Gaza, sino también en otras regiones de Palestina. En esta última de las guerras israelíes contra Gaza, hay en menos de dos meses más de 2200 muertos. De ellos 550 aproximadamente son mujeres. Alrededor de 500 son niños y niñas. Hay más de 11 mil heridos y heridas, 13 mil personas con sus casas totalmente destruidas, que se agregan a las 250 mil personas sin techo, viviendo en refugios como consecuencia de las tres guerras anteriores. Mientras esto sucede en Gaza, en Cisjordania, en el mismo período, fueron asesinados por las fuerzas militares israelíes 32 palestinos y palestinas. Hay 1397 palestinos heridos. 1753 fueron detenidos.

Esta geografía de destrucción está atravesada por un muro levantado por Israel, que tiene ya construidos 728 km, de 6 a 8 metros de alto. El muro desgarra el paisaje y las vidas en zonas urbanas y rurales. Es una mole de cemento que muestra la soberbia de la política de ocupación. En todos lados el muro dice: “Aquí estamos”.

Una vuelta al fundamentalismo

Además de la ocupación, las mujeres palestinas sufren también el resultado del crecimiento del fundamentalismo religioso, que es consecuencia en gran medida de las heridas provocadas por la guerra.

Explica Salam: “Ahora tenemos un gran problema social, especialmente para las mujeres. Hamas es un movimiento muy religioso. Contribuyó al desplazamiento de las mujeres de las esferas públicas. La aumentada popularidad de Hamas significa un futuro difícil para las mujeres y para los grupos progresistas”.

En enero de 2006, el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) fue presionado por la Autoridad Palestina y el gobierno estadounidense a participar en las elecciones. Hamas ganó las elecciones en Gaza, con más del 70 por ciento de los escaños parlamentarios. Pero quienes le exigían democracia y elecciones no respetaron el resultado. Desde entonces, los israelíes han sitiado todos los territorios palestinos en Cisjordania y Gaza. La Autoridad Palestina en Cisjordania, acusada de una gran burocratización, corrupción, y que cuenta con el apoyo del gobierno estadounidense y de algunos regímenes árabes como Egipto, comenzó a perseguir a Hamas y a sus simpatizantes.

En junio de 2007, Hamas asumió el gobierno en Gaza. Israel y Egipto reaccionaron imponiendo el estado de sitio y un absoluto aislamiento. Sin embargo, al lograr liderar la resistencia a la ocupación, la popularidad de Hamas aumentó, ya que quedó como la fuerza capaz de garantizar la resistencia.

Esto trae dificultades adicionales para las mujeres. El gobierno de Hamas ha significado la imposición a las mujeres de nuevas medidas de control de su vida, de su sexualidad, de disciplinamiento de sus cuerpos. Se volvió a imponer el uso del pañuelo en la cabeza, cubrir su piel, la prohibición de fumar pipa de agua en espacios públicos y de viajar en el asiento trasero de motocicletas (entre otras medidas conservadoras). El fundamentalismo religioso pretende recluir a las mujeres en la vida privada donde, además, ha aumentado la violencia contra las mujeres.

“Nuestra esperanza no es sólo terminar con la ocupación israelí, en lo que la mayoría de las palestinas y palestinos coincidimos. Es necesario también pensar en una vida sin violencia, con libertad, con justicia para las mujeres y para todas las formas diferentes de pensamiento”, concluye Salam.

Niños, niñas, presente, futuro

La psicoanalista y psicodramatista internacionalista Ursula Hauser, que viene realizando talleres de psicodrama en Palestina, escribe en un artículo: “La desesperación que vemos en los ojos de niños y niñas, mujeres y hombres, son una acusación contra el silencio instalado, el estupor callado que es síntoma de indiferencia o resignación. Los pequeños palestinos quieren ser mártires, porque así piensan reivindicar la dignidad de su pueblo, de sus padres asesinados, de sus madres insultadas. Sin duda alguna, esta actitud de desesperación es contraria a su deseo de vivir: están llenos de risas, de ganas de jugar, y no solamente con pistolas. Pero vivir sin terror, vivir una vida humana y no de perros golpeados. El miedo, el odio y la desesperación crecen con la represión y el maltrato, en una espiral de violencia incontrolable. No es de asombrarse que en esta situación se desarrollen los fundamentalismos en ambas partes, y que falte el espacio para la discusión y la reflexión racional. ¿Y si las palabras no valen, si los gritos no son escuchados?2” Los niños palestinos hacen sus propias lecturas de la realidad. Aprenden a sobrevivir muchas veces en soledad, o en el desamparo de los campos de refugiados. En un recorrido por Ramalá, nos detenemos frente al muro levantado por Israel, “intervenido artísticamente” por colectivos de muralistas internacionalistas. Se suceden en esas pinturas escenas de la resistencia. Frente al mismo, un grupo de niños tira piedras contra el cemento. Todavía la Intifada sigue haciendo puntería, y dibujando la dignidad en la memoria colectiva.


Ser feminista en Palestina


“¿Por qué sos feminista?”, le pregunto a Salam, intentando imaginarme cómo es ser feminista en un país en guerra, donde en la propia resistencia la dominan sectores fundamentalistas en sus visiones sobre las mujeres. Ella nos vuelve al relato personal: “¡Buena pregunta! En primer lugar, tuve la suerte de nacer en una familia comunista. Tuve por ello muchas oportunidades que otras niñas, y luego, muchachas a mi edad no tenían. Me enseñaron qué significa la igualdad y la equidad, y por ese conocimiento a temprana edad fui capaz de darme cuenta del nivel de opresión que existe en mi sociedad contra las mujeres. Supe identificar las opresiones cuando las veía, mientras otras mujeres que no tenían estos conocimientos creían que eran condiciones dadas por Dios, que para eso nacimos, y que está en la naturaleza de las cosas. Hay otro aspecto personal que agregar. De niña, por algún período de mi vida, tuve que depender de mí misma. Porque mi padre estuvo preso muchos años por luchar contra la ocupación israelí, y mi mamá tenía que atender a mi hermana que sufría de cáncer. Yo solía viajar y vivir con mis parientes en distintos lugares, y me hice fuerte así. Aprendí a hacerme cargo de mí misma, a defenderme a mí misma y a luchar por mis derechos”.

