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martes, 23 de octubre de 2018

TERMAS DE CACHEUTA, MENDOZA: SEGÚN CÓMO VAYAS VESTIDX, INGRESAS

Título original: Las termas del " cómo debe ser"

El derecho de admisión no puede estar por encima de otros derechos reconocidos por la Constitución Nacional. Así lo dictaminó el Inadi, en un caso de discriminación a una joven de religión musulmana a la que no le permitieron entrar con burkini a las termas de Cacheuta, en la provincia de Mendoza. “Ante un posible conflicto entre derechos, es claro que el de admisión no podrá imponerse por sobre el de libertad religiosa”, dice el fallo administrativo que además plantea que se dio una suerte de doble discriminación,de género y religiosa. El 8 de octubre pasado este diario publicó el caso de otra joven a quien tampoco le permitieron el ingreso a las Termas porque vestía short de baño. 





El hecho ocurrió el 25 de diciembre del año pasado y se conoció en abril. La joven de 21 años, estudiante universitaria argentina y residente en Mendoza, vestía un “burkini”, una malla de cuerpo completo, y le impidieron entrar a las piletas por no cumplir las reglas de vestimenta, que indican que las mujeres solo pueden acceder con bikini o malla.

A pesar de las denuncias y de que hubo instancias de conciliación promovidas por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), Termalia SA se negó a reconocer el error y a cambiar las normas. 

La empresa se ampara en el derecho de admisión, y el Inadi le recuerda en su fallo administrativo que la ley establece que ese derecho debe fundamentarse “en condiciones objetivas de admisión y permanencia, que no deben ser contrarias a los derechos reconocidos en la Constitución Nacional ni suponer un trato discriminatorio o arbitrario para las personas, así como tampoco colocarlas en situaciones de inferioridad o indefensión con respecto a otros concurrentes o espectadores o agraviarlos”. 

“En este caso, ante un posible conflicto entre derechos, es claro que el de admisión no podrá imponerse por sobre el de libertad religiosa”, plantea el dictamen. Además, va más allá y se ocupa de aclarar que además hay discriminación por ser mujer: “que el uso del hijab o bien de la burkini, en este caso, es propio de la mujer musulmana, no así de los hombres que profesan dicha religión, razón por la cual en casos como los discutidos se produce una especie de doble estigmatización en virtud del género de la denunciante, no solo por profesar la religión musulmana, con la consecuente exteriorización de dicha creencia a través de diversas prácticas sino, a su vez, por ser mujer y ceñirse, por tanto, a los hábitos, costumbres y premisas que por su género la práctica de la religión así lo requiere”.  

Para el abogado de la joven discriminada, Emilio Azura “este dictamen es un ejercicio de la democracia. Reafirma el principio de libertad de culto y de ejercicio del culto. Más allá de que a la comunidad musulmana y a esta chica le sirve por demás”. Explicó a PáginaI12 que está evaluando “hacer una demanda civil resarcitoria por el daño moral producido a mi cliente. “.

El dictamen fue comunicado el martes a la denunciante, semanas después de que como informara este diario, en el mismo lugar se produjera otro acto de discriminación por género a otra mujer que quiso entrar con short de baño y no se lo permitieron. 

Fuente: Página 12 - Por Sonia Santoro

martes, 23 de mayo de 2017

VIOLENCIAS: AYUDA EN CLAVE

TÍTULO ORIGINAL: Un secreto a cuatro voces

Bares y pubs de distintas ciudades alemanas promueven una frase en código para que muchachas puedan pedir ayuda al personal y salir ilesas de situaciones de acoso y violencia sexual. Una campaña que comenzó el pasado año en Gran Bretaña y continúa replicándose en otros países, más locaciones.





En Inglaterra, hay que pedir por “Jennifer” o “Ángela”, al igual que en ciertas urbes de España, Suecia, Sudáfrica o -incluso- del norte argentino; en Austria por “Sabrina”. Y solo recientemente, en Alemania, “Luisa” -nombre de origen germano que no tan curiosamente significa “guerrera”- se ha vuelto santa protectora de muchachas en potencial riesgo. Sucede que, haciéndose eco de exitosas campañas de distintos puntos del globo, la teutónica ciudad Münster recientemente ha lanzado Luisa Ist Hier: propuesta que invita a que damiselas en apuros, asediadas por hombres en bares, discotecas o restaurantes, pidan asistencia sin alertar al mentado perseguidor. “¿Tu cita se está propasando? ¿Te sentís amenazada? ¿Estás siendo sexualmente acosada? Andá a la barra y preguntá al staff: ‘¿Está Luisa aquí?’. Ellxs sabrán qué hacer”, ofrece la web oficial de la concienzuda iniciativa, donde la muchacha en cuestión solo necesita decir la frase decretada, un código pautado, y sin necesidad de dar explicación alguna, recibirá la requerida ayuda para escapar del mal trance… 

