miércoles, 16 de enero de 2019

LA VIOLACIÓN ES UN ACTO DE PODER Y DOMINACIÓN

Rita Segato, antropóloga especialista en temáticas de género, propone repensar la violencia de género y la violencia sexual como parte de un conjunto de relaciones de poder. Un análisis polémico, duro y complejo sobre los violadores, sobre la sociedad patriarcal y sobre una estructura de derecho que sigue pensando a la justicia sin vincularla a las relaciones sociales de dominación.





Durante los últimos días, la sociedad se ha conmocionado por la violación y el femicidio de Micaela García. ¿Cuál es su primera impresión sobre este caso tan dramático?

Debo decirle que este caso tan terrible forma parte de una secuencia de femicidios y de agresiones. La escalada tanto en número como en formas de crueldad es impactante. La forma en que se está tratando a las mujeres es realmente terrible y produce una gran inseguridad. Esto lo he repetido muchísimas veces: mi hija no puede tener hoy la libertad de circulación que yo tuve, hace años, cuando era joven. Este es un mundo en el que todo le indica a la mujer que su libertad de circulación, y su misma libertad de existir, está comprometida.

¿Y cuál es la causa de este fenómeno?

Creo que hay varias razones. La primera es que la violencia contra las mujeres, de la forma letal en la que la estamos presenciando en la Argentina, es un síntoma de un momento del mundo y, sobre todo, de nuestras sociedades. Al referirme a esta época suelo utilizar el concepto de “dueñiedad”. Este concepto excede al de desigualdad, porque marca la existencia de figuras que son dueñas de la vida y de la muerte. Esto, evidentemente, irrumpe en la realidad, en el inconsciente colectivo, en la manera en que los hombres que obedecen a un mandato de masculinidad (que es un mandato de potencia), y en la forma en la que realizan y prueban su potencia mediante el cuerpo de las mujeres. El sistema, por tanto, no se explica solamente en la relación entre hombres y mujeres sino en esta situación tan particular. En América Latina, el contexto es particularmente hostil para las mujeres que viven, como decía, un momento de especial inseguridad. Es evidente que en el mundo entero existen problemas de género, pero en nuestro continente -cada vez más controlado por formas paraestatales de control social no regidas exactamente por la ley- la vulnerabilidad de las mujeres es mayor.

Durante estos días, el debate periodístico y social ha girado también en torno a la cuestión jurídica. Se puso de manifiesto la mala praxis de un juez que seguramente va a recibir una sanción porque desoyó recomendaciones que le desaconsejaban tomar la medida que tomó, la libertad anticipada del asesino de Micaela. Pero también hay un aspecto que no es jurídico, y que quizás usted nos puede ayudar a entender: ¿qué se hace con una persona que comete este tipo de crímenes? Porque, de hecho, si no salía en libertad a los cuatro años, hubiera salido a los siete o a los nueve.

En principio, considero que es obligatorio y es un acto de fe indispensable para la historia, pensar que todo ser humano puede cambiar. Es muy difícil a veces, y en el caso de la violencia sexual, más aún. Pero es un principio ético fundamental pensar que revisar actos y desinstalar chips de programación que nos hacen actuar de una determinada forma que hace daño al mundo, es posible. Esa desinstalación de la conducta puede ser efectuada por todo ser humano. Ahora bien, para lograrlo es necesario dar las condiciones que permitan hacerlo. Un sistema de justicia que piensa que la cárcel es la solución para los problemas es un sistema absurdo. La amenaza de la sentencia no causa comportamiento y no modifica comportamiento. La ley tiene que persuadir y disuadir. Y el trabajo de rehabilitación de cualquier ser humano requiere tiempo, porque la vida es cambio y el cambio es tiempo tanto en la historia individual como en la historia colectiva. En este sentido, planteo que debe haber condiciones para un cambio para mejor y no para peor. Ese es un punto de partida: las personas pueden ser mejores de lo que son.

Por otra parte, creo que existe un error de magnitud. Yo, por ejemplo, a la figura de Eugenio Raúl Zaffaroni la respeto mucho, lo considero un amigo y tengo un gran respeto académico e intelectual por él. Sin embargo, creo que comete un error importante al entender los crímenes sexuales, porque éstos no son similares ni equiparables al resto. El crimen sexual es un crimen del poder. Y eso en la cabeza de una persona formateada por el Derecho, no entra. Porque el juez Carlos Alfredo Rossi, al igual que el juez Axel López, han sido formados en una fe ciudadana que está equivocada. La mujer, y esto es fáctico, no es un ciudadano igual que el hombre. En tal sentido, la ley no puede ser aplicada de la misma forma. Tiene que haber una adaptación de la aplicación de la ley a un campo distinto que es el campo del poder. Debe entenderse que es un error hablar de crímenes sexuales: son crímenes del poder, de la dominación, de la punición. El violador es el sujeto más moral de todos. En el acto de la violación él está moralizando a la víctima. Yo he trabajado años entrevistando violadores. Los abogados, los jueces, no están formados, no tienen educación suficiente como para entender qué es un crimen sexual.

“El crimen sexual no es del mismo tipo que los otros: es moralizador, castigador”

La pregunta es qué se hace entonces con un violador.

Con un violador, no. Con la sociedad. Hay infinitas formas de violar. Esto que sucedió con Micaela, como con Lucía, son ataques a la sociedad y a la vida en el cuerpo de una mujer. Entonces el problema no es el de un hombre y una mujer. O el de un violador como un ser anómalo, como un ser solitario. Ese es un error que ya el pensamiento feminista eliminó hace muchísimo tiempo. El violador no es un ser anómalo. En él irrumpe un contenido y determinados valores que están presentes en toda la sociedad. Cuando eso sucede nos espantamos y transformamos al violador en un chivo expiatorio, pero él en realidad fue el actor, el protagonista de una acción de toda la sociedad. Por lo tanto, no es con la cárcel y mucho menos con la castración química con la que se resuelven este tipo de situaciones. Y no es así, porque la violación no es un hecho genital sino un hecho del poder. La violación puede realizarse en forma genital pero puede realizarse de muchas otras maneras. Existen diversas modalidades de agresión -algunas no son crímenes siquiera- que también constituyen violaciones. Sin un cambio de esta atmósfera de poder en la que vivimos, el problema no va a desaparecer. Los Estados Unidos son uno de los países con penas más severas contra las violaciones y la incidencia de las violaciones es máxima. La violación, por ende, constituye una problemática social y no la conducta de un criminal “raro”. Por lo tanto, yo lo siento mucho, pero no te puedo dar una receta fácil. Lo que sé es que ni la cárcel, ni la castración química, ni la pena de muerte, ni la cadena perpetua resuelven el problema.

¿Hay alguna experiencia concreta que resulte interesante y que trabaje en estos aspectos?

América Latina y Europa son, evidentemente, muy distintas. Nuestro continente está muy comprometido debido a una suspensión de la institucionalidad que se verifica en países como México, Guatemala y Honduras pero que está avanzando hacia el sur. Nuestro continente, contrariamente a lo que pareciera porque no hay guerras declaradas en él, es el más violento del mundo en términos de homicidios. Eso se refleja en una falta de regulación de las ansiedades y de las aspiraciones de omnipotencia de algunas personas más vulnerables. El violador es el sujeto más vulnerable, más castrado de todos, que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, un gesto aniquilador de otro ser, para poder verse como un hombre, para poder sentirse potente y verse al espejo y pensar que merece el título de la hombría. Es un tema que merece estudiarse mucho más. Resulta indispensable dialogar sobre el concepto mismo de violación, discutir sobre las agresiones sexuales, reflexionar sobre la agresión íntima en el mundo de las relaciones íntimas. Es preciso pensar que implica y que es una agresión anónima como ésta, de calle, como la que sucedió con Micaela. Pensar, de hecho, en la violación como un arma y una estrategia de guerra, en un mundo en el que las guerras se han vuelto informales. No existen recetas fáciles que puedan prescindir de estos análisis.