Comparte Salam algo de sus experiencias con grupos de mujeres: “Doy talleres de género, participo de sesiones de reflexión organizadas por distintos grupos de mujeres. Yo les digo que respeto su opción y orientación religiosa –realmente la respeto–, pero que hay una clara distinción entre la religión, en tanto sentimientos de espiritualidad, en esta relación íntima y privada que establece cada cual, y la religión como asunto político público. Es muy importante construir respeto y confianza. Luego iniciamos una discusión abierta, donde acordamos poner todos los tabúes sobre la mesa y los discutimos juntas, escuchando los puntos de vista de las demás. Después de haber acordado que tenemos que estar abiertas, esta técnica –es como magia– siempre funciona, porque las mujeres siempre acuerdan discutir los tabúes. Religión, sexo, política. Luego empezamos a dialogar tratando de conocer y analizar todos los aspectos. No quiero convertirlas a mi ideología, ése no es mi propósito. Sólo quiero lograr que se hagan preguntas y que se cuestionen algunas cosas por sí mismas. Por supuesto, este trabajo está lleno de desafíos, porque crear conciencia en las mujeres en cuanto a sus derechos no es suficiente cuando no pueden cambiar su realidad política y económica. Una vez estuve en uno de los pueblos del sur de Palestina. Yo hablaba y las mujeres aprobaban lo que decía. Hasta que una mujer de unos cincuenta años me dijo: “¿Y ahora qué? Ahora cambié, conozco mis derechos, sé que está mal que mi marido me golpee y me oprima. Pero yo no tengo trabajo, vivo en un país ocupado. No puedo cambiar esta realidad. Estoy más triste y más enojada ahora, porque ahora sé que no está bien lo que me está pasando, pero no puedo cambiarlo”.

Después de la tregua

¿Qué significa esta paz precaria que se ha logrado? Una vez logrado el cese del fuego, que trae alivio a las familias palestinas, se abren en la resistencia numerosos debates. ¿Cómo reconstruir parte de lo devastado? ¿Quiénes ganaron con la guerra y quiénes perdieron? ¿Qué viene ahora?

¿Cómo hacés –le pregunto a Salam– para sostener la fuerza y la esperanza en la lucha? Me responde: “No tengo otra opción más que tener esperanza”.
Se trata, pienso, de que la esperanza siga teniendo lugar en nuestras resistencias, en nuestras solidaridades. Se trata de hacer nuestra propia Intifada contra la indiferencia. Se trata de seguir sembrando libertad.

FUENTE.: Página 12 - Por Claudia Korol-

1 http://www.unrwace.org/gaza.-proyecciones2020.html

2 Publicado en el libro Entre la violencia y la esperanza. Escritos de una internacionalista. Editorial Acuario. La Habana. Cuba.

jueves, 11 de septiembre de 2014

RELATO DE UNA VÍCTIMA DE TRATA ( FORO SOBRE DERECHOS DE LAS MUJERES EN MAR DEL PLATA)

Marcela Loaiza se paró en el escenario, ante cientos de personas que participan del encuentro que se desarrolla en Mar del Plata, e hizo un relato pormenorizado de su historia como víctima, que fue interrumpido en varias oportunidades por aplausos del auditorio frente a una mujer que, si bien se permitió las lágrimas, dejó fundamentalmente un mensaje esperanzador, ya que hoy preside una fundación que previene, asiste y reintegra a mujeres que fueron explotadas sexualmente.





El día que vi cómo asesinaban a una compañera, me juré que si lograba escapar, sería una vocera contra la trata”, fue una de las muchas frases conmovedoras que se escucharon en la apertura del II Foro Internacional sobre Derechos de la Mujer.



“A los 16 años ya era madre soltera de una niña que nació con problemas de salud, por lo que tenía dos trabajos para poder mantenernos. Un hombre me brindó ayuda económica para cubrir los gastos médicos de mi hija y me propuso trabajo en el exterior. Le creí. Me subí por primera vez en mi vida a un avión y aterricé en Japón, donde fui explotada sexualmente durante 18 meses”, relató esta colombiana, que volcó su historia en dos libros “catárticos”, como ella misma los define.

En Japón le informaron que estaba endeudada, que no era libre y que si intentaba escaparse “iba a volver a Colombia sólo para enterrar a mi hija, así que me sentía culpable y prostituta, porque debía acostarme con 15 o 20 hombres por día. Yo no podía reconocerme como víctima”, compartió.

A pesar del tiempo transcurrido y de su proceso de superación, no puede entender “cómo los hombres que pagaban a los captores por tener sexo conmigo, no les importaba que yo llorara o estuviera golpeada”.

Marcela vio cómo asesinaban a una de sus compañeras y fue cuando se juró que iba a escapar e iba a ser vocera de todas las que siguen secuestradas para quienes pidió un aplauso e hizo un reconocimiento a Susana Trimarco, la mujer tucumana que sigue buscando a su hija, Marita Verón, secuestrada y desaparecida por una red de trata en 2002.

Luego de una paliza que la dejó en el hospital, donde “al verme en el espejo con la cara rota vi en mi rostro el rostro de la trata”, reintentó su escape, que logró gracias a la complicidad de otra víctima y de un cliente. Así llegó a la embajada colombiana en Tokio, regresó a su país pero “no recibí contención de las autoridades. Logré salir gracias a una monja que me acogió y comencé mi recuperación que tardó años”.

Ahora, además del trabajo en su ONG "Marcela Loaiza por la Dignidad Humana", se convirtió en difusora de campañas antitrata en su país, en México y en Estados Unidos donde reside junto a su pareja y a sus tres hijas, la mayor de las cuales -que tenía 3 años cuando su madre se fue a seguir un sueño en el exterior que terminó en un infierno- hoy estudia medicina.

A la fundación llegó en busca de ayuda Edna Baquero Rojas, que fue la otra colombiana que, tomada de la mano de Marcela, compartió en el foro, a donde se espera la asistencia de 1.500 personas, su historia de explotación laboral y sexual en Panamá.

“Cuando conocí a Marcela me encontré a mí y a mi misión en la vida. Estudio Psicología y soy voluntaria en la fundación. Estoy acá para dar voz a tantas que aún no pueden hablar”, enfatizó.

La directora de la Fundación es Andrea Bravo, amiga de Marcela, que contó a Télam que se enteró de lo que le había pasado en Japón cuando le pidió que revisara el borrador de su primer libro ‘Atrapada por la mafia Yakuza’. "A partir de ese momento, me puse a trabajar a su lado desde Colombia".

