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jueves, 5 de noviembre de 2015

ARGENTINA: Ni una menos (tango)

El grupo femenino de tango CHINA CRUEL se suma a la causa "NI UNA MENOS "con este tango propio. 
3 de Octubre de 2015 en LA CASA DEL BICENTENARIO
Letra y música: Verónica Bellini

viernes, 5 de junio de 2015

#NIUNAMENOS. LA MIRADA DE MARCELA LAGARDE



LA MEXICANA MARCELA LAGARDE, UNA DE LAS MAYORES EXPERTAS EN VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES, Fue quien acuñó el término “feminicidio”. Estuvo en la concentración del miércoles. “Cambia la perspectiva de quienes están a favor de una vida libre de violencias para las mujeres”, consideró.




“Impactada, conmovida.” Así se reconoció la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, después de participar de la histórica marcha Ni una menos el miércoles por la tarde. “Algún día yo he soñado con que las plazas de mi país estén repletas de gente por la vida de las mujeres. No fue en mi país pero fue aquí y me encanta y me da mucho gusto. Me siento como feminista muy contenta del avance que han hecho ustedes”, comentó, a pasos de dejar Argentina. “Me pareció maravilloso. Era masivo. Fui con varias amigas que nos reunimos allí. Tardamos una hora en atravesar la plaza de la cantidad de gente que había”, continuó.

Marcela Lagarde y de los Ríos es una activista y teórica de la condición femenina, de trascendencia continental. Uno de sus mayores aportes al feminismo es el haber recuperado y acuñado el término feminicidio para referirse a los asesinatos de mujeres por su condición de género, en los que el Estado tiene responsabilidad (ésta es la diferencia fundamental con el término femicidio: “El feminicidio pondera la responsabilidad del Estado y plantea como en toda violencia contra las mujeres la necesidad de una política de Estado para erradicarla, así como, de manera paradójica y contradictoria, la transformación de género de ese Estado y sus instituciones como parte de la solución del problema”, ha dicho Lagarde).

No se puede hablar de la lucha contra el feminicidio sin nombrarla. Sus investigaciones trascendieron las matanzas de mujeres en Ciudad Juárez, México. Siendo diputada, creó y fue presidenta de una comisión especial sobre el tema y elaboró y promovió la Ley General de Acceso de las Mujeres a Una Vida Libre de Violencia. Promovió el delito de feminicidio en el Código Penal Federal. Por su impulso, también el año pasado, esa palabra se incorporó al diccionario de la Real Academia Española.

En mayo de 2013, la Legislatura porteña la declaró Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires. Dos años más tarde, estuvo de vuelta en Buenos Aires para participar del III Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres, realizado el 2 y 3 de junio por el Consejo Provincial de las Mujeres de la provincia de Buenos Aires. Vino solo por tres días, que coincidieron con este acontecimiento histórico para el país. Y por supuesto no quiso perderse la concentración frente al Congreso nacional.




“Vi mucha gente organizada. Iban con sus grupos. De partidos, sindicatos, no sé. Era popular. Había gente muy mayor que llevaban otras personas. Había niños, niñas. Había muchos hombres y jóvenes. Cosa que para mí como antropóloga me parece que cambia la perspectiva de quienes están a favor de una vida libre de violencias para las mujeres”, dijo a este diario. “Hace evidente que no hay que dejarlo ahí, ahora hay que hacer redituar este acto de ayer para resolver las cuestiones de agenda de las mujeres. Las marchas son un gran capital político para los derechos humanos de las mujeres”, agregó.

El martes había estado en el Museo Evita, en un conversatorio sobre “Claves feministas para las negociaciones en el amor”, como se titula uno de sus tantos libros.

Allí fue inevitable recordarle que en aquella otra visita a la ciudad había dicho que sueña “con un día en que en mi país hombres y mujeres salgamos a las plazas a decir basta a las violencias”. Y preguntarle sobre cómo veía esta movilización en la que participarían sectores de los más diversos y personas que jamás fueron parte de algo así. Entonces se explayó:

–Es un acto importantísimo de presencia nuestra en la calle. Hacerlo entre mujeres y hombres que nunca habían estado en esto, ¡qué maravilla! Bienvenidos a la fiesta. Me parece muy importante. Casi me dan envidia. Quiero llegar a México a decir “vamos a copiarles”. Como hemos hecho siempre, hemos ido y venido por el mundo todas nosotras llevando lo que aprendemos en un congreso. Así hemos creado esa maravilla de redes y articulaciones latinoamericanas por ejemplo. Entonces me siento muy conmovida como latinoamericana, como mujer, como feminista, de esa gran iniciativa que han tenido ustedes y que espero que tenga una enorme resonancia y que pueda hacer como una cama para que se prolongue en el tiempo la fuerza que van a adquirir, que la puedan hacer sustentable, que les sirva para ponerse lo máximo y luego irlo construyendo y sustentando con esa fuerza colectiva. Solo así se construye, cuando las voluntades se suman. Muchas veces las feministas en el mundo sumamos voluntades, pero no siempre se expresan en la calle. La gente tiene la otra idea, que nosotras somos un movimiento que sale a la calle, y es al revés. Salimos muy poco. En realidad estamos construyendo otras cosas en la vida, estamos analizando, estudiando, convenciendo, buscando argumentos, hablando con la gente, siendo gente nosotras y todo eso que hacemos todos los días. Entonces, yo estoy muy emocionada.

Ayer, después de la movilización se le preguntó si sería posible impulsar algo así en México. Ella respondió que el contexto no es el mismo: “En México ahora hay condiciones terribles para hacer cualquier cosa, hay terribles violencias de narcos, de policías, en fin. Además tenemos elecciones el domingo y han matado a varias candidatas a diputadas, a la alcaldía, a regidoras. Muchas mujeres que participan en política están amenazadas. A candidatos a diputados, también, el último ayer. Cuando un país esta de esta forma, se avanza de otras maneras”.

Entonces volvió a hablar de ese sueño que era propio pero compartido con otras tantas feministas: “Algún día yo he soñado con que las plazas de mi país estén repletas de gente por la vida de las mujeres. No fue en mi país pero fue aquí y me encanta y me da mucho gusto. Me siento como feminista muy contenta del avance que han hecho ustedes”.

Fuente. Página 12 - 

martes, 2 de junio de 2015

#NIUNAMENOS: " ES UN PUNTO DE ENCUENTRO , DE INICIO"

Título original: " Es un punto de encuentro, pero esto no termina ahí"


Claudia Laudano, experta en comunicación y género, explica por qué la concentración de mañana en la plaza Congreso moviliza a distintos sectores de la sociedad. El trabajo histórico de las organizaciones de mujeres. El papel de las redes sociales. El futuro del reclamo.






#Niunamenos. La consigna se viralizó y trascendió las fronteras incluso pensadas para quienes la propusieron. Mañana se hará presente en las calles de la ciudad y de distintos puntos del país. Las expectativas en éste, que podría considerarse un punto de inflexión en la instalación política y mediática de una problemática que se lleva la vida de mujeres y niñas cada día, son muchas. ¿Pero por qué se dio justamente ahora, si hace años que el movimiento feminista viene batallando por sensibilizar a la sociedad y a quienes tienen el poder de lograr cambios? Una experta en comunicación y género analiza el fenómeno. “El 3 de junio es un punto de encuentro y confluencia, pero las cosas de ningún modo terminan allí”, dice.

Claudia Laudano, profesora titular en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), es investigadora especializada en temas de comunicación y género y dicta posgrados sobre estas temáticas en diferentes universidades. Actualmente investiga los usos y apropiaciones de las nuevas tecnologías de comunicación por parte de grupos de jóvenes feministas en el país. Desde ese lugar, y sin dejar de lado el contexto social en el que se mueve este fenómeno, que se inició en las redes sociales y rápidamente las trascendió, respondió algunas preguntas sobre el movimiento que propone ni una (mujer) menos, ni una (muerta) más.

–¿Por qué la convocatoria de mañana logró la adhesión de amplia parte de la sociedad?

–Una de las claves es que la consigna #Niunamenos es ampliamente convocante. ¿Quién puede estar en contra de parar los asesinatos de mujeres y chicas? En verdad, si lo pensamos desde esa interpelación, los 42 millones de habitantes tendríamos que adherir. También, la contundencia de las crónicas periodísticas diarias con casos de mujeres y jóvenes asesinadas o violentadas por parejas, ex o conocidos, tanto en sus hogares como en espacios públicos, operó como un punto de inflexión, un llamado de alerta a “hacer algo”, a movilizarse, que en muchos casos se concreta en las modalidades actuales de las fotos con “carteles”. De todos modos, quienes investigamos estos temas desde hace tiempo, sabemos que el movimiento de mujeres, en particular, las organizaciones feministas, vienen planteando la consigna “basta de violencia contra las mujeres” desde fines de la dictadura, en diferentes espacios y con mucha movilización. Entonces, el tema ya estaba instalado en la discusión pública y allí hizo sentido la convocatoria. De ningún modo se puede afirmar que surgió de la nada. Eso sería desconocer décadas de activismo social donde confluyen diferentes sectores, en especial de los grupos de mujeres, para visibilizar y debatir la problemática.