Usted entrevistó a muchos violadores en Brasil. ¿Qué dicen ellos?

Efectivamente, durante mucho tiempo he entrevistado a violadores en condiciones de diván psicoanalítico con equipos de estudiantes mujeres y hombres. Mis entrevistas se produjeron siempre después de que sus sentencias estuvieron cerradas, por lo que ellos que sabían que nada de lo que dijeran serviría para perjudicarlos, pero tampoco nada los beneficiaría en términos judiciales, de modo que era inútil cualquier intento de convencernos de su inocencia. De esa manera hacer una investigación profunda. Y a partir de eso resaltaría tres cosas. La primera, el acto de la violación atraviesa al violador. No le es totalmente inteligible lo que lo lleva a hacer eso. Segundo, es un acto de moralización: él siente y afirma que está castigando a la mujer violada, a su víctima, por algún comportamiento que él siente como un desvío, un desacato a una ley patriarcal. Por ende, él es un castigador, él no siente que actuó contra la ley, sino a favor de una ley que es una ley moral. Eso es, evidente, muy raro y provoca perplejidad. Finalmente, y en tercer lugar, el violador nunca está solo. Aunque actúe solo, está en un proceso de diálogo con sus modelos de masculinidad, con figuras como su primo más fuerte, o su hermano mayor. Está demostrándole algo a alguien (a otro hombre) y al mundo a través de ese otro hombre.

“El violador no siente que actuó contra la ley, sino a favor de una ley moral”

Por lo tanto, diría que hay dos ejes en la relación de la violación: uno es el eje moralizador, castigador, punitivo, con relación a la víctima. Y el otro es un eje de exhibicionismo indispensable, del violador frente a los otros hombres que son sus “otros” significativos. La gran dificultad de la sociedad es comprender que la violación no es un acto utilitario, no es el robo de un servicio sexual. Hay violaciones de mujeres de 70 u 80 años. No es un acto erótico. Y es muy difícil de entender. Todos los grandes juristas, los grandes conocedores de la ley, no consiguen desvincular el acto de la violación de la intimidad, del erotismo, del deseo. No es un deseo sexual, es un deseo de dominación, de poder. Que en nuestro mundo está muy entreverado. Hay una gran impregnación de la sexualidad por el deseo de dominación y por aspectos de poder, pero el interés del violador es la potencia y la exhibición de esa potencia frente a otros hombres, para valer frente a ellos como un “verdadero hombre”. Esto es lo que les escuché a los violadores. No de esta manera, por supuesto. Debe comprenderse que el acto de la violación es un acto expresivo, es un tipo de crimen que enuncia algo, es un crimen que le dice algo al otro, pero no es un crimen instrumental, utilitario. No es como matar a alguien para robarle, por venganza, o por encargo como el caso de los pistoleros contratados. No tiene una utilidad. Por eso creo que la mejor forma de describirlo es como un crimen de poder, de dominación. En el acto de violación hay una libido dirigida no al deseo ni al cuerpo de la víctima sino al poder. Hay que corregir, por tanto, el sentido común, el imaginario colectivo sobre este tema.

Crédito: Esta entrevista fue realizada en el programa La inmensa minoría (Se publica por gentileza de Radio Con Vos).



Fuente: Diario femenino/ La Vanguardia



martes, 15 de enero de 2019

LA VIOLACIÓN ES UNA PRÁCTICA CULTURAL

Título original: Los violadores no son enfermos, la violación es una práctica cultural que se produce en todo el mundo.

En los últimos días se conocieron diversos casos de violaciones grupales en diferentes puntos del país que conmovieron a la Argentina. Para el médico psiquiatra Enrique Stola, se trata de una práctica en la que los hombres por lo general "se miran entre sí".


El experto, que es psiquiatra y psicólogo clínico y suele definirse como "feminista, activista político y de derechos humanos", actuó en varios casos de abuso como perito, intenta dar un marco a un fenómeno que, según su visión, "es una práctica cultural que se produce en todo el mundo".

"Los machos se miran entre sí, no les importa lo que sienta la mujer", afirma en diálogo con Infobae y agrega: "Sí les importa que haya humillación, aplaudirse entre sí, contarlo, que puedan volver a repetirlo porque es un ritual que lo fortalece a ellos como grupo".

-¿Desde qué momento, históricamente, se empieza a hablar de violación?

-Creo que es un término que cobra trascendencia gracias a las feministas en el mundo. En la década del '60 fueron las mujeres feministas, las compañeras norteamericanas las que hicieron visible cómo la violencia hacia las mujeres sucedía adentro de sus propias casas, y además hicieron visible lo que era el abuso sexual y la violación de las amas de casa, de las mujeres confinadas en sus casas para atender a la familia, ese gran proyecto de los monoteísmos, y del capitalismo. A partir de eso, de la revolución sexual, comienza a hacerse muy notable la violación como práctica sexual masculina y se comenzó a hablar de la cultura de la violación.

-Pero la violación no es pura y exclusivamente sexual.

-En la medida en que los varones hemos sido sociabilizados de tal forma que suponemos que tenemos que tener el control de todos los espacios y los cuerpos pasamos gran parte de nuestras vidas controlando cuerpos y violando sus espacios. Hay una inmensa cantidad de varones que, además de violar espacios con el control, violan cuerpos, de mujeres, de niños, niñas, y también de otros hombres.
¿Es una patología, un trastorno psicológico?
-No es una patología. Si lo fuera, a través de test podríamos hacer diagnóstico preventivo y decir: "es un abusador". Cuando se descubre un violador, porque es una mínima cantidad la que se descubre, se puede hacer una evaluación diagnóstica y se dice que no hay control en los impulsos, canaliza la angustia de esta forma, etcétera. Pero otra persona con ese mismo resultado en un psicodiagnóstico no es violador. No son enfermos y es una práctica cultural que se produce en todo el mundo.

 En la medida en que los varones hemos sido sociabilizados de tal forma que suponemos que tenemos que tener el control de todos los espacios y los cuerpos pasamos gran parte de nuestras vidas controlando cuerpos y violando sus espacios

-¿Episodios concretos?

-Los soldados, cuando avanzan sobre un territorio, saben que perjudicar a otros hombres es violando a las mujeres. Lo hicieron los yanquis, los rusos, en la guerra de los Balcanes, se siguen produciendo en todos los conflictos como método de tortura. Lo sufrieron las presas políticas en Argentina. La sociedad patriarcal nos produce como hombres, como mujeres y otros cuerpos disidentes LGTBIQ. Modela nuestro cerebro, enseña cómo son las jerarquías y cómo hay cuerpos privilegiados, que son los de los hombres, y cuerpos subordinados, que son los de las mujeres y los del movimiento LGTBIQ que son feminizados por el patriarcado.

-¿Cómo se expresa?
-En la socialización de cada varón, en la educación, en que los espacios y los poderes son gestionados por los varones. Hablamos de dominación masculina que viene desde hace mucho tiempo porque si tomamos la sociedad occidental y los cambios socioeconómicos, en el feudalismo, la dominación era masculina. En el capitalismo de estado era masculino, en el capitalismo de estado de bienestar era masculina, en los estados socialistas era masculina y en el neoliberalismo es masculina. Los hombres manejamos, gestionamos todos los espacios de poder.

-¿Y la socialización cómo opera?

-Una cantidad de hombres muy importantes en el mundo avanza en esa socialización y dice "estos cuerpos nos pertenecen totalmente y podemos hacer lo que se nos antoja". Entonces castigamos y nos divertimos. Puede ocurrir como ese violador solitario que hace unos meses atrás violó a una jovencita y dijo "para que aprenda a que no tiene que estar sola a estas horas de la noche".