El panel concluyó con una exposición de Fernando Cartasegna, fiscal en Delitos Conexos con la Trata de Persona de la ciudad de La Plata, que ilustró con fotografías de lugares donde se mantenían cautivas a mujeres, el trabajo que hace con su equipo “para poder decir que hoy, casi no tengo que buscar prostíbulos porque los cerramos”.

Los testimonios de las mujeres dieron el marco verídico a un foro donde entre hoy mañana, especialistas argentinos, de América, Europa y África analizarán distintos aspectos de la trata con fines de explotación sexual y laboral, en un encuentro organizado por el Consejo Nacional de las Mujeres de la provincia de Buenos Aires.

Fuente: TELAM

sábado, 6 de septiembre de 2014

AUSENCIAS Y PREGUNTAS; LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS DETRÁS DE LOS FEMICIDIOS

Algunos vieron el momento en que sus madres eran asesinadas y otros naturalizaron años de agresión. Cómo se enfrenta el después del crimen. Necesidades económicas y de acompañamiento.




El  año pasado, en el país, 263 niñas, niños y adolescentes quedaron huérfanos como consecuencia de la violencia de género. Se trata de hijas e hijos cuyas madres fueron asesinadas por sus PAREJAS, ex o por alguien de su entorno. ¿Qué sucede con esos chicos? ¿Cómo enfrentan la situación? y ¿Cuáles son las dificultades que enfrentan el resto de los familiares para cuidarlos? Hace dos semanas, Carolina Giardino una santafesina de 44 años fue asesinada por su ex pareja, quien escapó del lugar con su hijo de siete años con síndrome de Down. El año pasado, Griselda Correa fue acribillada a balazos frente a su beba de nueve meses y sus hermanas de menos de 10 años. Y, en 2012, uno de los hijos de Wanda Taddei contaba en la cámara Gesell cómo había escuchado la agresión de Eduardo Vázquez (ex baterista de Callejeros y condenado por el crimen) a su mamá. No son pocos los casos en que niñas y niños presencian el momento exacto en que su madre es asesinada. Y son muchas más las situaciones en las que presencian insultos, golpes y amenazas que se convierten en parte del día previo a un femicidio. La ONG La Casa del Encuentro relevó que en 2013 fueron 405 las hijas e hijos que perdieron a sus madres a través de esos casos extremos de violencia de género. El 65 por ciento de ellos eran menores de edad al momento del crimen. A nivel nacional no está definido un protocolo de atención para esos chicos; y, aunque existe un proyecto provincial para otorgarles pensiones, hoy no reciben ninguna ayuda económica especial. Por lo tanto, terminan quedando a cargo, en el mejor de los casos, de un familiar y, en otros, hasta del propio femicida. “Los niños quedan no solo con el trauma psicológico que les ocasiona haber presenciado, en muchos casos, el asesinato de su madre sino que en la mayoría de los casos, por una cuestión económica, la familia ni siquiera puede tenerlos en el mismo lugar. O sea que terminan, además, separados de sus hermanas y hermanos, cambian de barrio y de colegio. Realmente es una cuestión muy dura”, analizó Ada Rico, presidenta de la ONG La Casa del Encuentro, en diálogo con Diario UNO. Y acotó: “Tampoco tienen una asistencia psicológica que les permita elaborar lo que les sucedió. Porque, además, hay que tener en cuenta que cuando asesinan a la madre no es el primer episodio de violencia que ven. El femicidio es el último eslabón de una cadena de violencias. Por lo tanto, esa criatura ya ha visto maltratos, insultos y, de pronto, su mamá ya no está, fue asesinada. Y ellos tienen que empezar nuevamente, a veces, uno en la casa de una tía, otro con una abuela o con otro pariente. Es muy difícil reconstruir, sin la asistencia necesaria, una situación tan compleja y el trauma que le genera. Estamos hablando de criaturas de todas las edades. Y cuanto más grande son, y entienden perfectamente lo que ocurrió, hay que trabajarlo muchísimo más”. En ese sentido, Rico lamentó que a nivel nacional no exista ningún plan de atención organizado para las familias de las víctimas de femicidio. “Por eso nosotras pedimos que una medida de protección para esas criaturas sería que se le brinde alguna ayuda a la familia directa para que pueda hacerse cargo de los chicos. Sería importante que los chicos tengan una obra social porque, de esa manera, podrían estar amparados desde la parte física y psíquica y eso hoy no existe. A lo largo de nuestro país hay distintos dispositivos pero a nivel nacional no existe nada”, manifestó. “Yo, dos mamás” Carmen García falleció el 8 de abril del año pasado, tras agonizar durante una semana, producto de las quemaduras que sufrió en un ataque de su entonces PAREJA Daniel Leonard. Los cinco hijos de la joven de 27 años quedaron desde ese día al cuidado de su abuela, una mujer mayor con problemas de salud y que también tiene que cuidar a un hijo con una discapacidad por el que no puede aún cobrar la pensión correspondiente. “Ramiro, que tenía menos de dos años cuando pasó todo, sigue teniendo presente a su mamá. Cuando encuentra una foto de Carmen le dice a la abuela «Yo, dos mamás» y señala la imagen y a mi mamá”, contó Claudia García, la hermana de Carmen. Y siguió: “El resto de los chicos –que tienen entre cinco y 13 años– va pasando etapas. El tiempo pasa pero no sana las heridas. Al contrario, se nota más el vacío, la ausencia de la mamá. Ellos ven en la escuela a sus compañeritos con sus mamás y sienten la falta. Hoy es mi mamá la que se encarga de ellos. Gracias a Dios es una relación que siempre fue fuerte y presente. Los chicos ya tenían una vida con su abuela y no tuvieron que mudarse ni nada”. La tía de los chicos contó que fue muy importante el acompañamiento y la atención de las maestras de los chicos en la escuela. Ellas estuvieron atentas a cada uno de los cambios en los niños para poder atender cuando surgían