–¿Por qué se convirtió en un tema de agenda mediática y política?

–Diría, más bien, que el tema ya estaba en agenda o, mejor dicho, en debate público desde hace mucho tiempo. El último 8 de marzo, en La Plata, por ejemplo, el reclamo central fue “basta de femicidios” y el pedido de políticas públicas. La actividad estuvo convocada por las distintas organizaciones que integran la Campaña Contra las Violencias Hacia las Mujeres, que funciona y se moviliza, no es sólo un grupo de Facebook. Allí confluyen también profesionales y académicas, junto a organizaciones mixtas. Quizás estas intervenciones y organizaciones no tienen suficiente difusión para ser conocidas en otros espacios, no utilizan Twitter como estrategia de difusión, por ejemplo, pero dentro del movimiento de mujeres existe una trayectoria muy importante al respecto. Añadiría dos hitos significativos, que año a año vienen sentando posición pública con diferentes expresiones y resonancia mediática. Una es la fecha del 25 de noviembre, que en todo el país ha sido asumida como día para visibilizar el pedido de no violencia hacia mujeres y niñas. La otra son los Encuentros Nacionales de Mujeres, que se hacen desde hace 30 años. Con los testimonios y los debates de estrategias en los talleres específicos, se ha contribuido mucho a la visibilizar la problemática.

Los medios sirvieron de fuente de información para contar los femicidios y en la comisión organizadora de esta marcha hay varias periodistas. ¿Está cambiando el rol del periodismo en relación a esta problemática?

–Sin duda que la difusión mediática de casos “impactantes”, como aparecer muertas en bolsas de residuos en tachos de basura o ser asesinadas en la vía pública, y ya no sólo en el interior de los hogares, además de ciertos casos de mujeres mediáticas que dieron sus testimonios, contribuyó a dimensionar no sólo la problemática sino la necesidad de contar con el plan nacional para abordar la asistencia, sanción y prevención de la violencia, como exige la ley desde 2009. Al no contar con estadísticas oficiales, como es obligación para el Estado, los medios en la actualidad son la fuente de información, como contabiliza la Casa del Encuentro. Existe mayor compromiso por parte de periodistas, redes y ciertos medios que se suman a otros y otras que abordan estos temas desde hace mucho tiempo. En este sentido, la sensibilidad de las periodistas que se enfrentan a diario a estas situaciones desde las noticias, con la red de contactos que tuvieron a disposición, generó primero la acción de una jornada de lectura junto a familiares de víctimas de violencia; al mismo tiempo que se desarrollaban otras acciones de protesta, como el grupo de los siluetazos en las calles o la realización de murales, charlas y volanteadas en diferentes ciudades. Luego, frente a la continuidad de los casos de femicidios, a mediados de mayo cristaliza la convocatoria unificada para el 3 de junio.

–¿Qué influencia tuvo el tipo de convocatoria a través de las redes, e invitando a participar con una foto de sí misma/o, en una época signada por las selfies?

–Retomando lo que decía antes, sacarse una foto, motu proprio o a pedido de otra persona, es poner “algo” de uno/a por una causa que se considera justa, terminar con la violencia hacia las mujeres, y en la que se encuentra esta modalidad de adherir que es muy sencilla y práctica, sin grandes esfuerzos ni involucramientos profundos. Además, circula por las redes sociales, con la fantasía de la viralización y de ser visto/a. La variante de la foto grupal, en lugares de trabajo, reunión o estudio puede resultar más interesante; si es que no queda sólo en la foto.

–Algunas personas se enojan porque gente que jamás se interesó por cuestiones de género ahora se sube a esta movida. ¿Cómo valora que la convocatoria trascienda espacios y fronteras diversas?