 La sociedad patriarcal nos produce como hombres, como mujeres y otros cuerpos disidentes LGTBIQ. Modela nuestro cerebro, enseña cómo son las jerarquías y cómo hay cuerpos privilegiados, que son los de los hombres, y cuerpos subordinados, que son los de las mujeres y los del movimiento LGTBIQ que son feminizados por el patriarcado

-Aleccionando.

-Aleccionando, moralizando, como investigó Rita Segato y otras investigadoras feministas. Porque todo lo hemos aprendido gracias a ellas, no a los investigadores hombres. Hay otro tipo de violaciones, las correctivas, para "enseñarle" que se goza con la heterosexualidad obligatoria que existe en todo el mundo. Y violaciones como las que van detrás del comentario "ésta dice que no le gusta, pero bien que le gusta que nosotros estemos sobre ella". Mientras tanto, los machos se miran entre sí, no les importa lo que sienta la mujer. Sí les importa que haya humillación, aplaudirse entre sí, contarlo, que puedan volver a repetirlo porque es un ritual que lo fortalece a ellos como grupo.

-Rita Segato habla mucho de eso y de cómo la violación es un juego de machos entre machos.

-Exacto. Lo que pasa es que se da en la violación pero también en la práctica cultural cotidiana. Cuando vemos un grupo entre tres o cuatro hombres o dos en donde pasa una mujer y le dicen cualquier cosa, no les importa lo que siente la mujer, lo que importa es que el otro macho responda y se sonría. Y se sienta creativo y vivo como macho y ahí están demostrando su potencia ellos.

-¿En qué generación se empezará a desarmar esto?

-Por un lado se viene desarmando, gracias al amplio movimiento de mujeres y a los feminismos, y también a la lucha del movimiento LGTBIQ, porque eso produce resquebrajamiento y somos muchos los hombres que no adherimos a ese tipo de visión. Pero hacia las nuevas generaciones uno tiene que preguntarse ¿a quién beneficia que todo siga como está? Beneficia a los sectores que tienen el poder.

-¿Cuáles son esos sectores?

-Los que tienen el poder de la dominación masculina y sus instituciones, las religiosas, políticas, los diferentes tipos de iglesias, y en occidente a la iglesia católica con su poder político. Estas organizaciones de machos son las beneficiadas, que se oponen a la educación sexual integral, a que a niños y niñas puedan ponerle palabras a su crecimiento, a su cuerpo, y que puede generar nuevas configuraciones sociales y nuevas formas democráticas de estar con otros cuerpos y respetarlos.

-¿Esa ruptura puede empezar con la Ley de Educación Sexual Integral, que no se aplica?

– Con la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral y con la continuidad de lo que está produciendo el movimiento de mujeres. Hay algunos filósofos europeos que dicen que la revolución no es posible, algún filósofo especialista en Heggel que anda por Alemania. Esto lo puede decir gente que no tiene idea de lo que son los movimientos sociales, ni de lo que está produciendo el movimiento de mujeres en el mundo, que es un cambio revolucionario sin muertos, sin heridos. Están modificando las relaciones sociales, las formas de relacionarse entre hombres y mujeres y LGTBIQ.

-¿Cómo se puede graficar esa modificación?

-Los hombres no hemos cambiado haciendo cursos ni leyendo libros. Hemos cambiado históricamente porque las mujeres dijeron "no" y "basta".
 Lo que está produciendo el movimiento de mujeres en el mundo es un cambio revolucionario sin muertos y sin heridos

-¿Qué lugar tiene el punitivismo y qué pasa con la justicia en el caso de las violaciones?

-Está claro que el aumento de penas no sirve para nada. Supongamos que de cien violaciones y abusos sexuales, solamente se esclarecen cinco por ciento. Si aumentás las penas en ese cinco por ciento, no modifica el panorama. Solamente a muchos que piden ojo por ojo y diente por diente los deja tranquilos. El Poder Judicial, que es el más conservador en todos los países, lo que conserva es el poder masculino. Si bien se rige por las leyes que se producen en el Congreso, todavía seguimos eligiendo varones que son conservadores y machistas y mujeres, muchas de ellas absolutamente colonizadas por el patriarcado, que responden a esos patrones.

-¿Por ejemplo?

-A las compañeras feministas, los partidos, por más "progres" que parezcan, les dan muy poco espacio. Pero aún así necesitamos que haya más mujeres en el Congreso y en esta democracia que tenemos, y que se produzca mayor resquebrajamiento dentro del poder judicial porque es hegemónicamente machista pero hay algunos sectores que trabajan bien, que tienen una perspectiva de género y empatizan con la víctima y tratan de ajustarse a derecho. Lo que llamamos Justicia normalmente, que es hegemónicamente patriarcal, lo que hace es aplicar sus conceptos religiosos y su visión machista de lo que son las relaciones entre hombres y mujeres.

-¿Cómo ve el rol de los medios de comunicación en el tratamiento de los temas como la violación? ¿Existe la posibilidad de contagio?

-No creo que haya contagio, lo que creo es que las mujeres cada vez están más fortalecidas, y las víctimas tienen un contexto en donde se dan cuenta de que van a ser escuchadas por otras mujeres, y por organizaciones de mujeres. Hoy se atreven a denunciar más. Lo que pasa es que nos encontramos con un Poder Judicial que no ha cambiado lo que tiene que cambiar. Y no facilita que todas las mujeres que han denunciado y que vienen denunciando en las redes sociales se acerquen al poder judicial y denuncien.

-¿Por qué?

-Porque el acceso a la Justicia por parte de las mujeres está limitadísimo. Si sos de clase media alta o clase alta, podés pagar un buen abogado y tenés necesidades básicas satisfechas, podés acceder mucho más rápidamente. Pero aquellas que son de otro sector social, no. O sea: hay un problema de clase, hay un problema de racismo, hay varios problemas que impiden a las mujeres acceder a la Justicia.
 Los hombres no hemos cambiado haciendo cursos ni leyendo libros. Hemos cambiado históricamente porque las mujeres dijeron ‘no’ y ‘basta’

-El punitivismo en sí mismo no mejora la condición de lo que está pasando.

-No mejora la condición, pero no tengo muy claro debería estudiar un poco más el tema. Pero me parece que la punición que hay al acoso callejero es súper suave, casi un tirón de orejas y un llamado de atención. Eso no le va a joder la vida a nadie.
-Nadie va a dejar de instrumentar el acoso callejero por la pena que se le va a aplicar.
-Más bien pienso que es un llamado de atención que instala el tema. Pero, sobre todo, las mujeres se sienten con mayor empoderamiento, saben que eso está mal y que hay una legislación que las protege, pero además, los machos saben que ya no pueden acosar impunemente.

-¿Algún momento que recuerde en torno a ese debate?

-Cuando surge la primera manifestación de Ni una menos y los debates que se daban, estábamos hablando en varios programas sobre los asesinatos machistas y saltaba el tema del piropo. Yo me preguntaba: ¿por qué razón pasarán de ahí al piropo? Y me sorprendía en que algunos periodistas de distintas ideologías coincidían en que "una palabra agradable no la tiene que ofender a una mujer". Ahí me di cuenta cómo el piropo y el acoso callejero es un instrumento de control de los varones.

-Es una violación, también.

-Claro, como lo ejercían en el espacio público que era masculino y se daban cuenta de que ya no iban a poder circular impunemente como jueces que dicen cualquier idiotez sobre la mujer. Lo pueden hacer pero como pasó en Tucumán que una jovencita paró su bicicleta frente a un taxista y le dijo "chabón, repetí lo que estás diciendo". Estos tipos que circulan impunemente le tienen pánico al ridículo, son muy machos en la medida en que el cuerpo está sometido, pero si pierden un poco de poder, se asustan.