problemas. Y también destacó el acompañamiento del municipio en el momento del crimen de su hermana porque le brindaron la contención psicológica que los chicos necesitaban. Ellos no estuvieron en el momento del ataque pero sí atravesaron junto a sus familiares la semana en el hospital, el velatorio en su casa y todo el proceso judicial. “Lo que pasó era algo que no se podía ocultar. La indignación y el dolor por lo que estaba pasando mi hermana y la esperanza de que ella quedara con vida eran sentimientos que no podíamos ocultarles”, recordó Claudia. Los 16 meses que pasaron desde el femicidio de Carmen fue vivido de diferente manera por los chicos. “Cada uno a su tiempo fue haciendo preguntas. El último fue el nene de cinco años que preguntó quién le había hecho eso a su mamá y por qué. Mi mamá trató de buscar una respuesta que no le chocara tanto. Uno trata de evitar enfrentarlos con la realidad de que una persona mala mató a su mamá”, explicó la tía del niño y siguió: “El cambio en ellos es grande. Están constantemente pegados a mi mamá como si tuvieran miedo de que se les vaya. Mi hermana era una mamá muy presente y ellos sienten como un golpe que ella no esté más. Nada ni nadie les va a sacar esa ausencia”. Sobre la relación de los chicos con Leonard, Claudia contó que todos lo conocían y salían a pasear con él y Carmen pero que los más grandes nunca quisieron quedarse a dormir en la casa que la PAREJAcompartía. Sólo los dos más pequeños lo hacían cuando Carmen los llevaba con ella. “Tenían relación con él pero nunca quisieron ir a vivir con él. Prefirieron quedarse con mi mamá. Así que mi hermana estaba repartida. Llevaba y buscaba a los chicos en la escuela, les cocinaba, estaba con ellos, los hacía dormir y después se iba a la casa de él con los más chiquitos”, recordó. Hoy la situación de la familia García es difícil pero la llevan adelante apoyándose entre sí. Es que la abuela de los chicos se hizo cargo de todos pero no cuenta con ningún ingreso extra. Además, tiene un hijo con una discapacidad visual que está tramitando hace tiempo una pensión, que sería de gran ayuda a la economía familiar, pero que no se la otorgan. Más acompañamiento En Santa Fe distintos estamentos oficiales y no gubernamentales trabajan en el acompañamiento de las víctimas de violencia de género y de los familiares que perdieron a un ser querido producto de la desigualdad de entre varones y mujeres. Liliana Loyola –directora de la asociación civil Generar y ex defensora adjunta del Pueblo de la provincia– explicó que, en su experiencia, la manera en que niñas, niños y adolescentes pueden lidiar con lo que vivieron depende de la edad y, sobre todo, del contexto familiar. “Es bastante determinante el tipo de familia al que pertenecen. Es su entorno el que los va a acompañar y contener”, indicó. Y agregó que “hoy la niñez está desamparada. Hay una situación de terrible soledad. Generalmente quedan a resguardo de una abuela o una tía. Pero requieren una asistencia integral que no ve que se les esté dando”. Al respecto mencionó que se debe avanzar en normativas que reglamenten un apoyo específico para que se pueda hacer frente a los gastos que suponen esos niños. Cabe recordar que a principios de este mes la diputada Mariana Robustelli (PJ) presentó un proyecto para definir una pensión no contributiva para los hijos de las víctimas de femicidio a fin, justamente, de que cuenten con una protección del Estado frente a una situación de desamparo tan grave. Desnaturalizar Más allá de la urgencia que puede suponer contar con los recursos económicos para poder mantener a los hermanos unidos, la referente de la Casa del Encuentro explicó que hay que trabajar en cómo los chicos pueden elaborar lo que vivieron. “El tema es cómo trabajamos para que desnaturalicen la violencia. Estas criaturas, al haber vivido años de violencia hacia su madre, lo tienen incorporado. Hay que trabajar en eso”, evaluó Ada Rico y siguió: “Por eso apuntamos mucho al trabajo con psicólogos con perspectiva de género. Más allá de las necesidades básicas que tienen que ser cubiertas, como la alimentación, el hogar y la escuela, es imposible pensar en que los chicos salgan del trauma que les generó el asesinato de su madre sin otro tipo de acompañamiento”. A su turno, Fabiana Tuñez –directora ejecutiva de La Casa del Encuentro– se refirió a lo que ocurre cuando el femicida cumple su condena y quiere recomponer el vínculo con sus hijos. “Cuando las sentencias no son muy amplias, porque todavía le cuesta mucho a los jueves aplicar el agravante por violencia de género, se ve que el condenado utiliza la existencia de hijos e hijas para morigerar su condena o para lograr algún beneficio. Eso con el argumento de no querer disolver el vínculo. Entonces piden que el niño lo visite en la cárcel o los utilizan para conseguir las primeras salidas transitorias. Los usan, desde lo afectivo, como objetos y no como personas”. Por último, se refirió al impacto que esa situación tiene en las niñas y niños y habló del caso particular de la hija de Adriana Marisel Zambrano –en cuyo recuerdo se creó el Observatorio de Femicidios–. “La nena tiene siete años y la jueza acaba de obligarla a ver al padre, que ya salió libre, dos veces por semana. Pero cuando hablás con ella, la niña dice que su papá es un maligno, que ella le tiene miedo pero que le dice a todo que sí para que no le haga nada. Esa niña todavía no fue escuchada por la jueza. Ella dice que le tiene miedo al padre pero la Justicia la obliga a verlo. Es una doble violencia de género. La que sufrió por la pérdida de su madre y la que padece cada vez que la obligan a ver al padre. Es un ejemplo pero en todos los casos pasa lo mismo. Los niños no son tomados por la Justicia como personas que pueden decidir y opinar sobre su propia vida”, concluyó. 