–Es muy importante que la movilización sea amplia, plural, con distintos sectores apoyando el reclamo de no más violencia contra las mujeres. En cuanto a los enojos, es comprensible frente a los oportunismos, pero allí habría que pensar qué se les puede reclamar una vez que subieron la foto a Facebook o a Twitter, dependiendo de quién sea. Es diferente si son funcionarios o funcionarias, por su responsabilidad en la gestión, municipal, provincial o nacional. Su acción de gobierno no puede ser la foto con el cartelito, porque está en un cargo para ejecutar políticas. En cambio, para políticos/as en campaña, que obviamente no se quieren perder el momento de alza que tiene el reclamo, es lógico exigir compromiso con propuestas concretas, en sus plataformas, para que no quede en mero uso político vaciado de contenido. A algunos mediáticos inescrupulosos se los está escrachando en las mismas redes sociales donde suben las fotos. Esos procesos, de distinta forma, se están dando en estos momentos y continuarán.

–Más allá de los medios, ¿por qué después de tanto batallar desde el feminismo, el movimiento de mujeres, el periodismo de género y demás espacios especializados, ahora se está dando este fenómeno que pareciera prometer llenar la Plaza Congreso?

–Cristalizó en una fecha concreta, el 3 de junio, donde van a confluir los grupos y sectores que ya vienen trabajando a diario por transformar esta situación, con sectores y personas que se sumarán por primera vez a poner el cuerpo y acompañar el reclamo histórico del movimiento de mujeres de terminar con la violencia hacia las mujeres y chicas. Se están sumando muchas chicas jóvenes y eso es muy interesante. Como estamos en pleno proceso de gestación de la movilización frente al Congreso Nacional y en muchas ciudades del país, es difícil predecir la dimensión de lo que puede ocurrir respecto del apoyo y entusiasmo que se percibe en estos momentos, que es muy prometedor.

–¿Qué debería pasar para que este momento de inflexión trascienda la marcha y se instale en la agenda de quienes tienen el poder de trabajar en la prevención y en mejorar el acceso a la justicia para las víctimas?

–El tema ya está instalado y los reclamos a los distintos poderes, especialmente el Ejecutivo y el Judicial, van a continuar para lograr vivir sin violencias diarias. Se verá la forma que adquiere la protesta, qué modalidades asume. El proceso no se detiene el 4 de junio, porque es previo, lo trasciende, y además porque, aún si no se realizan otras convocatorias antes, en octubre en Mar del Plata, se realizará el XXX Encuentro Nacional de Mujeres, que tendrá entre sus temáticas centrales, la no violencia hacia las mujeres, junto a la legalización del aborto y otras, y luego, el 25 de noviembre como fecha específica, ambas instancias donde las organizaciones de mujeres desplegarán sus reclamos y harán sus intervenciones. Así que, el 3 de junio es un punto de encuentro y confluencia, pero las cosas de ningún modo terminan allí.

Fuente. Página 12 -   Por Sonia Santoro

#NIUNAMENOS - MARCHA FEDERAL CONTRA LAS VIOLENCIAS HACIA LAS MUJERES

Título original: Ni una menos. Aquelarre y algarabía.


¿De qué modo los rumores se constituyen en grito? ¿Cuándo cuaja, como una alquimia precisa, una preocupación dispersa en un acto común? Fue la preocupación de la sociología en todos sus tiempos pero especialmente en el más rotundo de sus comienzos: el análisis que Emile Durkheim emprendió de los hechos sociales. ¿Cuándo algo excede las voluntades individuales o su suma, para tener una objetividad distinta, adquirir una realidad propia? Si la sociología se desveló por esto, la historia procuró sus explicaciones y para cualquier político es el horizonte último de sus estrategias: que las corrientes profundas de los ánimos sociales se encuentren con aquellos valores que él sostiene o con su propia persona como representante.




 Como espectadora tenaz de esos hechos –a veces recorriendo las calles para husmear qué afectos las recorren; otras, abismada en los periódicos o en las redes–, pero más como escritora, es decir, como insistente productora de discursos que son arrojados, de distintos modos, a la esfera pública, me pregunto por esa alquimia sin llegar a comprenderla. O sabiendo que, aunque nos volvamos expertas en explicarla, a la hora de producirla siempre seremos brujas medio atolondradas.