Fuente: infobae - Por Gisela Marziotta

sábado, 12 de enero de 2019

26% DE DESIGUALDAD ECONÓMICA

Título original: Ganan menos, bancan más

El 18,3 por ciento de las mujeres no tiene dinero propio. Las que trabajan, ganan el 26 por ciento menos que los varones. Falta mayor igualdad de género en la política, pero el acceso creciente de las mujeres a esos ámbitos no implica un avance real. Mientras que los hogares que antes eran llamados monoparentales, en realidad, son monomarentales y están bancados por mujeres y madres solas.


El 18,3 por ciento de las mujeres mayores de 14 años no trabaja ni percibe ingresos propios. La autonomía económica, te la debo. El principio básico de tener con qué para poder decidir no se cumple para casi dos de cada diez mujeres en la Argentina. Ellas están más condenadas a aguantar la violencia porque no cuentan con recursos para irse a vivir a otro lado o mantenerse por sus propios medios, situaciones de acoso si llegan a conseguir trabajo o hacen alguna changa esporádica (ser mozas, promotoras, atender una barra, cajeras, expendedoras de nafta, vendedoras, empleadas domésticas, etcétera) o a postergar sus necesidades, ganas de aprender algo o hacer deportes y/o salir. Los varones que están atados a la misma situación (no contar con dinero en sus bolsillos, ni ingresos que les permitan autofinanciarse, ni estudiar para proyectar otro futuro) también es preocupante pero es casi la mitad: 9,9 por ciento, según Indicadores Nacionales de Género, difundidos el 3 de enero del 2019, por el Instituto Nacional de las Mujeres (INAM) y publicados en la web oficial Argentina.gob.ar.

La postergación económica por razones de género tiene que estar en la agenda electoral en un año en que el voto debería incidir en el reparto de billetes en cada billetera. Es importante que no solo lleguen mujeres, sino mujeres, lesbianas, no binaries y trans con perspectiva de género. Pero los datos marcan, de todos modos, un mapa de la deuda política. Hay solo un 16,7 por ciento de gobernadoras en todo el país (más allá que una mandataria como María Eugenia Vidal cuenta con una cifra todavía menor de ministras) pero, todavía menos autoridades locales ya que solo el 9,5 por ciento de las intendentas son mujeres, según datos de las gobernaciones y proporcionados por el Ministerio del Interior y actualizados a septiembre del 2018. 

Un dato que interpela sobre la relación entre género y política es que la cifra más alta de proporción de mujeres se da en el Senado con un 41,6 por ciento de mujeres, justo en la cámara que freno el aborto legal, seguro y gratuito. El dato alerta sobre la necesidad de que el cupo implique un compromiso de quienes llegan a través de herramientas de fomento de la participación de género a defender la vida, la salud y la autonomía de mujeres y cuerpos gestantes. Las diputadas, mientras tanto, son el 38,9 de la Cámara legislativa nacional. 

En Argentina cuatro de cada diez personas que ganan más o llevan adelante la mayor cantidad de cuentas y gastos en el hogar son mujeres. Pero cuando en la casa hay una sola persona a cargo (que vive sola o mantiene a hijos/as o personas mayores) la jefatura femenina asciende al 55 por ciento. En cambio, en las familias más clásicas el 45 por ciento de la mayor responsabilidad y autoridad económica está en mano de los varones y el 16 por ciento en la espalda de las mujeres, según las cifras publicadas el 6 de diciembre del 2018,  por el Observatorio Nacional de Violencia Contra las Mujeres, dependiente del INAM, en base a cifras de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

En Economía Feminista están fogoneando una palabra clave: hogares monomarentales que identifica y visibiliza a las madres que bancan solas sus casas y a sus hijos, a sus madres, hijastras, suegras o tías. “El 26,7 por ciento de las mujeres jefas de hogar son jefas de un hogar monoparental y el 3,7 por ciento de los varones conduce ese tipo de hogares, según los datos del INAM. Pero cuando se ve toda la población de hogares con una sola persona a cargo (llamados monoparentales) encuentra que el 85 por ciento está a cargo de una mujer y eso quiere decir que son monomarentales. Casi nueve de cada diez hogares que eran llamados monoparentales, en realidad, son monomarentales”, resalta la doctora en Economía y autora del libro Economía feminista, Mercedes D’Alessandro. 

La trampa es que las mujeres ganamos un 26 por ciento menos que los varones. Entonces, cuando son jefas de hogar ese hogar está empobrecido y cuando comparten su vida es difícil que puedan alcanzar la misma injerencia en la vida económica que sus maridos, novios o padres porque están condenadas a contar con menos disponibilidad financiera por razones de género. La licenciada en Economía e integrante de Economía Femini(s)ta, Florencia Tundis, señala: “Las mujeres ganamos un 26 por ciento menos que los varones y, teniendo en cuenta tanto el trabajo remunerado como el trabajo doméstico no remunerado, trabajamos más horas semanalmente que nuestra contraparte masculina (cincuenta y siete horas por semana, siete más que los varones)”. Ella destaca que las estadísticas oficiales son fundamentales para seguir pidiendo políticas y acciones que lleven a reducir la brecha salarial y las diferencias de género, tanto en el ámbito público como en el privado.

“La tarea de cuidar, sea remunerada o no remunerada, continúa siendo asignada a las mujeres”, enfatiza la socióloga Eleonor Faur, autora de El cuidado infantil en el siglo XXI y coautora de Mitomanías de los sexos. “La información confirma la importante dedicación femenina al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, la cual duplica a la dedicación masculina. Al mismo tiempo, subraya la relación de esta tarea y la complejidad de participar en actividades remuneradas, que en el caso de las mujeres se observa a partir de una menor participación en el mercado de trabajo cuando se tiene hijos pequeños. Desde el punto de vista del trabajo remunerado de cuidados, se agrupan actividades en una categoría que muestra que alrededor de un 17 por ciento de las mujeres se ocupan en este tipo de empleo (con una altísima participación de servicio doméstico) frente a sólo un 0.5 por ciento de los varones.” 

Faur enfatiza los vínculos entre menos derechos económicos y mayor vulnerabilidad a la violencia. “La participación de las mujeres en los niveles menos rentables de la actividad remunerada y la dificultad de acceso a espacios de toma de decisiones implica una limitación en la autonomía económica y en la toma de decisiones de las mujeres. Eso no deja de ser relevante a la hora de analizar su mayor vulnerabilidad física, en un contexto en el cual los femicidios y travesticidios siguen presentando escenas de enorme crueldad y escasas respuestas institucionales efectivas”. 

“El gobierno nos propone mirar la agenda de género separada de la agenda económica, cuando el reclamo feminista es exactamente el contrario”, resalta la economista Lucía Cirmi Obón, del Centro Interdisciplinario para el Estudio de las Políticas Públicas (CIEPP). Ella apunta: “Las brechas de género no se cierran solo con “aumentar la inclusión laboral/financiera” como dice el FMI y el gobierno, sino que se necesita una perspectiva más feminista de la economía y un Estado que no recorte. En Argentina entre los hogares pobres e indigentes hay mucha más presencia femenina que masculina. Este escenario es una situación que ocurre a nivel global y que tiene una relación directa con el cuidado. En nuestro país según la ENES (otra encuesta oficial), los hogares más pobres son los que tiene mayor tasa de dependencia, es decir mayor cantidad de niñes y abueles que dependen del ingreso y del cuidado de un adulte en edad laboral. Del trabajo de cuidado se terminan encargando mayoritariamente las mujeres, sin remuneración, protección o valoración social por ello. En los hogares más ricos las mujeres pueden pagar por otras mujeres que se encarguen. En los hogares más pobres, sin acceso a esa opción y sin alternativas de cuidado públicas, las responsabilidades de cuidado terminan ocupando el día completa sin posibilidad de generar otros ingresos o tener un trabajo parcial. Así las cosas, es lógico que las mujeres aparezcamos al fondo del tarro”. Y ella advierte: “Para romper con la feminización de la pobreza no solo se necesita distribuir mejor el cuidado con los varones sino mayor reconocimiento económico de la tarea y un Estado que ponga alternativas públicas para todos los tipos de familia”.