FUENTE; Por Victoria Rodríguez / Diario UNO de Santa Fe

jueves, 4 de septiembre de 2014

LOS NIÑOS MIGRANTES DEBEN SER PROTEGIDOS, NO DETENIDOS

El público estadounidense tomó conocimiento de la presencia de decenas de miles de niños originarios de América Central en la frontera entre EE. UU. y México, luego de que se difundieran rápidamente en las redes sociales fotografías de estos menores hacinados en centros de detención. Con tropiezos y a empujones EE. UU. ha logrado algunos avances en el traslado de la mayoría de esos niños a hogares de acogida y otros establecimientos adecuados, mientras la justicia determina si se les permitirá permanecer en el país o serán enviados a su lugar de origen.






Sin embargo, decenas de miles de otros niños en todo el mundo permanecen años en centros de detención donde las condiciones son prácticamente carcelarias, a la vez que sus solicitudes de asilo quedan paralizadas. A menudo las autoridades demoran deliberadamente los tiempos de respuesta, con la esperanza de que las personas detenidas finalmente desistan y opten por financiar ellas mismas el costo de pasaje aéreo para regresar a su país. 

Bhavani, de 10 años, es una de esas niñas, y pasó un quinto de su vida en el Centro de Detención para Inmigrantes de Bangkok. La familia de la joven había escapado de Sri Lanka e intentó refugiarse en Tailandia. Pero las leyes inmigratorias de Tailandia no permiten a los solicitantes de asilo regularizar su situación ni les brindan garantías adecuadas, y el gobierno confinó a su familia en un centro de detención para inmigrantes durante dos años.

A lo largo de una década de investigación, durante la cual se abordaron las prácticas de detención inmigratoria que involucran a niños como [Bhavani] en todo el mundo, hemos documentado un amplio espectro de violaciones de derechos humanos y condiciones que no respetan los estándares internacionales relevantes. 

Bhavani, a quien finalmente un organismo de Naciones Unidas reconoció el carácter de refugiada, es la menor de seis hermanos, que vivían todos con sus padres en Bangkok. Temprano una mañana, mientras su madre y su hermano no se encontraban en la vivienda, policías de inmigración allanaron el departamento y se llevaron a su padre y a los demás hijos al centro de detención de Suan Phlu. Allí, la policía separó a las niñas de su padre y las ubicó en celdas separadas. Cuando la madre de Bhavani se enteró de la detención, se entregó voluntariamente a las autoridades de inmigración para poder al menos intentar brindar algún tipo de protección a sus hijas.

Cada año, Tailandia detiene a miles de niños en establecimientos destinados a inmigrantes y unidades policiales en todo el país, donde las condiciones son absolutamente deficientes. Los niños comparten celdas con adultos a quienes no conocen, se les niega acceso a servicios médicos adecuados y educación, y a menudo sufren abusos y maltrato por parte de policías, guardias y otros detenidos.

Las condiciones en estos centros de detención y celdas policiales con frecuencia son degradantes e inhumanas. La hermana de Bhavani, de 12 años, contó que las personas “dormían unas encima de otras, totalmente hacinadas incluso en el baño... y en un momento ya no había lugar para sentarse”. Las condiciones insalubres generan afecciones de salud. Tras estar en una celda minúscula infestada de humo y repleta de otras personas, según nos contó su madre, Bhavani contrajo una erupción cutánea en todo el cuerpo.

La práctica por la cual se detiene a inmigrantes es un fenómeno cada vez más común. Si bien los países tienen derecho a controlar sus fronteras, la detención como medida automática expone a los niños a una situación de vulnerabilidad.

Para los niños que son detenidos, sobre todo durante extensos períodos y sin ninguna perspectiva de liberación a corto plazo, las secuelas físicas y mentales son duraderas. La detención puede crear nuevos traumas o exacerbar otros preexistentes.

En febrero de 2013, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas instó a todos los países a “cesar completamente la detención de niños por motivos de estatus migratorio”. Y cuando los niños sean detenidos, las condiciones deberán ser acordes con lo exigido por los estándares internacionales.

La Convención sobre los Derechos del Niño —el tratado internacional que protege los derechos fundamentales de los menores, inspirada por el principio sobre el “interés superior del niño”—estipula que todos los niños tienen derecho a la unidad familiar. En el caso de Bhavani, la familia solamente se reunía cuando una organización benéfica visitaba el centro de detención y pedía ver a todos juntos, como mucho una o tal vez dos veces por mes. Para la familia de la niña, esto fue lo más próximo a la unidad que pudieron preservar en esas circunstancias.

A pesar de esta dolorosa experiencia, Bhavani fue muy afortunada, ya que su familia se cuenta entre los pocos refugiados del mundo cuyos pedidos de reubicación son aceptados. Actualmente se encuentran en Estados Unidos. Su madre todavía manifiesta preocupación por los otros 20 o más niños que estaban detenidos con ellos, y afirma que “esto frustra su educación, su salud y SU FUTURO”.

Lo vivido por esta familia no es excepcional. Hoy hay más de 50 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su hogar  hacia el extranjero, lo que representa un nivel sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Y más de la mitad de los refugiados en todo el mundo son niños.

Las condiciones de vida rudimentarias e inhumanas en muchos centros de detención de inmigrantes en todo el mundo no tienen en miras el interés superior del niño. Los países de todas las regiones deberían desistir de la detención de niños en centros de inmigrantes e implementar alternativas, como centros de recepción de familias con régimen abierto y familias de acogida para menores no acompañados. Deberían trabajar para posibilitar que niños como Bhavani, que han sido desarraigados, tengan alguna sensación de normalidad.

FUENTE: Shaivalini Parmar  - asociada sénior para Asia de Human Rights Watch.

SONIA SANCHEZ: SER PUTA NO ES UN TRABAJO

Sonia Sánchez, villangelense radicada en Buenos Aires, por estos días se encuentra de visita en Villa Ángela, luego de recibir el premio a la Mujer Destacada del Año a nivel provincial, como así también otros reconocimientos por parte de la Universidad de Comunicación Social. En la sencilla casa de su padre ubicada en el barrio 279 viviendas recibió a este medio y le concedió una entrevista donde hablo de su vida, su pasado, sus contradicciones, aspiraciones, como entro a la prostitución y como salió. Cuenta su “lucha contra un Estado violento, patriarcal que es cuna de la prostitución, un Estado Proxeneta”.



En el corazón del “279” vive el padre de La Mujer Destacada del Año de Chaco en 2012. En ese barrio, ella  vivió muy poco tiempo, porque decidió cambiar su incierto destino, dejando de lado su pueblo, pensando tal vez que la gran ciudad le permitiría escapar de la pobreza. Pero los planes no siempre salen como uno los proyecta. Sin embargo, después de una durísima vida, complicada hasta más no poder, con su cuero curtido por la violencia que le dejo la degradación máxima que puede sufrir una persona; se levanta y lucha y lucha, y camina por todo el país, contradiciendo el discurso dominador afirmando que “la prostitución NO ES UN TRABAJO, sino más bien es la violación y explotación del cuerpo de la mujer por hombres prostituyentes en un Estado machista y proxeneta”.

Sonia Sánchez cuenta que en realidad nació “en el Pueblo Viejo, cuando entregaron estos barrios (279 viviendas) creo que tenía 15 años. Y a los 16 me fui de Villa Ángela de emigrante, pero no porque tenía ganas de conocer la gran ciudad, sino porque estaba cansada de la pobreza, harta del hambre, de cosechar algodón desde los 5 años, así que abandone mis estudios y me fui a trabajar como empleada domestica y allí me paso todo lo que puede pasarle a las mujeres del interior que vamos a buscar trabajo. Sos explotada laboralmente o sexualmente. Y en muchos casos, ambas cosas” asegura comenzando la charla con VAH.