O brujos que dan manotazos en el aire a la hora de atrapar al colibrí de la movilización popular. Basta recordar que mientras decenas de miles acompañaron un 18 de febrero el acto de memoria por el suicidado fiscal Nisman, un mes más tarde –y habiendo mediado una serie de descubrimientos sobre el modo en que el occiso dispendiaba recursos públicos y entorpecía su propia investigación– dejaron solos a los organizadores y a los medios que irradian su insistente apología. Ni siquiera los gabinetes de marketing más osados logran inventar un acontecimiento. En todo caso, producen una expresión o una imagen que condensa algo que flota en el aire, que se dispersa en lo múltiple. Mucho dijo sobre esto Ernesto Laclau, perseguidor de sofisticadas explicaciones teóricas para llegar al corazón intenso de la política.




Si Ni una menos fue grito de un puñado de lectoras hace un par de meses, hoy se convirtió en un territorio profuso, en el que coexisten retóricas de distinto tipo, inteligencias diversas, apuestas políticas no sólo heterogéneas sino contradictorias, tenacidades militantes y organizativas, novedades tecnológicas, compromisos feministas y pericia en medios de comunicación. Cuando esto ocurre es porque la frase vino a nombrar una preocupación dispersa que tiene un hilo común, pero que se va tramando con otros bien diferentes. Diría: Ni una menos, como slogan y llamado nombró un estado de ánimo colectivo, el rumor social de la preocupación ante cada mujer desaparecida o asesinada.

Circuló el llamado por las redes: en Twitter se le puso fecha a la convocatoria con la frase que ya estaba instalada en facebook. Así como hace décadas alguien como Eliseo Verón pensaba que la puesta en escena televisiva construía el acontecimiento mismo, hoy los entusiastas de las redes las nombran como origen y fundación. Pero estamos más bien ante algo desviado: es muchísimo lo que se dice, anuncia, solicita y despliega en las redes; si esto cuajó es porque había algo que lo preexistía, una conjunción entre ánimo social y trabajo minucioso de los grupos de activistas que venían, con empecinamiento necesario aunque tantas veces desoído, tratando de llamar la atención sobre la cuestión. Que exista la categoría de femicidio, que permite diferenciar estos crímenes de otros, y su registro necesario para realizar efectivas políticas públicas– es parte de esa tenacidad que no vive solo en las redes.




Ni una menos condensó, pero una vez lanzada la consigna a la escucha pública volvió a dispersarse, a adquirir nuevos sentidos, a conjugarse de otros modos. En el momento de la condensación todo parece un aquelarre, grupo de brujas ante un caldero hecho de teléfonos móviles y dispositivos varios para comunicarse al instante; en el de la diseminación sucede algo del orden de la algarabía: la alegría de lo polifónico pero también su confusión. Echada a rodar, la frasecita tiene distinta suerte: desde ser cartel que engalana una fuerza policial o un conductor de televisión experto en alimentar con cuerpos femeninos las fauces del espectáculo televisivo, desde eso a ser caja de resonancia para que familiares y deudos de víctimas puedan gritar su desdicha y su combate o grupos feministas aliar la consigna con persistentes demandas, como la del derecho al aborto. Basta recorrer las redes para ver esta diseminada diferencia y percibir que la circulación de la consigna funciona para generar un campo de circulación de los temas que hacen a la autonomía femenina. Ni una menos tiene un tono, entonces, según quién la pronuncie. La voz común que se conjuga como grito es el Basta a la violencia que se ejerce contra la autonomía y el cuerpo de la mujer. Al mismo tiempo, es diferencia que se expande, porque hay quienes creemos que la violencia tiene muchos rostros y grados y hay un conjunto de libertades por las cuales pelear y no sólo el derecho a la vida, y hay quienes piensan al femicidio casi como una cuestión de inseguridad. Hay política, creo, cuando lo común aparece aún como rasgo interno de la dispersión, como práctica de síntesis en lo heterogéneo. Ni una menos está corriendo esa suerte y mañana habrá actos en setenta ciudades argentinas, y habrá en esos actos imágenes y asociaciones que serán dispares y en esa disparidad encuentro un modo de la felicidad: cuando la frasecilla no se pronuncia en una sola cadencia sino que nombra un pacto o un umbral, el instante de condensación en el que reunimos lo diferente. Imagino una plaza con muchas banderas y muchas consignas y también con muchas personas que no acostumbran ir a movilizaciones pero que esta vez sienten la urgencia de pensar, con otras y con otros, modos de preservar la vida y de hacer justicia.

fuente: PÁGINA 12 -   Por María Pía López, Socióloga, docente de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).