Fuente- Página 12 - Por Luciana Peker

viernes, 11 de enero de 2019

HAY UN ENOJO MACHISTA POR EL AVANCE SOCIAL DE LAS MUJERES

Marcela Lagarde. La reconocida feminista y antropóloga mexicana habla con El Nuevo Diario sobre los factores que pueden estar influyendo en el crecimiento de los crímenes contra mujeres y brinda claves para ayudar a disminuirlos.





El detonante de la violencia contra las mujeres que se ha observado este año en Nicaragua y en otros países de Latinoamérica podría estar relacionado con el empoderamiento de las mujeres, sostiene la investigadora mexicana Marcela Lagarde. 

Este año en Nicaragua se registran al menos 43 mujeres asesinadas y la saña ha ido en aumento. Una mujer fue decapitada, una embarazada fue mutilada y posteriormente acuchillada, dos ancianas han sido violadas y asesinadas. En varios casos las mujeres fueron asesinadas porque decidieron terminar una relación violenta con sus agresores.

“El empoderamiento de las mujeres está siendo lamentablemente un detonante de la violencia que padecen, a eso se le suman los avances sociales o personales que estamos teniendo”, explica la experta en temas de violencia.- -


La feminista mexicana fue quien introdujo el feminicidio como delito en el Código Penal y la Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia, en México. Entre sus principales logros está haber presidido la directiva de Derechos de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, que tuvo como fin dotar a esta ciudad de una nueva Constitución en la que plasmaron ideas de igualdad de género en todos los ejes. 

Esta semana se encuentra de visita en Nicaragua como parte de las expositoras del encuentro centroamericano: “Mujeres y hombres caminando hacia la equidad de género”, organizado por la organización Cantera.

Este año en Nicaragua han sucedido asesinatos CONTRA mujeres mucho más atroces en comparación con los ocurridos en años anteriores. Ha habido decapitación, ancianas violadas y asesinadas, una mujer embarazada fue mutilada. ¿Cómo se explica este fenómeno?

No sé, si es que ahora hay más saña o es que nos estamos fijando más. Antes, como que se ocultaban los crímenes o no se sabía mucho de qué había pasado. Pero no es raro que haya más saña cuando las ideologías son tan machistas y tan misóginas. La gente que ve televisión, por ejemplo, recibe una exaltación de la violencia contra las mujeres como nunca antes se había dado. Ahora se ve cómo violan a una mujer ya en plano “close up” (de cerca) y eso es un factor importante. Pero no solo en la televisión, sino que como parte de la vida diaria los hombres aprenden esa saña, ya no es solo el imaginario. Quien agrede a una mujer ya vio una escena de violencia y ya se ha sentido tentado a ejercerla en más de una ocasión.


¿Qué otros factores influyen además de los mensajes que se reciben a través de los medios?

Hay ideológicamente una enorme alimentación de ideas de violencia, pero también hay un enojo machista al avance social de las mujeres: se enojan por las leyes a favor de las mujeres, porque haya un presupuesto de género, porque ocupemos espacios en política; cada espacio genera una resonancia fuerte de ira que como no hay contención se vuelca contra las mujeres. 

¿Qué es lo que está fallando?

Si hubiera un control social más fuerte, si hubiera un rechazo a la violencia contra las mujeres, disminuiría. Si la comunidad, la familia, la Policía y la Iglesia reprueban este tipo de violencia habría menos casos. Sin embargo hay una gran tolerancia y las familias tienen miedo porque el hombre violento que le pega a la madre de familia puede pegarle a los hijos o a los hermanos. Uno de los objetivos de la violencia a parte del daño que causa, es generar miedo


¿Hasta qué punto el empoderamiento de las mujeres podría estar siendo un detonante de la violencia contra la mujer? Lo pregunto porque este año en Nicaragua muchas de las mujeres que han sido asesinadas habían dejado a sus parejas YA QUE no querían seguir siendo violentadas, rompieron el silencio.

Muchísimos femicidios ocurren precisamente por eso, cuando las mujeres se separan, se divorcian o denuncian a veces terminan muertas. En ese sentido están fallando las instituciones adonde las mujeres acuden para denunciar. 

El empoderamiento de las mujeres está siendo lamentablemente un detonante de la violencia que padecen, a eso se le suman los avances sociales o personales que estamos teniendo. Cuando las madres, por ejemplo, deciden no darles más dinero a sus hijos porque se cansaron de la extorsión, las terminan matando porque se creen dueños de la mamá y del dinero o los bienes que ella tiene. 

Hay personas que quizás oyen que una mujer está siendo golpeada, pero no intervienen porque siguen creyendo que las discusiones de parejas son un problema de asunto privado.

¿Cuál es su postura al respecto?

Todavía se considera que lo privado es un mundo en el que puede pasar de todo y nadie tiene derecho a meterse. Eso se remonta a cuando se dividió la sociedad entre lo público y lo privado y consideraron que lo público era de los hombres: las calles, los parques, las calles. Mientras que lo privado era el espacio de la familia donde las mujeres tenían su lugar. Eso influye muchísimo, los vecinos y la familia misma defiende eso, que nadie se meta en lo privado. Mientras que el feminismo sostiene que lo privado debe ser un espacio de respeto y de convivencia pacífica y si una persona es testigo de un episodio de violencia contra la mujer debe alertar a las autoridades.

¿Qué está provocando que estas ideas machistas se mantengan vigentes?

Hay muchos factores, pero sobre todo las instituciones públicas y privadas son parte de un sistema que reproduce ideas machistas. El papel de las iglesias, por ejemplo, a lo largo de la historia en relación con el patriarcado ha sido importantísimo. Las iglesias han reproducido un esquema moral de valores, han reproducido normas sexuales durante toda la historia y han sometido a las mujeres a la obediencia y la sumisión. 

Afortunadamente ha habido movimientos dentro de la iglesia que han creado la Teología Feminista, como Católicas por el Derecho a Decidir, que han sido claves para combatir la violencia contra las mujeres y han logrado la garantía de muchos derechos, como la despenalización del aborto en varios países. Creo que es importante dirigirnos hacia un cambio del orden social existente.

Hay quienes critican a las organizaciones de mujeres porque sostienen que solo se dedican a contribuir al empoderamiento de las mujeres y no trabajan con los hombres. ¿Usted qué piensa de eso?

Cuando se dice trabajar con hombres me da la impresión que la gente piensa que tiene que ser con hombres que han violentado o con hombres en comunidades y es cierto, hay que trabajar más con los hombres. Pero las feministas vivimos trabajando con ellos todo el tiempo, ¿quiénes aprueban los proyectos?, ¿quiénes dan el financiamiento? Son los hombres. Todo el tiempo trabajamos con hombres y además son poderosos. 

Me parece que tenemos una visión distorsionada de qué es trabajar con hombres. En el caso que sea atención y prevención de la violencia es muy importante hacerlo, pero son los mismos hombres quienes tienen el deber de desaprender estos comportamientos machistas.

¿Cómo podemos prevenir la violencia?

Todas las instituciones y la sociedad en su conjunto debe cambiar porque el orden social actual interpuesto refuerzan esa tolerancia a la violencia, refuerzan el papel de las mujeres a la obediencia, refuerzan ideas como la no denuncia y el sometimiento.

Hay mujeres que por miedo aún no se atreven a denunciar la violencia en que se encuentran ¿cómo pueden romper con ese círculo?