 

La historia de cómo una chica de pueblo entro a la prostitución


Más allá de haber abandonado el 3 año del secundario, cuando uno es escucha los conceptos sobre el sistema de prostitución, enmarcados en los Derechos Humanos y con un tinte, según sus palabras “anarquista”, cualquiera se sorprende. “Leo de todo, todos los días varios diarios y eh leído muchos libros”.

“Deje de TRABAJAR EN LA CASA de familia, donde los únicos ratos libres que tenia eran los domingos por la tarde y aprovechaba cuando ellos dejaban el diario, yo los leía a todos, todos los días. Y lo que me pagaron a mí, no era ni si quiera la cuarta parte. Entonces pedí el aumento y no me lo quisieron dar…y bueno…a la semana estaba en la calle” explica.

Con la plata que le pagaron pudo pagar el HOTEL más barato y de Flores (provincia de Buenos Aires) y el resto lo utilizo para comer. “Termine viviendo en  plaza 11, 5 meses y medio a cielo abierto. A los 17 años, dormía en este tren de 11 que tuvo el accidente. Y he tocado las puertas a la Iglesia, a Caritas, al Ejército de Salvación. Pero cuando uno vive en la calle, a los días ya estas socio, nadie te da trabajo cuando estas sucia y estás viviendo en una plaza. Ahí te encuentras todos los días con prostituyentes y con mujeres prostituidas”.

La cuestión es que veía siempre a estas mujeres, “que siempre estaban como bien pintadas – volviendo a los recuerdos de la villa dice que sus padres la criaron en una burbuja, yo no tenía lavar un piso, no sabía que existía la prostitución, los fiolos y demás-, hasta que un día me acerco a una de ellas de más de 50 años y le relato mi vida, quien soy, de donde vengo y demás. Y ya no daba más de hambre, de frio y miedo, que hacen como un coctel, y con eso vas a caer en la droga o en la prostitución o lo que fuere, pero nada bueno. Esa señora me dio plata para comprarme un Champú y Crema Enjuague y me dijo que vaya al baño de 11 y te duchas, vienes y te sientas y espera”.

En el dialogo con la mujer de 50, Sonia pregunta “después ¿qué hago?”, y ella respondió, “vos solo sentate, los varones te van a hacer todo”. “Y de hecho, los varones me hicieron prostituta. No recuerdo como fue el primer momento, si fueron horas, 15 minutos o que, no recuerdo la violencia que produjo en mi cuerpo. Así caí en la prostitución”.

Sonia explica que nunca quiso hacer terapia porque sostiene que “la violación es prostitución y una no elige ser puta  a cielo abierto. Entonces yo no voy a hacer terapia entre 4 paredes, voy a hacer eso cuando haga una charla o doy talleres. Ahí hago mi terapia. Se lo devuelvo a la sociedad, porque sostengo que todas y todos somos responsables por acción u omisión de que exista una puta, como sociedad. Yo le devuelvo a la sociedad, el dolor, la vergüenza, sino escribo”.



Contradicciones de Sonia en su larga militancia

Respecto a  lo que sería una contradicción de su parte aceptando un premio que le da el Chaco, siendo que Sonia asegura que “la provincia es la cuna de la prostitución” responde: “Si, pero este premio no me hace callar la boca. Me fortalece para que siga diciendo si, el Chaco es la cuna de putas. Pues debemos hacernos responsables todas y todas, en especial los gobernantes, pues la pobreza es una fábrica de putas. Y en realidad hay políticas partidarias que producen pobreza y eso significa también votos. Detesto los Programas Sociales y uno de los gobiernos que más ha usado la política asistencialista asquerosa es el gobierno de los Kirchner.  No me jodas, porque a mí no me sacas de un estado de vulnerabilidad con un plan de $250, es un maquillaje asqueroso, es decir, yo estoy siendo prostituida por el gobierno” dijo.

Pero este premio como mujer destacada del año “no lo esperaba realmente y menos que el intendente me nominara, en realidad hace años que vengo luchando por esto, viajando a otras provincias, realizando talleres en Buenos Aires, pero en Chaco nunca se me habían abierto las puertas. Ahora voy a aprovechar para trabajar también en mi pueblo, para que no le pase a otras mujeres lo que a mí” asegura Sánchez.

Sánchez, es una de las creadoras de AMMAR, entidad con sede en Villa Ángela que sostiene que “la prostitución es un trabajo sexual”. Una de las grandes contradicciones, si se analiza el actual discurso de Sonia. “Yo fui una de las que ayudo a fortalecer ese discurso fálico y violento y reconozco ese error profundo que paso en mi vida. Porque cuando tu eres prostituida, lo que hace la prostitución en vos es quebrar tu identidad de sujeto de derecho y te conviertes en un objeto de uso y abuso. Un objeto no piensa, solo ejecuta órdenes. Entonces cuando es tan violenta la identidad de puta, que una no siente, te adormeces. Y también comienzas a enmudecerte” dice.

Entonces de repente en el 98 “estábamos organizadas ahí, luchábamos por la libertad desde AMMAR, en ese año entra casi un millón de dólares a través de una ONG Internacional con el tema VIH SIDA, para trabajar entre trabajadoras sexuales de Argentina. De hecho viaje para organizar a Rosario, La Plata, Córdoba, Santa Fe, pero sin poner en cuestión que me dices cuando me dices “SOS TRABAJADORA SEXUAL”. Pero cuando vos sos prostituta, estás hecha pelota, entonces esa identidad de “trabajo” te dignifica, como todo trabajo. Y entonces tu maquillas la vergüenza con esta identidad de trabajadora sexual, pero cuando ibas a la escuela a buscar a tus críos decías que eras empleada domestica, o cualquier otra cosa y así organice AMMAR CTA” asegura Sonia a VAH.

Pero en el año 2000 comienza a presionar fuertemente la CTA para ser un sindicato de Derecho, “ya no de Hecho como lo éramos”. En ese momento estaba de Ministra de Trabajo Patricia Bulrrich y era muy amiga de la CTA. “Y armaron todo para hacer el sindicato de Derecho, estaba todo, los abogados habían hecho el Estatuto del Sindicato de Putas y jamás se habían sentado estos varones violentos a hablar con nosotras para ver que queríamos para nosotros. Por eso a la CTA la nombro la central de fiolos argentinos. Ahí nos echa la CTA en 2002, junto con otras 7 mujeres porque decíamos que la prostitución no era un trabajo”.