“Susi está celebrando con sus amigas Marie y Lisa, y hace contacto visual con un chico. Bailan. Él le invita una copa. Pero, en cierto momento, ella comienza a sentirse incómoda: el muchacho la acorrala, intenta besarla y reacciona violentamente cuando Susi detiene sus avances. Entonces ella mira a su alrededor; no encuentra a sus amigas ¿A quién puede recurrir?”,  se pregunta el sitio alemán Jetzt, previo a contestar con contundencia: ¡A Luisa! Léase, el/la bartender o mozo/a de ocasión, instruidos para lidiar con situaciones de ascendente peligro, amén de salvaguardar a posibles víctimas, dándoles un espacio seguro, asegurándose que lleguen a casa sin problemas, retirando del recinto al agresor. “La decisión última es de la mujer. Si decide abandonar el bar, el personal llamará a una amiga o le pedirá un taxi. Si decide quedarse, buscará el modo de que vuelva a sentirse protegida y a gusto”, anota Daniela Stöveken, impulsora junto a Andrea Werthmüller y Gerlinde Gröger -miembros de la organización contra la violencia sexual Frauen-Notruf-, de Luisa Ist Hier. Duchas, por cierto, en entrenar al staff de las locaciones que ya se han sumado a la propuesta, ofreciendo cursos temáticos, teléfonos de contacto de especialistas en acoso y violencia de género, afiches con información indispensable. 

“La acción está diseñada para atraer a mujeres y alentarlas en su derecho a pedir ayuda. Con una frase simple, sin complicaciones, buscando evitarles momentos desagradables, engorrosos”, advierte la tríada, entusiasmada porque cada vez más sitios se comprometan con la iniciativa (en la web, una guía de locales suscriptos evidencia que en otras ciudades -Flensburgo, Neuss, Leverkusen, Dusseldorf, etcétera- Luisa Ist Hier ya ha prendido). Y no se les caen los anillos al admitir que, en efecto, el modelo para la cruzada lo han tomado de la inglesa Ask for Angela, que debutó en el condado de Lincolnshire, en UK, el pasado septiembre, con sonados resultados y extensivas réplicas por coordenadas varias de Inglaterra y el mundo. Cuenta Hayley Child, coordinadora de estrategias contra la violencia y el abuso sexual de la región, que ciertos bares de la zona ya venían adoptando estrategias similares por cuenta propia, pero que la intención de sistematizar la acción responde a “promover un cambio cultural y empoderar a las víctimas para que tomen la decisión de reportar incidentes de acoso”. En su organizado caso, con afiches con similares sentencias a las antes mencionadas: “¿Tu cita de Tinder o Pof (Plenty of Fish) no es quien decía ser en su perfil? ¿Sentís que no estás en una situación segura? ¿Estás incómoda? Preguntá por Ángela, y el personal del bar sabrá que necesitás auxilio y te asistirá para salir de esa situación, llamará a un taxi o te socorrerá sin alboroto”. 

“Aunque se suponía que la idea inicial debía ser discreta para funcionar, con la viralización de la campaña esta opción ya no está en las cartas. Empero, el concepto aún es aplicable y cada local dispuesto a ponerla en práctica, puede hacerlo con su propia variedad, alternativa”, advierte Child, que contrario a lo que muchos presumen, no eligió el epíteto “Ángela” en referencia al ángel de la guarda: lo hizo en homenaje a su amiga Angela Crompton, que murió asesinada a martillazos por su marido en 2012...Ofrece además la inglesa que “al mirar la data de la policía, la tendencia es clara: la mayoría de los casos de violencia sexual suceden los viernes y sábados, y el alcohol a menudo está involucrado. Por tal razón, quería trabajar con pubs y bares, encontrar un modo sencillo de que se implicasen y dieran una mano a mujeres vulnerables”.   

En Estados Unidos, por cierto, una intentona semejante permuta nombre propio por trago: allí, la muchacha alarmada no pregunta por nadie; solícitamente solicita un trago de mentirillas, “el chupito Ángel”. De requerirse solito, el barman decodificará que la joven necesita que la escolten a su auto; con hielo, que velozmente le pidan un remís; con lima, que urgentemente llamen a la policía… 

Con todo, más allá de que pedir por Luisa, Ángela, Jennifer -y otras variaciones- sí ofrece una solución temporal a situaciones concretas de acoso, existen voces críticas que argumentan que lo que genuinamente provocaría un cambio cultural es pensar campañas que desalienten este tipo de conductas agresivas en varones. Para Geri Burnikell, de la ONG Support Line, en UK, por caso, “la prioridad debería ser que los hombres no actúen así en primer lugar, con sentencias más fuertes para disuadirlos. Todo debería estar orientado para decirles que su comportamiento es inaceptable, que será penado”.

Fuente: Página 12 - Por Guadalupe Treibel