Deben acercarse a las instituciones de mujeres o a la más confiable institución de Estado que las proteja. Se debe promover la denuncia para que estas miles de mujeres encuentren un grupo que las proteja mientras se empoderan y pierden el miedo. No basta con solo decirle que denuncie, sino que se debe buscar la forma de ayudarla para que sea libre y autónoma.

Fuente: Mujer del mediterráneo

VIOLENCIAS: EL AIRE IRRESPIRABLE

 Los ataques sexuales en los primeros días de 2019 a niñas y adolescentes fueron perpetrados por grupos de varones en territorios de supuesta impunidad y mediatizaron una espectacularización de las llamadas “violencias en manada”. La filósofa Paula Fleisner cuestiona la naturaleza animal que pretenden darle a un término que justifica el patriarcado como un estado inamovible de las cosas, advierte que la violación encarna una paradoja del sistema capitalista y sostiene que un poder biopolítico es el que administra los cuerpos de las mujeres como bienes expropiables o poseíbles.

Un grupo de varones jóvenes violó a una adolescente de 14 años en un camping de Miramar el 1° de enero. En apenas dos días otra banda de encapuchados abusó e intentó violar a una adolescente en un descampado de Villa Elisa y una mujer rescató a su hija de 14 años de la casa de unos vecinos en Salta. Tres hombres la habían violado después de darle alcohol con algún tipo de sustancia. En los medios y las redes caracterizaron las escenas: “Fue en manada”. Sin mediaciones del horror vivido por cada una, con el antecedente de “La Manada” de San Fermín de 2016, cuando cinco varones  violaron y filmaron a una turista en el portal de un edificio. Violaciones. Manadas. Cuerpos disponibles y dominación.  Espacios de violencia expresiva y simbólica entre machos que parecen asfixiar cualquier otro intento de análisis. Qué pasaría si dejáramos de pensar desde una perspectiva simbólica y hacemos un análisis materialista, feminista y posthumano, se pregunta la filósofa Paula Fleisner, que cuestiona la concepción de manada y la manera en que rápidamente se la apela como lugar común de la cultura, al suponer que todo se reduce a un instinto atávico. “Y la violación como punto de reflexión -agrega- en la medida que encarna una paradoja del sistema capitalista, patriarcal y especista. La figura de la violación es el lugar donde aparecen las contradicciones del modo más flagrante.”  

¿Por qué criticar el término manada?

-Me parece que la filosofía puede perfectamente disputar el sentido de esa palabra. Podríamos mencionar a Félix Guattari y la idea de manada como un espacio de encuentro que no está regido por el binarismo de las construcciones societales humanas. Por otra parte, estos casos son excepcionales en relación con las violaciones intrafamiliares cotidianas que fueron legitimadas en el Senado por uno de nuestros senadores (n.de la r.: Rodolfo Urtubey, durante los debates por la legalización del aborto). Como especialista en filosofía de la animalidad me niego a que usemos el término manada en este caso porque los animales no son eso, una manada no funciona así. La jauría no viola.

¿Es problema de interpretación simbólica?

-Suponer que llamar manada a un grupo de varones producto perfecto de una sociedad hija de la Ilustración, por decirlo así, es justificar el patriarcado como si fuera un estado de cosas parecido al aire que respiramos y que por lo tanto no se puede modificar. Entender que lo que ocurre en los ataques grupales es un desenfreno atávico es como hacer una interpretación idealista y humanista en el sentido de asumir la separación entre la naturaleza y la cultura.

La mediatización de la idea de manada resurge a partir de una violación colectiva en España en 2016, en el Día de San Fermín.

-Es curioso, ocurre en esa fiesta donde hay un animal que supuestamente es liberado. Y aparece todo un simbolismo detrás de la animalización de ciertas conductas que no son animales, son culturales, históricas, construidas gracias a un sistema de creencias patriarcal que asume la inferioridad de las mujeres.  Pero no es primitivismo, ese tipo de comportamiento es lo más contemporáneo que hay.

Doctora en Filosofía por la UBA, investigadora adjunta del Conicet, Fleisner es docente en las materias Problemas especiales de Estética y Filosofía de la Animalidad en el Departamento de Filosofía de la UBA, e integrante del colectivo Ni Una Menos y la Colectiva Materia. Es autora del libro La vida que viene. Estética y filosofía política en el pensamiento de Giorgio Agamben (Eudeba, 2015), y de los artículos “La trampa de Venus. Disponibilidad simbólica de los cuerpos y biopolítica de género”, y “La joya del chiquero. Apuntes sobre los animales y las mujeres desde una estética posthumana”. 

En su estudio sobre la disponibilidad de los cuerpos femeninos en la mitología indaga sobre las conductas colectivas humanas.

-El mito sirve para pensar ciertas conductas colectivas, explicarlas, darle un sentido al pasado y además proyectar ciertas líneas legítimas de acción. En la mitología hay un proceso en el que las diosas madres son reemplazadas por la figura de la Core, la muchacha joven, raptable y violable, vulnerable y vulnerada. Configura el momento histórico cuando se reemplaza una mitología vinculada con las divinidades femeninas por el panteón y Zeus, algo así como el padre del patriarcado, y la disponibilidad de los cuerpos femeninos en todas sus formas. ¿Por qué habríamos de asumir esa dimensión inamovible y pensar que lo único que hace una violación es construir simbólicamente las masculinidades? La disponibilidad de los cuerpos femeninos es sobre todo material.

Pero la violación es un lenguaje.

Por supuesto, pero también hay que entenderlo en términos materiales. Disponibilidad material de los cuerpos también significa que reproduce cárnicamente hablando las masculinidades. Es decir, llevamos a cabo la tarea de “perpetración de la especie”. No es que sólo la perpetuamos sino que perpetramos el patriarcado materialmente. Si perdemos esa dimensión que llamo material y hacemos sólo un análisis simbólico, lo limitamos a la manifestación de un orden total. El símbolo trata de neutralizar y gobernar esa relación siempre inestable entre el pensamiento humano y  el mundo, y decretar que eso que existe es inamovible. Las violaciones en “manada” no son manifestaciones de un todo natural. Son síntomas -en el sentido de reivindicar ese aspecto azarozo-, no símbolos del patriarcado. 

“Mirá cómo me ponés” se convierte en la legitimación del lugar común de una actitud instintiva e irracional.

-¡Pero es lo más racional que hay! Es la modernidad y en realidad se trata de un sistema de dominio: eso es el capitalismo. El capitalismo es un humanismo, el humanismo es un especismo y el especismo es machismo. Porque lo que está en la cúspide de la pirámide es el varón heterosexual y blanco. En ese sentido, lo interesante los movimientos feministas es que combaten esa consideración de la mujer como recurso natural.

El extractivismo y los cuerpos de las mujeres como territorios en disputa con el poder patriarcal y colonial.

-Esa es la cuestión central. Hay una disponibilidad material de los cuerpos en general en función del varón, que es el sistema de producción y explotación que se inaugura con el capitalismo. Hablamos de la necesidad de ampliar círculos de inmunidad. Y de la idea de ampliación de los derechos, la lucha de la mujer por convertirse en sujeto. Pero algunos feminismos dejan de pensar ese problema y plantean que si no somos sujetxs entonces será que somos capaces de construir sociedades políticas que no estén sometidas a esa lógica de la jerarquía y la oposición, donde siempre hay uno que tiene que estar disponible para el otro.

VIDAS SIN FORMAS

Fragmento de la Dialéctica de la Ilustración de Theodor Adorno y Max Horkheimer, “Hombre animal” plantea el lugar que ocupan los animales en el capitalismo, entendido como un dominio sobre la naturaleza, y sostiene que la mujer nunca llegó a ser sujeto en un sentido dominante porque siempre fue relegada a su función biológica. “La disponibilidad concreta de los cuerpos femeninos es biopolítica desde el comienzo de los tiempos”, remarca Fleisner. 