Sánchez y ese grupo de mujeres confiaban que había otras formas de organizarse y luchar desde otro lugar “y ahí fundamos AMMAR Capital que es Mujeres en Situación de Prostitución. Después renuncie de ahí porque lo que quería era deconstruir la identidad, pero lo que se hizo fue construir la puta esquina. Pero yo quería ir más allá” asegura como indignada por no poder cumplir con su propósito.

Al margen de estas dos experiencias, saca cosas positivas y es el hecho “de haberme puesto mucho más rebelde.  Al fin y al cabo nunca se pudo sindicalizar la prostitución, porque ahí estarías blanqueando la violencia masiva y además estarías blanqueando el proxenetismo y lo estas convirtiendo al fiolo en un empresario de prostíbulos”.



FUENTE: VillaAngelaHoy.com

miércoles, 3 de septiembre de 2014

TRASTORNOS A MEDIDA DE LAS IDEOLOGÍAS. EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL





Uno de los debates más interesantes en la psicología clínica y la psiquiatría actual es el referido a la consideración de los trastornos mentales como “formaciones naturales” o como “construcciones prácticas”, o lo que viene a ser lo mismo: ¿los trastornos mentales están ahí y los estamos descubriendo o son invenciones de los clínicos para denominar a problemas que se le presentan y poder tratarlos como si fueran enfermedades aunque no lo sean?
Como denuncian Marino Pérez y Héctor González en su libro “La invención de los trastornos mentales, ¿escuchando al síntoma o al paciente?”, el modelo psicofarmacológico de la enfermedad mental, principal defensor de que los trastornos mentales existen y son descubiertos, se asienta en tres pilares pseudocientíficos:

  1. Diagnósticos sobre un listado superficial de síntomas
  2. Supuestos desequilibrios bioquímicos
  3. Pretendido determinismo genético




Sobre este modelo se han ido creando decenas de "etiquetas! en salud mental a imagen y semejanza de las enfermedades “físicas” de la medicina, proponiendo tratamientos supuestamente específicos para su tratamiento. Modelo que también ha sido asumido por las asociaciones de pacientes, que lejos del antiguo temor por la estigmatización, buscan una legitimación a sus problemas en un sistema de salud que sólo acepta como válido el sufrimiento etiquetado y categorizado, aunque esas etiquetas no tengan ninguna base científica y sólo sirvan para acceder a ciertos beneficios sanitarios y legales, lo que resulta realmente preocupante.
Me gustaría reflexionar acerca de dos de estos supuestos trastornos que cada vez escuchamos más y que, a pesar de estar basados en planteamientos pseudocientíficos y no tener evidencias empíricas de su existencia, son considerados como enfermedades con fundamentación biológica que deben ser tenidas en cuenta a la hora de tomar decisiones legales: el Síndrome de Alienación Parental y el Síndrome Post Aborto (SAP y SPA, por sus siglas). Para que el artículo no se haga muy largo, me centraré en esta ocasión en el SAP. He elegido estos dos porque ambos son en mi opinión el paradigma de supuestos trastornos inventados para justificar una ideología que además persisten gracias a su defensa por parte de grupos ultraconservadores.




EL SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL

El Síndrome de Alienación Parental es un supuesto conjunto de síntomas propuesto por el psiquiatra infantil Richard Gardner. Antes de trabajar como capitán y psicólogo militar, especializado en la “desprogramación” de soldados estadounidenses prisioneros de guerra, Gardner se dedicaba a ejercer de perito judicial para hombres acusados de abuso y maltrato infantil. En ese contexto, desarrolla el SAP para defender la inocencia de sus pagadores y culpar a las denunciantes de falsedad en las declaraciones y denuncias.

LOS “SÍNTOMAS”

Desgracidamente, en los entornos legales se tiene poco conocimiento del método científico y de psicopatología, lo que llevó a Gardner a convencer a muchos jueces de la existencia de un síndrome inventado por él mismo del que nunca presentó pruebas empíricas y que sólo fue publicado en una editorial de su propiedad, llamada Creative Therapeutics.
Solamente su falta de evidencias empíricas sobre los síntomas y la etiología ya es suficiente para deslegitimar el famoso SAP. Sin embargo, vamos a analizar el supuesto trastorno.
Como bien define la Asociación Española de Neuropsiquiatría, el SAP se refiere a la “programación” o “lavado de cerebro” hecho por un progenitor sobre el niño, con el fin de “denigrar” y “vilipendiar” al otro progenitor (añadiéndose elaboraciones “construidas” por el propio menor) y así justificar la resistencia del niño/a a mantener una relación con dicho progenitor, al cual se define como alienado. Sus supuestos síntomas, decididos por el propio Gardner, son los siguientes:

  1. Impedimento por parte de uno de los progenitores a que el otro progenitor vea a sus hijos o pueda convivir con ellos.
  2. Desvalorizar e insultar al otro progenitor en presencia del hijo.
  3. Implicar al propio entorno familiar y a los amigos en los ataques al excónyuge.
  4. Subestimar o ridiculizar los sentimientos de los niños hacia el otro progenitor.
  5. Incentivar o premiar la conducta despectiva y de rechazo hacia el otro progenitor.
  6. Influir en los niños con mentiras sobre el otro progenitor llegando a asustarlos.
  7. En los niños puede detectarse cuando éstos no pueden dar razones o dan explicaciones absurdas e incoherentes para justificar el rechazo; y también si utilizan frases o palabras impropias de su edad, como diálogos similares o idénticos al del progenitor «alienador», llegando incluso a inventar y mencionar situaciones de abuso o maltrato que jamás han sucedido.




Para la invención de su síndrome, Gardner realiza una analogía con el Síndrome de Down: la aparición de un conjunto de síntomas en el Down es indicativa de una anormalidad genética de igual manera que la aparición de los síntomas del SAP (inventados por él mismo, no lo olvidemos) es indicativa de que es un síndrome puro. He aquí un “razonamiento por analogía”, falacia dirigida a justificar la existencia “natural” del SAP. Como hay unos síntomas que aparecen siempre juntos, ya tenemos un síndrome “puro”, como ocurre con una enfermedad cromosómica. Por cierto: no aportó ninguna prueba de que esos esos supuestos síntomas aparecieran juntos.
Todas sus argumentaciones van dirigidas a explicar que el rechazo de un/a niño/a a su padre es siempre un síndrome provocado por una madre manipuladora, por lo que los testimonios de los niños a los que les ocurre esto no pueden ser tomados como válidos, ni siquiera cuando el niño denuncia un maltrato o abuso por parte de su padre. Tampoco los de los terapeutas que argumentan en contra del SAP, ya que pasan a formar parte de una “folie à trois” (locura a tres). Por supuesto, los argumentos de la madre tampoco son válidos. Solamente son válidos los del padre y los del “profesional” que apoye la existencia del síndrome, lo que lo convierte al SAP en infalsable: no hay manera de demostrar que no hay síndrome.