Una expropiación que se amplifica en los territorios más empobrecidos.

-Exacto. Ahí hay que atravesar un linaje distinto de feminismos que no están necesariamente ligados a las tradiciones de las sufragistas, que tenían otros problemas, y que están vinculados con territorios donde es evidente que a nosotras nos hacen morir y nos dejan morir, como me dijeron hace un tiempo las mujeres de la Villa 21-24 a propósito de Calibán y la bruja, de Silvia Federici, y que básicamente somos un cacho de carne disponible como las vacas o las chanchas. Es  buena la intervención que hace Giorgio Agamben respecto de Foucault cuando expresa que la biopolítica existe desde el comienzo de los tiempos y hay un punto oscuro de confluencia entre el poder soberano y el poder biopolítico, que es lo que llama “la vida desnuda” y lo vincula al homo sacer, esa figura perdida del derecho romano, que podríamos decir son los cuerpos femeninos y feminizables que desde siempre pierden sus formas, porque no son formas de vida sino vidas sin formas y que además están siempre disponibles para su eventual asesinato.

¿Una línea de biopolítica de género donde esos cuerpos toman otras significaciones?

-Es posible pensar esa disponibilidad material a partir de la confluencia de algunas ideas de estos pensadores tergiversadas para un uso feminista materialista y en mi caso, posthumanista. Dejando claro que todo este análisis ontológico o político es paralelo a las estrategias jurídicas. Pero si concebimos que la única reivindicación posible para las mujeres o los cuerpos femeninos es el de persona, en el sentido de una necesidad de ampliar nuestros derechos, estamos queriendo hacer un análisis antipatriarcal asumiendo que el patriarcado es lo único que existe. El aprendizaje de los movimientos feministas y la incorporación de todas las reivindicaciones de otras minorías tiene que ver con que estamos entendiendo que no se trata de ampliar un círculo de inmunidad sino de romper con esa idea de organización.

No se trata de un feminismo reformista sino de uno revolucionario.

-O revoltoso. No dejemos de ir a los tribunales pero no le pidamos a la policía que nos proteja. No les pidamos a nuestros padres, que son los que nos violan, que nos protejan de los potenciales violadores, de las jaurías enloquecidas. Porque ahí hay un problema. La Justicia es constitutivamente patriarcal, entonces tenemos que inventar otra forma de Justicia, en la que no sea necesario reivindicar el lugar de la persona. Las lógicas de existencia son muy diversas. No se trata de incluirnos entre las potenciales detentadoras del poder de extraer, sino abolir el extractivismo en todos sus niveles, no sólo en el cuerpo de las mujeres en general.

Más allá de la espectacularización de los abusos sexuales grupales, en esas escenas pactadas parece operar un sistema donde unos perpetran, otros observan o esperan su turno, y todos van conformando una estética de la violencia.

-Se puede hablar de una estetización y también tiene que ver con las relaciones jerárquicas, donde pareciera que es un sistema que funciona autónomo, sin responsables. Es una especie de coreografía que se monta sola y se desarrolla. Pero es la lógica a la que estamos acostumbradxs, no es algo excepcional. El modo en que funcionan estas violaciones responde a lógicas de existencia cotidianas. 

¿Cómo se entienden esos cuerpos abusados?

-Como materia inerte, moldeable, susceptible, necesitada de una forma impuesta desde afuera. La mujer ha sido siempre asimilada a esa función biológica entendida como algo del orden de una materialidad disponible. Y la violencia garantiza ese dominio. El extractivismo no se impone sino a través de la violencia.

Y genera los fenómenos de desprecio y crueldad colectiva sobre esos cuerpos.

Es la reproducción del sistema en distintos niveles. El hecho de que los cuerpos femeninos estén disponibles para hacer las peores tareas, para tener hijos, para ser eventualmente acosadas, abusadas, violadas o asesinadas es parte de la misma circulación de los varones heterosexuales, blancos, primermundistas, ricos, donde la violencia es el sostén.  Y la violación es un punto ciego de ese sistema, porque hace entrar en colisión dos ideas contrapuestas que tiene el patriarcado sobre el cuerpo femenino. Por un lado está disponible y es una materia inerte, y por otro lado es un cuerpo connotado como sagrado. Molesta en forma sistemática porque o es de libre uso o es separado para su contemplación. 

Esto se manifestó con brutalidad durante los debates por la legalización del aborto.

-Todo esto nos remite a los debates en torno del derecho al aborto. Que no puede legalizarse porque justamente es poner un límite a esa disponibilidad infinita. Y genera que nosotras tengamos la dinamis, el concepto de potencia griego, la posibilidad de abstenerse, de no pelear por la obtención del poder, sino porque lo que podemos sea diverso. Que tengamos la capacidad de decidir es realmente un límite a la violencia. Porque podemos elegir no perpetrar más la especie. Gozar y decidir que acá no nace nadie más. Ese es el terror que nos tienen.

Aún nos debemos pensar las maneras de lidiar con la revictimización de las víctimas.

-Nos tiene que interesar que no se trata de alguien determinadx, no importa tanto quién era esa adolescente o esa mujer, sino que somos cualquiera de ellas. Son casos que valen por todas. Por lo tanto la idea “Tocan a una, tocan a todas” funciona a ese nivel. Por eso no necesitamos pactos, porque no somos individuxs en ese sentido. No somos “una” mujer, somos cualquier mujer. Hay ahí algo   que permitiría pensar modos políticos muy distintos y además dejar de pensar en la reconstrucción de la vida de la víctima. Y no funcionaría con la lógica de la venganza que aparece entre varones sobre ese cuerpo. 

Que se relaciona con el efecto disciplinador de las agresiones sexuales.

-Creo que como el poder disciplinador es un poder biopolítico de poblaciones, no se trata nada más que de un disciplinamiento sino que es la administración desde siempre de la vida biológica de las mujeres. En el caso de las mujeres y los cuerpos feminizados, hay un azar en la elección de la víctima desde el poder biopolítico porque lo que importa es aislar determinado rasgo que es el que sirve para perpetrar el sistema de dominio y no necesita proteger toda tu vida o las de todas las mujeres, precisamente porque lxs individuxs no importan. En ese sentido esto es responsabilidad del Estado entendido como el modo de gobierno soberano, donde hay políticas de administración de las poblaciones que funcionan de tal o cual manera. No es una cuestión moral, ética ni religiosa. Es política-pública en la manera que todos los cuerpos, el cuerpo de cualquier mujer, está siempre ahí, disponible. Y las Core, jóvenes, vulnerables, son las que garantizan el funcionamiento del sistema.

Ciertas condenas sólo buscan apalear los efectos negativos de ese sistema.

-Las mujeres no podemos sobrevivir de esa manera. No alcanza con poner paños fríos a las situaciones de mayor vulnerabilidad. No podemos seguir viviendo bajo una única lógica de existencia, la del dominio y el extractivismo. Sujetadas. No queremos estar sujetadas; no me reivindicaría como individua en ese sentido. Y es de esa manera en la que se puede entender que el feminismo no puede ser un oenegeísmo cómplice del neoliberalismo, porque no son las libertades individuales de lo que estamos hablando. O nos salvamos todxs o no se salva nadie. Y con todxs me refiero al planeta. Hay una potencia tan grande en esa conexión, que por eso se nos están viniendo encima. Porque realmente estamos imaginado modos posibles de cambiarlo todo.

Fuente: la 12 - Por Roxana Sandá.

sábado, 5 de enero de 2019

HAY QUE ROMPER LA CONCEPCIÓN QUE EL SILENCIO ES HOT

María del Mar Ramón es una antropóloga feminista y es la vicepresidenta de la “Red de Mujeres”. En diálogo con El Grito del Sur, habló del problema de erotizar el silencio, el derecho al goce de mujeres y disidencias y la apropiación del espacio público nocturno. “Con un gobierno que no puede dirigirse a los hombres, terminamos esperando más de Avón”, declara.

¿Qué es Red de Mujeres?

Red de Mujeres es una asociación civil fundada en el 2015, pero que empezó a trabajar activamente en el 2016 con la intención de llevar la perspectiva feminista a todos los ámbitos y ampliar y defender los derechos de las mujeres en Argentina y América Latina.

¿Cuáles son sus trabajos específicos?

Nosotras tenemos tres ejes de intervención: el eje de capacitación, el eje territorial y el eje de comunicación. Empezamos el 2016 haciendo talleres de formación con las mujeres de territorios vulnerados de la provincia de Buenos Aires, especialmente Derqui y Moreno, con el objetivo de facilitarles herramientas legales para poder prevenir y derivar los casos de violencia machista y, de esta manera, también articular a las mujeres y contactarlas  brindando estrategias de organización popular.



¿De qué trata la campaña “Fanática de los boliches”?

La campaña “Fanática de los boliches” empezó en el año 2017 para desnaturalizar muchas situaciones de violencia que las mujeres sufrían en el ambiente nocturno y también al ver que había un demanda de las mujeres en relación a que sus espacios de entretenimiento tuvieran herramientas correctas de derivación y contención en situaciones de violencia machista. A partir de esto comenzamos a trabajar en protocolos que funcionan como herramientas que dan opciones para reaccionar ante situaciones de violencia machista y no como pequeños códigos penales. También dimos capacitación con perspectiva de género a trabajadores de centros culturales, bares y boliches, trabajando especialmente en la prevención.

¿Por qué creés que es fundamental apropiarse del espacio público en clave feminista?

Nosotras veíamos que los lugares de ocio seguían un sentido común muy machista y ante cualquier situación de violencia las que terminaban yéndose del lugar eran las mujeres. Para nosotras era fundamental invertir esa lógica y que los lugares tomaran la decisión política y feminista de creerles a las mujeres y proteger su integridad. Empezamos a trabajar con los varones porque nos dimos cuenta que las interlocutoras eran siempre mujeres y que las mujeres sabemos muy bien cómo actuar en situaciones de violencia, pero que a los hombres no había nadie diciéndoles que las actitudes machistas no se iban a tolerar más en los espacios nocturnos. Para eso necesitábamos estar todos de acuerdo y tener la misma base conceptual, sobre qué es el consentimiento, qué es el acoso, qué pasa con el consentimiento cuando se consumieron sustancias alcohólicas.

¿Qué significa reivindicar el derecho al goce?

El proyecto “Fanática de los boliches” surge como respuesta al titular de la nota que escribió Chiche Gelblung luego del femicidio de Melina Romero, en el que a ella terminan culpándola socialmente de su femicidio por salir a bailar. Para nosotras es fundamental conquistar la noche como espacio público que les estaba negada a las mujeres porque entendemos que para habitar la noche hay un montón de violencias que están habilitadas y nos privan de esa libertad que tiene los varones de divertirse, bailar y emborracharse sin que haya un castigo por eso. Cuando empezamos la campaña veíamos que los bares actuaban un poco como reacción al escrache, pero ahora vemos un interés genuino de formarse desde el momento en que se crean los lugares.

¿Qué otra acción se podría generar para tener espacios nocturnos y recreativos seguros, ya sea desde los mismos espacios como por parte del Estado?

Al Estado siempre le exigimos el cumplimiento de la ESI (Educación Sexual Integral) y trabajar e invertir en la prevención, incluso en espacios nocturnos. Con respecto a la capacitación es difícil, la única herramienta que nos ha dado el Estado durante todos estos años ha sido la línea 144 y la denuncia policial. En nuestro caso tenemos una perspectiva antipunitivista, lo que significa que todas las herramientas que se construyen tiene que respetar la voluntad de las mujeres. Esto implica entender la denuncia policial como una entre varias alternativas, a la que hay que reconocerle sus falencias y que no se puede pensar que es una solución genérica. Queremos una prevención que no sea para policiar los cuerpos de las mujeres, sino que le hable a los varones. En el gobierno macrista desde la campaña “Ni loca, ni perseguida, ni histérica, el acoso existe” nosotras no esperamos absolutamente nada de personas que no pueden dirigirse a los hombres, terminamos esperando más de Avón.

 ¿Cuál es el objetivo de la campaña “Preguntame qué me gusta”?

La campaña “Preguntame qué me gusta” fue lanzada hace unas semanas con una serie de ilustraciones eróticas que tienen como objetivo promover el consentimiento en las relaciones sexuales, heterosexuales principalmente. La idea fue no pensar en el consentimiento como algo que está dado por sentado ante la ausencia de un no. Que no haya un no, que es lo que implica el consentimiento desde una idea legalista, no implica que las mujeres estemos del todo cómodas en una situación. Hay una cantidad de factores que intervienen que a veces no dan el espacio de decir que no. La idea es dejar de pensar el consentimiento como algo que recae exclusivamente sobre la mujer y buscar la paridad y el placer compartido.



¿Cómo se erotiza el consentimiento en una sociedad que enseñó a las mujeres y disidencias a ocultar sus ganas?

Uno de los grandes problemas es que los varones dan por sentado el consentimiento y las mujeres dan por sentado que van a tener que acceder a tener una relación sexual. No están representadas ni erotizadas en las representaciones de situaciones sexuales las preguntas, como algo fundamental. Nuestra idea era romper la concepción heteronormada de que el silencio es hot y que las personas cuando se acaban de encontrar saben inmediatamente lo que al otro le gusta. Esta idea de valorar el silencio nos parece muy problemática, queremos pensar en la pregunta como algo estimulante. Las mujeres y las disidencias tenemos una socialización sobre nuestro deseo sexual que implica que siempre tenemos que estar dispuestas para el varón, ser sujetas del placer del otro sin explicitar nuestro deseo. Nos parece fundamental entender el placer de los otros para construir consentimiento.


En tu articulo “50 sombras de gris” describís situaciones entre varones y mujeres heterosexuales que no son explícitamente violentas pero pueden generar desde incomodidad hasta dolor. ¿Por qué creés que muchas veces los varones no son capaces de percibir estas situaciones? 

Para mi era muy interesante retratar que el consentimiento es algo muchísimo mas complejo que el no y que el si. Ese artículo lo ideé como una posible herramienta para pensar sobre las denuncias publicas y los escraches. Yo como mujer tengo claro toda las veces que mi consentimiento fue avasallado, pero también tengo en claro que todas estas otras veces, que son similares a muchísimas de las denuncias o los escraches que se hacen, donde las actitudes y acciones son supremamente machistas y supremamente violentos pero que están fundamentados de esa manera por la sociedad patriarcal. El escrache es una herramienta pero a mi me parece que usarla para casos tan disimiles es una medida muy punitivista y que hace peligrar la legitimidad.

¿Entonces cómo se hace para marcar o subvertir estas actitudes?

Nos enseñaron que el consentimiento reposaba en la mujer: “El hombre propone y la mujer dispone”. Eso genera una gran iniquidad en la forma en que legitimamos y validamos nuestro deseo. Las nulas representaciones del sexo de las mujeres son muy nocivas y son las que terminan formando estas escenas violentas. Los hombres creen que la insistencia da buenos resultados, creen que lo más importante es el sexo penetrativo y que solo se vulnera el consentimiento si se dice explicitamente que no, eso se presta para todas estas situaciones borrosas que no entran en lo delictivo pero que tenemos que revisar como sociedad para tener relaciones sexuales placenteras.


Fuente: Voces del Sur