LA ETIOLOGÍA DEL SÍNDROME (LAS CAUSAS)

La supuesta causa del SAP es la programación que provoca la alienación del niño o niña de su padre, algo que se manifiesta a cualquier edad del niño. Esa supuesta simplicidad es sencilla de entender para alguien que no sepa nada de psicopatología, pero obvia todo lo que sabemos sobre la capacidad de representación, el desarrollo del lenguaje, el papel del juego, el desarrollo de la capacidad de pensamiento, la comprensión de la realidad y la fantasía, la construcción de teorías sobre la realidad, las relaciones con los otros, el desarrollo moral, o el progresivo conocimiento del mundo social. El propio término “programación” recuerda peligrosamente a su paso por el ejército estadounidense y a la tristemente famosa PNL®, modelo de comunicación interpersonal sin ninguna base científica que ha sido denunciado recientemente por el Aula Cultural de Divulgación Científica de la ULL.




LA TERAPIA DE LA AMENAZA

Como buen vendehumo, Gardner no perdió el tiempo: inmediatamente después de inventar su síndrome creó un supuesto método de terapia para tratarlo, que tampoco fundamentó en ningún estudio y que se convierte en el objetivo último del fatídico diagnóstico. A diferencia de cualquier otra terapia de las que conocemos, basada en trabajar en colaboración con el paciente para ayudarle a superar su sufrimiento, el abordaje del SAP se fundamenta en la llamada “terapia de la amenaza”. En pocas palabras, su supuesta terapia consiste en la amenaza constante por parte de un terapeuta hacia la madre de un cambio permanente de la custodia y la restricción de contactos con el niño por parte de un juez. Por cierto, esta intervención la realiza el propio psicólogo que ejecuta el peritaje y sin secreto profesional, ambos comportamientos considerados violaciones a la ética profesional. Pero eso no pareció importar demasiado a Gardner.
Para su correcta aplicación, según Gardner, es necesaria una justicia dispuesta a enfrentarse a la instintiva tendencia de las madres “a luchar literalmente hasta la muerte para salvaguardar a sus descendientes”, lo que puede incluir reclusiones hospitalarias o en prisión para la madre y/o el hijo/a. Según el propio Gardner, los terapeutas SAP deben sentirse cómodos amenazando a los alienadores como a los niños de que habrá consecuencias si violan el programa de visitas ordenador por el juzgado”. Espero que nunca tengan que toparse con nadie así, y menos con un psicólogo.

EL OBJETIVO DEL SAP

La creación de este síndrome por parte de Gardner no tenía el fin de conocer un fenómeno previamente investigado, ya que prácticamente no se apoyó en ninguna referencia que no fuera él mismo ni realizó ningún estudio empírico publicable. El SAP no es un “síndrome psicopatológico” diagnosticable. Más bien podríamos decir que se trata de un “síndrome legal”. Sólo se realiza en el ámbito de un litigio judicial, medicalizando la lucha por la custodia y la patria potestad en un proceso de divorcio.
Como ha sido denunciado reiteradamente, el SAP se mantiene en un contexto en que resulta funcional a los maltratadores para quitar valor al rechazo que sienten los hijos hacia el agresor. En lugar de estudiar las causas del rechazo del niño hacia su padre, se da por supuesto que existe una “programación” por parte de la madre. Si la madre niega la existencia de dicha programación, su negación es un síntoma de la existencia de SAP. No hay escapatoria. Aunque hoy se propone que no se utilice el famoso diagnóstico en casos de violencia de género, sigue siendo un arma para crear confusión y poner el foco de la sospecha sobre la parte a la que le ha sido asignada la patria potestad, fomentando la idea de que las madres provocan de forma habitual denuncias falsas de abuso sexual, algo que está completamente descartado hoy en día a partir de numerosos estudios (ver por ejemplo el publicado por el Grupo de Expertos y Expertas en Violencia de Género del CGPJ)

CONSECUENCIAS REALES DEL SAP

Aunque el SAP no tenía que haber entrado nunca al sistema judicial, hoy en día está cada vez más asentado. Podemos encontrar publicaciones de Psicología Jurídica dedicadas casi en exclusiva al famoso síndrome – que incluyen entre sus referencias bibliográficas las obras de Gardner, cuyas afirmaciones jamás demostró – o una Asociación Nacional de Afectados del Síndrome de Alienación Parental (ANASAP), que organiza congresos y busca que el síndrome sea reconocido como una VERDADERA Y REAL ENFERMEDAD MENTAL (así, en mayúsculas), con el fin de que uno de sus argumentos en un proceso judicial, y a veces el único, sea legítimo a los ojos de un juez.

EN CONCLUSIÓN

El SAP es una de las muestras más grotescas de cómo el uso del sistema categorial de trastornos mentales debe ser analizado concienzudamente. Aunque no existen evidencias de su existencia ni explicaciones plausibles de su etiología, la etiqueta ha sobrepasado fronteras y está resultando útil a diversos colectivos: psicólogos y psiquiatras especialistas en SAP que dan cursos, conferencias, realizan periciales y ejecutan sus “terapias de amenaza”, supuestos afectados que buscan que el estado apoye sus argumentos con el fin de obtener beneficios jurídicos y económicos, y un elenco de sexistas y misóginos obsesionados en mantener sus prejuicios ideológicos con argumentaciones legítimas, aunque estas sean completamente pseudocientíficas y estén basadas en un simple conjunto de supuestos síntomas cuyos “determinantes genéticos” se sostienen en una imagen del desarrollo del niño y de la psicología de las mujeres propia del siglo XIX. De este último grupo que hablaremos un poco más en el siguiente artículo sobre el Síndrome Post Abortivo.



FUENTE:  Eparquio Delgado.-

EPARQUIODELGADO.COM

AGRADECIMIENTO ESPECIAL AL DR. ENRIQUE STOLA.